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7 de junio de 2010

Aquellos cuadros medios

No sé en otros países ni en otras organizaciones, pero en las FPL que me tocaron en suerte, en México, había de todo. En general --lo veo ahora-- predominaba la gente buena que creía en lo que hacía y en la posibilidad de un mundo mejor, que sería posible si cada uno hacía su parte desde su pequeña trinchera.
En los cuadros medios, los que manejaban pequeñas comunidades, me tocó ver a la gente más oscura de la militancia. Mientras más arriba o más abajo estaba la gente con la que hablaba, más posibilidades había de encontrar personas convencidas, honestas e inteligentes, con las humanas salvedades de siempre. Era en la mitad de la estructura partidaria donde algo pasaba, y no siempre era bueno.
Al lado de personas efectivas en su trabajo, había ineptos que cubrían sus carencias con malos modos o echando toda la carga sobre la espalda de los militantes: éstos debían decidir qué se hacía, cómo se hacía, etcétera. Y lo hacían bien, con todo y los maltratos del "compañero responsable", precisamente porque creían en lo que estaban. Luego había los que utilizaban fondos de la organización para vestirse bastante mejor que el promedio de los compañeros, para comer en buenos lugares y pasarse el exilio lo más suavemente posible. El pretexto era que tenían que hacer ciertos contactos, moverse en ciertos círculos --casi nunca era cierto-- y debían estar un poco mejor que los demás, reloj incluido. Y así una gama de lo más variada, y los militantes de base en lo suyo, que no siempre coincidía, para bien, con lo que los cuadros medios decían que querían; mientras se llevaran los créditos de un buen trabajo, no tenían nada que objetar.
Pero había una raza de lo más abyecta: la de los sádicos. Eran pocos, pero eran, y se las arreglaban para que su influencia se extendiera a los ámbitos aledaños a su zona de influencia.
En su trato con los militantes eran generalmente suaves, pero los mantenían siempre en vilo. La amenaza constante era la expulsión de la organización, algo que sonaba terrible para cualquiera: la mayor parte, junto con sus familias, dependía de la organización para tener un techo, para comer, para tener contacto con otras personas; eran ilegales que en la organización encontraban refugio en muchos sentidos. Pero, por encima de eso, la expulsión significaba que estaban fuera del proceso revolucionario por el que muchos habían dejado hermanos o padres muertos, el país, que se desconocía un trabajo honesto, todo lo que significa una decisión personal extrema en un momento extremo.
Y estos cuadros medios lo disfrutaban. Jugaban con los militantes al gato y al ratón, los ponían contra la pared con reglas escritas o que se inventaban según la ocasión; y, si uno trataba de salirse del rincón mediante una discusión sensata, venía lo de la compartimentación: "Por razones de seguridad no le puedo decir lo que se acordó en tal reunión, pero, dado el caso, puede ameritar incluso la expulsión", o "Hay medidas compartimentadas que no puedo discutir con usted, pero el asunto está como yo le digo y tiene que acatar." Y, en general, la gente acataba, y trabajaba igual que siempre, pero con miedo, lo que significaba un ambiente bien denso y un gasto innecesario de energías.
Uno podía protestar, desde luego, y el protocolo indicaba que podía comunicarse con la instancia superior a través de un escrito. Pero ese escrito tenía que pasar a través del cuadro medio del que uno se estaba quejando, o sea que daba junto con pegado. Si se intentaba llegar a través de otro cuadro medio, lo más probable era que el escrito llegara a las manos del implicado y se quedara en el archivo. Y las cosas se ponían peor para el que protestaba.
En otras partes, en otros ámbitos, me ha tocado ver al cuadro medio sádico de voz suave y sonrisa apenas insinuada, que juega con el pequeño poder que le ha tocado recibir. Juegan a lo mismo, y son capaces de crear, para su placer, grandes cantidades de angustia en las personas que se encuentran bajo su responsabilidad. Y lo disfrutan. La idea gráfica es la de alguien que se la pasa muy bien poniéndole el pie en la cara a gente que está en el lodo, por el placer de hacerlo. Habrá un montón de motivos psicológicos de por medio, pero el resultado final es su disfrute.
Lo que siempre me pregunté es si la gente que está por encima de ellos --con la que son necesariamente serviles-- los tiene allí porque son como son o porque creen que son de otro modo. Quizá haya motivos que parecen válidos para sus jefes, o sea los cuadros superiores: ya cambiará cuando tenga mayor experiencia, es que a veces no sabe cómo tratar a la gente, tiene su carácter, la gente bajo su mando hace un buen trabajo, etcétera.
Aquí, desde fuera y desde abajo, lo que he visto es a personas que usan cualquier cuota de poder que tenga para su autogratificación. Si les pagan, mejor; si no, seguro lo harán gratis.
Eso sí: siempre, en serio, tienen altos ideales o misiones que cumplir, cosas que son más grandes que ellos y que sus subordinados. Y ya se sabe las bajezas que se han cometido y se siguen cometiendo en nombre de los ideales más altos.
(Las cosas que recuerda uno, casi treinta años después, un lunes por la mañana...)

20 de mayo de 2010

¿Una derecha no anticomunista?

Durante decenios, y hasta hace muy poco, las diferentes derechas que han gobernado El Salvador se han caracterizado por su anticomunismo expreso y a veces violento. Buena parte de las medidas de gobierno que adoptaron estaban basadas en el combate al comunismo, es decir a cualquier cosa que lejanamente sonara a izquierda; allí está la represión a veces exagerada contra la democracia cristiana --que de izquierda tenía muy poco-- en los años setenta, y luego la suma de la DC, cuando ésta debió mostrar su verdadero rostro, al combate contra el FMLN y otras fuerzas no tan a la izquierda.
ARENA nunca dejó de cantar su himno (“El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán”, “patria sí, comunismo no”), y de actuar en consecuencia. Con una perspectiva de veinte años de gobierno, puede verse que muchas de las decisiones que se tomaron desde el poder no se correspondían con un proyecto de país, sino con la “necesidad” de golpear a la izquierda --de diferenciarse de ella, de combatirla-- desde diferentes flancos: el económico, el político, el moral, etcétera. Por eso, en parte, el dominio de ARENA fue colapsando, hasta llegar a un punto en que era imposible encontrarle coherencia a las medidas de gobierno y solución a los problemas estructurales. Allí entra también la necesidad de satisfacer a los grupos de la alianza, con intereses económicos y políticos incluso enfrentados, a los cuales no unía un “algo” positivo (un proyecto de país), sino el “anti”; la falta de rumbo del partido tras su derrota electoral podría demostrarlo. El anticomunismo como principal bandera no tiene sentido desde hace mucho tiempo, pero la inercia es difícil de controlar.
La pregunta es si es posible una derecha que no sea anticomunista, y la respuesta podría ser que no por mucho tiempo. Tarde o temprano, en algún momento, se declarará una lucha abierta entre los partidos de izquierda y los de derecha, y el “anti” será la tónica que guíe sus acciones y reacciones. Pero hay un momento, como se está viendo en El Salvador, en que una organización de la derecha (GANA, en este caso) puede dejar de lado el anticomunismo cerril que ha caracterizado a su partido originario (ARENA) y llevarse bien con un gobierno de izquierda y en algún momento llegar a acuerdos fáciles con el partido que lo sustenta, el FMLN, sin que la ideología “anti” sea un problema.
GANA no es una de las tantas disidencias que se han dado en el seno de la Asamblea Legislativa, y que son más carne de folklore que de preocupación. En un tiempo extraordinariamente corto logró su reconocimiento legal como partido político, lo cual habla de una organización más o menos amplia, y esto a su vez habla de que cuenta con bases que no pueden ser sino las que han logrado arrebatar a ARENA. Es una disidencia con todas las de ley; minoritaria, pero disidencia al fin, y lo que le falta es fortalecerse para convertirse en una alternativa viable.
¿Alternativa a qué? Ante todo a ARENA, obviamente. A lo que GANA le tira no es a convertirse en un partido accesorio como el PCN y el PDC de las últimas dos décadas, sino a desplazar a su partido matriz. El objetivo estratégico, como el de cualquier partido político que se respete, es la toma del poder, y eso incluye el desplazamiento de la izquierda con la que ahora sostiene una alianza táctica.
Esa alianza, que a veces parece no tener matices ideológicos, se explica fácilmente: GANA necesita ponerse en el centro de la escena política, y lo está logrando de la mano del Ejecutivo y a un ladito del FMLN. Las votaciones favorables a ambos en la Asamblea Legislativa son verdaderas declaraciones de principios: no vota por las banderas de la izquierda, sino que da a conocer indirectamente cuáles son las propias. En otras palabras, está mostrando su ideario a través de los proyectos ajenos. No creo que tenga, ya, un ideario propio; simplemente usan el sentido común, y dejan de lado el “anti” para mejor ocasión.
De paso, está preparando su campaña electoral. Dentro de unos años, en el recuento que se hará de la trayectoria de GANA, sacará a relucir las causas que han apoyado, que incluirán algunas de la izquierda, algunas de la derecha, algunas propias: es lo que se mostrará al electorado, quién sabe aún con qué resultados.
Es simplista decir que el presidente Funes se ha doblegado a la derecha por el apoyo que ha recibido de GANA; es simplista decir que GANA es un partido de corte popular por unirse a algunos proyectos del mandatario. Se trata de un asunto de simple política, pragmático, en el cual ambos tienen algo que ganar.
Las alianzas son, por definición, tácticas, aunque su objetivo sea estratégico. Tarde o temprano se romperán. Habrá que ver cuánto dura ésta, es decir: habrá que ver qué tanto se fortalece GANA para no depender de nadie y mostrar, así, su verdadera naturaleza.

22 de julio de 2009

¿Y los misiles?

