24 de junio de 2008

Segundo día

Lunes, pues.
La idea era salir temprano al centro de San José, comprar algunas cosas, ir a la Feria del Libro Centroamericano, almorzar por allá, comprar algunos libros y regresar a las seis para ir con Sebastián a ver a mi madre. Quizá fuera que era lunes, mi día de descanso regular, cuando me dedico a recuperarme de lo que haya pasado en la semana, especialmente el domingo; quizá fuera que estaba cansado de tanta tensión por lo que he venido a hacer. Dormí por pedazos, estuve un rato conectado a internet, me dormí a eso del mediodía, justo cuando pensaba en salir a la calle, y desperté a las dos de la tarde, o un poco más. Me bañé de nuevo, fui a cambiar unos dólares a un banco que abre a la una de la tarde (el Banco Nacional; creo que cierra a las cinco o seis), a tres cuadras de casa de Sary.

Sary Montero, ni más ni menos, con su respectivo ejemplar de Trece. Es amiga y hermana desde 1974, cuando entró a la maestría en sociología que fundaron mi padre, Eugenio Rodríguez, Ernesto Richter, Edelberto Torres-Rivas y varios más que aún viven.

Creí que en Costa Rica no pasaban cosas así, pero ya pasan: el guardia sólo permite que entre una persona a la vez, hace que saque todo lo que tenga en los bolsillos y le pasa un detector de metales de mano. Luego la bolsa: que la abra, mira todos los compartimientos, pase adelante, y entonces deja entrar al que sigue. Muy amable, y hasta dan ganas de seguir enseñándole bolsillos, bolsitas y quitarse los zapatos de tan simpático. Pero pues no; hay que ir a la FILCEN, y sólo sigo sus instrucciones para no perder tiempo ni hacérselo perder.
Después de cambiar dinero, tomo un taxi que me lleva al antiguo edificio de Aduanas, donde es la feria. Me habían advertido que el taxi es carísimo, pero no pasa de dos dólares con centavos por una dejada que en El Salvador cuesta cuatro o cinco. "¿Va a la Feria del Libro?", me pregunta el taxista, y me comenta que quizá se dé una vuelta después. Sólo en Costa Rica.
La misión es encontrar, antes que nada, el stand de F&G Editores, porque necesito ver un ejemplar de Trece. En la mismísima entrada veo algunos libros guatemaltecos, de Piedra Santa y de F&G, y alguien me toca el hombro, me vuelvo y veo la cara sonriente de Estuardo, el diseñador de las portadas. Resulta que Raúl Figueroa se regresó por la mañana a Guatemala, pero me dejó diez ejemplares de Trece. Antes de que saque el paquete miro el libro exhibido. Me dice Estuardo que ya se vendieron varios ejemplares (sirve de texto en el doctorado de literatura centroamericana de la Universidad Nacional, la UNA, de Heredia), y también de Cualquier forma de morir. Allí cerquita está Las flores, de Denise, y me da mucho orgullo verlo, azul, bonito y bueno. Me cuenta Estuardo que el viernes mandaron a producción Los locos mueren de viejos, de Vanessa Núñez, y El sueño de Mariana, de Jorge Galán, y que estarán listos para la feria de Guatemala, dentro de un mes.
En ésas estamos y oigo otra voz conocida. Es Roberto Laínez, quien vino a cargo de los libros enviados por la Cámara Salvadoreña del Ídem. Les habían dicho que sólo podían enviar para exhibición, pero fueron los únicos que cumplieron; las cámaras de todo Centroamérica tienen libros a la venta, así que a Roberto ya le ha tocado lidiar con más de un cliente que se enoja porque quiere que le vendan un libro en especial, etcétera. Salimos a fumarnos un cigarro y a platicar, y luego me voy a dar una vuelta por la feria.
Compro un cuaderno muy bonito, adornado con partituras de Bach. Luego, un libro de princesas para Valeria, faltaba más. Krisma me ha encargado cosas de Eliot y de Virginia Woolf, pero no hay; recuerdo haber visto en Sophos, en Guatemala, así que tendrá que esperar un mes. Pero hallo otro de los posibles encargos: no sólo la poesía completa de Eunice Odio, sino todas sus obras, en tres tomos, bonita edición, coeditada por la UNA y la Universidad de Costa Rica. El encargado me dice que en ese momento están presentando un libro de la UNA: el Diccionario de la literatura centroamericana, con biografías de un montón de escritores. Veo que la lista de autores la encabeza Carlos Cañas Dinarte, de cuyo diccionario salvadoreño me "autoexcluí" hace un tiempo, así que de puro morboso busqué mi ficha y, sí, allí estaba. Hay cosas imprecisas, hay otras que faltan, otras que ya no hago, pero parece que de ese diccionario no estoy "autoexcluido". Tendrá que ver que también esté entre los autores Francisco Méndez, quien me incluyó hace poco en una antología centroamericana, o quizá Carlos ya me quiera otra vez. (Se le quitará cuando aparezca la tercera edición de Tiempos de locura, pero ése ya es otro problema.) Compro el diccionario y alguna otra cosa más, etcétera.
Regreso al stand de Guatemala y me encuentro con Óscar Núñez, periodista, escritor y viejo compañero y amigo. Lo conocí en México en 1981, y desde entonces nos hemos encontrado y escrito irregularmente. La última vez que nos vimos fue en la FILCEN de Guatemala, donde presentaba una novela. Ahora, como reportero de AFP, andaba viendo qué notas sacaba de la feria. Abrazo, plática y todo lo demás, y apareció Rodrigo Soto, con quien me encontré en Lyon en octubre pasado. Lo he hallado en Guatemala también, alguna vez en El Salvador, e incluso en Costa Rica, lo que son las cosas, siendo --como es-- totalmente tico. Ya nos estábamos despidiendo (Sebastián pasaría por mí a las seis a casa de Sary) cuando me dio una noticia que me puso triste: otro amigo, Hermann Stephen --bien tico también, como su nombre lo indica-- , traductor entre varias otras cosas, murió hace unos meses. Se acostó porque se sentía un poco mal, se durmió, le dio un derrame y listo. Una muerte muy de acuerdo con él, que era pausado, de una inteligencia aguda pero muy bien centrada, una voz y un tono tranquilizadores.
Sebastián ya me esperaba en casa de Sary. Les di, desde luego, un ejemplar de Trece a cada uno. Ambos lo han leído ya. Sebastián, que dirige su propia editorial, Legado, vio el libro con ánimo de lupa y declaró que es una muy bonita edición.


Sebastián Vaquerano, director de la editorial Legado. Fue director de EDUCA (Editorial Universitaria Centroamericana) durante una buena pila de años, creo que catorce, en dos periodos, y fue digno discípulo y sucesor de Ítalo López Vallecillos, su fundador. Sus ediciones son bastante hermosas, y tiene quizá la más bonita que haya visto de Cuentos de barro, de Salarrué. Además, es mucho más que mi hermano mayor.



Y ya pasan unos minutos de las seis, así que vamos a casa de mi madre.
Cuando joven, mi madre medía poco menos de 1,60, y mi padre un poco más. Hace dos años y medio, cuando la vi por última vez, andaba en el 1,53 o algo así; setenta años son setenta años. Hoy apenas rebasa el metro con cuarenta, y está delgada y encorvada de un modo que no creí posible en ella. Su voz parece llegar de muchos años en el futuro. Camina con bastón, y tardamos tres o cuatro minutos en llegar a su recámara, con ella por delante. No son más de doce metros, pero los sufre como si fueran miles a no sé cuántos kilómetros por hora.
Platicamos no más de quince minutos. Estuvo todo el día en el hospital, en exámenes, y no le hicieron las diálisis. Sí, las diálisis. No es una al día, sino tres. No es que una tarde cuatro horas, como había entendido, sino que son tres de hora y media cada una. Mañana tiene que pasarse de nuevo todo el día en el hospital. No nos dice muy bien qué tiene, pero es algo así como que la sangre se le sigue llenando de cosas y el tratamiento no funciona como debería.
Está lúcida. Totalmente lúcida. Su respiración se había tranquilizado, pero en unos minutos empieza a jadear con cada palabra que decimos, y más con cada palabra que logra decir. Es hora de irse. Oigo a mi hermana en el departamento de al lado; hace unos años, después de que murió mi padre, la casa se dividió en dos, y luego se construyó una segunda planta, donde vive mi hermano. Arriba no había luz y su carro no estaba en el garaje.
Me dice que la llame a eso de las seis de la tarde, para saber cuándo podemos vernos. Creo que sólo será una plática telefónica corta la que tengamos; tampoco le harán las diálisis, supongo, y estará más cansada aún.
Los planes son buscar a algunos amigos, como Carlos Aguilar, Adriano Corrales, Américo Ochoa... Espero encontrarlos. Ir a la feria de nuevo, claro, la feria. Hubo stands que no pude ver por la prisa. Tomar algunas fotos para poner por aquí, porque nunca están de más algunas fotos, y esperar que haya un tercer día.

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Mañana miércoles es la presentación del nuevo libro de Jacinta Escudos. Estaré allí y le llevaré la semita que le envió Salvador Canjura. Le daré también un ejemplar de Trece. Para ese mismo día, quizá para el jueves, se espera la llegada de Tiempos de locura, tercera edición, recién salido de la imprenta. La vida y los libros siguen su marcha, como en aquella candente tarde de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo. (Para más informes, leer aquí.)

