30 de junio de 2007

Precisión del post anterior

Terminé la primaria no en 1972, sino en 1971, o sea que el viaje a Florida se produjo un año antes de lo que se dice en el post anterior. Mi padre aún no estaba exiliado y mi vida era una relativa porquería: pocos alumos, maestros y curas no me jodían la vida con eso de que mi padre era comunista que sólo quería hacerle daño al país, y eso cuando me iba bien y no se ponían violentos. Cada vez que mi padre aparecía en las noticias me enteraba de la peor manera. Y la culpa no era de él, sino de los trolls de siempre. (¿Creyeron que internet inventó los trolls? Naaa. Imbéciles ha habido siempre.) Estudiaba en el viejo Externado de San José, que hasta el año siguiente utilizó libros de texto franquistas, y uno tenía que leer a cada página que el Caudillo Franco y que los rojos asesinos de niños y todo eso, y "ser rojo" era algo muy parecido a lo que teníamos y éramos en casa. Para 1973, cuando cambió bruscamente la línea de los jesuitas por algo más cercano a la teología de la liberación, yo ya estaba en San José, sufriendo profesores realmente estúpidos en el Liceo de Costa Rica, de donde --todo el mundo lo dice con orgullo y hay que repetirlo-- han salido varios presidentes del país, y no sé por qué no me extraña.
El asunto de la ida a Florida tuvo sus bemoles. Mi madre no quería que la abuela Mina pagara un pasaje completo por mí --así le agarra--, y cuando cumpliera 12 años tendría que hacerlo. A la abuela le tenía sin cuidado, pero mi madre se pasó semanas viendo en qué fecha era mejor que viajáramos: el 17 de agosto cumplía 12 años, y las clases terminaban en octubre. Si nos íbamos en las vacaciones de agosto, era temporada alta, y casi se pagaba lo mismo. Además estaba el asunto de que se trataba de un premio por terminar la primaria, y no podían dármelo antes de que lo hubiera ganado, o sea que de verdad hubiera pasado la primaria, y de preferencia con buenas notas. Terminé con un promedio de 9.2 (me lo bajó la mala conducta), pero ése no era el caso; podía tener un bajón súbito en los últimos meses, reprobar y no iban a premiar eso.
Mi madre me hizo acompañarla en varias ocasiones a varias agencias de viaje tratando de convencer al agente de turno de que por un par de meses no iban a cobrar el doble del precio, y que además yo me veía menor de lo que era, ¿qué les costaba? Era angustiante para ella, era angustiante para mí y llegaba a ser angustiante para el agente, que no hallaba el modo de decirle que no se podía, y además mi madre prometía volver al día siguiente para ver si ya lo había pensado bien. Varias noches a la semana íbamos a casa de la abuela para contarle el fracaso del día y la estrategia para el siguiente, y la abuela trataba de razonar, pero para mi madre era un asunto de principios: yo sólo debía pagar la mitad del pasaje. Hasta me llegó a recriminar no haberle dicho a la abuela que fuéramos el año anterior --estaba lo del premio, sí, pero era la mitad del pasaje...--, y llegué a sentir culpa por no tener menos edad de la que tenía y porque ya me estaba saliendo un bigotito absolutamente invisible de tan amarillo, pero bigotito al fin. Hasta llegué a oír la frase que temía y detestaba: "O conseguimos [nótese el plural] un pasaje a mitad de precio o no viaja."
La abuela lo solucionó como solucionaba todo: una noche apareció con los dos boletos comprados para un mes después, con todo y paquete vacacional con todo incluido, y fuera discusión. Mi madre se los pidió para ver si aún podía hacerse algo, no podía pagar tanto por mí, y la abuela olímpicamente la mandó al diablo, algo que no acostumbraba excepto cuando ya era más que suficiente.
O sea que fue un año después que conocí al príncipe caído, y como ocho meses antes de que exiliaran a mi padre, y más de un año antes de que nos fuéramos a Costa Rica.
Lo dicho: no hay que escribir después de haber tomado el Rivotril, o las cosas pueden confundirse, en especial cuando han pasado 36 años y a uno le caen los recuerdos, a veces con nostalgia, a veces como simples recuerdos.

Príncipe caído

A finales de 1972, la abuela Mina me llevó a Florida para conocer el recién estrenado Disneyworld, como premio por haber terminado la primaria. No estuvo mal, a pesar de que buena parte aún estaba en construcción y nos perdimos las diversiones que parecían más interesantes; apenas eran estructuras a medio levantar. Estuvimos en Disneyworld sólo un día --completo, eso sí--, y luego nos dedicamos a ver cosas como Cypress Garden --su favorito--, Seaworld y qué sé yo. La mayor parte de la semana nos la pasamos en Miami, caminando, comiendo y comprando cosas de a dólar por toneladas, además de implementos de pesca (por ese entonces me había dado por la pesca, y para no aburrirme pescaba mientras resolvía problemas ded ajedrez; cosas de nerd).
Se suponía que para ese entonces yo hablaba un inglés más regular que bueno, y estuve practicando antes del viaje, para estar preparado. La primera vez que intenté usarlo, la cajera me preguntó "Pero ¿qué e lo que tú quiere?", y me di cuenta de que mis problemas no serían con el inglés --sólo una vez lo hablé para preguntar un precio y que me contestaran--, sino con el español; siempre me costó entender el acento cubano, y hasta la fecha. Y así fue durante esa semana.
Nos hospedamos en el Belmar Motor Hotel, que debió desaparecer hace muchos años, o ya no tiene ese nombre. Mientras la abuela nos registraba, se acercó un hombre alto, gordo, un tanto calvo, vestido con un traje más que impecable, con acento cubano. Se puso a platicar conmigo: que de dónde venía, que dónde quedaba eso, etcétera. Después de cinco minutos se puso a hablarme de su país, de los peligros del comunismo, de cómo les quitaban los niños a las madres, de que a las prostitutas las mandaban a campos de concentración y de cómo a gente honrada la habían mandado al exilio.
El hombre de repente alzaba la mano y le daba alguna orden a alguno de los botones de uniforme rojo. Pasaba alguna muchacha que de seguro trabajaba en el restaurante y él le decía algo muy serio, confidencialmente. Saludaba a algún cliente de lejos con aire de príncipe en funciones, y en una de ésas se sentó, encendió un cigarro con un encendedor dorado y se dedicó un rato a indoctrinarme. La abuela llegó, se sentó a mi lado y también se puso a escucharlo. No preguntamos nada ni hicimos comentarios; él tampoco daba oportunidad.
Hablaba de lo que tenía allá, de lo que le habían quitado, de que por suerte había logrado hacer algo en Miami, y miraba el hotel con orgullo. Ya era tarde y algo habíamos comido en el avión, pero igual mi sueño era comerme una buena hamburguesa callejera en Estados Unidos; era la primera vez que estaba allí, y las adicciones buscan sus orígenes, como todo lo demás.
La abuela le dijo al señor que queríamos subir a nuestro cuarto, y él contestó que personalmente nos llevaría. Tomó un carrito, puso las maletas, nos llevó a la habitación y nos la presentó como si acabara de construirla él mismo. Luego nos acompañó abajo, diciéndonos lo que había cerca, qué autobuses tomar para ir a dónde, etcétera. Ya en la puerta, me dio la mano y me dijo que no olvidara lo que acababa de decirme. También extendió la mano hacia la abuela, pero con la palma hacia arriba. Ella le puso allí dos dólares, que él hizo desaparecer con una rapidez de prestidigitador, inclinó la cabeza y se fue a seguir en lo suyo.
--Creí que era el dueño --le dije a mi abuela.
--Aquí muchos se portan como si fueran los dueños --me contestó.
--Pero ¿tenía dinero en Cuba?
--Aquí todos dicen que tenían dinero en Cuba.
Nos fuimos por la hamburguesa y al día siguiente almorzamos en La Pequeña Habana. Delicioso, según recuerdo. El olor a café expreso parecía salir de todas partes. También el olor a tristeza, a una Cuba que ya no existía y quizá nunca existió y que, sin embargo, todos extrañaban, dueños de hoteles o botones, hombres y mujeres de todos los colores, todos con el mismo acento que siempre me ha costado descifrar.
Para ese entonces mi padre ya estaba exiliado en Costa Rica. Un par de semanas después el resto de la familia estaría allá, y sólo yo regresaría a El Salvador, 27 años después. Y ya van a ser ocho desde entonces...

29 de junio de 2007

Entrevista de Enrique Soria

El compañero Edwin Enrique Soria ha reactivado su espacio Conversare, donde incluye entrevistas a escritores, con una que me hizo a mí, y que me divirtió bastante responder. La entrevista puede hallarse aquí.
Aunque sea redundante decirlo, ando en sequía de posteo, pero de eso no se muere nadie. Tengo temas, materiales y cosas diversas; nomás no me ha llegado la voluntad de ponerme frente a la compu a escribir. A lo mejor mañana. O pasado. El lunes, seguro.

27 de junio de 2007

Otra lista negra

Tras la publicación de la lista negra del Ejército Secreto Anticomunista, en el post de ayer, me enviaron otra lista negra, esta vez del frente paracentral del FMLN, donde se condena a muerte a varios militantes y funcionarios de la derecha, en especial al mayor Roberto d'Aubuisson. El documento, que no tiene fecha, al parecer es copia de copia de copia, y se ve que ha sido retocado en las banderas y el logo del FMLN, para que se vean más claros. Creo que tiene el suficiente tamaño y resolución para que pueda leerse sin tener que transcribirlo; nada más hay que hacer clic en la imagen.