A todo esto, ¿qué pasó con la investigación que el nuevo gobierno iba a hacer sobre unas denuncias del presidente venezolano, Hugo Chávez, de que habría un atentado en su contra si venía a El Salvador al traspaso de poderes el pasado 1 de junio?
La denuncia fue pública, notoria y puntual: la gente del "contra" cubano Posada Carriles había preparado uno o dos misiles que lanzaría contra el avión de Chávez cuando éste despegara de territorio salvadoreño. Ante la falta de seguridad, Chávez no vino.
Era de esperarse que la inteligencia venezonala pasara la información pertinente a su homóloga salvadoreña, y que algo al menos se pueda informar acerca de algo tan grave. Y es de verdad grave: significa que hay estructuras paramilitares clandestinas, extranjeras y bien armadas asentadas impunemente en El Salvador, y que el gobierno --de Funes o de Saca, es igual-- no pudo, no puede, no ha querido o no sabe cómo desarticular. Algo es muchísimo más que un incidente aislado: pone en cuestión la validez del Estado salvadoreño, su viabilidad, su simple capacidad de ser. Eso es, llanamente, lo que Chávez dijo en su denuncia: el Estado salvadoreño no tiene control de su territorio ni de sí mimo. (Buen mensaje para un presidente que apenas estaba tomando posesión.)
¿Dónde están entonces los misiles? ¿Dónde está la estructura paramilitar manejada desde Estados Unidos por Posada Carriles? ¿Dónde y cómo se perpetraría el atentado contra Chávez? ¿En medio de qué redes nos encontramos metidos sin saberlo? ¿O se trató de una payasada de Chávez? A mí me gustaría que me lo dijeran, para saber bajo qué cielo duermo cada noche.
Me harta Chávez, en serio, con esa su pose de niño caprichoso. Me hartan igual los columnistas que se la pasan hablando de él como si fuera... no sé... el mesías negro de la reelección presidencial continental, el sargento que mueve a discreción a los pequeños soldados rasos que son ciertos presidentes del continente (Evo, Correa, Ortega, etcétera), el antihéroe de la ALBA, el que algún día cumplirá sus baladronadas y nos llenará las calles de soldados venezolanos por un quítame de allí esas pajas, el gerente general de Chávez Airlines, el que por qué no se calla de una vez.
Pero lo de los misiles es serio, y lo digo en serio. ¿Dónde están? ¿Los hubo? ¿No los hubo? ¿Los hay? ¿Puede haberlos? Con que nos digan la verdad acerca de eso nos enteraremos mucho acerca de quién nos ha gobernado y nos gobierna y, sobre todo, acerca de Chávez mismo, de qué podemos esperar de él, de sus detractores y de sus apólogos.

16 de julio de 2009

El sombrero

Lo de Manuel Zelaya era una cuestión de principios que se está convirtiendo en un asunto engorroso de personalidad excesivamente autovalorada.
Vaya: no estuvo nada bien que lo sacaran de la cama, lo pusieran en un avión a Costa Rica y que debiera dar su primera conferencia de prensa en el exilio en traje de dormir. Eso lo puede entender incluso la gente que lo sacó del lecho nupcial y de Honduras. Que pidiera y obtuviera de inmediato la solidaridad de la OEA era más bien obvio: el tema de las barbas en remojo siempre está sobre el tapete si los militares, cuando uno despierta, todavía están allí.
Pero ese sombrero, Dios mío... No el sombrero en sí, sino el modo de usarlo, como si se tratara de una corona o de una parte fundamental de su investidura.
Empezó con la foto que se tomó con el presidente Arias de Costa Rica: Arias muy en su papel, con toda la paciencia y comprensión que puede dar un premio Nobel, y Zelaya con el asunto ese puesto en la cabeza, como si las más elementales normas de buena educación, ya no se diga las del protocolo, no dijeran que debía quitárselo y ponerlo por allí, lejos de las cámaras.
Luego, la compulsividad en los viajes, gracias a lo que se ha llamado Chávez Airlines: de un país viaja a otro, regresa al primero, salta a un tercero y a un cuarto, vuelve al segundo... Me imagino que ya debe tener un tanto harta a la gente de más de un gobierno, la misma que de seguro sigue dándole apoyo porque, en serio, el presidente es él, los otros son golpistas espurios, etcétera, y Micheletti que diga lo que quiera de la institucionalidad y la Constitución y otras entelequias. (No lo son: en eso las han convertido en los últimos días.)
Lo peor es que no se trata de irles a unos o al otro, sino de que todo suena tanto a una farsa tan mal construida, tan para el público de galería de un cine tan barato...
Vaya: que se inventen una carta de renuncia está bien, pero que lancen una orden de captura internacional acusando a Zelaya de traición a la patria es simplemente ridículo. ¿Qué diablos va a hacer Interpol con eso, sino decir que no se va a meter en asuntos políticos, que por algo es una corporación policial? ¿Cómo se mide técnicamente la traición a la patria? Luego, el gobierno de Micheletti asegura que hay una orden de captura contra Zelaya y, cuando éste trata de aterrizar en el aeropuerto de Tegucigalpa, los militares bloquean la pista y se ponen a flanquear el avión con aparatos de combate, en el plan de “Vamos a derribarlo, ¿eh?” ¿No era más fácil dejar que aterrizara y agarrar a Zelaya por traidor a la patria, y asunto arreglado? ¿Qué podían hacer al respecto los presidentes y funcionarios internacionales que se encontraban en El Salvador esperando que pasara lo que pasara? Claro que había una multitud alrededor del aeropuerto de Toncontín, esperando a Zelaya para... bueno... para ponerlo en el lugar que le corresponde, o sea la presidencia, si es que las multitudes sirven para algo así. Pero el ejército ya había dicho: la solución era matar gente que apoyara a Zelaya o echar a éste del país, como si no se pudiera hacer otra cosa en un universo tan complejo. Y mientras Zelaya era ahuyentado con matamoscas voladores, el ejército disparó y mató a un adolescente. Y después lo desmintió, claro, a pesar de que hubo un montón de periodistas extranjeros que lo atestiguaron.
Mientras, Arias logró que se instalara una mesa de negociación entre Zelaya y el gobierno de Micheletti. En ese momento, desde luego, las posiciones de ambos pierden fuerza, pero más aún la de Zelaya: está reconociendo que existe un contrincante al cual debe combatir. Está reconociendo como interlocutores a los que lo corrieron en pijama. ¡Y lo que hace es dar un ultimátum y llamar a la insurrección...! En ese momento, claro, todos los que lo apoyaban tan decididamente y estaban dispuestos a jugarse el pellejo con él simplemente lo llamaron a la moderación: ya hay abiertas instancias de diálogo, hay que hacerlas efectivas, esto puede llevar tiempo y hasta ser irreversible. Como cereza del pastel, Micheletti se declara dispuesto a renunciar si con eso logra la tranquilidad en Honduras, pero que quede claro: Zelaya no regresa como presidente. Si quieren lo amnistían por delitos que evidentemente no ha cometido, pero de que no lo reinstalan, no lo reinstalan.
No sé cuál sea el etcétera de esta historia. No sé sobre qué país esté volando o en qué cama esté durmiendo Zelaya. Sólo puedo pensar en su sombrero y en su aire de cacique destronado que busca que alguien le dé posada mañana, pasado mañana, quién sabe durante cuánto tiempo.
Y, sí, creo que él es el presidente constitucional de Honduras, y que debe ponérsele de nuevo en su lugar; que lo de la “cuarta urna” fue un error político, pero no un delito; que lo que tenga de o con Chávez que con su pan se lo coma junto con los que lo eligieron y lo apoyan; que si se quería reelegir sólo lo sabe él, porque lo que dicen sus detractores no se basa más que en la especulación: ¿quién sabe qué iba a hacer una constituyente que ni siquiera alcanzó a plantearse?
Lo que no soporto es el sombrero y el modo en que le ha dado por levantar la mano ante las cámaras, como Jescucristo desterrado. Y por eso, niños, es que no hay que meterse en pleitos que no son de uno, es decir respetar la autodeterminación y esas cosas: no se sabe en medio de qué ridículos se puede meter uno, y después cómo salir bien parado.
Y el oso de osos: cuando no lo dejaron aterrizar en Honduras y llegó a El Salvador, agradeció a los presidentes que lo acompañaban, al secretario general de la OEA y al presidente de la Asamblea General de la ONU... y se le olvidó mencionar ni más ni menos que al presidente anfitrión, Mauricio Funes. Yo no lo volvería a invitar a mi casa, en serio. Y menos si no se quita el sombrero.

18 de mayo de 2009

La inercia opositora

Una de las cosas que me he preguntado desde que era casi un niño (sí, me daba por pensar en esas cosas; difícil no hacerlo en una casa siempre llena de políticos) es qué hubiera pasado si le hubiesen reconocido el triunfo a la Unión Nacional Opositora (UNO) en las elecciones de 1972 y 1977. De un partido que se llamara así, puesto en la presidencia de la república, quizá no pudiera esperarse un buen desempeño, o al menos un desempeño dirigido a la administración ya no del poder, sino del simple gobierno. Vaya: la UNO, por su propia definición, era una coalición destinada a perder (con lo cual no avalo los fraudes que se le cometieron; hablo de una actitud), y en el mejor de los casos a llevar un gobierno subordinado a... no sé... a los que de verdad detentaban el poder, desde los militares hasta la oligarquía.
Curioso, por la propia integración de la UNO. En primer lugar, el Partido Demócrata Cristiano, que en varios lugares del mundo occidental (sea eso lo que fuere) ya manejaba gobiernos con luz propia, y a veces prestada (como en la extraña alianza con los socialistas en Italia, donde la mayoría era comunista; desde finales de los sesenta hasta la fecha no se ha logrado resolver bien esa contradicción política). Luego, los socialdemócratas (Movimiento Nacional Revolucionario), que también manejaban gobiernos y parlamentos en Europa, o constituían no sólo una oposición activa, sino también con el poder --es decir el apoyo popular-- y la capacidad para mantener gobiernos, como en Alemania o Suecia. En tercer lugar, el Partido Comunista, a través de la Unión Democrática Nacionalista (UDN). Los comunistas, excepto en Cuba, no había tenido mucha suerte en América Latina; en Europa constituían una fuerza poderosa también, y una oposición tanto o más activa --y lista para llegar al poder-- que los socialdemócratas, y ni qué decir del control que ejercían tras eso que se llamó "cortina de hierro", más sus versiones asiáticas y africanas.
Obviamente la UNO estaba controlada por el PDC, que era el partido más poderoso de la coalición, pero no resultaría descabellado pensar en qué hubieran hecho tres ideologías tan dispares compartiendo el gobierno --ya no el poder, insisto--, tratando cada una de establecer su línea como dominante y, encima, con el sambenito de "opositora" en el nombre de la agrupación que les hubiese puesto allí. Un arroz con mango, diría un cubano. (Para los que hicieron los fraudes de 1972 y 1977 el asunto era más simple: los tres partidos eran "comunistas" y al diablo las sutilezas; no los iban a dejar ganar ni juntos ni revueltos ni por separado, y que se conformaran con algunas curules en la Asamblea Legislativa.)
Ahora el FMLN parece no darse cuenta aún de que es el partido en el poder, y que Mauricio Funes es su presidente, así se trate de una alianza, que en todo caso es mucho más coherente que la de la UNO. La actitud del FMLN en la Asamblea y ante el propio Funes es la de un partido opositor, no la del partido en el poder. Quizá sería hora de que fueran acomodando su mentalidad a eso, sin llegar al extremo opuesto (algo que Funes, desde el principio de la campaña, ha luchado por neutralizar), es decir al triunfalismo y a la repartición de botines. Quizá pasen años antes de que la cúpula del FMLN logre una actitud equilibrada con respecto al gobierno y el poder, pero ya se dio el primer paso: están allí. Ahora hay que ver el modo en que van a estar.
Por ésas y otras ideas escribí un artículo que se publica hoy en El faro, y que puede hallarse en este link. También lo transcribo a continuación, para llevar registro:


Funes vs. la inercia opositora

La ocupación, durante unos minutos, del Salón Azul, el pasado 1 de mayo, puede ser sólo un hecho aislado, como los ha habido otros. Si no lo es, quizá pueda considerarse como un buen paso en el confuso camino hacia una democracia que apenas fue esbozada en los Acuerdos de Paz, y que se ha “negociado” en la práctica y los discursos durante más de diecisiete años.
Para muchos de quienes opinaron –en público o privado, da igual– acerca del hecho, no pasó de ser un pequeño acto de vandalismo con un tema interesante, aunque sin consecuencias: la denuncia de Ciro Cruz Zepeda como presidente de la Asamblea Legislativa. El vandalismo tuvo que ver, en resumen, con que los manifestantes se llevaron las botellas de agua “reservadas” a los legisladores.
Espontánea o no, la manifestación puso en claro varias cosas al mismo tiempo. En primer lugar, lo obvio: cualquier grupo perteneciente a la sociedad civil tiene el derecho inalienable de hacer valer su voz a través de sus representantes –es decir los diputados–, y para ello cuenta con otras herramientas más allá del voto cada tres años, como lo es acudir directamente ante los legisladores y exigir lo exigible y necesario.
En segundo lugar está, precisamente, lo exigible y necesario: la voluntad popular –si eso es lo que reflejan las urnas– no ha sido respetada con la elección de personeros del Partido de Conciliación Nacional como directivos del órgano legislativo. La mayoría de los diputados pertenece al FMLN; la segunda fuerza es Arena y, muy por debajo, está el PCN. El hecho de que Cruz Zepeda presida el órgano de poder más importante del país es simplemente una aberración, si no por una cuestión de ética política, por un asunto de números. Quizá, si durante cada plenaria hubiese una manifestación como la de primero de mayo, y si los temas de denuncia se multiplicaran, los diputados comenzarían a pensar que no es a su partido al que deben su sueldo y sus prebendas, sino al pueblo raso, al que tendrían allí como un activo recordatorio de quiénes son, o quiénes deberían ser. No faltaría el que propusiera un piquete policial para conservar el orden, pero la policía, en serio, está para otras cosas, y lo descubrirían el día en que se vieran ante la “necesidad” de reprimir.
En tercer lugar, aunque los manifestantes se declaraban cercanos al FMLN, la demostración fue también en contra del FMLN, por tolerar que una simple mayoría de votos –y una eventual negociación de la que habría que conocer los términos– le quite el control de los máximos órganos de la Asamblea. No es un asunto de que la derecha tenga una mayor cantidad de votos y que se acepte pasivamente: se trata de que el FMLN puede tener una base de apoyo social mucho más amplia y activa que los demás partidos, y que puede hacerla valer para lograr objetivos que se suponen superiores. El lugar de los legisladores del FMLN no era al lado de los diputados a los que despojaron de sus botellitas de agua, sino de los manifestantes. El consenso, por otra parte, es mucho más que el resultado de las negociaciones entre los partidos: tiene que ver con el respaldo social que cada partido tenga, y que lo haga efectivo.
En el juego de la “democracia burguesa” (puede llamársela de otro modo; el término es lo de menos), el FMLN se ha desarticulado en varias “instancias” que se muestran contradictorias entre sí, aunque no deberían serlo.
En primer lugar está la cúpula, que en general ha ocupado y controlado la fracción de izquierda de la Asamblea Legislativa. No es obviamente un órgano homogéneo, pero se presenta como tal, y se dedica a “hacer política”, es decir al establecimiento y mantenimiento de líneas políticas e ideológicas, a la negociación con “los otros” y al aparente control del aparato partidario.
El control es aparente porque la segunda instancia es la que podría llamarse “operativa”, y en general se concentra en las alcaldías. Aunque hay una organicidad entre la cúpula y los “operativos”, ésta tiende a ser débil, y hay las deserciones, purgas y disidencias suficientes para demostrarlo. Los alcaldes y sus concejos son quienes tienen el contacto directo con la población y sus problemas, y hay asuntos prácticos para los cuales la pureza de principios que busca la cúpula no tienen validez: rellenar baches, recoger la basura, gobernar para cada uno más allá de su ideología, es una escuela que no tiene que ver con “la política”, y sin embargo es la política en su sentido más amplio y puro.
Y es en las alcaldías, precisamente, donde se producen los fenómenos de organización de base en los cuales el FMLN, como todo, podría basarse, desde las asociaciones deportivas hasta los comités vecinales, el trabajo en algunas casas comunales y hasta casas de la cultura en las que Concultura sólo ejerce un control nominal –por ejemplo la de Ciudad Delgado–, etcétera. De allí salió, seguramente, el contingente que ocupó la Asamblea, y que tan poco eco encontró de los diputados efemelenistas. Hay otros grupos sociales de base –parroquias, círculos de estudio– que giran alrededor del FMLN, pero a los que sólo eventualmente, como en el caso de unas elecciones, se trata de llegar.
Ahora entra un cuarto factor que, dadas las circunstancias, no es menos importante que los anteriores: el nuevo presidente, Mauricio Funes, relativamente ajeno a la estructura partidaria pero a la vez un punto en el que confluyen todas las instancias que conforman el FMLN.
En los últimos días la cúpula, como siempre, piensa en su carácter de cúpula. Están manejando los nombres de ministros y funcionarios de alto rango que desean imponer a Funes, y hasta vetan a posibles elegidos. Parece, por el modo como lo presentan los medios –y quizá los medios no se alejen mucho de la realidad– que se habla más de la repartición de un botín que de la estructuración de un gobierno coherente. (Ése sería el tema de otra nota.)
Y el poder de Funes y del FMLN, como organización tradicional de la izquierda, no se encuentra en la cúpula, sino en la base, en especial cuando están ante el hecho simple y llano de manejar el aparato de estado a través de su primer gobierno. Y es porque el FMLN piensa con la inercia de la agrupación opositora que le toca ser hasta el 1 de junio: obtener lo posible, atacar lo atacable, negociar lo que se pueda, obtener cuotas de poder gota a gota. Piensa en función de manejar “algo” del gobierno, no de detentar el poder, que no son lo mismo y sólo a veces coinciden.
Ante las desventajas en la Asamblea Legislativa, aunque tenga una mayoría nominal, el FMLN puede tratar de integrar –si es su voluntad, claro– el aparato partidario de manera que cada una de sus partes haga lo que debe hacer, de manera coherente y sincronizada. Ello potenciaría el trabajo de Funes en la presidencia del país, y pondría en la mira los temas más urgentes en materia económica y social.
En el peor de los casos, las bases del FMLN podrían ser un sustento y un motor para el gobierno de Funes, por encima de las ligas partidarias, si sabe manejarlo con acierto; su triunfo no se debe sólo al “voto duro” de la izquierda –ganado, grosso modo, en las agrupaciones de base que a veces la cúpula olvida–, sino al trabajo de su equipo y a su ascendente personal, que seguramente tratará de no perder. Incluso un acercamiento con esas agrupaciones civiles de base podrían servir como contrapeso ante la resistencia que en la cúpula del FMLN no se ha dejado de mostrar desde el día mismo en que se le anunció como candidato presidencial.
La toma, durante unos minutos, del Salón Azul da para pensar eso y mucho más. Y también el hecho de que quienes se llevaron las botellitas de agua pagaron por ellas; es algo que nunca debe olvidarse.