23 de junio de 2008

Primer día

El avión llega al aeropuerto Juan Santamaría a las 2:47 de la tarde. Hace un calor de los demonios, peor que el de El Salvador a cualquier hora en cualquier momento de las últimas semanas. La humedad es también insoportable, y la presión atmosférica me oprime la cabeza. Seguro va a llover: ¿cuándo no llueve en San José?
Hoy no llueve en San José.
Paso Migración en un par de minutos y voy por mi maleta: vieja, de cuero puro, hermosa, con raspones por todas partes. (Habrá que hablar de ella alguna vez. Ahora no.) Camino hacia la aduana y me incorporo a una fila. Llego después de una pareja de españoles treintones y serios, pero antes de dos niños que empujan una plataforma con rueditas que carga todas las maletas de la familia, excepto los equipajes de mano de los padres. Uno de ellos, el mayor, empieza a gritar cosas que no entiendo, y a empujar la plataforma contra mi maleta. Quiere dar a entender que me metí en la fila cuando no debía --es decir antes que él-- y que yo tenía que apartarme para que él pasara.
Sus papás le dicen que se tranquilice, que no hay problema, y grita más y más en algo que no es español, o no merecería serlo. Me aparto y tampoco pasa. El niño --diez, once, quizá doce años mal crecidos-- sólo quiere joder, y lo hace durante los tres o cuatro minutos que tardamos en llegar a la banda sinfín donde hay que poner el equipaje para los rayos X. (Desde hace años sé que en Costa Rica tienen cruzada en contra de la comida salvadoreña. Salvador Canjura le ha enviado dos semitas a Jacinta Escudos, y supongo que hay altas posibilidades de que las decomisen. Nada. Igual que en Comalapa no se dieron cuenta, o no les importó, que yo pasara una carterita de cerillos. Se me olvidó tirarla, como siempre hago cuando viajo, y aquí la tengo. Quizá no tengo cara de sospechoso, algo que nunca ha dejado de ofenderme.)
Primero llegan los padres a la banda sinfín y le dicen "Ya" al niño. No es un "Ya" para que se quede tranquilo, sino para que ponga las maletas donde corresponde. No me miran. Están avergonzados del lío que arma el angelito. Éste grita: "'¡Vamos primero! ¡Vamos primero!", y casi atropella a un par de personas que están también en la fila, a un lado de mí, y a otros que iban antes de sus padres. "¡Yo pongo las maletas! ¡Yo las pongo!", dice, y tiene unos ojos de furia tal que los padres lo dejan hacer. Está a punto de tirar cada maleta, que le queda grande, y se hace daño con los golpes que se da con el equipaje y contra la banda. Pienso que quizá sea la primera vez que la familia sale de viaje tan lejos, y ninguno sabe cómo comportarse. (El otro niño, de unos nueve o diez años, lo hace muy bien. Sonríe viendo todo lo que hay a su alrededor, o sea no mucho, y se nota contento: "Así que esto es el extranjero...") Dejo pasar a una señora mayor mientras el niño esgrime una sonrisa de "le gané al imbécil de la barba" y los padres del niño no se atreven a ver a nadie. Pasan las maletas de la señora, pasan las mías --con la semita y la Vaio verde incluidas--, en dos minutos estoy fuera. Apenas pasan de las tres.
Afuera hay una pequeña masa de gente entre la que no distingo a Sebastián, quien quedó de pasar por mí. Por lo menos una docena de taxistas me ofrece llevarme, digo que no, gracias, y me dicen: "Bienvenido a Costa Rica", muy sonrientes, de a uno por uno, como si hicieran fila.
Poco a poco la gente empieza a irse y se vacía la puerta de llegada. Sólo quedamos los taxistas y yo. Uno me dice que me lleva por 22 dólares, que generalmente cobran 25. Es falso: Sary --con quien me hospedo-- me ha dicho que la tarifa es de 17. Pienso en irme en taxi cuando dan las 3:35, pero sonrío: Sebastián es bastante distraído y no tiene demasiada noción del tiempo. Estoy seguro de que aparecerá. Y aparece, casi a las cuatro, tan cálido como siempre. Lo conozco desde los 6 o 7 años de mi edad; es como un hermano mayor --tiene 62 o 63 años-- a quien soy capaz de seguir ciegamente. Él me llamó de urgencia y me dijo:
--Tenés que venir, chato --así me decía mi padre que, como Sebastián, tenía una nariz portentosa--. Aquí te explico bien.
Antes de ir con Sary pasamos por su casa, para almorzar. En el avión nos han dado una empanadita de champiñones a medio calentar y unas galletitas de las que los niños muy pequeños se llevan al kínder cuando sus papás no los quieren mucho. Una buena dosis de filete de pescado con arroz y me explica de qué va la cosa. Y no va bien.
Llama por teléfono a casa de mi madre. La idea es llegar a eso de las seis a visitarla durante algunos minutos. No se la puede visitar durante más tiempo. Primero por el agotamiento de ella. Luego, porque han acomodado la casa con medidas de higiene especiales. Todo está muy limpio, y hay que limpiarlo igual de bien cada día, por lo menos una vez; la ropa de cama se cambia a diario, no hay que acercarse mucho a menos que. Todo eso.
Regresa de hablar por teléfono y me dice que no podremos ir. En ese momento, y desde hace un buen par de horas, una médica amiga está haciéndole una diálisis. Todavía no han terminado, ni terminarán pronto. ¿Diálisis en casa? Ésa es nueva. Y más: mis hermanos Mauricio y Ana son quienes se la hacen diariamente. Tengo que ver eso; yo me quedé en que los aparatos para la diálisis son grandes, complicados, etcétera. ¿Mañana podremos ir? Sí, pero hasta las seis de la tarde. Se pasará todo el día en el hospital. Tienen que hacerle unos exámenes para ver cómo está funcionando su corazón. Si no está demasiado agotada, podremos ir.
Algo así le pasó a la abuela Mina. Los riñones empezaron a dejar de funcionarle y todo lo demás se le deterioró. Hasta un par de años antes había tenido un corazón de toro, y de pronto se le volvió de gorrión. Un día entró en coma y el corazón se le apagó. Bueno, se le apagó la segunda vez que entró en coma; la primera revivió, arregló unos asuntos que había dejado pendientes, fue a verme un domingo a La Casa, le regalé una flor de izote, cenó eso, durmió, almorzó de lo mismo y por la tarde entró de nuevo en coma. Murió al sábado siguiente. Un buen corazón, después de todo.
Vamos a casa de Sary. Vive a cuatro cuadras de donde viven mi madre y hermanos. (Lorena vive en El Salvador y no es hija suya, pero está enterada del asunto, como debería ser.) Pienso en que quizá pueda ir a la Feria del Libro Centroamericano, que se celebra desde el sábado en el viejo edificio de Aduanas. No tengo colones ticos, y además comenzamos a conversar con Sary, se pasa el tiempo y yo comienzo a relajarme y relajarme y, cuando se va Sebastián, después de un rato de plática, sólo quiero irme a dormir.
Es imposible. Hace un calor terrible, y la humedad, y la presión atmosférica. Tiene que llover. Pero no llueve. Leo unas páginas de Palinuro de México, que desde luego Sary tiene en su biblioteca, caigo dormido y unos minutos después el calor me saca de la cama. Agarro la Vaio --que hace unos párrafos señalé que es verde-- y me conecté al DSL; Sary tenía ya un buen rato dormida, y apenas eran las 9:30. Encontré a Krisma y platicamos hasta las once. Ella se hizo cargo del taller y me dio las nuevas, que como siempre fueron buenas; es sorprendente cómo aún pueden pasar cosas... uh... precisamente sorprendentes en un taller que ya lleva seis años funcionando. Casi seis. Valeria no se había dormido, y se puso también a estrenar las letras que se ha aprendido desde que le compramos, para su cumpleaños, una computadora de juguete. Puso la O de Oso, la P de Papá, la K de Krisma, la V de Valeria... Después armó algunas palabras pequeñas con la ayuda de Krisma. No creo que las olvide.
Se fueron a dormir a eso de las once y aquí aún no llovía.
Me puse a leer y a fumarme algunos de los Camel que compré en puerto libre. Algo de lo que más disfruto en la vida son los Camel. También los Lucky Strike, pero sólo había light o en cajas de cinco paquetes, y no quería tantos. Compré dos paquetes de Camel, y todavía llevaré un montón de cajetillas a El Salvador, cuando regrese. Sary fuma Marlboro light, pero los Camel le gustaron --no los había probado-- y, en fin, quizá sean menos los que lleve, pero puedo comprar más. Salen más baratos que los Marlboro rojos en El Salvador.
Llovió a eso de las tres de la mañana. Antes me di un baño para tratar de dormir y, sí, lo logré finalmente, pero estuve despertándome durante toda la noche. Soñé imágenes que eran ideas que eran figuras geométricas que eran la cobija que eran la lluvia que estaba cayendo. (Paró de llover a eso de las siete.)
Iré al centro a cambiar unos dólares y a comprar un par de cosas que me encargó Krisma. Después iré a la Feria del Libro; por fin veré cómo quedó Trece. Me dijo Raúl Figueroa Sarti, director de F&G Editores, que me traería algunos ejemplares.
Diálisis en casa... Hay que ver eso. Me pregunto si sería capaz de hacerla.

19 de junio de 2008

Claramount

Apareció en El diario de hoy una esquela en la que se anuncia la muerte del coronel Ernesto Claramount, quien fuera candidato de la Unión Nacional Opositora en las elecciones presidenciales de 1977. Después de un fraude más bien escandaloso, se le dio la victoria electoral al Partido de Conciliación Nacional, lo que orilló una manifestación en la Plaza Libertad que terminó en matanza por parte de la Guardia Nacional. De allí surgieron las Ligas Populares 28 de Febrero, ligadas al Ejército Revolucionario del Pueblo (LP-28).