26 de junio de 2007

Cuando los escuadrones se unieron

El 11 de mayo de 1980 se anunció la formación del Ejército Secreto Anticomunista, integrado por diferentes escuadrones de la muerte, la mayor parte de ellos identificados como "institucionales", es decir pertenecientes a los cuerpos de seguridad del régimen, y algunos que quizá tuvieran un carácter "privado". Quizá lo que hubo fue un reacomodo de los mecanismos de represión de la ultraderecha y el régimen más que una "vocación de unidad", que estaba dada de antemano.
En él se anunciaba una "primera etapa" de asesinatos contra figuras políticas, sociales, militares y religiosas importantes; varias de ellas, en efecto, fueron asesinadas en los días, meses o años siguientes, aunque una buena parte --en especial los que se exiliaron-- logró sobrevivir, y hasta la fecha.
Hubo algo desconcertante: en la lista de los condenados había muchas personas que ya habían muerto, una buena parte asesinadas por los propios escuadrones o los cuerpos de segurida, y es improbable que de algunos no lo supieran, como el arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo, casi tres semanas antes. Según la interpretación de la época, era un modo de confundir, y de tratar de quitarse de encima algunos crímenes ya cometidos. Me parece poco creíble: si lo que están anunciando es una serie de asesinatos, poner a gente muerta es poco serio. Algo le pasó al redactor y por algún motivo no habrán visto a los que ya no estaban. Quizá creyeron que algunos asesinatos no se habían producido o que otros eran una pantalla para que alguien pasara a la clandestinidad.
Por ejemplo, aparece Raúl Castellanos Figueroa, muerto en 1967 en la Unión Soviética, tras la operación de un quiste de amebas en el hígado (hubiera vivido con unas cuantas dosis de medicamento salvadoreño; ¿qué sabían los médicos rusos de algo tan tropical); Roque Dalton García, asesinado por el ERP en 1975; Lil Milagro Ramírez, asesinada, probablemente unos meses antes, mientras estaba presa en la Policía Nacional; el sacerdote Rutilio Grande, asesinado en 1977; Emma Guadalupe Carpio, asesinada frente a la embajada de Venezuela el 22 de mayo de 1979; Carlos Madriz Martínez, desaparecido por los cuerpos de seguridad; Mario Zamora, asesinado por cuerpos de seguridad el 23 de febrero anterior; Walter Béneke, ex ministro de educación, de ideología derechista, cuyo asesinato fue atribuido --falsamente-- a la guerrilla; Felipe Peña, muerto el año anterior junto con su esposa en un enfrentamiento con la Guardia Nacional; Rafael Arce Zablah, muerto en un enfrentamiento el 26 de julio de 1975. Hay más, cuyos nombres no identifico en este momento; los tengo anotados en alguna libreta.
José Napoleón Rodríguez Ruiz aparece dos veces; quizá se refieren al ex rector de la UES (que no se llamaba José) y su hijo (que sí), vicerrector cuando se perpetró la ocupación de 1972. Félix Antonio Ulloa fue asesinado unos meses después de emitido el comunicado. Mi padre, según recuerdo, aparecía dos veces: como Rafael Menjívar "ex U.", y como Rafael Menjívar Choto o Rafael Alfonso Menjívar; quizá sea el nombre que aparece tachado, aunque varios que no aparecen en la lista han asegurado que se trata de ellos mismos.
Tampoco hay mucha claridad acerca de cuál organización opositora es qué, ni a quién pertenecían las organizaciones sectoriales. Nada más marco uno: Óscar Bonilla aparece como "FARN-AGEUS": en realidad era de las FPL, y la AGEUS no pertenecía a la FARN, ni podía: la organización "madre" era la Resistencia Nacional, las FARN su brazo armado y AGEUS tenía muchas vinculaciones con las FPL.
Claro que, con la cantidad de siglas que les encantaba poner en ese entonces, no había modo de dar pie con bola.
(Agradezco a CMH por proporcionarme éste y otros materiales.)

25 de junio de 2007

Generaciones, economía, arte conceptual y (claro) columna

En una semana han muerto dos poetas centroamericanos de la vieja escuela: Lilliam Jiménez, salvadoreña, y Otto Raúl González, guatemalteco, de 85 y 86 años de edad, respectivamente. Si algo caracteriza su obra es el tratamiento directo de la denuncia política y social, y la militancia de ambos en el Partido Comunista de sus países (Partido Guatemalteco del Trabajo, en el caso de González). Algo de la obra de Jiménez puede encontrarse en la página de William Alfaro.
Mi abuela Mina (fallecida a los 89 sin haber escrito poesía, ni lo necesitaba: era una vieja sensacional) decía que para morirse sólo hace falta estar vivo, y tiende a ser cierto.
Han muerto en los últimos meses varios escritores de las generaciones anteriores a la mía (si es que hay una generación de más o menos mis años; lo dudo), a edades que ya comienzan a ser avanzadas, pero muchos de los que ahora deberían estar escribiendo poesía, novela, cuentos y blogs, de entre unos 40 y 50 años, murieron cuando aún no llegaban a los 30, y la mayoría cuando apenas pasaba de los 20. Hubo talentos dolorosamente cortados, como Mauricio Vallejo y Rigoberto Góngora, a quienes no conocí en persona. El primero, según yo, era el más promisorio de los de mi... uh... generación en materia de narrativa. Ahora no puede saberse. Lo que quedó de él, además de textos sueltos, fue una novela llamada Balta, aún inédita, que debería publicarse con la mayor urgencia. La terminó a los 23, la edad a la que lo secuestraron y asesinaron y, aunque es obvio que se trata de una primera novela, llega a cosas a las que muchos hubiéramos querido llegar a esa edad, y hasta un poco después.
Como sea, hay algo más que decir de Otto Raúl González. Cuando el costarricense Alfredo Cardona Peña era parte del staff editorial de Novaro, a principios y mediados de los sesenta, él fue parte del equipo que armó (y escribió en parte) una historieta sensacional: Fantomas, "la amenaza elegante", y le dio un carácter... no sé... no me gusta decir "educativo" o "culto" porque va a sonar a que no era divertida, y sí lo era. Por sus páginas pasaron Picasso, Cortázar, Paz, Mao, Ho Chi Minh, Hitler, Fidel Castro, Gandhi, quien usted quiera. A mí me tocó hacer uno o dos guiones para Fantomas antes de que Novaro se fuera a la quiebra, en 1985. (No fue por mi culpa; ya venía mal desde antes.) Las que yo escribí en los últimos tiempos fueron Bugs Bunny, La pequeña Lulú y La pantera rosa.
González también fue director de promoción cultural del ISSSTE (sí, el seguro social difundiendo arte como conquista de sus afiliados y sindicalistas: ¿qué tiene de raro?; no todo son golpizas a escritores) y, cuando tronó Novaro, fui a pedir trabajo, y allí lo conocí. Di un par de talleres literarios (uno de ellos para menores delincuentes en rehabilitación; todo un rollo), algunas conferencias y no recuerdo bien qué más. Pagaban mal, pero valió la pena. Por esos días entré a trabajar en la Secretaría de Educación Pública en un programa de capacitación para maestros, dando también talleres de creación literaria, en provincia, y dejé lo del ISSSTE: con seis o siete talleres de una semana cada uno podía vivir varios meses, si no gastaba mucho. (Era una especie de beca, según lo veo ahora.) El problema era que, sí, gastaba mucho porque no tenía nada, y había que ir comprando, y me metí también de guionista en EJEA (especialmente) y Vid. La primera desapareció; la segunda lanza en español Batman, Spider Man, Spawn y todo eso, en buenas ediciones.

* * *

He estado trabajando en un texto de Martha Harnecker, pero juro que no es para concientizarme (nunca me gustó Conceptos elementales del materialismo histórico, que sólo en México lleva 62 ediciones en Siglo XXI; hay escuelas oficiales que lo piden como material obligatorio), sino por un trabajo que estoy terminando, quizá el más personal que haya escrito y que se vaya a publicar, del cual no voy a hablar aún. Buscando, buscando, y para quien quiera colsultar sus obras, pueden encontrarse de manera gratuita en el sitio de CLACSO (sí, CLACSO) y en la página de Rebelión. De nada.

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En Centroamérica 21 veo esta semana algunas notas que me llaman la atención. Primero, que haya la transcripción de una presentación o comentario del economista Carlos Briones, director de la sede de El Salvador de FLACSO (sí, FLACSO) acerca de "la economía que queremos ser". En resumen, de lo que habla es simplemente de que no existe una visión económica estratégica para el país, al menos no una que vaya en beneficio del país, y que los actores políticos no han logrado trazar una mediante la cual se logre institucionalizar... uh... digamos nuestro futuro a 30 años. Propone, entre otras cosas, la creación de una especie de think tank económico, totalmente técnico, que ayude y presione para llevar a cabo lo que sea que se decida, pero que se decida algo, por Dios santo. (Esto último no lo dice Carlos, que es bien escueto y, como se lee aquí, en la nota, a veces más de lo que uno quisiera, porque el hombre sabe.)
Veo también una interpretación interesante de Jacinta Escudos acerca de El cuerpo como lenguaje artístico, a partir de los performances de la guatemalteca Regina José Galindo. Espero que Jacinta no se moleste pero, desde hace unos años, me he puesto a seguir con curiosidad más bien entomológica lo que hace Galindo, y cada vez me parece más... no sé... y menos... uh... arte. Los rollos "conceptuales" casi nunca me han parecido de lo más serio, desde Yoko Ono hasta lo último que se ha hecho en El Salvador (John Cage al menos sabía de música). Me parece que algunas ideas raras y no muy originales, mal realizadas --por falta de una disciplina creativa o por pereza--, con una cámara de video enfrente, se convierten de una tontería en una pieza de arte. En el caso de la guatemalteca, he visto fotos y videos de lo que ha hecho y el extremo más patético me parece el de agarrarse a las trompadas con una luchadora profesional que hace todo lo posible por no lastimarla, y al final se va enojada diciendo que ya no, aunque todos quieren que siga. El video está en YouTube, aquí. Tambien eso de hacerse una himenoplastia frente a una cámara de video, o ponerse desnuda a que le echen agua a presión, o lo que sea. Siempre busca la desnudez a toda costa, o que haya dolor y sangre, para dar la sensación de "algo extremo", y en realidad, mientras más "radical" sea lo que haga, menos interesante me parece estéticamente, y veo más la gana de impresionar y "colocarse", no de hacer obra. Galindo me llamó la atención cuando se puso a caminar por calles de la ciudad de Guatemala con un huacalito lleno de sangre, en el que se mojaba los pies, y llegó frente al Palacio de Gobernación, dejó allí su huacalito, frente a un grupo de guardias que obviamente le impedirían el paso o la meterían presa, y se fue. Quizá allí fue donde me cayó mal ese asunto: ¿por qué no trató de entrar, si la onda era protestar contra el asesinato de mujeres? A lo mejor aprende algo nuevo, no necesariamente estético (los golpes y la cárcel no lo son), pero sí vital. El video de ese performance se puede encontrar aquí y la página de ella aquí. (Y uno que se pasa años estudiando y trabajando --prueba y error-- para que vengan a enseñarle que lo que importa no es la obra, sino la intención...)
Y transcribo mi columna de esta semana en Centroamérica 21, que puede encontrarse aquí. Espero que no se pongan mal aquéllos para los que basta que uno diga "Chávez" para sacar la bandera venezolana en pleno centro de San Salvador. No, no lo ataco; esta columna trata de otra cosa.