22 de abril de 2009

Quién puede casarse con quién

El PDC y la iglesia católica han enloquecido en los días que le quedan a la Asamblea Legislativa y pugnan para que se apruebe una reforma constitucional que impida de plano los matrimonios entre personas del mismo sexo. (Es decir: que las dos personas tengan cada una su sexo, pero que sea igual al de su pareja. Qué complicado es a veces el idioma.) El tema puede parecer de extrema importancia si se lo ve desde el punto de vista de los involucrados --los que se quieren casar y los que no quieren que se casen-- o banal --si se ve desde los temas "urgentes", como las reformas referidas al funcionamiento de la Corte de Cuentas y qué sé yo--, pero el enfoque que se le está dando me parece errado.
Como buen anarquista, creo que los curas no deberían tener vela en ese entierro, y de hecho en ningún entierro, incluido el suyo mismo. Una sociedad de hombres solos, y supuestamente célibes, debería opinar sobre otras cosas, y no sobre la vida marital de la gente: ¿qué saben ellos de eso? Y los que saben, lo saben de manera que va contra sus propias reglas y/o contra las normas legales; desde los que tienen "ahijadas" o "sobrinas" en los pueblos donde son párrocos hasta los acusados formalmente de paidofilia y/o pederastia o escogen los hábitos para huir de la sexualidad o para ejercerla... uh... a contracorriente, o vaya a saber por qué se hacen curas los curas. Igual habrá los que crean en eso, pero me da la impresión de que de sexo, relaciones de pareja, matrimonio y otros intríngulis sólo conocen de oídas, y lo que oyen en el confesionario no es necesariamente lo más importante, aunque sí lo más espectacular. Si se erigen en protectores del celibato, la virginidad, el no uso de condones, el comportamiento sexual de los demás, las preferencias de cada quién, el porqué de todo eso, que no pongan a Jesucristo como escudo, que para mí el hombre algo tenía con Magdalena. Que citen no sólo sus fuentes documentales, sino también su experiencia al respecto, sus cartas credenciales y, si es posible, algunas fotos; yo a un tipo que no ha tenido novia, amante o esposa no le creo, literalmente, ni el Ave María cuando se pone a pontificar sin bases acerca de lo que yo sí conozco.
En segundo lugar, y lo más grave, es que el Estado --lo pondré en mayúsculas por jugar un rato-- salvadoreño tome con especial consideración los dislates eclesiásticos, y en especial los de un partido político que simplemente no debería estar allí, sin contar los del dirigente de ese partido, que bien podría --él sí-- dedicarse a cosas más serias. Y lo mismo: si Rodolfo Parker no sabe lo que es vivir con una pareja homosexual, que se calle; si lo sabe, así sea de oídas, y no le gusta, igual: no se puede ser juez y parte en asuntos tan serios.
En tercer lugar, y allí viene la torpeza, la miopía y la estupidez de la clase política, es que se está tomando a los homosexuales como gente que está al margen de la sociedad por su orientación sexual. Y los homosexuales, según la ley, son tan ciudadanos como los arquitectos, los dirigentes de partidos políticos, los mareros mayores de edad, los conductores de camiones de volteo, las mujeres de entre 27 y 28 años, los oncólogos y los chilenos y javaneses nacionalizados salvadoreños, por sólo citar a algunos. El hecho de vivir con quien sea, y que esa unión sea reconocida por la sociedad --es decir: por el conjunto de todos nosotros, que se supone somos quienes ordenamos qué se hace con la ley--, es o debería ser un derecho ciudadano. Y va más lejos: es, o debería ser, un derecho humano a secas.
Entre otros, se parte del supuesto de que la reproducción de la especie es una parte importante de un matrimonio, y por eso es una aberración que dos hombres o dos mujeres se casen entre sí. En tal caso, hay millones de europeos que deberían ser denunciados y estigmatizados por la iglesia católica, porque por allá a muchísimas parejas simplemente no se les pega la gana tener hijos, y allí tienen su crecimiento poblacional negativo, o casi, para demostrarlo. Luego, se basan en palabras descontextualizadas de Jesucristo, y el hombre vivió hace como dos mil años, en un contexto y una religión harto diferentes. Ya que se actualicen, ¿no? Por eso cada vez se les va más gente para el lado de las iglesias protestantes, de todo tamaño y sabor.
Hay una idea que tengo desde hace años, y es que los homosexuales pueden "casarse" --por la ley civil, claro; no hay otra-- muy fácilmente, pero varios amigos abogados, después del desconcierto inicial, me dicen que no es tan fácil, aunque no me terminan de explicar bien por qué.
El matrimonio es, al final de cuentas un contrato entre dos personas, que afecta a sus eventuales descendientes. Quitemos por ahora a estos últimos de por medio y supongamos que dos hombres o dos mujeres deciden ir con un notario y firmar un contrato entre dos partes, tan simple como la compra de una casa o la conformación de una sociedad. Las cláusulas del contrato serán artículos que vienen en el código civil: fulano y fulano --o fulana y fulana-- se comprometen a... Será aburrido hacer un contrato con tantas páginas, pero no es descabellado si se lo toman en serio. Es más: hasta podría hacerse un machote --perdón por la palabra-- y repartirlo gratis por internet, o los mismos notarios podrían tenerlos listos en su escritorio y cobrar una barbaridad por proporcionarlos.
Es fácil: el código civil contiene una serie de artículos que regulan un objeto llamado "matrimonio". Al firmar un acta de matrimonio, tácitamente se aceptan tales artículos sin necesidad de hacerlos explícitos en el acta. Si yo y mi pareja no queremos casarnos, el código civil también incluye estipulaciones acerca de las parejas de facto, y en especial de su descendencia, y allí es donde la ley no prevé la existencia de parejas homosexuales y no protege explícitamente a nadie.
En el contrato que propongo, las partes hacen explícitas las normas establecidas en el código civil, y eso incluye la repartición de bienes, de lo que ocurrirá si la "sociedad" se disuelve, si uno de ellos --o ellas-- muere, etcétera. En términos prácticos será un contrato matrimonial, pero tiene un problema serio: no existe el reconocimiento de las partes como ciudadanos --o ciudadanas, pues-- con derecho de hacer de su vida un cucurucho, siempre y cuando no violenten los derechos y obligaciones de nadie más, o los suyos mismos.
¿Es posible un matrimonio entre homosexuales en El Salvador? Según yo, sí, y si yo fuera homosexual, quizá lo intentaría, y seguro que se armaba un buen desmadre cuando la prensa se enterara. Pero el asunto es más profundo: es reconocer el carácter humano pleno de una minoría. Y allí que me perdonen Parker y el señor arzobispo: la negación de ese carácter humano es lo que está en juego, y el juego no se diferencia mucho de las leyes "especiales" contra judíos, chinos, negros o salvadoreños que pudieran existir --y han existido, y algunas existen-- en más de un país y en más de una época.
En mi colmena, eso se parece bastante al fascismo. Y que las costumbres --buenas o malas--, la moral, las tradiciones y la mamá de todas ellas hagan y digan lo que quieran, pero allí es donde el FMLN puede demostrar de qué está hecho y para qué sirve en la asamblea legislativa y en el universo.

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Nota bene 1: Se notará que no cité a los curas cuando hablé de quiénes eran ciudadanos. salvadoreños Y es que estoy de acuerdo con Benito Juárez: los curas responden a un gobierno extranjero, a un Estado --otra vez la mayúscula-- con otros valores --en este caso religiosos, y aquí vivimos en una sociedad laica-- y a una potencia evidentemente imperialista y expansionista. Me produce el mismo rechazo oír al arzobispo opinar sobre asuntos locales que el que me produce oír al embajador gringo cuando se pone a meterse en lo que no le importa. De nada.
Nota bene 2: Estoy oyendo a Cat Stevens después de algunos años: Tea for the Tillerman, Buddha and the Chocolate Box y Teaser and the Firecat. Me gusta igual que cuando tenía 13 o 14 años, lo que es la vida, pero en medio hay un montón de lustros de recuerdos y experiencias acumulados. Como me sé las canciones de memoria, ya no pasan por el oído: llegan directo a la glándula de las emociones y, sí, me emocionan. Nada que ver con lo anterior, excepto porque Cat Stevens habla de la esperanza de un mundo mejor. Y, en serio, sin partidos políticos --y con sociedad civil-- y sin iglesias --y con sociedad civil-- el mundo sería un poco mejor.

19 de abril de 2009

Entrevista con Rodrigo Rey Rosa

Ésta entrevista con el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa sí se publicó en Vértice, en algún momento de 2000. O de 2001. O por allí; ya quedó demostrado, en los comentarios de la entrevista anterior, que para las fechas de mis publicaciones no tengo mucha memoria.


Algo que todavía está sobre el tapete para muchos críticos y escritores centroamericanos es la casi obligatoriedad de que la literatura sea “socialmente comprometida”.
Creo que en el pasado reciente era lógico y hasta conveniente “comprometerse socialmente”, sobre todo pensando en la supervivencia de los escritores de ficción. Tenía que ver en parte con el instinto de sobrevivencia, en parte con el interés o el parasitismo.
El otro día oí algo que se aplica a Centroamérica: todavía no se sabe lo que los escritores de la Guerra Civil hicieron por España, pero es seguro que España hizo mucho por esos escritores. En Centroamérica ocurrió algo parecido: hay escritores que no tendrían el sentido que tienen sin el conflicto político, y mucha literatura no puede sobrevivir sin él.

¿El compromiso social no da validez estética?
Yo diría que no. A algunos, no, aunque otros han hecho obra muy válida. Creo que sólo el contacto que tiene un escritor, cualquier artista, con su realidad hace inevitable que se “comprometa” estéticamente, que tome partido. Lo que pasa es que, generalmente, “comprometido” quiere decir “de izquierda”, y eso limita la perspectiva. Es una de las fatalidades de haber nacido en estos momentos en Centroamérica.

¿Podría haber escritores “comprometidos” de derecha?
Tendrían un compromiso de otra naturaleza, pero sin duda.

Y sería tan válida su literatura como la “comprometida” de izquierda.
Hay casos como el de Julian Graff, un escritor de derecha del que no se puede discutir la calidad literaria. O Borges. Yo diría que él no estaba “comprometido”, aunque sí sentía simpatía por Estados Unidos e Israel, digamos. Pero de Pinochet se burló cuando le dio la medalla; conociendo el humor de Borges, no tomaría sus declaraciones como favorables a Pinochet, sino como irónicas. Borges no era tonto.

Entonces te parece igualmente válido o inválido el hecho de ser de izquierda o derecha a la hora de escribir.
No. Creo que la izquierda es más lúcida históricamente. Pero Ferdinand Cèline, que era de extrema derecha, o Knut Hamsun, tenían sus agendas políticas, y no les impidió hacer buena literatura.

Hablabas de lo que a veces se llama “literatura con adjetivos”: testimonial, comprometida...
Y femenina, sí. Creo que es el resultado de un afán de clasificación académico o comercial, pero sin duda extraliterario.

¿Y el testimonio como literatura?
El arte es testimonial, da testimonio de la vida del hombre. Sólo en ese nivel creo en el testimonio como literatura.

¿Qué pensarías de la literatura directamente testimonial?
Digamos que la Biblia es un texto directamente testimonial.
La narrativa da para eso. Pero toda la literatura habla del punto de vista del que narra. Hablar de lo testimonial es generalmente hablar de una tragedia reciente, contada por una víctima a un investigador. Yo diría que todo el arte es un testimonio, pero no un testimonio político, no el testimonio de víctimas de un sector o de un estado.

Hay quien te clasifica dentro de lo testimonial.
¿A mí? ¡No!
La literatura para mí es más bien un trabajo de autocrítica, digamos que es lo contrario de lo testimonial.
El testimonio habla de una víctima que se cree víctima, que se considera violentada por un poder. Para mí la literatura es un asunto de autocrítica y de autocensura.