Claramount corría por la Unión Nacional Opositora, formada por el Partido Demócrata Cristiano, el Movimiento Nacional Revolucionario y el Partido Comunista a través de la Unión Democrática Nacionalista. La idea de llevar a un militar, según me contaba Rubén Zamora en una entrevista que le hice para Tiempos de locura (para vicepresidente iba Antonio Morales Erlich), era ganar simpatía entre militares democráticos, pero el efecto fue el contrario: se tomó a Claramount como un traidor al ejército y si no dejaron ganar a Napoleón Duarte en las elecciones de 1972, menos lo dejarían a él. Quizá fue una de las últimas oportunidades que hubo de frenar la guerra, o por lo menos el estado de ánimo que llevó a la guerra. Para 1979 era políticamente posible detenerla, pero anímicamente ya no había modo; se habían acumulado demasiadas cosas en los ánimos de la gente y, con el triunfo de Nicaragua mediante, era imposible parar.
Con respecto a esto, hay algo que le he preguntado a mucha gente, de todos los signos políticos, de varias ideologías, que ocuparon cargos de todo tipo en esa época, y no han sabido contestármelo: ¿por qué, en enero de 1981, no se logró que el pueblo se levantara y diera el hachazo final? La respuesta racional es la falta de organización de las agrupaciones del FMLN, la desarticulación del movimiento de masas, la carencia de organismos partidarios, la fuerza de los cuerpos represivos y de seguridad... Pero es mucho más que eso.
En los años anteriores, militantes y no militantes salieron a la calle, murieron en manifestaciones, participaron en huelgas, le dieron el frente a los fusiles que los mataban. Un poco más de eso, y no mucho más que un poco, y hubieran podido tirar el sistema completo. ¿Por qué no pasó?
Allí es donde en muchos sentidos se me mueve el tapete. Mientras fue un movimiento político, apoyado por grupos armados, todo bien, y hacia adelante; en el momento en que se vio como real la toma del poder por organizaciones que se declaraban radicales, las masas se echaron para atrás. Y lo mismo ocurrió de nuevo en 1989, con un plus: la derecha ganó las primeras elecciones limpias de nuestra historia, con todo y el sabotaje de la guerrilla. (Después podremos hablar de otras, pero ésas fueron limpias.)
Hace años conversaba con Eduardo Sancho al respecto, y le decía que el gran problema del FMLN --de sus organizaciones, en realidad-- fue que quiso crear "algo nuevo", cambiar la mentalidad de la gente, cambiar el mundo, y en realidad lo que el pueblo quería era más básico: no pasar hambre, que los niños no se murieran de simples diarreas, que la Guardia no se dedicara a matar por el simple hecho de que podía hacerlo, tener algo de tierra, poder sindicalizarse, etcétera. No muy en el fondo el pueblo salvadoreño siempre ha sido terriblemente conservador, y la opción de la lucha contra el sistema se daba en la medida en que no quedaba de otra, y que ya no había mucho que perder; de todos modos los hijos iban a morir de diarreas, la Guardia iba a llegar a matar a inocentes, los sueldos seguirían siendo malísimos, etcétera. La lucha a través de los mecanismos de la izquierda podían llevar a algo, como llevaron, pero había un punto del que a gente no estaba dispuesta a pasar.
Creo que el Partido Comunista siempre reflejó ese conservadurismo, aunque no siempre de manera oportuna. Por ejemplo, en 1932 estaba "trabajando" con los campesinos que se insurreccionaron, pero no guiaron la insurrección, ni mucho menos: ésta se cocinaba desde años atrás, incluso antes de la fundación del PC. La apuesta del PC en ese momento eran las elecciones, en las que estaba involucrado mientras ocurría la insurrección y la masacre, y desde luego le hicieron fraude: fueron anuladas todas las casillas en las que había candidatos suyos.
Apenas 76 años después de su primera participación en elecciones tiene posibilidades de llegar al poder, y ni siquiera con un candidato propio ni con un programa salido totalmente de sus manos, y lo mismo hubiera ocurrido en 1972 con Duarte y en 1977 con Claramount. Lo importante era estar en el aparato de poder, y lo logró un par de veces, de manera limitada y no por mucho tiempo (tras el golpe de 1960 y tras el de 1979: cinco meses y medio en total).
Otra cosa que me llama la atención es que, para su frente "abierto", la UDN, escogiera el apellido de "nacionalista". No nacional, que puede ser descriptivo, sino "nacionalista", que es ya ideológico, algo por completo contrario a los principios marxistas: el movimiento comunista nació como un instrumento internacional y solidario. ARENA hubiera podido también llamarse UDN si no le hubieran ganado el nombre. Y no lo digo en plan irónico, sino bastante en serio, y es un modo de recalcar el conservadurismo de la línea de la izquierda que maneja el FMLN en este momento. (Así Sánchez Cerén haya sido de las FPL, su cercanía en todo sentido al PC fue y ha sido notable.)
Suena extraño eso de "izquierda conservadora", pero es lo que hay. Pienso en el Partido Revolucionario Institucional de México: en el momento en que se institucionaliza como partido de estado, deja de ser revolucionario. Muchas veces, creo que desde Adolfo López Mateos (1958-1964) hasta por allí de López Portillo (1976-1982), se hicieron actos y fiestas celebrando que los objetivos de la revolución se habían logrado, y que de allí para adelante ya no había mucho más que hacer, excepto cosechar lo sembrado. Y era cierto, pero no lo cosecharon los labradores, precisamente...
No sé muy bien a qué viene todo esto. Quizá sólo son reflexiones sueltas a partir de la esquela de Claramount, a quien le tocó estar en medio de un punto de quiebre de los tantos que ha habido en la historia salvadoreña, y no el menos importante.
Otra cosa que nunca entendí: ¿por qué el PDC se alió con el MNR y el PC para las elecciones de 1972 y 1977, además de las municipales y legislativas? Nunca fue un partido de izquierda, y el MNR y el PC eran considerados "comunistas" --en la acepción más básica que usa la derecha--, lo que significaba problemas con el ejército, una posible menor votación y seguras pugnas dentro de la alianza. El PDC por sí solo hubiera llegado más lejos, en sus buenos tiempos --ahora no llega a la esquina si no lo llevan de la mano, y aun así--, que en esa compañía. Quizá en esas épocas había la noción honesta de que era importante la unión de fuerzas disímiles para llegar a objetivos comunes, algo tan simple que a nadie se le ocurre, a estas alturas, que pueda funcionar o que quiera tratar de que funcione.

18 de junio de 2008

Presentación de Eleazar Rivera

Mañana 19 de junio se presenta. en el Centro Cultural de España, el libro Ciudad del contrahombre, de Eleazar Rivera, que ganó certamen internacional de poesía joven de editorial La Garúa, de Barcelona, en 2007. El poemario ganador viene complementado con otra unidad del mismo autor, Noctambulario, o sea que son dos libros por el precio de uno.


La primera edición del premio de La Garúa se la ganó la también salvadoreña Krisma Mancía, que entre otras cosas trabaja de mi esposa (¡seeee!), con Viaje al imperio de las ventanas. En medio de los dos premios, Jorge Galán se ganó el Adonais, también en España, con su poemario Breve historia del alba.

17 de junio de 2008

Boris, la mesa y el sol

El día en que murió Boris estuve acompañándolo por ratos. Fue un proceso lento, pero tranquilo. Todavía unos minutos antes de morir, le hablé y movió un poco la cola, con todo y que estaba inconsciente desde hacía horas.
Salí del cuarto y vine al estudio por un cigarro y, de pronto, vi por la ventana cómo se caía la mesa de piedra que estaba en medio del jardín. Estaba bien colocada, pero comenzó a ladearse y se cayó muy despacio. "Ya murió Boris", pensé. Fui a verlo y, sí, estaba muerto.

Sería fácil --aun considerando su peso-- levantar la mesa y ponerla como estaba, y siempre decimos con Krisma que lo haremos, sí, quizá el sábado que vengan los compañeros del taller de video, a lo mejor hoy en la tarde entre ella y yo, quizá mañana. Pero por algún motivo la hemos dejado allí, así, como el día en que murió Boris, sin tratar de explicarnos muy bien por qué.

Boris está enterrado afuera de casa, en el jardín que está escaleras abajo. Ese arbolito que se ve en medio es él.

Y esto es lo que se ve a través de mi ventana en el momento de escribir este post. No termino de acostumbrarme a tanto verde y a tanta luz después de muchos años de vivir entre el cemento, el smog y los días nublados.
Un día íbamos con Alain Mala por la carretera y me mostró el cielo que se veía adelante: poca luz, nublado y húmedo. "Ésta es la Bretaña --me dijo casi como disculpándose--. Es hermosa, pero un poco triste." Y no me pareció triste; me pareció hermosa, nada más.
Algo tenemos el sol y yo que, que no nos llevamos muy bien. Curioso, porque soy signo Leo, y mi... uh... planeta es el sol. Quizá fue porque nací al mediodía: ¿a quién se le ocurre? (Sí, mi ascendente es Escorpio.)
Salchichas. Ayer compré unas salchichas tipo alemán. Eso vamos a almorzar. Voy a cocer unas papas para acompañarlas.

15 de junio de 2008

¿Qué sale si se mezcla FMLN y ARENA?

Subí a comprar unas cosas a Los Planes y bajé caminando, para hacer un poco de ejercicio y porque había una foto que quería tomar:

Los del FMLN escribieron, obviamente, FMLN, y los de ARENA taparon el rótulo de manera más bien ingeniosa. Hay que determinar si quisieron poner "AMÉN" o "AMEN". En el primer caso, es casi un reconocimiento de derrota, o una buena ironía; en el segundo, un consejo que nunca está de más seguir.

Tanta gente que trata de salir de allí y otros se ponen a anunciarlos... Nunca falta alguien que sobre, como diría Aniuxa.

Una de la Vale, de hace algunos días.

14 de junio de 2008

Cosas de La Casa

Esta semana estuvo bien para La Casa: se anunció que Aniuxa va a publicar su primer libro de cuentos en la colección Nueva Palabra y René Figueroa (el nuestro) se ganó los Juegos Florales de Santa Ana. Y ya hay fecha para la presentación de la primera novela de Vanessa Núñez, Los locos mueren de viejos. Será el 28 de julio en la Feria del Libro de Guatemala. Se presentará junto con otra de Jorge Galán (El sueño de Mariana) y una mía (Trece), o sea tres salvadoreños por el precio de uno y en la misma editorial, F&G Editores.
Felicidades a los tres, pues.