Paradigmas del hartazgo:
Chávez y Fujimori

Rafael Menjívar Ochoa

El partido que llevó a Alberto Fujimori al poder tenía un carácter tan provisional que se reflejaba en su nombre: Cambio 90. Para 1991 sería obsoleto, y no era el objetivo que siguiera vigente; en las encuestas, en medio de un montón de partidos de conveniencia (política, económica, la que fuera), no alcanzaba los primeros lugares.
Logró repuntar durante la campaña, y la sorpresa llegó en las elecciones: se colocó por encima de APRA –el aparente favorito– y compitió en una segunda vuelta contra la derecha radical, con el escritor Mario Vargas Llosa al frente.
Ganó Fujimori, y el sistema político se conmocionó: un oscuro –y más bien gris– gerente empresarial, salido Dios sabía de dónde, había catalizado el hartazgo de la población ante un sistema de partidos enmohecido y abstraído en sus propios juegos y un sistema judicial que tomaba una posición pasiva o condescendiente –amenazas o dádivas de por medio– con Sendero Luminoso, el grupo armado que se había convertido en el principal problema del país. Los asesinatos en masa en Ayacucho, los bombazos en las ciudades –con saldos cada vez mayores de víctimas inocentes–, la ejecución de jueces y testigos, los impuestos de guerra, no tenían solución aparente, ni había quien pasara de lo retórico en la búsqueda de soluciones.
Fujimori decidió hacer las cosas “a la mala”, es decir: declaró el estado de excepción y disolvió el órgano legislativo, la Corte Suprema y destituyó a buena parte de los jueces; puso bajo vigilancia policial –si no bajo virtual arresto– a los principales líderes políticos, y más de uno, como Alan García, debió abandonar el país, avalado por la unánime condena internacional.
El golpe, contrario a lo que podía pensarse, no le trajo la condena, sino el apoyo popular; la “mano dura” era lo menos que “la gente” esperaba. Las capas medias y dominantes lo convirtieron en poco menos que un demonio.
En un par de años, Sendero Luminoso era un mal recuerdo. Un reajuste severo cambió las reglas del juego, se apeló a tribunales de excepción y, decreto tras decreto, la presión bajó en Perú. Ayudó la toma de medidas a favor de la economía de los pobres, aunque el gobierno se había instalado con consignas neoliberales. Una nueva Constitución institucionalizó el viraje y puso a Fujimori en posibilidad de reelegirse casi indefinidamente, algo que quizá hubiera ocurrido si no hubiera saltado el caso Montesinos, que terminó con el gobierno desmantelado y Fujimori en Japón. De volver a su país, dicen todos, volvería a ganar la presidencia, pero antes terminaría en la cárcel.
Con otro carácter, y en circunstancias diferentes, la elección de Hugo Chávez en Venezuela tiene paralelismos con la de Fujimori. Lo que le dio el impulso necesario para conquistar el poder, ante la población, fue el intento de golpe de estado contra el alguna vez popular presidente Carlos Andrés Pérez, quien terminó en la cárcel por corrupción. Pérez era parte de un sistema de partidos y de estado que estaba, más que sucio, descompuesto. Chávez ha ido cambiando las reglas, con fuerte apoyo mayoritario y, al igual que Fujimori, con el rechazo claro y militante de los partidos y las capas medias y altas.
Quizá en El Salvador no se haya llegado a los extremos de insensibilidad política y social a los que se llegó en Perú y Venezuela, pero eso no puede medirse de manera objetiva; es la percepción de la población la que cuenta.
Lo que se observa es el desgaste natural de ARENA, en el gobierno desde 1989, y un proyecto de país en el cual las mejoras sociales para los pobres son paliativas. Por otro lado, una izquierda empantanada, reactiva y sin programa, que confía en el “candidato ideal” más que en establecer un proyecto propio. En el centro hay propuestas y proyectos, pero no la posibilidad de llevarlos a cabo.
Es poco probable, pero quizá, ante la falta de opciones, pudiera surgir una especie de “Cambio 2009” que dé una sorpresa similar a las de Fujimori y Chávez. Ya se han visto intentos de crear “algo nuevo”, como la coalición de alcaldes, o de moverse alrededor de figuras aparentemente capaces de hacer lo que Fujimori y Chávez hicieron: romper todo –con razón o no, con justicia o no–, al costo que sea, y empezar de nuevo.

23 de junio de 2007

Sábado, blog de Paolo y otros

Me acerco peligrosamente a los 500 posts, y son dos años y medio de escribir este blog.
Quisiera decir que es por eso que últimamente he posteado poco, para ponerme reflexivo, pero no sería cierto. He andado en varias cosas, entre otras actualizando la página de La Casa, a la que aún le falta mucho después de un año de no meterle mano. Falta, por ejemplo, poner unos 15 o 20 videos en YouTube, para mayor efectividad y para no ocuparle mucho espacio a ColegioWeb, de México, que nos da el hosting y el dominio gracias a mi hermano (fresa, hay que decirlo) Salvador de la Mora. Faltan compañeros nuevos del taller literario, algunas cosas del taller de guiones y video, mucho del taller de danza y media tonelada de noticias. También he estado moviendo la visita de Selva Prieto Salazar a El Salvador para el natalicio de Salarrué, en octubre, con una exposición incluida, además de pláticas y visitas. Y el jueves pesqué una gripe --cortesía de la Vale-- que, Tabcin mediante, resultó menos violenta de lo que esperaba; más alguna dolencia crónica --sí, somatizo todo-- que está desapareciendo, pero insiste.
En las páginas de algunos compañeros de La Casa he puesto textos nuevos, de 2007, junto a los que estaban antes, y es evidente un avance, que me da gusto y orgullo. Ya llevamos desde septiembre de 2002 con el taller, desde mayo de ese mismo año con los trabajos de La Casa y desde enero, también de 2002, con el proyecto en general. Algunos ya salieron del taller, otros han dejado de llegar, pero seguro aparecen un día de éstos, y algunos más buscaron otros caminos. Pero algo dejaron, y es bueno registrarlo. Al final, como en todo, el tiempo dirá.

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Hoy entré en el correo de La Casa y me encontré un mail de Paolo Luers en el cual anuncia que armará un blog en compañía de Aldo Salazar Marxelly, Alecus, Rodrigo Samayoa y Salvador Samayoa, titulado Siguiente página.
Hasta ahora, en el sitio en construcción, está el artículo "Del PC y su madre KGB", retirado de El faro hace algunas semanas, y una caricatura. Lo demás son "pruebas de sonido" de los otros participantes. Oficialmente el blog va a estar en circulación desde el próximo martes 26. Queda un link en la columna de al lado, en la sección "Otros blogs".

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Ayer me llegó la invitación oficial a un par de cosas para septiembre y octubre, de las que hablaré en septiembre y octubre, para evitarles angustias anticipadas a mis trolls personales. Éstos siguen enviando correos anónimos --cada vez menos--, spam --cada vez más, pero el filtro de GMail es genial-- e insultos cada vez menos creativos, si alguna vez lo fueron.
Me dicen por allí que han seguido poniendo cosas en blogs dedicados a mí, a Krisma y a nuestra hija de tres años (¡vaya...!), pero tengo un par de meses de no leerlos, y les pido a los informantes que no me digan de qué hablan. No por salud mental, que de ésa no tiene uno nunca, sino porque me tiene sin cuidado.
En general, veo en el correo un comentario que dice "Anónimo" o usa el nick de alguien que sé que no lo escribió y lo marco y borro antes de leerlo, con muy pocas excepciones, digamos cuando quiero saber qué tan alcoholizado estaba el troll en cuestión a la hora de escribirlo. (Sí, he llegado a sacar patrones: los días en que escriben, se reúnen, se emborrachan, están bien o se pelean. Sería apasionante de no ser tan de hueva.)
A ver, señores trolls: están pegando por el lado equivocado. Insistan de otro modo. Si quieren saber lo que me duele y lo que no, lean en este blog. Todo lo que se dice es cierto. (Y lo que no se dice también es cierto, nomás que no se dice.) Esmérense. El día en que le peguen a algo, les prometo publicar alguno de sus comentarios para satisfacer su ego tan chiquito.
Y, por favor, sean menos imbéciles: aprendan a enmascarar su dirección IP. Es sencillo. No hace falta ser hacker para averiguarla ni para esconderla. Y, cuando se emborrachen más de lo debido, no escriban desde su propia dirección de correo; alguien que quiera tomarlos en cuenta les puede meter una demanda. Yo, por mi parte, no les daré publicidad gratuita; para eso tienen sus propios espacios.

20 de junio de 2007

Zodiaco, escritores y familia

La prensa gráfica publica hoy un artículo en su sección de Cultura, que transcribo, en el cual se habla acerca de los signos del zodiaco más "propensos" a dar escritores de éxito. No sé cómo se mida eso del éxito, porque poner a Salman Rushdie junto a William Shakespeare me parece un tanto excesivo, y no sé cómo un "estudio" puede basarse en algo tan volátil como el zodiaco, pero valga. Lo interesante es que todos los signos citados están en mi familia más cercana, y por ahora sólo a mí y a Krisma se nos ha ocurrido ser escritores. (El diario de hoy también publica la nota, pero recortada, aquí.)
A ver: Krisma es Acuario; mi hermano Mauricio (doctor en historia, aunque también estudió artes plásticas y guitarra) es Géminis; mis hermanas Ana (psicóloga; toca la guitarra) y Lorena (licenciada en letras, con fuertes incursiones en la música) son Piscis; mi hijo Eduardo (guitarrista) es Virgo; mi hija Eunice (estudia canto y diseño) es Libra, y mi madre también (ella me enseñó a tocar la guitarra originalmente), y yo soy Leo, el signo "menos apto" para la literatura. Quizá me salve el ascendente Escorpio, pero ésos ni aparecen en la lista. Valeria es Géminis también; quizá a ella le toque (también) lo de la literatura. Por de pronto, veo que todos tenemos que ver con la música (mi padre igual; hacía buenos dúos con mi madre y, además de la guitarra, tocaba la armónica con bastante decencia); creo que todos equivocamos la vocación.
Va la nota.