No te consideras entonces un “escritor víctima”.
No. Creo que casi todos los escritores de testimonio de Centroamérica son víctimas. Narran experiencias de las que han sido víctimas, o hablan de otras víctimas.

¿Considerarías una obra literaria, en términos estéticos, el libro de Elizabeth Burgos sobre Rigoberta Menchú?
Yo creo que sí. Es una obra oral, transcrita a un libro, de una manera que quiere ser estéticamente válida. Está bastante cuidado. Sí, tiene las características de una narración literaria. No con grandes pretensiones literarias, pero no lo consideraría lejano al ámbito de la literatura, aunque esté presentado como la transcripción de una narración oral.
Allí el trabajo literario sería de Burgos, diría yo. Desde luego que Menchú es la narradora, pero no lo escribió ella ni pretende haberlo escrito.

Thierry Davo, un académico francés que estudiando la literatura salvadoreña y centroamericana de gente de alrededor de cuarenta años, habla de una “generación impasible”, de una generación que no es generación (escritores dispersos y con poca conexión). Dice que la literatura centroamericana, que antes tenía que ver con los grandes movimientos sociales, se está lanzando a lo individual, a la cosa íntima, más enfocada a la vida misma. Es una obra con mucha violencia, los personajes y los mismos escritores son impasibles ante la muerte, la mutilación y el dolor. ¿Qué piensas al respecto?
Me parece que ese paso hacia una literatura individualista es un progreso. No que sea peor o mejor, sino una reacción, después de haber producido tanta literatura social. Es una evolución natural que se llegue a individualizar. Para la novela es una circunstancia afortunada.

¿Hubo un desencanto hacia los movimientos sociales?
Un cansancio, de seguro. La mayor parte de la producción de literatura centroamericana de los últimos veinte años es de corte “social”, con una preocupación por la lucha de clases, desde el punto de vista marxista. Una resaca de eso, ¿a dónde más puede llevar? No a una literatura intimista, sino individualista. Ya no hay movimientos sociales que justifiquen otro enfoque.

¿Y tu producción en particular?
Más bien he llevado un movimiento contrario. Nunca estuve asociado a ningún grupo revolucionario, y mi obra de juventud es casi autista, más bien onírica, y ha ido moviéndose hacia una visión más social. De escribir sueños he pasado a escribir “entrevistas”. Hay cuentos míos que tienen forma de entrevistas con personajes ficticios. “El cojo bueno” ya se lee como la denuncia de una lacra social. Yo no lo veo así, pero es un tema con el que se puede identificar más gente, que habla de una realidad “objetiva”, así entre comillas.
En la literatura centroamericana existe un progreso. No en el sentido de avance, sino de movimiento, de evolución.

Hablabas en una plática de que tu amistad con Paul Bowles te había obligado a dejar de dudar y a estar seguro de lo que hacías. ¿A qué te referías?
A los veinte años ya no podía cuestionarme si quería escribir o no, publicar o no. Para mí partió el terreno muy claramente y me dio un empujón. Había días que pensaba: “Qué jodida la que me dio este viejo. Me hizo creerme que era escritor.” Pero a medida que iba pasando el tiempo me di cuenta del gran favor que me había hecho.

Los que se quedaron en nuestros países durante las guerras están abstraídos en las literaturas nacionales. Los escritores que han salido están más bien en una frecuencia más universal, que aquí no se acepta fácilmente.
Lo mismo pasa en Guatemala, y en todo el mundo. En Francia hay un tipo de literatura que todavía es costumbrista, una especie de nacionalismo literario bastante ridículo.

¿Ridículo?
No abre vías. Me parece ridículo porque la literatura es la comunicación a través de las fronteras. Y si no está hecha con ironía y contra el nacionalismo, me parece estéticamente condenada al fracaso. Con “ironía” quiero decir “humor”, y eso ya significa una autocrítica, que el nacionalismo no tiene. Un ejemplo: la literatura costumbrista guatemalteca de hoy es ilegible, y es inmejorable por lo mala.

Dices que te ha leído más gente en El Salvador que en Guatemala.
Lo veo por el tipo de preguntas que me hace el público, los periodistas. Como que por lo menos han leído algo. En Guatemala he tenido esa experiencia una o dos veces. Todavía llegan a preguntarme cosas como “¿Cuándo comenzó a escribir?” No he hecho una encuesta; tengo la sensación de que aquí en El Salvador se lee más, y que me han leído más.

¿Cómo se te considera literariamente en Guatemala?
El otro día me contaron que Méndez Díaz, en una conferencia, dijo que lo que hago no es guatemalteco; aprendí a escribir en talleres en Estados Unidos, y por eso no soy escritor guatemalteco. La verdad es que no me importa, pero creo que es más o menos la percepción. No sé qué seré. Escritor marroquí, tal vez. No tengo más que la circunstancia de escribir sobre Guatemala, de escribir en Guatemala y de haber crecido en Guatemala. No tengo afinidad con ningún escritor guatemalteco, excepto con Alfredo Valdés Molina, que nadie lee, pero no tiene el sello maya y no es devoto de Asturias.

Eres uno de los escritores guatemaltecos que han logrado más relevancia internacional. ¿No será por eso que tratan de minimizarte?
No sé, la verdad. No creo que sea tan envidiable haber publicado afuera como para que te destruyan así.

“El cojo bueno” apareció en Alfaguara, y ahora en la Dirección de Publicaciones e Impresos. ¿Qué implica publicar en una editorial o en otra?
Publicar en España tiene la gran ventaja de que realmente te pagan, pero me da gusto publicar aquí. Siento que amplío las posibilidades de lectores, y me da mucho gusto pensar que aquí me leen, por la cercanía. Tengo la impresión que aquí se leen mis cosas más por lo que son; en España no sé ni cómo se me lee, la verdad.

¿Cuál sería el libro ideal que quisieras escribir alguna vez?
Creo que ya lo escribió Bioy Casares.

31 de marzo de 2009

Valiente la incongruencia

Transcribo la columna de Cristian Villalta publicada el pasado domingo en la revista Séptimo sentido, de LPG. ¡Está buenísima! (Como siempre, pero ésta quiero transcribirla.) La nota puede encontrarse en este link.

¿Y entonces?
Cristian Villalta

Ahora que está de moda eso de las cartas “abiertas” (lo siento, poetiso, pero le salió más cursi que snob), y que el tema de las pláticas mude del Apocalipsis a las chicharritas; es decir, en estos confusos momentos en que todos excepto Ciro Cruz Zepeda niegan ser lo que son, me permito algunas preguntas retóricas al que, por accidente o malas señales, ha venido a parar a esta columna.
Primera pregunta... Compadre, ¿usted cree a los aplaudidores que pululan en las páginas editoriales? ¿Es auténtica su salutación a los ganadores de la elección, o simplemente pretenden retirarse elegantemente de la mesa luego de apostar sus fichas sin reparo? No sé si ustedes consideren valiente la incongruencia, pero ¿no será todo lo contrario?
Segunda... ¿Con qué se come eso de la izquierda light de la que hablan algunos analistas? En El Salvador, a duras penas existe la izquierda, y está en proceso de gestación justo ahorita, luego de la atávica descalificación que esa corriente del pensamiento político sufrió durante décadas. ¿Usar ese término no es tan absurdo como que hablemos de una derecha light, de un PCN sin filtro, de un PDC mentolado?
Tercera... Si cuatro de cada 10 salvadoreños no fueron a votar, ¿no será porque no se sienten representados por ninguno de los partidos? ¿Es erróneo considerar que los que no votaron son más mayoría que ganadores (y obviamente perdedores) y que si no participan es porque se han sentido excluidos sistemáticamente exceptuando el día en que les dan un plumón y les manchan el dedo?
Cuarta... Si los nuevos administradores del Estado reparan el histórico yerro de la Ley de Amnistía y persiguen los delitos de lesa humanidad cometidos durante la guerra, ¿los ciudadanos que estamos interesados en que esos criminales –insurgentes, paramilitares, castrenses y civiles– sean enjuiciados nos veremos acompañados por esos “perseguidores de la verdad” tan populares en las últimas semanas? ¿Convendría comenzar con el de Monseñor Romero?
Quinta... ¿A usted le quedaron dudas de si hubo extranjeros votando en nuestras elecciones? ¿Las autoridades lo han satisfecho con sus explicaciones?
Sexta... ¿No le interesaría más la formación de nuevos movimientos ciudadanos, del color que se le antojen, que la “renovación” de una vieja marca? ¿Ex presidentes hablando de cambio no es como Lucía Méndez anunciando C de Ponds?
Séptima... ¿Cuál de estas opciones prefería posible a mediano plazo: a) un partido de centro-derecha que no sea ARENA; b) un partido de izquierda que no sea el Frente; c) un presidente sin partido; e) un partido sin ex presidentes?
Y octava... ¿Realmente Will Salgado creerá que esta le va a salir de choto?