13 de junio de 2008

Algunas lecturas

Hace unos siete años Claudia Hernández me dio Antes del fin, el que se suponía sería el último libro de Ernesto Sabato, en razón de su edad. Se publicó en 1997, y para ese entonces Sabato ya tenía 86 años --hoy anda en los 97, y contando. Lo agradecí, claro, pero apenas esta última semana me puse a leerlo; no es un escritor al que me guste acercarme con frecuencia.
Fue quizá por allí de 1980-81 que leí El túnel por primera vez, y me dejó de muy mal humor. Me dejó así porque me obligué a leerlo hasta el fin, de un solo tirón, y porque me habían dicho que era una maravilla de libro, etcétera, que es lo mismo que me siguen diciendo ahora.
Lo que me pasó fue que no entendí nada. No me refiero a que sea un libro difícil, sino que simplemente no me interesaba --y sigue sin interesarme-- lo que viene allí dentro: Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne, no supe muy bien por qué; María Iribarne, todos los personajes y toda la situación y todas las disquisiciones acerca de la vida, la muerte y lo que haya en medio o en el proceso de pasar de una a la otra. En otras palabras, no me llena su sentido trágico de la vida. Vaya: de que la vida sea una tragedia, vaya y pase, y cada quién en lo suyo. Pero no encontré las raíces del conflicto, el conflicto mismo, sólo la gana de Castel de sentirse mal y de matar a María Iribarne, cuya muerte no lloré ni me impresionó ni nada. (No es porque la anuncie desde el primer párrafo; García Márquez lo hace en Crónica de una muerte anunciada y, cuando por fin lo acuchillan, en la última página --¡y aún sigue vivo!--, uno dice: "¡Mataron a Santiago Nassar!" O sea: hay niveles.)
Años después, avergonzado porque no me había gustado, lo leí de nuevo con mente más clara y abierta y tratando de no tener prejuicios. Lo que me pasó fue que me aburrí. Hace unos días, en plan de lo mismo, traté de nuevo y sigo viendo que no me interesa, pero ya no me da vergüenza reconocerlo. Nomás Sabato y yo somos incompatibles.
Porque ya antes, en 1975, había tratado de leer Sobre héroes y tumbas y, sí, logré terminar "Informe sobre ciegos", y de los demás leí pedazos salteados. Me pareció que me había gustado, oque algo me quedaba, aun sin entender la fobia del personaje hacia los ciegos. En 2000 traté de leer otra vez "Informe sobre ciegos", en una edición que publicó EDUCA con sólo esa parte de Sobre héroes..., y me pasé media tarde de lo más aburrida.
En 1985 le tocó el intento a Abaddón el exterminador. Hubo partes que me interesaron, como algunas donde aparece Quique --en especial el día en que se queda solo durante un rato; es bien conmovedora--, pero del resto, no mucho, y de lo de Quique apenas tengo recuerdos sueltos, y más bien sensaciones no muy pronunciadas. Lo mismo: traté de leerla una segunda vez, y hasta una tercera. No pude. Nomás no.
Con Antes del fin me pasó que vi a los personajes de las novelas de Sabato, pero sin procesar. Es decir: lo vi a él tan desnudo como se puede estar en un libro de memorias, y lo que vi fue que mi problema con sus novelas es que muchos de sus personajes no están muy bien armados porque son él (en Abaddón más explicitamente), y él me parece muy poco interesante, aparte de algunos rollos anecdóticos.
En Antes del fin se la pasa hablando de la miseria humana, de cómo "todo" en la vida es horror, angustia, miedo, miseria, y que el sólo hecho de vivir ya es doloroso y nos hace dignos de lástima. Y que me perdonen los que piensan lo mismo, pero soy incapaz de ver la vida así.
Habla en especial de los niños que mueren de hambre, de los niños maltratados, de los niños siempre, y de las cosas terribles que les pueden pasar. También de la estupidez de los adultos, de la soberbia de los que detentan el poder. Todo lo que ya sabemos. Y es cierto, hay de eso en la vida, y hay cosas peores, pero eso no es la vida, y siempre hay modos de al menos morir en el intento, como un Leónidas un poco menos musculoso, pero qué diablos. Y serán muy sus memorias, y tendrá derecho a decir lo que quiera, pero lo que veo es que su literatura no es muy diferente, excepto por el hecho de que arma ficciones con él regulando lo que pasa y lo que no, y sin lograr crear un mundo en que "eso", el sentido trágico de la vida, sea vital. Nomás no entiendo de dónde le sale tanta angustia y esa gana de ver el mundo tan feo.
Hay una parte en la que habla de la muerte de su hijo Jorge, y uno dirá: bueno, de allí le viene la depresión. Pero no. Siempre ha pensado lo mismo. Las partes en las que habla de cómo deja la ciencia --era un gran científico-- por la literatura tampoco las entiendo; no veo que una cosa y otra sean excluyentes, y hasta podrían ser complementarias.
Terminé de leer el libro por disciplina, algo que ya no hago con mucha frecuencia: me gusta o no, lo leo o no, y a otra cosa. Quizá fue para poder decir que tengo al menos dos libros terminados de Sabato; ya suficiente problema ha sido que no me haya gustado El túnel y se vean obligados a decirme: "¡Pero cómo! ¡Si es un librazo! ¡A mí me reveló muchas cosas! ¡Lo he leído toneladas de veces!"
Para quien quiera leer un poco de Sabato o acerca de él, o al menos enterarse un poco, aquí hay una página con lo necesario. Para mí es mucho más que suficiente.
Ah: también traté de leer La resistencia, que regalaron en el periódico argentino El Clarín, en formato PDF, poco antes de su salida en papel. Tampoco. Sí debe ser un rollo de compatibilidad, porque el viejo de verdad que ni siquiera me cae mal, y hasta lo admiro por todo lo que hizo cuando la comisión de investihación de crímenes durante la guerra sucia, su militancia de juventud, su capacidad científica que dejó por... bueno... allí es donde empiezan mis problemas.

* * *

Otro libro que tenía desde 2000, sin atreverme a abrirlo, era Los dos Borges, del chileno Volodia Teitelboim, biógrafo entre otros de Huidobro, Neruda y Gabriela Mistral. Fue de los que me traje cuando murió mi padre, más porque trataba de Borges que porque me gusten las biografías. Le huyo todo lo que puedo a las biografías, y un poco más a las memorias, pero en estos días me agarró por allí, y me friego.
Hay varias cosas que me molestan de las biografías. La principal es que muchos de los biógrafos llegan a considerarse a sí mismos casi de la altura de los biografiados, por el simple hecho de saber --o de creer que saben-- Todo Lo De Su Vida. La otra es la tendencia a la loa no muy sana, a la desmitificación o, peor, las dos cosas al mismo tiempo.
Los dos Borges va un paso más allá: Teitelboim se lanza a descifrar el alma del escritor argentino a partir de cartas, datos, los testimonios de otros, etcétera. Recordé el episodio de la flautita de Hamlet --que transcribí aquí hace algún tiempo--, y sentí un mucho de vergüenza ajena cuando leí las partes dedicadas al asunto de la sexualidad de Borges, de su famoso viaje a Chile donde fue condecorado por Pinochet, de su dependencia de su madre, doña Leonor Acevedo, y de cómo todo eso se "refleja" en su obra. ¿A mí qué demonios me importa su relación platónica y desesperada con una chava que en realidad buscaba algo de... no sé muy bien qué, pero estaba jugando bien chueco con él? ¿Y qué me interesa lo que Teitelboim piense acerca de alguien que con mucho lo supera, nos supera, y es uno de los parámetros fundamentales de la literatura, etcétera?
No terminé el libro. Lo que hice fue agarrar capítulos al azar. Algunos los leí completos, otros no. De Borges me interesa Borges.

* * *

Casi nunca hablo de cosas que no me gustan; ésta ha sido una de las pocas excepciones. Y no voy a seguir por ese camino por el momento.
Krisma y yo somos fans del blog Orsai, de Hernán Casciari, y lo leemos cristianamente y comentamos cada entrada mientras nos reímos.
Hace un par de semanas, Krisma encontró su libro Más respeto, que soy tu madre, y lo leímos al mismo tiempo, en diferentes horarios.
--¿Vas a leer el libro?
--Ahora no, tengo que hacer.
--Entonces lo agarro yo.
Y no es que tardáramos demasiado. Aunque estaba terminando de escribir un libro, tenía la chamba de La Casa y en los ratos libres saqué una chamba extra, me lo eche en tres sentadas, literalmente, y Krisma en otras tantas. Mientras yo me dedicaba a otra cosa, de repente oía las carcajadas, le preguntaba qué pasaba y me leía un trozo. Luego yo le leía alguno, hubiera ya pasado por él o no, y así.
Hay varios asegunes. El más grave, creo, es que, como lo lanzó editorial Grijalbo, se trató de "adaptar" al público mexicano, y de repente se habla del América y del Guadalajara --no del Boca y el River, o lo que sea--, de los gobiernos de Fox y Zedillo y qué sé yo. Hay argentinismos que se han sustituido por mexicanismos, y se ven los parches en el texto.
Lo otro es que se presenta como una novela, surgida del blog Diario de una señora gorda. Y, sí, hay una línea central, los personajes se mantienen y sostienen, hay una trama básica, etcétera, pero no le encuentro la estructura de novela, y de hecho no me hizo falta. Lo que vi fue un divertimento escrito del modo en que se escribe en un blog: de manera lineal, más o menos lo que a uno se le va ocurriendo, más o menos de manera premeditada.
Me la pasé muy bien, y eso es lo que me interesa. Lo demás es lo de más.

* * *

Le di una buena leída a la revista Cultura 97-98 (o sea la anterior a la que está en circulación en estos días; de hecho ambas, y varias decenas más, se pueden encontrar en la Dirección de Publicaciones e Impresos), y me parece que es bien importante para estar un poco más ubicados con respecto a las líneas que ha seguido la literatura salvadoreña.
El número está dedicado a la generación Piedra y Siglo, un poco posterior en el tiempo a la Comprometida, pero no está enfocada desde el punto de vista académico, sino literario, que es lo que importa.
Buena parte de la revista está conformada por una antología bastante extensa y representativa de cada uno de los integrantes del grupo, además de algunos trabajos críticos --hechos por escritores--, recuerdos, semblanzas, etcétera. Un muy buen trabajo para ubicar a un grupo del que se habla mucho, pero del que poco se conoce. Creo que era una deuda pendiente para todos, y allí está. Y no hay mejor material de discusión que la obra misma.