Géminis es el mejor signo zodiacal para ser escritor de éxito, según estudio

Londres/EFE
cultura@laprensa.com.sv

Un estudio publicado este martes en el Reino Unido indica que los nacidos bajo el signo zodiacal de Géminis cuentan con el doble de posibilidades de convertirse en escritores de éxito.
Esta investigación, promovida por la cadena de librerías británica Borders, ha analizado la fecha de nacimiento de 150 grandes novelistas de todos los tiempos.
El resultado: 27 de ellos son Géminis, nacidos entre el 21 de mayo y el 21 de junio, una cifra claramente superior a la de los segundos más repetidos, los Acuario, cuyo cumpleaños se fecha entre el 21 de enero y el 19 de febrero.
Aquellos que tienen como signo zodiacal a Virgo (los nacidos entre el 24 de agosto y el 23 de septiembre) tenían 14 representantes, de acuerdo con estos datos.
Entre los célebres escritores nacidos bajo el signo de los gemelos se encuentran los británicos Ian Fleming (28 de mayo de 1908), padre literario del conocido agente secreto James Bond, Arthur Conan Doyle (22 de mayo de 1859) y el angloindio Salman Rushdie, nacido el 19 de junio de 1947.
Esta habilidad para escribir no dista mucho de las características propias que tradicionalmente se atribuyen a los Géminis: una gran capacidad comunicativa, curiosidad y deseo de viajar.
Según este estudio, los Acuario compartirían con Géminis algo más que la etiqueta de signo de aire: una gran destreza literaria que les sitúa en el segundo lugar de la lista, con representantes como el británico Charles Dickens (7 de febrero de 1812) y el irlandés James Joyce (2 de febrero de 1882).
Los Virgo, como la británica Agatha Christie (15 de septiembre de 1890) y el estadounidense Stephen King (21 de septiembre de 1947), comparten con los Acuario ese segundo honroso lugar en la lista de los más "aptos" para la literatura de éxito.
Pero, ¿qué pensarían de esto los referentes de la escritura en inglés y español William Shakespeare y Miguel de Cervantes?
El español, nacido el 29 de septiembre de 1547, Libra, por tanto, ocupa el séptimo lugar de los signos más favorables a la literatura de éxito junto a otros once escritores.
Por su parte, el británico, que nació el 23 de abril de 1564, sale peor parado, al quedar en el octavo lugar, junto a otros diez literatos nacidos bajo el signo de Piscis.
Mucho más paradójico es el hecho de que la escritora británica JK Rowling, creadora del mago juvenil Harry Potter, éxito de ventas de libros y de taquilla en las salas de cines, ocupe el último lugar.
Rowling (31 de julio de 1965) comparte este lugar junto a otros seis escritores nacidos bajo el signo de Leo, que, según el estudio, es el menos apto para la literatura.

18 de junio de 2007

Lunes de todo (y columna)

Gabriel Argüello, hijo del actor Leo Argüello (ambos en una foto que ya debe peinar canas), acaba de poner en YouTube su mediometraje Connexions. La familia de Leo vive en Montreal desde hace un montón de años; él, además del teatro y el cine, se dedica a la traducción de películas francesas al español. Gabriel nació en Canadá, pero por ley es salvadoreño por nacimiento, así que su película es parte de nuestro patrimonio. No lo conozco, ni a su hija menor, Lia. A la mayor la conocí en México, aún muy pequeña, y llevé una buena amistad con Luz, su esposa, una excelente actriz de Nicaragua. Leo y ella formaron parte del mítico grupo de teatro Sol del Río 32.
En fin, no he entendido mucho de lo que se habla en el mediometraje, porque está en francés, y yo de eso no mucho, pero me gusta el lenguaje cinematográfico que está logrando Gabriel. El filme está dividido en seis partes. Pongo aquí la primera parte y los links a las que siguen:



Segunda parte.
Tercera parte.
Cuarta parte.
Quinta parte.
Sexta parte.

Que lo disfruten.

* * *

Ernesto Bautista encontró, en el sitio del Departamento de Educación, Cultura y Deporte de Aragón (España), los dos libros completos de Don Quijote en formato mp3. Un audiolibro como de un giga, y eso que está en una resolución de 64kbps.
En general no soy muy amigo de los audiolibros (ni ellos de mí, así que estamos en paz). Sólo por curiosidad bajé un par de capítulos... y es excelente. El narrador está en lo suyo y lo logra con fluidez. Antes de terminar de oír los primeros archivos, puse a trabajar el GetRight (lo compré en 1998 y ha sido una magnífica adquisición; antes había una versión addware, pero veo que la retiraron). Ya tengo todo en el disco duro y pienso oírlo poco a poco, sin detrimento de leerlo las veces necesarias. (No hay vez innecesaria con Don Quijote.)
Los archivos se pueden encontrar aquí.

* * *

Si algo debería dar vergüenza a un país, es la cantidad de menores de edad que trabajan por la necesidad individual o familiar de comer y sobrevivir. Digo, habrá quien quiera trabajar porque quiere trabajar, y porque puede (yo empecé por allí de los 15, y desde los 16 no he parado), pero eso del trabajo asalariado por hambre, y por salarios de hambre, mide tanto la condición económica como la condición... digamos... político-moral de un país.
Por eso, me resulta... no sé qué palabra usar... indigno que el arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle, diga --según La prensa gráfica-- que es "oportuna" la contratación de menores de edad. Y, sí, es "oportuna", porque si no se mueren de hambre, pero por Dios (que es más suyo que mío) que duele oírlo hacer "un llamado general para que la mayoría de edad no sea un parámetro rígido a tomar en cuenta en la contratación de las personas". Claro que también está la ley, según LPG: "En el Código de Trabajo se autoriza a trabajar a los menores desde los 16 años, con la condición de que las tareas sean ligeras y no perjudiquen la salud, seguridad, desarrollo y la asistencia a la escuela." Eso sí, Sáenz se opone a "las peores formas" de trabajo infantil que, además de el corte de caña, la elaboración de cohetes y la extracción de curiles, deben incluir la prostitución y esas cosas que de todas maneras son delito, algunas pecado, y en ocasiones ambas.
Un poco a propósito de eso, Rodrigo Baires publica en El faro de esta semana (¡y siguen con los golpes de pecho con lo de Paolo Luers, en la sección de correspondencia!), un reportaje acerca del tráfico de seres humanos que vale la pena de leerse.

* * *

En Centroamérica 21 vienen varias cosas que también valen la pena de leerse, y que --si uno quiere-- pueden darle la perspectiva de varios aspectos interesantes de la vida política e institucional del país.
Por ejemplo, una entrevista con Garrid Safie en la que habla acerca de los aspectos prácticos del manejo de la Fiscalía. Es general uno dice --y en general es cierto-- que la persecución y procesamiento de crímenes está mal en el país, y que el gobierno debe mejorar las cosas, evitar la impunidad, etcétera. No afirmo que Safie diga todo lo que tiene que decir, pero en la entrevista se pueden ver muchos entretelones y varios porqués institucionales para que la criminalidad esté como está. También es interesante su concepto de "impunidad" y varias interpretaciones legales de lo que uno entiende simplemente como ineficacia.
En las últimas semanas, aunque quizá algunos no hayan querido interpretarlo así, he publicado varias columnas en las que se habla de problemas y lastres de la izquierda, vistos desde la izquierda, que le hacen difícil ponerse al parejo de las necesidades del país, del pueblo y de si misma. Esta semana, Lafitte Fernández hace un análisis desde el otro lado del espectro: qué es lo que necesitaría ARENA para conservar el poder, o al menos perderlo con gracia, ante un posible repunte del FMLN y la posible candidatura de Mauricio Funes. Lo importante es que también para la izquierda puede haber buenas reflexiones a partir de lo que dice Lafitte en su nota, que puede encontrarse aquí.
Y viene una nueva nota de Jacinta Escudos acerca de su San Salvador perdido, a partir de su lectura de un libro de Orhan Pamuk. La nota puede hallarse aquí.
Y viene la columna, que no me parece que vaya a ser una de las más populares que haya escrito.

¿Izquierda lumpen?
Rafael Menjívar Ochoa

Aunque el tema es mucho más complejo, Para Marx el “motor” de la lucha de clases –a su vez el “motor de la historia”– es el enfrentamiento entre dos segmentos sociales: el proletariado y la burguesía.
Lenin observó –y lo ratificaron otros, como Mao– que el proletariado industrial, la vanguardia de la lucha, no era necesariamente el motor mejor aceitado, ni el único. En las experiencias china y vietnamita, la tesis de un proletariado agrícola ubicó las cosas en otra dimensión; su validez es harina de otro costal, y la discusión puede ser –como ha sido– interminable.
La idea es que la conciencia de clase emana de un sector que no puede ni podrá poseer los medios de producción –aun bajo un socialismo ideal, en el que el estado sería dueño de casi todo–, y nunca podrá pertenecer al rubro de los explotadores. Entre el campesinado el asunto es relativo: una reforma agraria lo sacará del esquema o lo colocará en las capas medias, una posición ambigua e incluso contraria a las luchas populares.
Según el propio Marx, la clase media es participante incidental en la lucha de clases, en la medida en que no se trata de una clase por derecho propio, sino en transición hacia una de las dos posiciones polares. Generalmente tiende al ascenso, o a mirar con los ojos de los explotadores. En el ascenso social, entonces, hay un desclasamiento, que tenderá a la adquisición de una conciencia diferente y, talvez, diametral.
En La ideología alemana, Marx y Engels plantearon la existencia de un estrato dentro del proletariado: el lumpenproletariat o, simplemente, el lumpen. Lo caracteriza que, a pesar de encontrarse en la misma situación que los obreros, o por debajo de ellos, es incapaz de adquirir la conciencia intrínseca a un proceso revolucionario.
Desde el lado ideológico, el lumpen puede convertirse en un sustento de la burguesía, un freno poderoso para la lucha de clases. En la práctica, de allí surgen algunas lacras –desde esquiroles hasta criminales–, pero también intermediarios en el proceso productivo, como comerciantes, que a veces llegan a formar parte del bando explotador.
Lo importante, en fin, es lo que caracteriza al lumpen: falta de conciencia proletaria, falta de sentido colectivo y, sobre todo, falta de objetivos políticos y sociales.
En El Salvador, cada vez más, después de la guerra, se ha observado una “lumpenización” de la izquierda, que corre en ambos sentidos: el de los dirigentes políticos y el de sus apoyos no organizados, o los que se mueven en los márgenes de sus organizaciones periféricas. Quizá se deba a varios factores, y quizá el menos importante –aunque el más evidente– sea la urgencia con que se plantea la lucha política: en la búsqueda de votos para las siguientes elecciones –las que sean–, y ante la fragilidad de organizaciones propias, el FMLN busca apoyos en personas y sectores capaces de votar, aun de manera reactiva, no propositiva, bajo casi cualquier consigna, y no sobre una línea estratégica.
Por eso ocurren hechos que reflejan un carácter lumpen que el FMLN debe apechugar o, como mínimo, relativizar, así no sean parte de su línea: mucha de la “oposición” agresiva e irreflexiva dentro de la UES, los enfrentamientos armados del 5 de julio de 2006, los incendios y choques en el centro de San Salvador en 2004 y, la semana pasada, la golpiza contra el encargado de arte y cultura de la UES.
Si se sigue pensando en términos marxistas, no es de extrañarse: el lumpen, que tarde o temprano alcanza a todas las clases sociales, se caracteriza por su desclasamiento; el FMLN, a partir de 1983, está por completo guiado por gente de las capas medias, una clase indefinida y en transición. Es aquí, talvez, donde pueda trazarse un profundo punto de encuentro y, más aún, donde se detecte el origen de la falta de objetivos claros de la izquierda institucionalizada: ¿hacia dónde va el partido? O peor: ¿hacia dónde planean llevar al país? O peor aún: ¿existe una verdadera izquierda?
Es algo que debe determinarse, y a veces la prisa y la impermeabilidad al pensamiento crítico –que debería ser inherente a toda izquierda– no lo permiten.