30 de marzo de 2009

30 de marzo de 1980

Para los arzobispos y el nuncio apostólico resultaba intolerable la línea de denuncia social de Romero, por el énfasis que se ponía contra los cuerpos de seguridad, el ejército, los paramilitares y los escuadrones de la muerte. También había fuertes críticas a los abusos de los grupos de masas y a la guerrilla, pero eran menores en cantidad, porque la cantidad de sus abusos también era menor. En ese momento la línea del Vaticano era la lucha contra “el comunismo”, en la que se encontraba involucrado el papa, que en enero de 1981 hallaría un fuerte apoyo con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca. No era que Romero se saliera de la ortodoxia del Concilio Vaticano II, de la CELAM de Medellín ni –sobre todo– de la más conservadora de Puebla; era que contradecía una posición política que no tenía un fundamento teológico vigente.
Por otra parte, estaba convirtiéndose en una figura internacional de peso. Semanas antes de su asesinato recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Lovaina, recibió el apoyo del cardenal francés y el Premio de la Paz del Consejo de Iglesias de Suecia. Desde el año anterior era candidato al premio Nobel de la Paz, que –coincidencia o no– ganaría una religiosa, la monja Teresa de Calcuta. Donde su trabajo no recibía apoyo era entre la más alta jerarquía católica, que esperaba el menor error –no llegó a cometerlo– para quitarlo de su lugar.
El apoyo más fuerte con el que contaba, además, era el de la Compañía de Jesús, que tuvo al poderoso sacerdote Pedro Arrupe al frente desde 1965 hasta 1983, en esos momentos en malos términos con el Vaticano por el impulso de los jesuitas a la Teología de la Liberación y la rebeldía de la Compañía de Jesús ante la posición extremadamente politizada del Vaticano. La última audiencia de Romero con Juan Pablo II, el 16 de enero de 1980, debió ser más tensa que la primera, por el evidente enfrentamiento de posiciones, aunque en su diario el arzobispo se mostró –como siempre– optimista [...]
La más alta jerarquía católica no había esperado que el sereno obispo de Santiago de María, confesor de señoras de buenas familias, llegara a tanto, tan lejos, ni con tanta persistencia, en la defensa de los principios adoptados de la propia prédica del Vaticano tras su último Concilio. Su nombramiento había sido un error de cálculo político que debía corregirse.
Y se corrigió. [...]
Unos días después del asesinato y el sepelio de Romero, el nuncio Gerada fue llamado a Roma. La Cancillería salvadoreña lo condecoró durante una cena protocolaria. [...]
Tres meses más tarde, Ellacuría registra una conversación con el nuncio en Costa Rica, quien –en todo caso como representante de Juan Pablo II– resumió la posición de la Iglesia Católica hacia el conflicto salvadoreño. Salta a la vista la politización de las observaciones, el abandono de las posiciones “populares” en beneficio de la seguridad en la cúpula, y el pragmatismo –si no la poca sensibilidad– con respecto al asesinato de Romero:
1. La Iglesia no puede apoyar a unos grupos políticos marxistas–leninistas. Tal sería el caso del FDR.
2. La Iglesia no puede politizarse a favor de un lado u otro. Pero la actual solución es democrática y no pone en peligro la libertad de la Iglesia.
3. Dondequiera los comunistas han llegado al poder han arrasado con la libertad y han puesto graves dificultades a la Iglesia y a la fe.
4. Los efectos buenos de la Reforma Agraria no pueden verse pronto, pues en las reformas agrarias hay siempre una baja de productividad al principio.
5. Los sindicatos en Italia causan en las huelgas grandes problemas a la producción. Sólo hablan de derechos y no de deberes.
6. Tras la fechada de l. grupos de [ilegible] están los guerrilleros marxistas–leninistas q. impondrán su dictadura.
7. Hay q. evitar el enfrentamiento sangriento q. sería peor q. la represión actual. Es exagerado hablar de la inviabilidad del actual proyecto y de la inevitabilidad histórica del conflicto.
8. Lo más importante en la Iglesia es la unidad entre los obispos. Esto se ha logrado con la muerte de Mons. Romero, pues los demás obispos reconoces a Mons. [Arturo] Rivera [y Damas].
9. Los jesuitas son responsables de la desunión de la Iglesia aquí y del enfrentamiento d l. religiosos contra la jerarquía. Los jesuitas deben dialogar con los Obispos para cediendo ambos llegar a la unidad, q. es lo más importante.
9. [sic] La Iglesia debe evitar la violencia y no propiciarla nunca.
10. Hay peligro cierto de q. si triunfa la revolución vendrá el Comunismo. Así está pasando en Nicaragua.
Todas las escuelas salvadoreñas, públicas y religiosas, cerraron sus puertas durante tres días, en señal de duelo, al día siguiente de la muerte del arzobispo, y hasta las organizaciones de la derecha que lo habían atacado y acusado de “comunista” publicaron esquelas en los periódicos. [...]
El asesinato del arzobispo Romero [el 24 de marzo de 1980] y la matanza en el día de su funeral [el día 30] llevaban a una conclusión obvia: el poder no se detendría ni siquiera ante lo más sagrado e inviolable para un pueblo tradicionalmente creyente. Un hecho así, aunque su impacto no pueda cuantificarse, es capaz de enfrentar a una alternativa no a la masa, sino a cada uno de los individuos que la conforman: retirarse con horror de cualquier intento de lucha –el resultado que probablemente se buscaba– o lanzarse a fondo a un enfrentamiento total, de nuevo en la lógica del que no tiene nada que perder. (¿Qué más se puede perder cuando lo sagrado deja de ser un límite?) [...]
El objetivo del asesinato [del arzobispo] y de la matanza [durante su sepelio] era obviamente demostrar que no habría límites ni proporciones en la represión, y disuadir a los no militantes de apoyar a la izquierda radical. Lo mismo que hacían los escuadrones de la muerte, pero en gran escala, es decir: tratar de aislar a las fuerzas guerrilleras de sus bases de apoyo. Y, en efecto, cada uno de los integrantes de “la masa” se vio obligado a tomar una decisión: seguir o dejar el asunto por la paz.
Muchos de los cuadros debieron pasar a la clandestinidad e integrarse a los organismos guerrilleros; otros se quedaron en sus lugares para la realización de actividades específicas; los militantes de base, en general, se pusieron a la expectativa, ante la falta de un organismo partidario que los cohesionara. Quizá la deserción de militantes y simpatizantes hubiese sido mucho mayor si no hubiera existido un factor señalado en el capítulo anterior: el terror que se aplicó fue desproporcionado y, así como provocó la insensibilidad de mucha población, a los militantes los puso en la posición de quien no tiene nada que perder.
Los asesinatos de marzo fueron, también, un llamado al enfrentamiento directo, pensado en términos estrictamente militares. La respuesta llegaría con la fallida ofensiva final, pero continuaría en ascenso el aumento de la capacidad de la guerrilla hasta 1983, cuando se dio el viraje político del FMLN tras la muerte de Ana María y Marcial.
El hecho de que la matanza se realizara frente a decenas de delegados extranjeros y a jerarcas religiosos tuvo también su lado interesante, en especial si se toma en cuenta que la mayor parte venía de Estados Unidos, cuyo gobierno estaba jugando a la carta de la Democracia Cristiana, y a Duarte en particular. Obviamente sería la JRG la que cargaría con las consecuencias de la matanza, y sobre todo del asesinato, estuviera o no involucrada institucionalmente, y así ha sido hasta la fecha, con todo y lo señalado en el Informe de la Comisión de la Verdad.
Había varios mensajes implícitos: se trata de un gobierno inviable –fuera por su incapacidad de mantener el orden, fuera por su responsabilidad directa–, la presencia de civiles no garantiza que pueda alcanzarse la paz, los democristianos avalan un gobierno netamente represivo y –para quien creyera que los francotiradores del Palacio Nacional pertenecían a la guerrilla– los guerrilleros deben ser exterminados, en vista de que no respetan ni siquiera lo más sagrado: un arzobispo, el funeral de un arzobispo. Aunque se trataba de mensajes contradictorios, no todos debían llegar al mismo tiempo ni con la misma intensidad, y cada quién tomaría el que más le conviniera.
La acusación contra la guerrilla tuvo su lógica: el marxismo y el leninismo siempre se relacionaron con una posición agnóstica, “atea”, y sólo los “ateos” podían ser capaces de actos tan terribles contra representaciones de lo sagrado. Todos los que se encontraban en ese momento en las instituciones e incluso en organismos alternos, como los escuadrones, se declaraban ante todo creyentes. Pero no era más que el mismo cliché de los jóvenes con pañuelos rojos; la mayor parte de los militantes de la organización más radical, declaradamente marxista–leninista, las FPL, era católica, o provenía de organismos católicos. Lo mismo la RN, el ERP y el PRTC.

De Tiempos de locura. El Salvador 1979–1981.