* * *

Pedro Geoffroy Rivas, a pesar de que todo el mundo habla de él, es uno de los tantos olvidados de la poesía salvadoreña. Aquí se conoce Los nietos del jaguar y la antología que publicó la DPI en la Biblioteca Básica con el mismo nombre. Quizá su poema-poemario Vida, pasión y muerte del antihombre sea lo más conocido --y allí está de lo mejor de su obra--, y ello se debe al verso "Pobrecito poeta que era yo, burgués y bueno...", que sirvió como título para la novela de Roque Dalton.
La publicación de la poesía completa de Geoffroy, bajo el título de El surco de la estirpe, es otra de las grandes deudas que la DPI en particular, y el país en general, tenía con uno de nuestros mejores poetas. La mayor parte de sus libros se publicó en México, donde pasó exiliado un par de décadas, y no habían visto la luz por acá. Ni la oscuridad, si a ésas vamos. Nomás no se conocían. El trabajo de búsqueda y recopilación de Rafael Lara Martínez es bastante valioso.
Luego estuvo lo de la ideología. Geoffroy pertenecía a una familia oligárquica, y se convirtió en militante comunista por las épocas de la insurrección y masacre de 1932. Su clase, desde luego, abjuró de él. De regreso de México, la gente del Partido Comunista comenzó a presionarlo por... uh... supongo que por oligarca, porque pequeñoburgués no era, y él los mandó al carajo. Resultado: fue declarado traidor por la izquierda, ya lo era para la derecha y su obra fue medida por eso, no por su calidad.
Entre otras cosas se le acusa de plagiario de Neruda. Eso de acusar de plagio a la gente al parecer es un buen recurso para joderle la vida sin necesidad de tener razón.
Y, sí, algunas de sus cosas se parecen a las de Neruda, concretamente a las que éste escribiría unos años después; basta con checar fechas y cotejar obras para darse cuenta. No digo que Neruda lo plagiara a él, sino que había un modo de escribir y entender la poesía que flotaba en el ambiente, y ambos lo tomaron. Me parece que en muchos sentidos --coherencia, estructura, propósito-- Geoffroy llegó a hacerlo mejor, modestia y molestias aparte.
La obra de Geoffroy no es muy extensa, así que cabe en uno de los tomotes de la colección Orígenes. Aún faltan, por cierto, dos de los tomos de la poesía completa de Hugo Lindo, que para mi gusto es el poeta salvadoreño que más alto ha llegado en materia de hallazgos estéticos. Mi libro favorito es Sólo la voz. Es una maravilla.

* * *

Recuerdo que, cuando la Asamblea Legislativa nombró a Roque Dalton "hijo meritísimo" --¡qué título tan feo y tan gramaticalmente incorrecto!--, mucha gente de izquierda puso el grito en el cielo, con todo y su supuesto ateísmo. Veían en el hecho un modo de la derecha de tratar de quitarle a la izquierda a una de sus banderas, a uno de sus mártires, etcétera. Por ese entonces yo aún estaba en México, y me pareció excelente: en la medida en que desaparezcan las consideraciones ideológicas alrededor de Dalton, en la medida en que deje de ser dogma de fe en el cual la calidad de la poesía es lo menos importante, mayor oportunidad tendremos de ver cuáles son sus verdaderos aportes, y por allí habrá pistas que seguir, no sólo temáticas y actitudes no muy bien asimiladas.
Cuando la DPI --la editorial "oficial"-- se dio a la tarea de publicar su poesía completa, me pareció que era de lo mejor que se podía hacer. Muchos de los que hablan de Roque Dalton lo hacen a partir de un par de libros nada más (y no siempre los mejores), e ignoran una carrera no muy larga, pero sí bastante tumultuosa y llena de azares, poéticos y de los otros.
Algo de lo más interesante es que la edición se ha armado, en parte, según el "mapa" que el propio Dalton trazó en 1973, poco antes de venir a El Salvador, donde moriría asesinado dos años después, cuatro días antes de cumplir los cuarenta. Muchos poemas y partes que han sido emblemáticos él simplemente los eliminó --en la edición de la DPI se conservan en apartados especiales dedicados a comparar la antología del propio Dalton con las ediciones príncipe--, y allí hay una lección que no se puede obviar.
Me han dicho que están trabajando a marchas forzadas para publicar el tomo tercero lo antes posible. Tener en las manos, de un tirón, lo que llevó veinticinco años escribir es importante, y la discusión literaria que pudiera surgir puede serlo aún más.

10 de junio de 2008

Cámaras, fotos y abrazos

Las cámaras que --aún-- tenemos comenzaron a fallar: una Cybershot que compramos hace ya varios años y una Kodak EasyShare que compré de emergencia en Francia, después de una del Hombre Araña con la que no iba a tomar fotos de Nôtre Dame, me van a perdonar.
A la Cybershot le agarró primero por quedarse trabada a medio camino entre encender y tomar la foto. La mandamos a arreglar, pero sólo funcionó unas semanas. Ahora sólo es posible ver las fotos que hay en el memory stick, pero de tomar cosas, nada; nomás no enciende. Ya veremos si aún está en garantía o qué, porque costó un buen dinero.
La Kodak empezó a hacer tonteras. Por ejemplo, en la foto del escarabajo que tomamos, se llenó de rayitas horizontales; luego se puso bien, luego más rayitas horizontales y ahora nada más toma fotos absolutamente en blanco.

Y pues no es onda de andar tomando fotos con rayitas horizontales, o de plano fotos sin foto, por esos caminos del Señor o de quien sean los caminos.
Así que aprovechamos que cobré una lana extra, de un trabajo que hice, para:
1. Celebrar el cumpleaños de Valeria. (Cumple cuatro años el miércoles, pero lunes y martes es el día de mi descanso.)
2. Irnos a comer rico con el pretexto del cumpleaños de Valeria.
3. Comprarle un regalo de cumpleaños. Lo difícil fue explicarle que está cumpliendo cuatro años, y que por eso la comida y el regalo. No sé si haya entendido muy bien el concepto, pero no estaba descontenta. Lo que pasa es que siempre que salimos nos vamos a comer algo rico (pizza es el colmo de la delicia para Vale, y las sopas de Sanborns), siempre le compramos alguna cosa (de ropa a algún juguete, según) y eso de los cumpleaños no es mucho nuestro rollo, aunque los celebramos de algún modo.
4. Comprar una cámara nueva. Eso de no tener cámara es como estar medio ciego, y la del celular es bastante boba. No está mal para una emergencia, pero no es para andar tomando fotos más o menos importantes.

Así que nos fuimos a Radio Shack, aprovechando que está al lado del Banco Cuscatlán de Metro, para ver si encontrábamos una cámara buena, bonita y sobre todo barata. Nos decidimos por una Samsung L100, compacta, de 8.2 megapixeles y no demasiado cara. Tiene una batería de litio con no sé qué, mucho más cómoda que andar recargando pilas AA o gastando en alcalinas. Tiene una buena duración, según el manual, y con la poca carga que tenía la batería tomé la primera foto, que fue desde luego a Krisma.
Todavía alcanzó para tomar algunas más, como ésta en la que estoy con Vale y, claro, con la caja de la cámara.

Y allí está el regalo de cumpleaños de Valeria: una compu de juguete que sirve para aprender las letras, para armar palabras, para poner música y bailar y no sé cuántas monerías. La otra opción era un triciclo, pero la verdad a esas cosas no les hace mucho caso. Tiene un carrito de plástico que le regalaron, y lo usa para guardar cosas, subir a sus animales de juguete y a veces dar algunas vueltas de algunos metros, antes de irse a colorear o a tratar de hacer letras.

Aquí, Krisma y Natasha en el estudio. Nótense los zapatos puestos en lugares en los que no estorben demasiado, de preferencia que no sean los pies. La compu de Krisma, que debería estar al fondo, ya se quedó obsoleta y no está funcionando bien. Voy a cambiarla a Windows Me, y seguro será un buen procesador de textos y servirá para internet y correo y eso; mientras, está usando la mía, y en su escritorio, muy discreta, está mi Vaio (verde) desde la cual, por cierto, escribo este post.
Y mi compu también se está quedando viejita. Hace unos meses compré en Los Ángeles un disco duro externo, bastante barato, un FreeAgent de 320 gigas, y la máquina no supo muy bien qué hacer con él. Lo conecté a la Vaio y hago backups y lo que sea desde las dos computadoras, pero tengo que puentear con la Vaio (que es verde, insisto) las cosas de la de escritorio. Tampoco supo qué hacer con la nueva cámara. La ve, la reconoce, abre directorios, pero no es capaz de identificar todas las fotos y copiarlas. Así que otra vez a la Vaio (verde, ejem), y ya veré cuándo puedo comprarme una compu un poco más moderna y que aguante la tecnología que va saliendo.

Otras fotos, otros abrazos

Y, en fin, el sábado fue el almuerzo para platicar con Nathaly. No llegó mucha gente, porque la mayor parte trabaja, pero el domingo la susodicha tenía que ir con unos tíos. Para ese momento ya se había ido Ana Escoto, yo estaba no se dónde, Krisma tomaba la foto y por allí andaría alguien más. La cámara era la de Osmín Magaña. Al rato llegaron los compañeros de danza y nos ayudaron a comernos el mole, que quedó delicioso.


Vale agarrño berrinche por algún motivo, y se le quitó con un abrazo de Krisma.

Y Krisma no agarró berrinche, pero ésta es una de ésas fotos que rara vez se ven. No porque nos abracemos poco --al contrario--, sino porque generalmente uno de los dos está detrás de la cámara.
Martes. Segundo día de mi descanso. Me voy a dormir otro rato.

9 de junio de 2008

Frivolidades

Foto tomada unas semanas antes de inaugurar el local de La Casa del Escritor en Los Planes, en 2003.
Para ese entonces andaba en talla 34, la normal para mí; ahora ya regresé a la 36, después de que, hace dos años, la 38 me quedaba apretada. Las camisas siempre las he usado talla 40 o 42; ahora estoy para 38, que es lo que me queda bien desde mis 20 años, más o menos, pero sigo usando camisotas, y también pantalones grandes.
A la izquierda, Roberto Laínez, quien para su suerte nunca ha tenido esos problemas.