17 de junio de 2007

Final del día


Y bien, va a terminar el Día del Padre como terminan tantas cosas.
Pero otras quedan, y uno las guarda como tesoros aunque sean garabatos. (¿Cómo podrían ser garabatos?)
Feliz día, viejo.

14 de junio de 2007

En Texacuangos


Gracias a Aldebarán y a La prensa gráfica me entero de que Mélida Anaya Montes, la Comandante Ana María, está enterrada ahora en Santiago Texacuangos, luego de ser repatriada desde Managua, como dijimos ayer. Interesante que se conociera antes en un medio de prensa español. La nota está aquí.
Y pongo algunas fotos, por no dejar.
Hay una en especial que me produjo pesadillas durante algún tiempo, aparecida en la primera plana de Barricada, justo después del asesinato de Ana María, y es la que encabeza este post. El cuerpo de la comandante aparece a la derecha, degollado y con marcas de picahielo (algunas parecen hechas post mortem), y a la izquierda el presidente Reagan parece burlarse, lo cual era la intención del diario. (El picahielo y el cuchillo pueden verse en la foto de la derecha.) Muy pocas veces en la historia la CIA ha desmentido o confirmado su implicación en acciones encubiertas, las haya realizado o no. Esta vez, cuando la acusaron del crimen, de inmediato se desmarcó. Y con razón; ni a la CIA podría gustarle estar metida en algo así.
Los sandinistas resolvieron rápido el crimen: el mismo día ya estaban interrogando a las personas precisas, y el mismo día del entierro de Ana María capturaron a Marcelo, el autor intelectual. (Hay una foto en la que aparece en el sepelio.) Aunque en un recuadro de la nota de LPG se asegura que Marcelo confesó de inmediato que Marcial ordenó el asesinato, es falso: siempre se declaró como el único culpable, y por eso Marcial fue explícitamente exonerado en marzo de 1984. No sé qué diga Marcelo ahora, pero durante el tiempo que estuvo preso en Nicaragua --fue liberado a la llegada de Violeta Barrios al poder-- se declaró como el único culpable. Incluso las FPL corrieron la voz de que había un video en el que Marcelo confesaba que Marcial lo había ordenado, y que se daría a conocer en su momento. El momento no ha llegado veintic.
Abajo, la portada de Barricada en que se anuncia la muerte de Marcial. Se suicidó el 12 de abril de 1983, pero se dio a conocer apenas el día 21.
De verdad que hay mucho por explicar...


13 de junio de 2007

Mélida Anaya Montes en El Salvador

Un buen amigo me manda esta nota que apareció en el portal de Terra en España:

Exhuman los restos de la guerrillera Mélida Anaya en Nicaragua y los entierran en El Salvador

Los restos de la comandante guerrillera Mélida Anaya Montes fueron exhumados con total discreción el pasado fin de semana en Nicaragua y hoy fueron, una vez trasladados, enterrados en una ceremonia en El Salvador, su país de origen.
El pasado fin de semana amigos y familiares acudieron a Nicaragua para desenterrar los restos de la guerrillera, conocida como 'Ana María' dentro del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y que fue asesinada a los 52 años de edad en 1983. Según indicó un portavoz del FMLN la familia realizó gestiones ante los departamentos de Salud y de la Alcaldía de la capital nicaragüense a los que pidió que la ceremonia fuera realizada en privado, informa hoy el diario nicaragüense 'Nuevo Diario'.
El traslado a El Salvador, donde los restos de la comandante fueron sepultados nuevamente, se produce 24 después de su muerte a manos de sus propios compañeros en Nicaragua donde ella había acudido para realizar una misión internacional ordenada por su partido.
La diputada del FMLN, Emma Julia Fabián confirmó a la agencia AP que los restos de 'Ana María' fueron 'efectivamente fueron exhumados y traídos al país y fueron sepultados en una ceremonia privada'.
'Es un símbolo de la lucha revolucionaria, de la tenacidad de las mujeres, del espíritu de sacrificio', añadió.
'Ana María' Mélida Anaya era maestra y llegó a ocupar cargos de dirección en la guerrilla hasta que fue asesinada de 81 puñaladas y degollada cuando dormía el 6 de abril de 1983 en una casa de la que el FMLN disponía en Managua.
Terra Actualidad - Europa Press


Ana María estaba enterrada frente al mercado Roberto Huembe, en una escuela primaria bautizada con su nombre. Uno podía verla desde el otro lado de una malla ciclón, a un costado de la escuela: una muy sencilla construcción de cemento. En la siguiente foto, aparecida en la portada del periódico Barricada, se ve el ataúd de la comandante y a algunos de los asistentes al entierro, precisamente en esa escuela.



En la que sigue, también del mismo número de Barricada, el comandante sandinista Daniel Ortega abraza a Marcial para darle las condolencias públicas por el asesinato de Ana María. A la izquierda, el comandante Tomás Borge, con quien al día siguiente tendría una reunión, de la cual saldría a su casa para suicidarse.

Marcial apenas alcanzó a llegar del aeropuerto para los funerales. En el momento en que le avisaron del asesinato estaba en Libia. Iba bajando del avión cuando apareció un enviado de Khadafi y les dijo que tenía transporte inmediato hacia París, y que en ese momento estaban viendo de conseguir algo hacia Nicaragua. En Francia se reunió con gente de las FPL y salió a México, donde estuvo una noche completa, también en reuniones. De allí logró tomar un vuelo a Managua.
¿Cómo sé eso? Bueno, también basta con leer los diarios, aunque sea los de Nicaragua de la época. En la foto siguiente están Marcial y mi padre (por cierto, su pseudónimo era Roberto, por una historia familiar bien bonita, aunque trágica) recién bajados del avión que los llevó de México. Los dos más despeinados, desvelados y estresados son ellos. El que le da la mano a Marcial debe ser alguien de la Seguridad del Estado nicaragüense, o de protocolo, si no es que eran lo mismo. (Eso trató de ser una broma.)


Pues bien, ya están en El Salvador todos los involucrados salvadoreños en los "hechos de abril" de 1983, algunos en sus tumbas, otros vivos: Marcial, Ana María, Schafk Hándal, Leonel y un no muy largo etcétera. De los nicaragüenses, uno es presidente de la república, y los demás...
Bueno, ésas son otras historias, algunas no muy limpias (como lo de la "piñata" de 1990).
Sería una buena oportunidad para que se pusieran algunas cartas sobre la mesa, aprovechando todas las presencias y ausencias. Por ejemplo cómo se sigue culpando a Marcial por el crimen de Ana María, cuando hay una constancia legal de que es inocente, como he (d)escrito aquí y aquí. No estoy cerrado a que sea en efecto culpable, y creo que muy pocos lo estarán (algunos lo desean con toda su alma). Nada más que se diga los motivos por los cuales se le sigue considerando asesino, cuando legalmente no lo es, y que aporten las pruebas del caso. Muchos (la historia y la Historia incluidas) descansarían sabiendo la verdadera verdad. No creo que la gente de las FPL de ese entonces, y del FMLN de ahora, se consideren por encima de la ley y esas cosas que a algunos les parecen superfluas.
En fin, bienvenida Ana María, y ojalá den a conocer pronto el lugar de su entierro, para poder saludarla. La tumba de Marcial está en el cementerio de Santa Tecla, y la de Schafik en el de Los Ilustres. Hay otras treinta y tantas mil en el Parque Cuscatlán, otras en El Mozote, y hay muchas que aún hay que salir a buscar. Por algo se empieza, aunque sea tantos años después.

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Mil gracias a los amigos que me han proporcionado las fotos de Barricada de esa época. Ya irán saliendo más.

12 de junio de 2007

Matador

Una clásica de Los Fabulosos Cadillacs.
Creo que cualquiera que haya sido perseguido político siente frío cuando oye la letra.


10 de junio de 2007

David, Jacinta, Claudia, etcétera (y columna)

Esta semana hay de todo en Centroamérica 21. Por ejemplo, les cayó su primera publicidad, de Simán, y eso quiere decir que la revista tiene buenas posibilidades de sobrevivir; por algo se empieza, y van nueve números. ¡Y la colgaron en línea en domingo! El primer número salió en martes, el tercero ya lo sacaron un lunes por la mañana; del quinto al octavo, salió los lunes por la madrugada, lo cual ya es excelente. Eso quiere decir que están agarrando su ritmo, sus tiempos y todo lo demás. La calidad podrá discutirla quien quiera; a mí me parece que se está volviendo constante y buena, con tendencias visibles a mejorar.
Lo otro --que se me había olvidado poner por acá, por falta de memoria, tiempo, posteo y oportunidad-- es que Jacinta Escudos está escribiendo, desde la semana pasada, cosas para la revista. Esta semana aparece una nota suya titulada "Swallow. (72 horas en la vida de una pajarito)". Ya antes habíamos estado juntos en encuentros, antologías y colecciones de libros (en una, en realidad, en la DPI, pero con dos libros cada uno); es la primera vez que me toca estar en la misma revista. (Bueno, no... En Cultura y en... En fin. Estar en la misma revista al mismo tiempo.) Saludos para ella.
Como si se tratara un número de escritores, además de los habituales hay una buena entrevista con David Escobar Galindo acerca del proceso político en El Salvador. Me parece que David dice cosas especialmente lúcidas, que curiosamente comparto (suelo no estar de acuerdo con sus planteamientos, aunque lo lea con interés), como:

Yo creo que el electorado es el que más ha madurado. La sociedad civil, aunque no está suficientemente organizada, es la que más ha madurado como sujeto. Más que los actores que la representan.
Se supone que los actores que la representan son los que deberían ir a la vanguardia y no es así. Hoy la sociedad creo que es la que va a la vanguardia y les demanda cosas y, además, hace cada vez selecciones más sutiles a la hora de elegir.