23 de marzo de 2009

Respuestas estúpidas

Como supondrán, ha habido preguntas estúpidas --junto con los insultos respectivos-- acerca del hecho de que haya ido a votar el día de... bueno... de las elecciones, que es cuando uno va y vota. Desde hacía meses que había dicho que no iría a votar, porque no daría mi voto por Salvador Sánchez Cerén, pero que igual me agarraba la locura y me presentaba a la casilla correspondiente, como ocurrió. Y que prefería no ir porque soy "voto duro" del FMLN, que no iba a votar por ninguno de los otros partidos, y menos aún por Arena. Cosas de uno y del derecho ciudadano.
Al final Krisma me dijo "Tienes que votar", así de simple. Su argumento: pase lo que pase, gane quien gane, hoy se hace historia, y hay que ser parte de esa historia. La llevé entonces a Ciudad Delgado, porque allí está inscrita, y después nos aventamos a Panchimalco a comer raspados o minutas o como quieran llamarles y, de paso, a que yo votara. Hace unos posts puse mi voto junto con el de Valeria, que exigió también ejercer su derecho, y listo. Nos llevó más tiempo comer los raspados que votar.
Mis trolls particulares me han hecho comentarios y preguntas que contestaré por diversión, y bajo el entendido de que cualquiera de ellos puede recibir un simple "porque se me pegó la gana". Pero igual abundaremos un poco. No, no voy a publicar los comentarios originales.
1. ¿Por qué publiqué la foto de mi voto al día siguiente de la elección, cuando ya se sabía que había ganado el FMLN? Sencillo: porque se me pegó la etcétera, y porque lo dejé programado desde el día domingo, igual que programo otros posts, como los que han estado leyendo en estos días, de a uno diario (incluido éste, por cierto, que escribo el viernes por la noche). De hecho, el lunes y martes ni siquiera me acerqué a una computadora conectada a internet, y el miércoles apenas ya tarde, para responder los correos más urgentes y poner más posts, como el de ayer y anteayer y el anterior. ¿Qué estaba haciendo lunes y martes? Eso es algo que mis amigos podrán saber si me lo preguntan; los imbéciles, que piensen lo que quieran. Lo que sé es que no me gusta publicar más de un post al día, salvo casos excepcionales, en especial porque a veces puedo pasarme varios días sin poner ninguno. Así que, cuando salen varios, aprovecho y los distribuyo. Además ya intuía que me iban a salir con que seguro había votado por Arena, y quería que la respuesta se publicara solita, justo cuando no tendría internet. De ese juego salieron los comentarios más rabiosos.
2. Ahora que el FMLN tendrá el poder me correrán de Concultura. Ése es problema del FMLN, no mío. El mío es trabajar. Si no es en Concultura, ya habrá otros lugares. Si me corren del país, como también me han ofrecido, sigue existiendo el mundo. Por de pronto tengo un contrato por un año más, que desde luego pueden romper en el momento en que quieran. Lo que me va a encantar es el motivo oficial de mi despido, que prometo poner por aquí.
3. ¿Por qué cambié de opinión a última hora y voté por Funes? Ésa es una pregunta de verdad estúpida: en lo que cambié de opinión fue en el hecho de votar; mi voto siempre hubiera sido por el FMLN, o sea por Funes, que era su candidato. Jamás se me ocurrió votar por Rodrigo Ávila, con todo y que me cae bien mientras no saque el discurso antocomunista ochentero; lo malo es que es de mecha muy corta en ese aspecto. Zablah me parece un tipo de veras capaz, pero no me gusta su falta de solidez cuando se trata de ver si se va con melón o con sandía, que me perdone el señor. (O sea el señor Zablah.)
4. No, no me pagan nada de la "partida secreta" de la presidencia de la república. Nunca he estado lo suficientemente cerca del poder como para que algo asi suceda, ni me parece que mi adhesión merezca una partida especial dentro de la partida secreta, y menos aún lo aceptaría. Ahora que lleguen Funes y su gente van a saber, si les interesa, quiénes han andado en ésas. Se me ocurren algunos nombres, pero para qué andar incordiando a la gente. Como decía hace ya algunos meses en otro post: la gente más brillante de la... llamémosla izquierda proactiva... ha descubierto que el verdadero enemigo a combatir, el enemigo del pueblo, es un escritor de novelas policiales que maneja un par de talleres en Los Planes de Renderos. Agradezco el poder que me confieren, pero en serio que soy un simple escritor que... vaya... escribe, y que algo sabe de periodismo, después de más de 30 años de ejercer ambos oficios. (También sé traducir. La cuota por cuartilla es según el material. Se puede negociar por volumen. Y cocino muy bien, pero eso lo hago gratis para mi familia y mis amigos.)
5. No he hablado ni en bien ni en mal del gobierno electo, porque francamente no tengo nada que decir mientras no tome posesión y empiece a trabajar. Y lo haré si se me pega la gana; si no, pues no. Es lo que he hecho en mis trabajos periodísticos acerca del gobierno actual, y lo mismo en este blog. Entiendan, niños: hay gente que piensa por sí misma y no necesita que los anden arreando, o juntarse con nadie más, para pensar y decir lo que piensa y dice. Están malacostumbrados a verse en el espejo. Si sirve de algo --y si no, pues igual--, uno de los factores que me decidió a votar fue que se incluyera en el equipo de trabajo del entonces candidato del FMLN (a quien sigo sin conocer en persona) a gente a la que quiero y respeto, como María Isabel Rodríguez, Héctor Dada Hirezi y Héctor Silva. Los "amigos de Mauricio" me parecían... no sé... no muy convincentes; demasiado lejanos a lo que yo pudiera entender como gente en la que confíe de buenas a primeras. A los otros los conozco en persona, sé sus capacidades, y sé que creen en lo que hacen.
6. No, no he difamado a Sánchez Cerén. Todo lo que he dicho está documentado.
7. No, no le pasé ninguna información acerca de Sánchez Cerén a Geovani Galeas con respecto a Mayo Sibrián, por el simple hecho de que yo no la tenía. (Por cierto, Geovani olvidó en su libro, o no quiso decirlo, el nombre verdadero de Mayo Sibrián.) El hombre se aventó un trabajo bastante serio de investigación, y vale la pena leer su libro.
8. A Federico Hernández Aguilar, que me cae muy bien, lo he visto quizá unas seis o siete veces en los últimos cinco años; he cruzado mails de trabajo (informes sobre La Casa, digamos; es mi obligación) y la última vez que hablé por teléfono con él fue hará... no sé... un mes, por cosas más bien personales. Generalmente, cuando no hay cosas oficiales de por medio, hablamos de literatura. En diez años de conocerlo, nunca me ha parecido gente de conspiraciones, y quizá por eso nos llevemos bien, aunque hemos tenido diferencias fuertes y a la postre divertidas. Estoy seguro de que cree en lo que dice, esté o no de acuerdo con él; si no fuera así, hace rato que yo no estaría en Concultura.
8. Me da gusto que haya ganado el FMLN del mismo modo en que me daría gusto si hubiera ganado Arena en las mismas condiciones, es decir en elecciones que me parecieron limpias, pacíficas y bien organizadas. (También tengo meses diciéndolo.) Sé algo: el margen de victoria del FMLN fue muy estrecho, cercano al empate (curioso que las tan atacadas cifras de EDH fueran las más acertadas), y eso debería llevar a ser cautelosos a Funes, al FMLN y, sobre todo, a los imbéciles que se han autoproclamado defensores de... ¿qué? "El pueblo" no votó masivamente por el FMLN: "el pueblo" se expresó de un modo bastante particular, y el gobierno es para todos, no sólo para el 51 y pico por ciento de la gente. (¿Se acuerdan de que Saca ganó por unos 20 puntos de diferencia?)
9. Si tanto les enojo, ¿para qué me leen? Ya dije: detesto la manía de cierta izquierda (¡eso no es izquierda!) de hacerla de policía. Para eso está la PNC. Estoy seguro de que muchos de los que ahora hablan "desde la izquierda" hubieran sido capaces de llamar a los números que tenía la Fuerza Armada para denunciar "comunistas", con el posterior descuartizamiento de los denunciados por los escuadrones, y sentir placer por los resultados. Su lógica es la misma, y háganle como quieran y argumenten lo que puedan. Entre la difamación y una llamadita de ésas sólo hay una cuestión de grado; la lógica es la misma.
10. Hoy ha sido un buen día, parte de una buena semana. Espero que también lo haya sido para todos ustedes. Miren la calle: la gente no se está agarrando a golpes porque ganaron unos y no otros. Quizá hasta sea cierto que haya esperanzas. No lo sé; soy bastante escéptico. Pero a veces es bueno dejarse llevar, para sentirse como cuando uno era niño y las cosas eran nuevas.
Ya me voy. Tengo cosas que hacer. Aunque escribo en viernes, hoy lunes me toca levantarme muy temprano por algo que tengo que hacer mañana martes, de lo que pondré algo quizá mañana mismo, quizá el miércoles. Será un buen modo de pasar mis días de descanso.
(No, no escribo a las 4:43 de la mañana, sino a la medianoche. Es un modo de dramatizar eso de que me tengo que levantar temprano.)

22 de marzo de 2009

Y con ustedes... ¡el OIE!

Con la llegada de Mauricio Funes a la presidencia del país, por primera vez el ahora llamado Organismo de Inteligencia del Estado (OIE) estará a las órdenes directas y al servicio de un presidente de izquierda, que representa a un partido autodefinido como revolucionario y socialista.
El OIE, en efecto, sólo responde al presidente de la república, en este caso a Funes, como lo hizo su antecesor, ANSESAL. La diferencia es que ANSESAL estaba en manos de la Guardia Nacional, y ahora no existe Guardia Nacional, y es de suponerse que el OIE sea un órgano de carácter civil o mayoritariamente civil.
Una pregunta bien obvia se me viene a la cabeza: ¿qué van a hacer Mauricio Funes y sus colaboradores con cierta información del OIE, y con al archivo histórico, que obviamente incluye el de ANSESAL, el que "robó" el mayor Roberto d'Aubuisson para organizar las bases de ARENA, y los escuadrones de la muerte para saber a quién descuartizar y a quién no, entre otras delicadezas? A ese archivo, del que los militares conservaron originales, ni siquiera Duarte tuvo acceso, y habrá que ver hasta qué punto los presidentes que lo siguieron, de Cristiani a Saca. 
Si se trata de un asunto de principios, mucho de esos archivos deberían ser desclasificados y puestos a la orden de la población. Me refiero a los de ANSESAL, claro. Allí debe estar el expediente de muchas personas, vivas o muertas, y, por la minuciosidad y orden que demuestran los militares en sus asuntos, algo habrá que hable de cómo pasaron de estar vivas a estar muertas, o por qué pasaron o no de un estado al otro.
Y habrá sorpresas. Imaginen, digamos, las listas de colaboradores, las relaciones entre --pongamos-- la gente de izquierda con los militares, y viceversa; los métodos de infiltración, lo que quieran. Y qué es lo que dice el expediente de cada uno de los que tuvimos --¿lo tendremos aún?-- un expediente.
En cuanto al OIE, satanizado por la izquierda durante tantos años, ¿se convertirá en algo bueno ahora que lo manejará alguien declarado de izquierda? La experiencia dice que un órgano de inteligencia no tiene moral, no tiene banderas y no tiene madre conocida. Es parte de los aparatos del poder que hacen que, sea quien sea el que gobierne, tiene como único objetivo sostenerlo en el poder. El OIE no será de izquierda, obviamente, ni tendrá una "opción preferencial" por los pobres, investigará sólo a los ricos ni dejará de infiltrarse en todo lo que se pueda infiltrar. Quizá cambie de nombre, pero sólo responderá al presidente, y "en última instancia" (odio esa frase) servirá para el monitoreo y control de la población y la protección de quien se encuentre en el poder. Espionaje, al más puro estilo KGB, pues, con restricciones que la KGB quizá no tuvo.
¿Se acuerdan por allá por 2000, cuando NO había escuchas telefónicas manejadas por y desde Casa Presidencial? Bueno, pues NO las manejaba el OIE y yo era uno de los que NO tenían el teléfono intervenido. Lo descubrí de la manera más simple: tratando de comunicarme a internet por módem. Conectaba y había un punto en que la señal comenzaba a rebotar hacia mi computadora, y así de ida y regreso, hasta que la comunicación se hacía pelotas. Organicé varias pruebas y, sí, la señal no llegaba directamente al servidor de Telecom, sino "filtrada", es decir "sucia", es decir que, como todos negaron que hubiese intervención, tuve que poner lo que en ese entonces se entendía como "banda ancha" (64kbps) con Telefónica, y otro número de teléfono que no sé si habrán intervenido, ni me importa; no hay nada que hable por teléfono que no pueda decirle en persona al agente encargado, a su jefe o a la puta madre de ambos.
Lo que propongo es que, así como existe el Museo de Historia Militar y el de la Revolución, se organice el Museo de ANSESAL, con un archivo en el que cada quién pueda revisar sus expedientes y el de sus familiares muertos. Si hay cosas que son de valor histórico y hay registro de ellas, que se den a conocer, como las míticas conversaciones entre el Chele Medrano y Schafik Hándal, sólo por dar un ejemplo.
Si se trata de pedirle cosas al nuevo presidente, sería una que nos ayudaría a saber qué, quién y cómo nos ha manejado en el último medio siglo.
Con respecto al OIE, creo que la parte interesante vendrá por otros lados. Por ejemplo: ¿qué gente importante de la izquierda ha trabajado con el servicio de inteligencia? No me refiero a personas a la que algún agente les haya sacado información, sino que hayan colaborado directa y voluntariamente. ¿Cuántos de nuestros iconos se romperían? La verdad, me gustaría saberlo.
A mí me han acusado de estar a sueldo del OIE. Pues bien, señores, ahora tienen el juguetito en la mano, Búsquenle. Quizá se lleven sorpresas. No de que yo colabore con "el enemigo", porque saben que es falso. El problema es que ahora ustedes serán el enemigo.
Suerte.