5 de junio de 2008

Simposio en Santa Ana

Quedaron de pasar por mí a eso de las 11:30 de la mañana, para estar a tiempo en Santa Ana para el almuerzo y después ir al simposio de literatura que habían armado varios compañeros de tercer año de letras de la Facultad Multidisciplinaria de Occidente.
Y no aparecían.
Y no aparecían.
Y no aparecían.
Resultó que primero pasaron por la UES para recoger a David Hernández, quien debía participar en el simposio, y no aparecía.
Y no aparecía.
Primero, una secretaria les dijo que "no estaba". Después otra les dijo que estaba en reunión del Consejo Universitario. Se fueron al Consejo y no estaba allí. Uno de los miembros del Consejo lo llamó por celular, y nada. Hablaron a Santa Ana y desde allá lo llamaron y parece que contestó, pero que no estaba en la UES, y dijo que le habían dicho que pasaban por el a las dos, no a las 11:00, así que no iba.
Y no fue.
A última hora tampoco apareció Berne Ayaláh y, como ya había dicho, Claudia Hernández y Manlio Argueta se encuentran de viaje, así que sólo quedamos Miguel Ángel Chinchilla y yo. Y pues para Santa Ana, a almorzar rico --aunque bien rápido, porque ya era tarde-- en un café cultural muy agradable, del que no memoricé el nombre. Y como ninguna de mis cámaras funciona, pues a abusar de Luis Hernández, que tomó las fotos que siguen.

Más que un simposio, aquello debió ser un composio, porque nos lo aventamos sólo entre dos. Mala onda para los organizadores, que se llevaron varias semanas en el asunto. Tampoco pudo llegar Álvaro Darío Lara, quien la haría de moderador, y tuvo que aventarse el profesor Tony Peña (a la derecha).
Hubo cosas divertidas. Sería muy largo ponerlas, y un tanto repetitivas: todo trató acerca del proceso de escritura, de las ideas de cada quién al respecto, y lo hicimos de manera bien informal. Primero, Miguel Ángel y yo nos aventamos un rollo libre acerca de lo que entendíamos como el oficio de escritor. Después Tony nos preguntó algunas cosas de cajón, que pudieran interesar a sus alumnos, y luego vino la plática con los alumnos. Y de regreso a la República Separatista de El Salvador.

Creo que ya tengo que comprarme ropa de mi talla, perdonarán la frivolidad. Pero es tan rica la ropa floja...

Los compañeros organizadores del evento. José Rincán muestra el rótulo que debía estar ante David Hernández. Es una pena que no haya ido...

...porque, en muestra de buena voluntad, y para que vea que no hay hard feelings, le llevaba un diploma que lo acreditaba como doctor honoris causa en poesía. No porque yo acostumbre dar esas cosas, ni porque tenga los méritos académicos para hacerlo, sino porque me gusta ver a la gente contenta.
Ah: las faltas de ortografía en el diploma no son porque yo no sepa escribir las palabras, sino para que él lo entendiera mejor.
Otra vez será.

¡Cambio de fecha!

El almuerzo de La Casa para recibir a Nathaly no será este domingo, sino el sábado al mediodía. Disculpas por el cambio, pero el domingo debe estar con unos parientes, etcétera.
Nos vemos el sábado al mediodía entonces, de estricto traje.

4 de junio de 2008

Lo que es la historia...


En la revisión de los materiales acerca del caso Ana María-Marcial me he encontrado curiosidades que vale la pena registrar. Por ejemplo, en el comunicado en el que se acusa a Marcial de haber ordenado el asesinato de Ana María, las consignas que se emiten para el periodo son sintomáticas, al menos un par de ellas. Por ejemplo la de "Viva la unidad político ideológica...", etcétera. Es una consigna evidentemente "diseñada" después de la muerte de los principales comandantes, y su fin es, bueno, buscar la unidad de las FPL. (En el cuerpo del documento se hace un llamado a los militantes que se han ido de la organización a regresar a la lucha, etcétera.)
Es interesante que la consigna la lancen precisamente quienes fomentaron la división ideológica dentro de las FPL: ésta era una organización con una línea bien definida y con un accionar que se correspondía con ella, esto es: aceptaron trabajar con una organización marxista-leninista, de carácter proletario, con un estilo de hacer las cosas que estaba a la vista. Y lo que hicieron fue copar posiciones, darle la vuelta a la moneda, y en el camino se quedaron los cadáveres de Marcial y Ana María.
Pero eso es política básica, y qué le vamos a hacer.
La más significativa es la de "¡Revolución o muerte! ¡Venceremos!" Hasta ese momento, la consigna con la que se firmaban todos los comunicados y la correspondencia interna de las FPL era "¡Revolución o muerte! ¡El pueblo armado vencerá!" Hasta había una abreviatura, para no poner tantas palabras: ROMEPAV. Sí, suena chistoso, pero así se firmaba: "ROMEPAV, Fulanito."
La pregunta es: ¿dónde quedó el pueblo en esa consigna? El asunto no es banal: una consigna es la concreción, en una sola frase, de un momento coyuntural, de una línea estratégica, de una ideología y de un marco de acción, todo al mismo tiempo. Lenin era genial para eso: "Todo el poder a los soviets" es una consigna que resume, por ejemplo, todos los objetivos de la Revolución de Octubre en unas cuantas palabras.
O sea que el viraje estratégico de las FPL, tras la muerte de sus máximos dirigentes, fue más brusco de lo que uno se atrevería a pensar y, entre otras cosas, la "nueva" consigna habla del grado de militarización al que pudo llegarse y de la abstracción de la cúpula en sí misma.


Por suerte, en los documentos de finales de 1983 vuelve a aparecer el ROMEPAV... pero en segundo lugar después de la de "¡Venceremos!" Si uno se pone sutil, hasta puede correr el riesgo de leer: "Venceremos [¿quiénes?] a través del pueblo armado." Si suena a sensibilidad excesiva, lo lamento; las consignas nunca se tomaron a la ligera, y supongo que menos en esos momentos.
Otra cosa interesante, en el primer fragmento que se reproduce, son las firmas de la dirigencia máxima de las FPL en diciembre de 1983.
Si se dan cuenta, allí están, avalando la condena a Marcial, dos personajes muy especiales: Mayo Sibrián, el comandante psicópata de la Zona Paracentral. Aparece como el sexto en la jerarquía de la organización, más o menos la misma posición que ocupaba Leonel antes de la muerte de Marcial y Ana María. Sibrián asesinó a por lo menos un millar de militantes, simpatizantes y colaboradores entre 1980 y 1988, cuando fue degradado. Lo fusilaron apenas en 1991, poco antes de la firma de los Acuerdos de Paz; gracias a eso el Informe de la Comisión de la Verdad no menciona sus crímenes y lo más grave que se atribuye a la guerrilla es el asesinato de alcaldes, a cuenta del ERP.
El otro nombre es el de Miguel Castellanos, conocido como El Ronco. Su verdadero nombre era Napoleón Romero García. A mediados de abril de 1985, dos años después del suicidio de Marcial, comenzó a delatar por la televisión, en horario estelar, todo lo que sabía de las FPL, del FMLN y de lo que le preguntaran. Según algunos, fue atrapado por la Guardia Nacional y lo hicieron hablar; según otros, se entregó y ofreció colaborar; según algunos más, desde hacía años era un infiltrado del régimen. Lo cierto es que fue asesinado el 16 de febrero de 1989 por la guerrilla, cuando dirigía el Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN). Siempre me ha llamado la atención el nombre que le puso; quizá fuera casualidad que las siglas se correspondieran con el segundo apellido de Salvador Sánchez Cerén, pero no creo que nadie lo notara. Ciertas informaciones indican, por otra parte, que no fue asesinado por las FPL, sino por un comando del Partido Comunista. Es raro: el PC casi no se dedicaba a ese tipo de acciones, y las FPL sí. También al PC se atribuyen otros asesinatos similares en ese año: José Antonio Rodríguez Porth, Francisco José Guerrero, Edgar Chacón, Francisco Peccorini Letona y el fiscal de la república, José Roberto García Alvarado. Me da la impresión de que el asesinato de El Ronco fue un modo de tratar de desviar la atención hacia las FPL, para que se creyera que eran acciones suyas, y que todos los demás fueron una especie de cortina para ocultar que a quienes se quería matar realmente era a Rodríguez Porth y a Guerrero; eran los negociadores naturales del régimen en un proceso de paz, y eran juristas y polemistas temibles.
Como soy bien desconfiado, me puse a pensar: ¿habrá dejado Sánchez Cerén esas dos firmas en la reproducción que hizo del comunicado en su autobiografía Con sueños se escribe la vida? La respuesta está aquí:


Sí, las dejó. Al menos en eso no mintió, y se agradece. Mientras no se sienta orgulloso de ellas...

3 de junio de 2008

Indiana Jones IV: un poco demasiado

El sábado pasado nos fuimos a ver Indiana Jones y el reino de las calaveras de cristal porque, bueno, había que verlo. Cuando adquirimos el aparato de DVD, hace como cinco años, los primeros discos que compré fueron The Wall, de Alan Parker (¡cómo no!), y la trilogía de Indiana Jones; lo demás podía esperar y mucho de ello ha ido esperando; ésas eran de las fundamentales.

La verdad esperaba algo peor, pero en el fondo quería algo que por lo menos alcanzara la calidad de El templo de la perdición, la más flojita de las tres anteriores. Y pues no. Lo que vi fue una película divertida y técnicamente bien hecha; no mucho más. No pienso comprarla cuando aparezca en DVD (¡sí!, ¡me gusta comprar originales!), y quizá la vea de nuevo en unos años cuando la pasen por la tele.

Me molestaron bastante los errores "culturales", que no creo que lo sean. Ni a Lucas ni a Spielberg se les va a ir que en Perú ni de cerca hubo civilizaciones que se parecieran un poquito a la maya, que la gente hablara en maya en la zona amazónica y que la música que se oye en la calle sea bien mexicana; o que en el Amazonas no hay cataratas como ésas, si las hay, etcétera. El trabajo etnográfico e histórico en las anteriores de Indiana Jones fue bastante serio, con todo y que convirtieron algunas cosas en un show al estilo Las Vegas (la escena de los sacrificios en el templo de Kali, digamos); eso es pasable, y hasta divertido. Lo de ahora me parece poco serio y poco responsable, y que me perdonen, porque he sido fan abyecto de Spielberg y soy capaz de perdonarle casi todo. Si su onda era jugar con los clichés, lo hizo bien, nomás que se le pasó la mano; si era "no importa, total no se van a dar cuenta", qué mala onda; si nomás hizo la película por hacerla, pues chale. Entiendo por qué Sean Connery no quiso entrarle.