La sociedad, en la parte electoral, elige de acuerdo a lo que considera sus intereses y no a las imágenes que le presentan los partidos. Y quizás eso es a lo que a los partidos les cuesta más entender. No son sus imágenes lo que más valen, es lo que la gente siente que le puede favorecer, o que puede evitar recibir perjuicios en un cierto momento. Yo creo que la sociedad salvadoreña ahora es mucho más pragmática e informada que antes, y no es cuestión de información intelectual. La gente capta mejor y entiende mejor que tiene realmente el derecho de elegir. Ahora la elección no es un ejercicio formal y la gente está cada vez más consiente de ello. Cada vez hacen más distinción entre su voto para alcaldes, para diputados y para presidente.
Tú ves las encuestas y cuando le preguntas: ¿por quién votaría usted si la elección de presidentes fuera mañana? aparece un porcentaje; si la elección de diputados fuera para mañana, aparece otro porcentaje y si la elección de alcaldes fuese mañana, aparece otro porcentaje. Esos son signos de gran inteligencia pragmática.

Etcétera. Creo que está sistematizando factores que el sentido común dicta a partir de la experiencia. Creo que hay cosas que están en el aire (o sea en la calle, y libres) que los partidos políticos deberían captar, al menos para evitarnos dos años de esas angustiantes y angustiosas campañas electorales a las que nos están... uh... ¿acostumbrando?
Y más de escritores.
Ayer, en un suplemento especial de La prensa gráfica, se publicó el cuarto libro de Claudia Hernández, La canción del mar, pequeñito, del que conocí un par de cosas cuando me la encontré en Guatemala en agosto del año pasado. Vino sólo en la edición impresa, así que no se puede ver en internet. A la primera lectura de cuatro o cinco textos, encuentro una envidiable artesanía del lenguaje. Como siempre, Claudia hace cosas absolutamente novedosas, que uno puede no reconocer como cuentos o confundir con otra cosa. Ya hablaré de él cuando lo haya revisado bien.
Lo curioso es que le propuse a Geovani Galeas, hace dos semanas, y sin saber lo de la publicación de La canción del mar escribir una nota acerca de la obra de Claudia, o sea de sus tres libros anteriores, y sobre eso viene una nota titulada "Claudia Hernández o la renovación del cuento", que también está en mi otro blog, La mancha en la pared, para dejar registro. Como complemento, mi columna de esta semana la dedico a hablar de narrativa, y de las diferencias entre cuento y novela. Ya la semana próxima hablaré de política, si es el caso.
(Hoy no voy a comentar notas de El faro. Primero, porque posteo en domingo. Segundo, posteo sin esperar al lunes porque aún estoy molesto con el rollo de Paolo Luers y las justificaciones que dieron para sacar su columna hace un par de semanas, para después ponerse de golpes de pecho y luego abrir la sección de correspondencia para que les dijeran cosas más fuertes que la columna original. Igual no van a sufrir por mi omisión, pero mi blog es mi blog, qué diablos. Ya veremos la próxima semana.)

Cuento, novela y pensamiento
Rafael Menjívar Ochoa

Desde que alguien descubrió que la poesía y el cuento “no venden”, ambos géneros han sido estigmatizados por editoriales grandes y pequeñas, que buscan en la novela un medio para mejorar su liquidez. Pero hay novelas y novelas, como hay cuentos y poemas, y la publicación de casi cualquier cosa tarde o temprano deberá llevar al género favorito a lo mismo que a los otros, que también tuvieron su auge: nadie querrá comprar cosas simplemente adocenadas o malas.
Muchos autores migran del cuento a la novela, en busca de aceptación o de una mejor colocación en el mercado. La migración suele darse de manera mecánica, bajo el entendido de que sólo se trata de pasar de escribir cosas cortas a escribir cosas largas, y el asunto no va precisamente por allí.
La extensión a veces indica si un texto es una novela o un cuento, pero es sólo un factor externo. Ambos tienen estructuras diferentes: la primera, una estructura “abierta” y la segunda –si se toma la corriente fundada por Poe y quizá culminada por Cortázar–, “cerrada”.
De modo esquemático, el cuento se trabaja desde un objetivo específico, y todo apunta directamente a él. Lo más importante es el tema y su desarrollo, y el eje es la historia que se narra. Personajes, situaciones, tramas, ambientes, todo, van en función de ese objetivo y de nada más. Los personajes sirven para ese cuento –a reserva de que se trate de una serie–; la historia sólo puede ser contada de ese modo, etcétera. Si creemos a Cortázar, el resultado será una narración “esférica” y “tensa”, sin rebordes ni más información que la necesaria para –en fin– contar un cuento.
Una novela –según E.M. Foster– cumplirá con otro tipo de requerimientos. Las basadas en historias moverán a los personajes a lo largo de una línea de tiempo; de algún modo serán un cuento largo, aunque sin su economía y rigor; Verne y Dumas serían sus exponentes clásicos.
Otro tipo estaría basado en los personajes: éstos arman sus historias a medida que transcurre el tiempo; hay un “azar literario” que hace que el lector tenga la impresión de que ha asistido a algo muy similar a un trozo de la realidad que lo rodea. La historia no determina la estructura, sino el devenir de los personajes. Dostoyevsky sería el maestro de esta vertiente.
Un tercer tipo está basado en tramas: los personajes van modificándose mientras interactúan, el azar es aún mayor, y la historia a veces más difusa. Lo importante es la riqueza de la constante confrontación de los personajes. Dos casos clásicos serían Charles Dickens y Jane Austen.
La “forma” de la novela no es importante, sino su efectividad. Aunque no sean recomendables los cabos sueltos, muchas situaciones podrán quedar sin un cierre explícito y la historia original podrá perderse en algún capítulo intermedio sin que sufra su validez.
Si se ha de buscar un símil, el cuento es un trabajo de arquitectura; la novela, de ingeniería. (La poesía equivaldría a la escultura.)
Las cosas nunca son tan fáciles, y a veces las diferencias entre un género y otro son tan sutiles que es fácil perderse. En ocasiones un cuento y una novela sólo se diferencian ya no por las estructuras, sino por la simple intención del autor. Foster definía la novela como un relato de por lo menos 50,000 palabras (unas 200 cuartillas), y se puede encontrar novelas de sólo una fracción de esa cifra, y cuentos más largos que no son sino cuentos.
En un mundo ideal, cada texto –como quería Eliot– debería poner en tela de juicio todo lo escrito hasta el momento. Pero la literatura es reacia a los cambios bruscos y constantes; sólo de tarde en tarde se encontrará una obra original, novedosa, digna de llamarse “creativa” en toda la extensión del género.
Quizá uno lea obsesivamente, durante toda la vida, en busca de esos pocos libros o autores capaces de plantear universos literarios radicalmente diferentes a lo que se conocía. El encanto es ser feliz al encontrarlos, y no mucho más, pero tampoco menos; en ellos está la síntesis de muchos años de acumulación de pensamiento humano.

