20 de enero de 2006

Invenciones de un historiador

Carlos Cañas-Dinarte se puso bien raro en un artículo que escribió acerca de mi libro Tiempos de locura. El Salvador 1979-1981; la nota puede encontrarse aquí. En primer lugar, habla de muchas cosas, menos de lo que dice el libro. Más bien se lanza a hacer una lista de los temas que a él le hubiera gustado que yo tratara, pero que por desgracia no entraban en el periodo que trabajé ni eran los temas prioritarios. Me imagino que la solución es que haga el suyo propio para que me enseñe de qué va la cosa.
Hace notar que había poca gente en la presentación, pero el salón estaba atascado. Las 130 sillas encargadas originalmente se convirtieron en 170, y había unas 20 peronas de pie, otras en el pasillo de entrada y otras en el jardín trasero del salón. Lo que me produjo el comentrio de Carlos fue envidia: sus presentaciones deben ser multitudinarias para que le pareciera poco. (Una vez presenté un libro suyo en Santa Ana. Me acuerdo que había poco más de 100 personas, la mayor parte estudiantes a los que habían llevado de algunas escuelas. Se presentaba el Diccionario de autoras y autores de El Salvador, en el cual por cierto me incluyó.)
Se queja de que no haya entrevistado a mujeres. Por desgracia no es un libro dedicado a la corrección política, sino a la historia reciente. La única con participación medular en esa época fue Mélida Anaya Montes, y desde el 6 de abril de 1983 --fecha de su asesinato-- no concede entrevistas.
Y lo más grave: Carlos habla de los "archivos" de Rafael Menjívar Larín, mi padre, de donde habria sacado el "eje central" del trabajo.
El problema es que no existen los "archivos" de mi padre: era terriblemente desorganizado, y se deshacía de sus borradores. Sólo guardaba los míos, todos, y fue en medio de ellos donde encontré perdida una evaluación de la ofensiva de 1981 que se reproduce en el apéndice 3. Grave que Carlos, presentándose como historiador, haya asumido que mi padre tenía "archivos", sin siquiera preguntar. O a lo mjor él sabe dónde están, y le agradecería que me lo dijera.
También dice que hablé con mi padre durante su exilio en Costa Rica. Y me hubiera gustado hacerlo, pero yo vivía en México. Hablábamos mucho por teléfono y a veces me visitó --yo no salí del país en 23 años--, pero nuestros temas de plática eran otros, más personales. En otras palabras: no, mi padre no me facilitó el trabajo, ni era el caso. La investigación la hice yo.
Lo bueno es que al final me perdona la vida, dice que ya cumplí con mi labor de "provocar" y que ahora vienen "ellos", los profesionales, a hacerse cargo del asunto con conferencias, congresos, publicaciones, lo que sea.
Una buena amiga me dijo la otra vez: "La escoba ha estado tirada durante veinticinco años. Ahora viene alguien, la recoge, y los que no le hicieron caso quieren decirle cómo se agarra."
Ojalá que Carlos madurara. Tiene las herramientas para ser un historiador decente, pero se las gasta en... No sé en qué, la verdad.

3 comentarios:

Aldebarán dijo...

Me gusta ese "presentándose como..."

Me callo lo demás, por respeto a tu bitácora.

saludos

Anónimo dijo...

Hola.
Primeramente, debes corregir el link para el comentario de Carlos Cañas. El link correcto es http://www.elfaro.net/Secciones/el_agora/20060116/ElAgora2_20060116.asp.

Me parece visceral tu forma de responder a la critica de Cañas, asi como me parece estupida la opinion de él. Seguramente estaras contento con tu respuesta sarcastica que satisface tu ego y el de los que te apoyan.

Si los politcos estupidos de mi pais no pueden ponerse de acuerdo, ni mucho menos respetarse, no se de donde saco el optimismo para esperar que dos "intelectuales" de mi tierra pueden hacerlo.


P.D. Compre tu libro, me gustó mucho, pero igual pienso que pudo ser mejor.. Espero que esta pequeña critica no excite tu pluma respondona y sarcastica.

Anónimo dijo...

Es esencial que en una sociedad como la nuestra se hagan publicaciones y que se de un debate. Pero lastimosamente, lo que aqui encontramos no es "debate", sino mas bien dos egos encontrados peleandose por un trabajo mal hecho. Sento mucho ser duro con la critica pero si este libro no es periodístico, histórico, ni literario entonces ¿que es?. Porque si lo que se pretendía fue una mezcla de todo, no se logró, lastimosamente en nuestro país cualquiera juega con la historia, y esa es una, y solo una, de las razones por las que no logramos avanzar como país.