Como siempre, tiene momentos sensacionales y las exageraciones son divertidísimas, como cuando el muchacho se pone a hacerla de Tarzán en la selva, rodeado de monos, o la persecución en los carros de combate y el duelo de esgrima. Pero el guión es terriblemente disperso, agarrado con hilitos muy frágiles, y lo de los extraterrestres como modo de resolver una historia no se lo perdono ni a Stephen King y a sus directores más clase B, mucho menos al mago de la aventura.

Tenemos poco chance de ir al cine, así que quizá hubiéramos preferido ver Iron Man o Narnia, pero eso es un juicio a posteriori; había que ver la de Indy para no quedarse con la duda.

Antes nos fuimos a cenar pozole a Sanborns, y de paso a ver las ofertas de DVDs; siempre se encuentra algo bueno a muy buen precio, como ya he platicado. Hallamos los X Men 2 a cinco dólares, y el sábado la vimos religiosamente. A un precio parecido estaba una maravilla de cine independiente, What's eating Gilbert Grape?, con Johnny Depp y un excelente Leonardo di Caprio adolescente, Juliette Lewis haciendo el papel de siempre, y John C. Reilly haciéndola de marido que vende seguros de vida. Hace unas semanas conseguí otra de ésas que no hay que perderse, 'Round Midnight, actuada por Dexter Gordon, con una buena bola de jazzistas de primera clase: Herbie Hancck (hizo la música de la película, además de actuar y tocar), John McLaughlin, uno de los dioses mayores de la guitarra; Pierre Michelot, quien fuera bajista del Jacques Loussier Trio; Ron Carter, con varios cientos de batallas libradas también con el contrabajo; el saxofonista Wayne Shorter, el trompetista Freddie Hubbard y, en el tema de entrada, la voz de Bobby McFerrin. Cinco dólares también. Por allí tenemos, esperando, A sangre fría en su versión de 1967 (otros cinco dólares), actuada por Robert Blake (algunos lo recordarán en Baretta), quizá la mejor de las que se han filmado.

No sé. No me enoja ni me decepciona la cuarta de Indiana Jones. Nada más me parece que no venía al caso. Rocky VI fue también un exceso, pero de Stallone se espera algo así (allí tengo Rambo IV esperando), y uno puede vivir contento con Rocky I y V porque son muy buenas, y quizá reírse un poco con otras. Pero es un lujo que Spielberg pudo evitarse. Esperemos que todavía tenga muchas cosas que filmar, y que no se le ocurra hacer Tiburón 19 (que aparece anunciada en la segunda de Volver al futuro).

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Nota bene: para este post estoy usando el Live Writer, de Microsoft. No me gusta que separe así los párrafos, pero bue... Ya veremos qué monerías tiene.

2 de junio de 2008

Simposio en Santa Ana, Nathaly y el peluche

Desde hace unas semanas se está organizando en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente un simposio literario bajo el tema "El oficio de escribir". Originalmente era un conversatorio y estaríamos Manlio Argueta, Claudia Hernández y yo. Luego, la UES insistió en poner a otros tres escritores, además de los que ya estábamos, que íbamos por parte de los estudiantes, pero Manlio y Claudia debieron salir de viaje. O sea que de seis vamos a ser cuatro, y del grupo original sólo quedo yo.
Los otros serán David Hernández, Edwin Ernesto Ayala (ahora Berné Ayaláh) y Miguel Ángel Chinchilla.
Creo que por fin podremos conversar con David Hermández acerca de temas pendientes, y eso me da mucha alegría. Quizá hasta le lleve algún diploma de poeta o algo para mostrarle que por mi parte no hay mala voluntad. Lo que es seguro es que nos divertiremos.
El simposio será este jueves 5 a las 2:30 de la tarde, en el auditorio Marta Pérez Cervantes.


* * *

Aprovecho el espacio y la ocasión para avisarles a los compañeros de La Casa que ha venido de vacaciones Nathaly Castillo Menjívar --no, no es mi pariente de sangre, pero como si lo fuera--, y me pidió que le cocinara mole poblano, porque en Cuba no hay mucho de eso. Así que estaba pensando en armar un pequeño --¡¿pequeño?!-- almuerzo el próximo domingo, en La Casa, para que podamos platicar un rato con ella. ¿Les parece a eso del mediodía, y después nos seguimos con el taller?
Yo pongo el mole y el arroz. ¿Alguien se apunta con algo más? Es de estricto traje, no olvidar. Y avísenles a los que no tengan internet.

Nathaly en una foto tomada ayer, ni más ni menos. A sus veinte años, es una de las veteranas de La Casa, del "consejo de ancianas". Sí, son puras mujeres.


* * *

Y ya que estamos en ésas, pongo el nuevo peluche de Valeria. La semana pasada nos fuimos a comprar zapatos y en la zapatería tenían un perrito de los de Hush Puppies (un basset hound, en realidad, ejem), y pues estaba simpático y se lo regalamos.

Como empezaban las lluvias y fríos, Vale lo abrigó con un par de suéteres suyos.

Aquí, de cuerpo completo. Pequeño, pero completo.


Y aquí con Natasha de fondo, y al lado las rodillas y una mano de Vale.

(¿Será que también estoy de campaña política y quiero limpiar mi imagen usando a un pobre animalito indefenso de peluche? En estos días no se sabe...)

1 de junio de 2008

Chicken Little, Saca o Toby

Krisma y Valeria pasaron por mí a La Casa del Escritor y, bueno, de regreso a casa había que ver la tele, etcétera. No había nada en el cable. (Tenemos Amnet.) "Nada" significa que aparecia un rotulito amarillo que decía "No Signal".
Krisma probó con los canales nacionales. En el 2, 4, 6, 8, 10, 12 y 21 --fueron los que vimos-- había cadena nacional con el presidente Saca. En el 17 estaba Toby, para variar diciendo cosas bien misóginas, que olvidé dos segundos después, en bien de mi salud espiritual. ("Esto no está pasando, esto no está pasando", etcétera otra vez.)
Así que era ver a Saca o era ver a Toby, y la verdad por eso contratamos cable: para tener un montón de opciones. La campaña electoral anterior, y durante poco más de un año en total, nos la pasamos a pura televisión local, y llegó a ser tan angustiante que el momento de relajación y diversión era ver a la "señorita Laura". Porque tampoco teníamos internet, excepto un plan de 30 horas por 30 dólares que era un robo, y se iba en la pura revisión de correo y algún chat con mi hija Eunice.
Pero, ¡ah!, recordé que por 9 dólares más, tenemos acceso a los canales premium de HBO, y puse el canal 201; no se iban a atrever a cortar los canales premium. Y no se atrevieron.
Lo único que había de interesante era Chicken Little, que ya vi un par de veces, y lo que quería ver estaba en los canales básicos, en Universal y en SciFi. Así que era Chicken Little, Saca o Toby. (Eso de ser hijo meritísimo otorga privilegios... Quizá me haga religioso para la siguiente cadena nacional. O pastor, para poder decir qué canal no entra en cadena, o sea en el que esté hablando yo. Nomás me faltaría aprender a andar en moto.)
Así que estuve haciendo zapping entre el ChL y Saca, y cuando iba a terminar el discurso del presidente lo dejé allí. Apenas había terminado de hablar y empezaba a saludar a los diputados que andaban en los alrededores, el Canal 2 cortó bruscamente las transmisiones y empezó a poner comerciales; eran las 7:24 de la noche, y supongo que habrán pagado el programa hasta las 7:30, pero ¿quién se fija en esas cosas? ¿Qué son seis minutos de televisión, además de un montón de dinero?
Sólo por confirmar lo que ya sé desde hace años, lo pasé al 27 (Universal, pues) y seguía el letrero de "No signal". Así hasta las 7:25, cuando de repente regresó la señal. Porque aún pensaba que había la posibilidad de que fuera la lluvia --que aquí en Los Planes estaba fuerte, y lo está en el momento en que escribo esto-- hubiera bloqueado la señal o algo, y que por pura casualidad hubiera coincidido con la cadena nacional.
Pero no. Ya son varias veces que me toca dejar de ver mis programas favoritos o no favoritos, pero que son los que quiero ver, sólo porque hay cadena nacional con el presidente. Los de Amnet simplemente desconectan la señal, y al diablo los clientes. Si tengo cable es precisamente porque hay cosas que detesto de la televisión nacional, en especial las cadenas y a Toby, su misoginia y el montón de gente que se la celebra.
Chicken Little... ¡Bah! Había una muy buena en SciFi con Dean Stockwell de la que sólo pude ver la mitad. Y me parece que, si en este gobierno --y los anteriores-- se ha hablado de libre competencia hasta que a uno le dan ganas de vender a su mamá a precio de docena, deberían ser coherentes: no quiero ver cadenas nacionales, quiero ver una de Dean Stockwell o de quien sea, y pago por eso. Y no debería necesitar pagar canales premium para lograrlo, porque a lo mejor me salen con películas o programas que no quiero ver.
Lo malo es que sé que eso continuará si gana el FMLN o si sigue gobernando Arena. Los del poder no entienden que uno no quiere ni está obligado a verlos; Chávez es el ejemplo extremo, pero el más significativo. ¡Qué plomo de tipo!
Ojalá que los del FMLN sepan seguir respetando al menos los canales premium, o que Amnet cumpla con su contrato, que es darme la programación que anuncia, la que transmiren en toda América Latina, y no cortarla porque alguien quiere dar su informe de gobierno o hablar mal de las mujeres en nombre de Dios. Si quiero eso --a veces lo he querido--, pongo el 2, 4, 6, 8, 10, 12 o 21, y me quedo en el de mejor señal. (El 10, por cierto, transmitió con un buen rato de atraso con respecto a los otros.) Como dicen los neoliberales: tengo derecho de escoger, y hay una lana de por medio para que respeten eso.
Y estaba buena la de Dean Stockwell... Lástima que quedara en continuación.