9 de junio de 2007

La radio y la Guerra del Fútbol

El post ¿La incitación al odio o libertad de expresión?, de Ixquic*, me trajo a la memoria algunas cosas que andaban un poco borradas, no tan trágicas como la masacre de tutsis en Ruanda pero, eso sí, muy nuestras.
Recuerdo, cuando la "Guerra del Fútbol", cómo las emisoras de radio jugaron un papel siniestro para exacerbar el odio y la violencia entre hondureños y salvadoreños. En casa oíamos YSKL, y buena parte de la programación, desde antes de la guerra, era para alimentar la xenofobia contra los hondureños. Contra todos. Sin distinciones. Como teníamos radio de onda corta, oíamos también la HRN de Honduras, y era lo mismo, pero desde el otro lado. Angustiante.
Empezó, precisamente, desde que se anunciaron las eliminatorias para el mundial de 1970 en México, y me parece que se aprovechó esa coyuntura para prepararnos para lo que siguió. Por esos días había empezado la expulsión de salvadoreños de Honduras por un órgano paramilitar llamado "La Mancha Brava", protegido --y formado, creo-- por el ejército. A muchos de los expulsados los golpearon, y según los diarios y las emisoras se llegó a la mutilación sexual de muchas personas, hombres u mujeres. (Mi madre y mi abuela fueron a donar ropa y comida a los refugiados y, sí, era cierto. ¿Por qué será que a los militares de cualquier parte, cuando se ponen en ésas, los obsesiona tanto el rollo sexual y usan la mutilacion como mecanismo de terror? Buena parte de las víctimas de los escuadrones de la muerte eran mutiladas sexualmente.) El motivo de las expulsiones era que el gobierno hondureño iba a hacer una reforma agraria para quedar bien con el gobierno de Estados Unidos, y no iba a tocar las tierras de la United Fruit ni de los terratenientes de siempre. Asi que se fueron contra los trescientos o cuatrocientos mil salvadoreños que tenían allá sus pequeñas parcelas, y no sé si habrán hecho al fin la dichosa reforma. Se dijo en la HRN que a muchos de los salvadoreños que llegaban los mutilaban soldados de este lado de la frontera disfrazados de hondureños.
La KL empezó a transmitir mensajes especialmente virulentos en contra de "los hondureños", así en general, por la expulsión de salvadoreños, los desmanes contra ellos, y el receptor directo de todo ese odio era su selección de fútbol: era la concreción de un enemigo casi demoniaco, al que había que vencer por todo lo que venía pasando.
El primero de los tres partidos que se jugaron lo ganó la selección salvadoreña, según creo recordar; el segundo, los hondureños, y se volvió casi una afrenta nacional. No recuerdo si para el tercero --que ganaría el equipo de El Salvador, en una "cancha neutral", o sea en Haití-- la guerra estaba en puertas o ya había terminado, pero no creo que nadie se haya divertido, no en el sentido en que el deporte debería generar diversión. (Quizá por eso dejé de ir a los estadios de fútbol: encuentro más odio por "el otro" que ganas de ver un buen partido. Y no es privativo de los salvadoreños.)
En la colonia donde vivíamos antes (Santa Eugenia, por San Miguelito) había un señor hondureño, medio rabietoso con los niños pero, en fin, un señor con su familia. El día en que estalló la guerra, o al siguiente, llegó la policía por él y su gente por el delito de ser hondureños, y todos los de la colonia estaban allí para "disfrutar" de cómo lo agarraban y se lo llevaban, etcétera. Hubo insultos, acusaciones, saqueos de su casa, casi un linchamiento. En las emisoras algunos locutores pedían a la ciudadanía que "denunciara" a los hondureños, no sé si por instrucciones del gobierno, en el plan de que cualquiera podía ser un agente de los servicios de inteligencia del país de al lado. Llegamos a ver piquetes de "ciudadanos" afuera de casas de hondureños, al menos hostigándolos, y a las emisoras transmitiéndolo como actos de patriotismo. Al final, el señor al que conocíamos se quedó en El Salvador, pero obviamente se cambió de barrio; ¿cómo vivir con antiguos amigos que de repente habían sacado su lado más oscuro y lo habían ejercido contra él? Pasada la guerra hubo una vergüenza colectiva de la que algunos no se curan aún. Otros, para defenderse, casi cuarenta años más tarde, aún hablan mal del señor (no recuerdo su nombre), y le inventan hechos o magnifican otros que no eran para tanto. En serio que nada más le agarraban rabietas contra los niños que hacían ruido afuera de su casa a la hora de la siesta, yo entre ellos, pero no era para que lo trataran así.
Mi nana --que crió también a mi madre y a mi tío--, doña Minga, era hondureña. Desde ese momento, para protegerla, se armó la historia de que era de Morazán (la que nació allí fue su hermana, Rosa). No salió de casa en varias semanas. Hasta la fecha, su hija jura y perjura que nació en Morazán (mi nana murió hará unos diez años), aunque ella sabe que yo sé que no es cierto, pero el temor persiste.
Otro mecanismo que usaron las emisoras, además de el exacerbamiento del patriotismo, fue el miedo. Hubo un momento, ya en medio de la guerra, en que se dijo que aviones militares hondureños estaban volando sobre El Salvador, y unos minutos después pasaron dos o tres cerca de casa, justo encima de donde ahora son las Tres Torres. Para mis nueve años fue espantoso, y también para los seis de mi hermana y los cincuenta y pico de mi abuela y los que fueran de quien estuviera oyendo la radio y oyendo esos aviones --totalmente salvadoreños-- "patrullando" la ciudad.
Pocos no cayeron en el juego, y a los que no cayeron les fue mal, como al doctor Fabio Castillo Figueroa, quien lo denunció como una guerra entre burguesías, o sea lo que realmente era. Lo acusaron de traidor, de espía, de comunista vendepatrias, sólo por tener la razón.
El Partido Comunista jugó un papel bien feo (en parte por eso se dividió en 1970): dio su apoyo al gobierno en ese momento en que los salvadoreños debían estar unidos, etcétera. Hasta hubo un mitin con Schafik en la Plaza Libertad, que ahora explican de otro modo, en el que se llamó a apoyar esa guerra por la dignidad nacional. (En el parque Hula Hula, mientras tanto, estaban vendiéndose los Bonos de la Dignidad Nacional para financiar la guerra. Había desde uno hasta veinticinco colones, y la gente se peleaba el derecho a comprarlos. Lo sé porque fuimos a ver con la abuela Mina a verlo. Ella compró uno de un colón, para guardarlo de recuerdo. Años después traté de conseguirlo, pero al parecer lo había tirado en alguna limpieza de su clóset.) Está registrado que, entre otras cosas, el PC envió chicles --sí, de los que se mastican-- a los soldados en el frente. ¡Y eso que la guerra sólo duró cinco días! Creo que nunca reaccionaron con tanta rapidez a ninguna otra situación, Dios los bendiga.
Mi padre estaba en Chile, en el único año sabático de su vida, y cuando se enteró de la guerra nos llamó por teléfono para saber cómo estábamos. Le pregunté qué pensaba de la guerra, y me contestó, cauteloso, que estaba demasiado lejos para formarse un criterio, pero que algo que viniera de ese gobierno no podía estar bien, que lo mejor era que nos tranquilizáramos, que tomáramos medidas de seguridad y que en todo caso era un asunto entre militares.
En casa de la abuela, que estaba junto a la nuestra, había una bodega, casi un sótano, y allí dormíamos todos: mi hermana --mi hermano nacería dos años después--, mi madre, la abuela, mi nana, su hija, tres empleadas, y los perros afuera de la puerta, por si las dudas. Había toque de queda, y había que apagar las luces a cierta hora, bajo amenaza de que se dispararía contra las casas en las que hubiera luces encendidas. Así que usábamos velas, con las ventanas bien tapadas con cortinas gruesas, y todos alrededor de la radio, que nos hablaban de cosas terribles que pasaron, otras que no y otras más que simplemente no podían ser.
Mi padre me había mandado de Chile los suplementos coleccionables de la revista Ercilla con todo lo referente a la misión Apolo XI a la Luna, que empezaba con las fantasías de Luciano de Samosata y Cyrano de Bergerac y terminaba con el regreso de Neil Armstron, Michael Collins y Buzz Aldrin a la Tierra. Y, sí, cómo era posible que hubiera gente que caminara con seguridad por la Luna mientras, por su nacionalidad, los salvadoreños y hondureños no pudieran caminar por las veredas... de su propio país, ya no se diga del vecino.
Leí varias veces los folletos mientras oía las noticias de la guerra, sin saber muy bien qué pensar. Cuando estalló la paz, me llegaron las tapas de la colección, y una bandita de tela para pasarla por los hoyitos abiertos de antemano para formar un pequeño libro, que no sé en qué lugar de mi vida habrá quedado extraviado.

5 de junio de 2007

Vergüenza y sin vergüenza

En el maravilloso mundo de la historieta, aunque el protagonista crea a sus antagonistas --el caso de Batman y el Comodín es de lo más patente--, también ocurre lo contrario: el héroe sólo es tal si el villano es lo suficientemente poderoso como para exceder sus capacidades, y obligarlo a superarse en cada número, casi en cada página. Un villano que no sea en principio mucho más poderoso que el protagonista simplemente no es interesante, y hace que éste pierda brillo y se marchite.
En la vida real, si uno se toma su trabajo y su oficio en serio, el asunto no es así, no sé si por suerte o por desgracia. Los de la vida real son en general antagonistas de lo más mediocres, pero son un montón; todos tienen recursos igualmente mediocres, pero no tienen honor, una de las características más importantes de los personajes de la historieta, villanos incluidos.
Uno de los mecanismos de ataque es el intento de activar mecanismos psicológicos que hagan que los protagonistas se autodestruyan, o por lo menos se neutralicen a sí mismos. Hay uno que puede tener cierta efectividad si uno no sabe en lo que anda: la vergüenza por lo que es y por lo que hace.
En principio el mecanismo es pueril, pero se espera que uno siga siendo en alguna parte el niño que fue, y que reaccione de la manera en la que se supone reaccionó ante ciertos estímulos, para el caso la burla. Todo nerd lo sabe bastante mejor que cualquiera: ante la ola de calificaciones altas, el montón de lecturas y eso que se supone que hace a un estudiante, los trolls, bullies y otros mediocres usan dos mecanismos: la violencia y la burla. El primero nunca funciona por mucho tiempo, nada más es doloroso. (Se recomienda aprender karate, aunque de seguro será uno el que termine en la dirección; todo tiene su precio.) El segundo es la burla por lo que se considera "socialmente" gracioso y a la vez digno de lástima: el protagonista es engreído, sus capacidades académicas lo convierten en tonto para otras cosas más importantes que estudiar, y por lo tanto es tonto para todo; el protagonista miente o no es digno de ser escuchado, pero sí abucheado, y la más socorrida cuando lo anterior falla: el ataque a las características físicas, que en boca de los mediocres se convierten en defectos más que en características, y algún tipo de agresión sexual, desde la duda de la virilidad o la femineidad del atacado hasta diversos grados de ataque físico, real o simbólico.
Una golpiza o dos, acompañadas de las burlas y agresiones, buscan que el tipo de la película (de su película particular) tenga miedo y vergüenza de tener miedo, y de todo lo demás. La idea es que baje el perfil para evitar más de lo mismo, y que se convierta en un pobre diablo peor que sus agresores; ya sabrá uno si eso funciona, si vale la pena desarrollar mecanismos de defensa que neutralicen los ataques, si aguantará estoicamente o si le pedirá a sus papás que lo cambien de escuela, con la posibilidad de que vuelva a repetirse la historia.
Lo delirante es que entre los adultos se juega a lo mismo, con los mismos objetivos y los mismos métodos. Uno ya no es niño, y eso a veces es más una desventaja que una ventaja, porque se ha llenado de juicios y prejuicios, y los mecanismos que ha desarrollado pueden ir de la reacción colérica a la controlada o a ninguna reacción en particular. Algo queda claro: si uno siente una pizca de vergüenza o negocia, está frito. Y eso está bien para los pollos; uno nació para otras cosas.
Feliz martes.

4 de junio de 2007

Miscelánea de los lunes y columna

El diario de hoy publica que en Polonia se quiere quitar de los planes de estudio a maestros de la literatura como Kafka, Dostoyevsky, Goethe y Conrad porque el ministro de educación dice que "ya es hora de romper con un modelo de cultura ligado a figuras que han pasado de moda".
Si la moda es lo que define lo que es buena o mala cultura, tendríamos a Dan Brown y a Pablo Coelho como máximos representantes de la literatura contemporánea, y habría que quitar... híjole... a Cervantes, digamos, que se vende muchísimo precisamente porque está en los planes de estudio y es best-seller obligatorio.
Sospecho que el ministro de educación polaco debe ser poeta, hijo además de algún poeta salvadoreño de los que cada cierto tiempo proclaman que, después de ellos, el diluvio, y antes de ellos, muy poco. Junto con esa declaración viene la de que no hay que corregir los textos para no pierdan frescura y espontaneidad, que no hay que leer para no contaminarse y que nadie ha leído a Shakespeare y quienes lo tienen en su biblioteca es por pura vanidad.
Esto último, en serio, pasó. Recién regresado a El Salvador, en cosa de un mes, aparecieron dos artículos en dos revistas diferentes, en plumas de un crítico y un periodista (ambos muy respetados, eso sí), que aseguraban que el que dijera que había leído a Shakespeare en El Salvador, mentía, que sólo se le citaba por vanidad. Y supongo que habría quién se lo creyera, poetas espontáneos incluidos.