Algo de 1984

Un compañero de La Casa me trajo --y se lo agradezco-- la fotocopia de un ejemplar de la publicación Alternativa socialista, de la Liga Internacional de los Trabajadores (la Cuarta Internacional, pues), el número 4-5, correspondiente a noviembre-diciembre de 1984, editada para Estados Unidos y México.
Todo el número está dedicado al suicidio de Salvador Cayetano Carpio. Incluye desde artículos en los cuales se le defiende hasta otros en los que se le condena, pasando por documentos oficiales del FMLN acerca del caso, etcétera. Un buen dossier.
Por ese documento --y en parte por el sumario judicial del caso, del que sólo tenía trozos-- me vi en una situación bien extraña: el libro acerca del affaire Carpio-Anaya Montes es uno de los que más tiempo me hay llevado escribir --desde 2001--, y en el que he sido más minucioso y cuidadoso en el manejo de datos, testimonios, etcétera. Sin embargo, aunque ya había entregado la versión que se iba a publicar, me vi obligado a revisar nuevamente todo el libro y reforzarlo en apenas tres o cuatro días, a toda prisa y esperando --sabéndolo, más bien-- que el corrector de estilo haga un buen trabajo; con esas prisas alguna incorrección formal se irá, que espero detecte, porque el libro debe entrar en producción la semana que viene.
Por suerte me había adelantado una semana a la fecha final de entrega, y eso me dio un margen no muy cómodo, pero margen al fin, para hacer algo decoroso.
El número de Alternativa socialista abre con un largo artículo publicado por el mexicano y argentino Adolfo Gilly en la revista Nexos en abril de 1984, a un año del asesinato de Ana María y el suicidio de Marcial; sigue con uno de Carmen Lira aparecido en el número siguiente de la misma revista, en el cual se desmiente todo lo que dice Gilly con base en los documentos del FMLN; luego viene una nota, bastante buena, de Cuauhtémoc Ruiz, donde se llega mucho más a fondo y se plantean alternativas a las lecturas de Gilly y Lira, y después una sección de documentos del FMLN (comunicados, el llamado "testamento político" de Marcial, es decir su discurso del 1 de abril de 1983, y un par de etcéteras más). Un modo bien interesante de establecer un debate, en suma, que ojalá algún día sea posible en El Salvador, cuando no haya tantas campañas, precampañas y poscampañas electorales y, sobre todo, cuando las ideas, y no los votos, sean lo que esté de por medio.
Transcribo la introducción del artículo de Gilly, que me parece sensato 24 años después y puede poner en su dimensión lo que es una discusion abierta de la izquierda en cualquier momento, periodos electorales incluidos. Porque lo que está en cuestión no es si la izquierda nos gobierna o no --eso tarde o temprano debe ocurrir--, sino cuál izquierda lo hará, y para dónde nos llevaría. Va, pues:

Sólo la verdad es revolucionaria
Adolfo Gilly

Las masas no se sublevan y se lanzan a sufrir los horrores de una guerra civil porque sus dirigentes sean hábiles, sean santos o sean mártires, sino porque no soportan más la opresión, la humillación, la miseria y la infamia. Una revolución no se explica o justifica por lo que hagan o dejen de hacer sus jefes, sino por esa rebelión de las masas. Éstas, indudablemente, necesitan dirigentes para esa lucha y necesitan creer y confiar en ellos, así como en las organizaciones que ellos encabezan. Pero la revolución no estalla por voluntad de dirigentes o de organizaciones, sino porque las masas no soportan más y se les han cerrado todos los otros caminos. La de El Salvador es una revolución, la más grande, la más costosa, la más extraordinaria en América Latina en términos de participación y resistencia de las masas, al menos desde la insurrección de Hidalgo y Morelos y desde la Revolución Mexicana.
Una revolución así somete a sus militantes y dirigentes a dificultades y pruebas implacables. La medida de su magnitud es que el imperio estadounidense, concentrando su potencia sobre ese pequeño país, no logra doblegarla. Pero cuando ese imperio, sus aliados y sus amigos de todos los colores empeñan así sus odios contra un país pequeño y desguarnecido, cada fusil que logran los revolucionarios, cada pertrecho que reciben, significa un empleo de fuerzas incalculable. Esos esfuerzos --que el bando contrario no debe hacer-- más el constante acoso de un enemigo materialmente mejor armado y más poderoso, más las presiones que significa tomar decisiones cotidianas de las cuales depende la vida o la muerte de muchos compañeros y de la revolución misma, ponen a dura y permanente prueba a los revolucionarios. Esas decisiones deben discutirse y se discuten colectivamente. Lo ideal sería que el mayor número posible participara en la discusión. Pero al mismo tiempo, esa lucha sin cuartel exige discreción y clandestinidad, encerrar la discusión, no permitir al enemigo que la influya.
En esta contradicción cotidiana vive cada organización que debe conducir una guerra revolucionaria: mientras la política requiere discutir, explicar, razonar informar, la guerra exige discreción, clandestinidad, centralización de mando. Es un arte extremadamente difícil alcanzar el equilibrio y evitar la clausura o el envenenamiento de la imprescindible discusión con el argumento, siempre falaz, de que discutir beneficia al enemigo. A esto se agrega que en cualquier guerra revolucionaria --desde la Revolución Mexicana hasta la guerra civil española-- aparece inevitablemente la inclinación a ver en quien diverge de la propia política dentro del bando revolucionario, primero a un obstáculo, después a alguien que hace el juego al enemigo y finalmente al enemigo. Y de ahí al uso de las armas para resolver esa divergencia, hay sólo un paso. La historia de todas las revoluciones, desde la inglesa del siglo XVII y la francesa del siglo XVIII. Sin embargo, las revoluciones siguen siendo necesarias.
Bajo estas presiones terribles, la revolución salvadoreña se encuentra en una encrucijada: la dirección de una de sus organizaciones más poderosas, las FPL, se ha matado entre sí. Según la última versión oficial, un grupo de cuadros y un dirigente mataron a la comandante Ana María, y Marcial, al saber lo que había hecho uno de los hombres en los que él confiaba, se suicidó. La Dirección Revolucionaria Unificada, al firmar el escueto comunicado, asume estos hechos y declara que considera "como un deber y una responsabilidad de todas y cada una de nuestras organizaciones, decir siempre la verdad ante nuestro pueblo".
Hay una sola manera de cumplir este compromiso y hallar una salida a esta crisis desgarradora: informar, explicar, razonar, para poder continuar la lucha y atenuar los efectos de este golpe. Esto significa explicar a fondo: 1) Las diferencias políticas que existieron como base de la crisis, para que la gente conozca y decida con su propia cabeza; 2) las razones de la persistencia de estos métodos: por qué y cómo es posible que cuadros de la dirección de una organización hayan creído o aceptado creer que el asesinato resuelve un conflicto político; 3) cómo hacer para cortar tales medidas de raíz. La razón, y sólo la razón, puede ahora abrir esta llaga, limpiar la herida y preparar el futuro de la lucha.
Un dirigente de las FPL, Salvador Samayoa, nos envía un mensaje, reiterando que cuanto dice el comunicado es la verdad, que la asumen por duras que sean las consecuencias para ellos y que hoy más que nunca es necesaria la solidaridad con la revolución y el pueblo salvadoreño. Mientras tomo con profunda seriedad este pedido, digo: compañeros, hace falta explicar más. Nadie puede pedir a la gente que siga creyendo sobre palabra. Esa época ya pasó. Hay que explicar, demostrar, convencer. La revolución salvadoreña no son sólo quienes luchan armas en mano. Es una inmensa conjunción de voluntades y esperanzas mucho más allá de El Salvador. Hasta la última señora que puso un peso para comprar armas, hasta el último señor que fue a una manifestación, hasta el último niño que llevó una pancarta, necesitan y merecen una explicación. Ellos pusieron en El Salvador mucho más que sus esfuerzos, pusieron sus creencias y sus esperanzas. A ellos hay que explicarles toda la verdad, la verdad entera. Hay que confiar en ellos: la gente sencilla de todos los días entiende todo esto, entiende el sufrimiento, entiende las amarguísimas disputas, entiende el suicidio, entiende la muerte mejor que nadie porque entiende la vida, esa vida en la cual la opresión curte su alma, endurece su voluntad y afina sus sentimientos solidarios. Lo que esa gente no entiende, en cambio, es la reticencia, la verdad a medias, la mentira piadosa, el ser tratados como menores de edad por aquellos en quienes ponen su confianza, el recibir consuelos o explicaciones triunfalistas "para que no se desanimen".
Para salir de esta crisis, una de las más duras de la revolución salvadoreña, hay que explicar. Que el enemigo, los aliados del imperialismo y sus amigo salvadoreños digan lo que quieran. La verdad es siempre revolucionaria. Esa verdad debe ser razonada y explicada. En conferencia pública, la dirección de las FPL y la dirección de la DRU necesitan ahora responder a todos los interrogantes políticos, para desarmar la maledicencia y el veneno de los enemigos y fortalecer la comprensión y la solidaridad de los amigos, puesta a durísima prueba por esta tragedia. Este pedido es mi homenaje ante la tumba de Marcial.

* * *

Encuentro, en los documentos de las FPL, varias cosas interesantes, de las que sólo transcribo dos párrafos:

Categóricamente afirmamos, no hay ni puede haber ahora en El Salvador, revolucionarios fuera, y menos aún en contra, del FMLN, precisamente porque la revolución está avanzando y venciendo bajo su dirección.

Hay ya y habrá aún, propaganda de los enemigos del pueblo salvadoreño alrededor de este asunto. Urdirán toda clase de falsas versiones y supuestos testimonios, se divulgarán los escritos de Carpio más insidiosos contra la unidad, pero nada de esto detendrá nuestro avance hacia la victoria de la revolución.
Me recuerda a una entrevista con José Luis Merino que publicó El Faro hace unos años. ¿Qué tanto habrá cambiado realmente el asunto? ¿Podrá cambiar esa inercia una sola persona, como se está intentando ahora? No se pierdan las próximas elecciones, en el mismo país y en el mismo canal.