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Hace unas semanas me mandaron un link bien interesante. Siempre me había preguntado cómo se mueve el puntero de un ratón de computadora, pero no me había atrevido a preguntarlo para no parecer demasiado ignorante. La respuesta está aquí. De preferencia, encienda sus bocinas para enterarse también a qué suena.

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El día de la inauguración de La Casa del Escritor tuvo su lado solemne, y también su lado... uh... extraño. Inauguraba el presidente Flores, porque la idea de comprar y abrir la casa de Salarrué fue suya y de Gustavo Herodier, y decidieron fundir el proyecto con La Casa del Escritor, que era otra cosa, aunque a la larga complementaria.
Desde temprano, como es normal, llegaron guardias presidenciales de civil, muy discretos y amables, y se colocaron por toda la propiedad. También a lo largo de la ex calle Balboa (ahora Avenida Salvador Salazar Arrué, gracias a Johanna Marroquín, la otra mitad del personal de La Casa), más un operativo de la PNC y todo lo que se acostumbra.
Cuando ya casi empezaba el discurso de Flores, apareció Teresa Andrade, fundadora del taller de La Casa y una poeta excelente. Venía como siempre: pantalón vaquero, playera azul desteñida, zapatos de gamuza ya bastante gastados y dos piercings. Es alta y morena y, aunque es un pollito de corazón, por fuera suele ser seria. De inmediato los guardias la rodearon y le dijeron que no podía entrar. Otros compañeros de La Casa la rodearon a su vez, y Judith Barrientos les dijo que ella tenía más derecho de estar allí que ellos, que era "dueña de casa" y que entraba porque entraba. Y entró.
Se armó una danza divertida, que apenas alcancé a ver de lejos, porque andaba de anfitrión. (No, no me puse traje.) Cuando los compañeros se alejaban un poco de Tere, los guardias se acercaban proporcionalmente; si se alejaban de más (había como cien personas, sin incluir guardias. y La Casa es pequeña), estaban a punto de agarrarla para sacarla, y allí iban los demás al rescate. Mientras, Flores improvisó una bonita plática acerca de Salarrué y su obra.
En la edición de esta semana de Centroamérica 21, Tere cuenta, en una columna, cómo no le permiten entrar en el Ministerio de Gobernación a hacer su trabajo como periodista si no se quita los tres piercings que trae puestos (al de la ceja y la boca añadió uno en la oreja), y liga eso con la libertad de expresión. Y, sí, la libertad de expresarse no sólo tiene que ver con los medios de comunicación, sino con la comunicación individual con el entorno. Me parece interesante el enfoque al respecto y, no, durante la inauguración de La Casa no lograron agarrar a Tere para correrla, pero casi.

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Y va la columna, que puede encontrarse aquí. Me ha agarrado por la política, pero igual para la próxima semana regreso con la literatura.

Insurrecciones fallidas
Rafael Menjívar Ochoa

En 1981, cuando el FMLN lanzó la “ofensiva final”, el temor de los militares no era enfrentar a la guerrilla; sus recursos, entrenamiento y efectivos eran superiores. El verdadero problema vendría si la población salía a las calles para apoyar a los insurgentes. Ni siquiera sería necesario que combatiera, sólo que saliera y mostrara su apoyo a los guerrilleros y su repudio al ejército.
No era igual reprimir manifestaciones, desalojar fábricas o combatir guerrilleros que enfrentar a la población pura y simple: la insurrección no necesariamente implica el uso de las armas, sino el ejercicio activo de la rebeldía. Si el ejército “defendía” al pueblo de los enemigos “externos”, y si esos enemigos eran la oposición organizada –que se suponía guiada por potencias extranjeras–, combatir directamente al pueblo hubiera sido, en los valores militares, un contrasentido.
La población en general no hizo explícito su apoyo a la ofensiva ni al FMLN. Lo que hubo fue el enfrentamiento entre dos fuerzas militares y sus grupos de apoyo: paramilitares, milicianos, etcétera. Lo mismo de antes, a mayor escala.
La pregunta es, desde entonces, por qué la población no se insurreccionó, si faltaba tan poco para una toma del poder por la guerrilla.
La explicación que se da es la falta de organización y coordinación. La ofensiva se lanzó conjuntamente, pero cada fuerza actuó por su cuenta, según un plan previo, que tampoco se cumplió: esperaban que “el pueblo” supliera las carencias y acelerara la toma del poder.
Otra explicación es que durante 1980 se lanzó una implacable campaña de represión y terror, que obligó a retirar de la lucha abierta a cuadros de masas y minó la voluntad de la población. El asesinato del arzobispo Óscar Romero y la matanza en el día de su entierro, en marzo, habrían sido puntos de quiebre, junto con el asesinato, en noviembre, de los dirigentes del Frente Democrático Revolucionario.
Y la pregunta sigue en pie. Los frentes de masas declaraban entre 700 mil y 800 mil afiliados; quizá no bajaran de medio millón. Las huelgas y combates no reflejaron esas cifras, ni los apoyos civiles. Poco antes era evidente la combatividad de esa gente, y los “ensayos” para la ofensiva habían sido satisfactorios.
Quizá el problema de fondo no fuera la combatividad o cohesión de la población, sino las expectativas de un triunfo del FMLN. Éste ofrecía un “gobierno democrático revolucionario”, que derivaría en un sistema socialista cuyo referente más cercano era Cuba, no la Nicaragua sandinista, más “moderada”.
Talvez las expectativas de la gente que peleaba en las calles eran más simples: no un cambio de sistema, sino libertades básicas, salarios dignos, servicios decentes y que los militares dejaran el poder. No debe olvidarse que el arzobispo Romero era capaz de convocar, con esas exigencias, a tanta gente como las organizaciones del FMLN.
Para la ofensiva de 1989, la izquierda hizo llamados para que la población se insurreccionara. No fueron acatados. Ese año la derecha radical había ganado la presidencia, y desde entonces el partido que llevó a Alfredo Cristiani al poder en 1989, ARENA, ha puesto allí consecutivamente a tres presidentes más, con el FMLN como contraparte.
Las presidenciales de 2004 se veían como probables para el recambio. Varios precandidatos “moderados” fueron mencionados –como el periodista Mauricio Funes–, pero algo debió convencer a la dirigencia del FMLN de que cualquiera tenía posibilidades de triunfar, y nombró candidato a Schafik Hándal. Casi toda la campaña se movió entre el discurso “radical” de Hándal y los ataques frontales de ARENA a ese discurso. La derrota del FMLN fue apabullante.
En la campaña para 2009, que ya comenzó, se intuye algo parecido: el anuncio anticipado de la precandidatura de Funes y, paralelamente, un endurecimiento del discurso de la izquierda institucionalizada. ARENA ha comenzado a disparar las mismas baterías de antes.
Ni en la guerra ni en las elecciones ha funcionado un discurso como el que empieza a manejar la izquierda, y los mecanismos de neutralización están afilados y probados.
¿Es posible un quinto periodo para la derecha? Si la historia da lecciones, sí. Y todos pueden aprender de ellas. O ignorarlas.

3 de junio de 2007

Isaac Méndez

Vi en el blog de Aquél Cuyo Nombre No Está Sujeto A Cambios Sin Previo Aviso acerca de un test para saber qué personaje de la serie Héroes es uno, y desde luego que lo hice. Esperaba ser... no sé... por lo menos el cuate que neutraliza los poderes de los demás y les borra la memoria, pero me tocó ser Isaac Méndez, el que dibuja cómics acerca del futuro. No sé si sentirme ofendido o contento, pero en algo de cómics he andado alguna vez. Como sea, envidio a Aquél por ser Hiro Nakamura.
Claro que tengo mucho de Peter Petrelli y un buen porcentaje de Nakamura, pero me preocupa ese toquecito de Sylar que anda por allí... (No, Krisma, no uso reloj ni usaré cuchillos para cocinar.) El personaje de Matt Parkman no me gusta especialmente, y menos Nathan Petrelli; al final tenía que ser espectacular para robarse el show de su hermano.
Lo de Claire Bennet debe ser por lo rubio, porque regenerarme cada vez que me lanzo de 25 metros de altura, no mucho, o no tan rápido. Quizá me hubiera gustado ser Ando Masahashi, el amigo de Hiro. ¡Ése sí es héroe!

Which Heroes character are you?
Your Result: Issac Mendez
 

You are Issac Mendez. Your paintings can tell the future. You used to have to take drugs in order for this to work, but you recently found out how to do it sober. You are intent on saving the NYC from a future you painted, but you are unsure of how to do so.

Hiro Nakamura
 
Peter Petrelli
 
Matt Parkman
 
Claire Bennet
 
Nathan Petrelli
 
Sylar
 
Niki Sanders
 
Which Heroes character are you?
Quiz Created on GoToQuiz

1 de junio de 2007

Frases de Nicolás

Mi hermano mayor Nicolás Doljanin, quien se pasó nueve años en Chalatenango y ahora vive en su natal Argentina (y no por eso es menos salvadoreño; quizá al contrario), escribe en Raíces, en un artículo, unas frases que me impactan y, como muchas de las suyas, me hacen pensar más de lo que quisiera, y quizá menos de lo que debiera:

La guerra sigue. No se terminó la ley del revólver. Mutó. Los muertos ofenden porque no se trata de muertos de dios. Y ellos no mutan, permanecen iguales a tu pesadilla junto al mar, a tu calma junto al lago y a tu desasosiego en la 4x4. Iguales a sí mismos se ríen de todos nuestros ritos y mojitos. Son empecinados e irreverentes. Ágiles y ácidos.
No pueden creer lo que están oyendo. Ni lo barrigones que se nos ve. Ni lo palabreros que nos hemos vuelto. Es mentira que Ramón no esté caminando por aquellos mismos sitios donde tántas y tántos hemos quedado. Sin querer ni aceptar la felicidad que nos trajeron los eufemismos de la nada.
Es desolador sentir cómo se dejan poner la mano encima los gestores de las revoluciones desarmadas...