21 de marzo de 2009

Notas varias - 1989, 1994 y 1995

Un poco más del/los diario/s que he tratado de llevar, en vano, a lo largo de años. De estas notas me llama la atención la primera; en esta blogosfera, veinte años después, desde cuando internet era un bebé, ya intuía la vocación de policía --o delator, que no es mucho más abyecta-- de algunos imbéciles con pseudónimo y con una causa que creen propia. Policías del pensamiento, como los temía Orwell, y como pulularon tras más de alguna cortina de hierro, física o del alma. Son los peores: los que temen el pensamiento ajeno, sea el que sea. El pensamiento a secas. Y vieran cuántos seguidores consiguen, y sin siquiera mancharse las manos ni arriesgar nada, pobrecitos.

7/III/89
De los militantes de izquierda detesto esa patética propensión a convertirse en policías.
Tienen una excesiva noción del dentro y del fuera. Los de fuera (y hablo de los no enemigos) son despreciados a la vez que temidos; los enemigos son castigables a fuego. Pero sólo los de dentro son punibles con dolor, con humillación, con placer. La pureza talvez incite al sadismo; vaya cosa.
El mundo es mesurable con la vara del dentro; y el dentro es tan pequeño en relación con el mundo... No hay poder sobre el mundo y es necesario ejercer el poder, si no la militancia no tendría sentido. Orwell es claro: el poder es la capacidad absoluta de producir dolor.
NOTA AL MARGEN: Una abyección voluntaria.
Al enemigo se le odia; es sencillo. Al militante de base se le somete; es funcional... y grato. De los demás se necesita, y me imagino que eso llega a producir algo intermedio entre el desprecio, el miedo y la envidia. Pero hay que disimular o, en todo caso, convivir. La prepotencia del que tiene la verdad (pero aun así no termina de comprenderla) vuela entre la necesidad de convencer para convencerse y proteger al clan del posible infiltrado (cualquiera que no sea comprensible es un infiltrado en potencia).
La verdad sólo puede ser sencilla, una frase: patria libre o morir, alianza obrero-campesina con hegemonía proletaria, la religión es el opio de los pueblos. Los demonios, de Dostoyevski: el militante no necesita de preparación teórica, de duda, de contradicción; todo es más sencillo (y efectivo) si se reduce a un slogan fácilmente recordable. "Causa común" quiere decir cualquier cosa, pero sirve para aglutinar.
Sin los de fuera, sin los enemigos incluso, su vida no tendría razón.
Otra idea pedante: se necesita de mil y un militantes para "crear" un solo individuo y, no obstante ser poderoso, sin voluntad propia. Un golem, en suma. Triste destino del pueblo, carajo: ser el fin de la lucha y creerlo, y a cambio anularse en una masa amorfa.

Artículo de Gide acerca de la correspondencia de Dostoyevski: un hombre lleno de vergüenza, un hombre demasiado patético para ser tolerado frente a frente. Dostoyevski sólo puede ser un admirable personaje de Dostoyevski.
Me gustaría ver la (frágil) línea divisoria que hay entre el genio y el pobre diablo.

* * * 

Algún momento de 1994
Orwell: Existe una puerta en el Edificio. Detrás de ella está lo peor. ¿Qué es lo peor?, pregunta Winston Smith. Cualquier cosa, responde su torturador. Cada uno tiene su propia idea de lo peor. La de Winston Smith son las ratas.
Pienso: Un espejo en la oscuridad. La imagen de un espejo en la oscuridad. La imagen distorsionada de un espejo en la oscuridad. El que se para enfrente no lo advierte, pero el mundo que el espejo refleja es aberrante.
Cuando era niño tenía una pesadilla cada cierto tiempo: Yo era gente grande y manejaba el coche de mi tío, un Mustang 1966. Iba vestido con traje negro y usaba lentes oscuros. De pronto veía por el retrovisor y la imagen era la mía, la misma cara y los mismos lentes, pero el traje del reflejo era blanco. Despertaba, aliviado. Un segundo más dentro del sueño y quizá no hubiera despertado a causa del terror, me hubiera quedado encerrado en el terror, o hubiera despertado convertido en otra gente, en otra cama, en un mundo aún más difícil de entender.

* * * 

Mayo 14, 1995
En marzo, en el parque donde estaba la Secretaría de Comercio. Un boxeador antes de una pelea se baña en la fuente con dos mujeres, una de unos 20 años, otra de unos 40, la mayor con el pelo pintado. Ellas traen traje de baño de una sola pieza. Las dos tienen unos pechos inmensos. El boxeador tiene unos 22-23 años. Juegan a echarse agua, a toquetearse. En una banca del parque están los guantes.
Se van y aparece una muchacha grande y torpe de unos 14 años ofreciéndome un bebé en adopción. En realidad quiere venderme, por cinco pesos, un muñequito de hule metido en un frasquito. Le doy un billete de diez pesos, no tiene cambio, le compro dos. La muchacha tiene tierra en las uñas.

Dos soldados viendo con interés unas botas en un tiradero de mercancía, en una tienda por el metro Normal.

Vivo en una casa grande en la que alquilan cuartos: $150 a la semana los pequeños, que son realmente claustrofóbicos; $200 los grandes, de unos 3.5m por 5. Baño compartido, cocina compartida, lavaderos y tendederos compartidos. Cama, dos sillas, un ropero, una almohada, un par de mesas. Es caro, pero uno tiene la posibilidad de ver toda la semana cómo rayos hacerle para conseguir lo de la renta de la otra semana. Hay que darle al encargado una lista con los nombres de las personas que pueden visitarlo a uno.
El encargado es un mormón que fuma Delicados.
Siempre hay, en algún lugar de la casa, una radio a volumen excesivo; ayer tocó que fuera en el cuarto de al lado. Cumbias, por supuesto, y malas. Es inútil cerrar la puerta; se oye todo. A veces pongo a Zappa a volumen moderado, pero no se logra tapar del todo la música en los otros cuartos. Hay que esperar a que sean las once de la noche para oír música.
También hay pláticas. Hace unos cuatro o cinco días hubo una plática entre el encargado y dos de las inquilinas, una de voz joven y otra de unos 45 años (la edad de las voces engaña). El tema: el encargado decía que las mujeres lloran bastante, y que muchas lo hacen para sacarle dinero a los hombres. La voz joven decía que su mamá lloraba mucho, pero no era de ésas. La voz mayor sólo hacía comentarios y, supongo, mencionaba casos en los que sí es cierto y otros en los que no; en realidad hablaba alto, pero no le entendí mucho.
Anteayer empezó a vivir en el cuarto frente al mío una mujer de unos 32-35 años, pero aparenta algunos más. Tiene tres hijos pequeños. El encargado trató de convencerme de que el cuarto en el que está ella era más bonito que el mío; en realidad es mucho más angosto y oscuro. Su hijo, de unos 8-9 años, estuvo jugando Doom en mi computadora.

Es curioso: mi padre quiso dedicarse a escribir y ahora ése es mi oficio. Yo quise dedicarme a la música y ahora Eduardo está aprendiendo guitarra, y a pasos acelerados. Anoche hubo una jazziza en casa de Toño Malpica. Eduardo se puso a tocar bajo eléctrico por primera vez en su vida, acompañándonos a Toño y a mí en un blues. Se puso nervioso y se equivocó, desde luego, pero no lo hizo mal. Toño y yo nos divertimos viéndolo sudar cuando nos poníamos a sincopar.
Después, algo de jazz, blues y rock and roll. Me subió el ánimo, que últimamente llega a andar bajo cero.

Mayo 19, 1995.
Anoche soñé que la Luna, de repente, empezaba a acercarse a la Tierra hasta verse de tamaño inmenso. Yo estaba en la calle platicando con un amigo (creo que Mauricio Schwarz o Héctor Zamarrón, o una mezcla de ambos), y la veíamos. Mi amigo se ponía nervioso y decía que iba a chocar contra nosotros y nos iba a matar; yo me reía y le decía que no se preocupara, que según Newton la Luna se iba a hacer pedazos antes de estrellarse contra la Tierra.
De repente, la Luna se cuarteaba en muchos pedazos, como si fuera una hostia, y de ella salía mucha luz. "¿Ves?", le decía a mi amigo, y él se reía, aliviado. Después los trozos empezaban a alejarse y, de pronto, la Luna estaba en el lugar de siempre, del tamaño de siempre, del color de siempre.
Antes de dormir estuve leyendo El espacio y el tiempo en el universo contemporáneo, de P. C. W. Davis, un libro que compré hace unos diez años y que no había hojeado. También Crónica del desconcierto, de Mauricio, acerca de los primeros 101 días de gobierno de Ernesto Zedillo. Extraña mezcla de temas en el sueño. Y más extraño que lo recuerde; hacía mucho que no recordaba un sueño.

20 de marzo de 2009

16 de enero de 1992. 04:12

Recordaba que el día de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992 me sentía bastante mal, pero no recordaba qué tanto. Copio y pego de mi asistemático diario de trabajo, escrito y encriptado en WordPerfect 5.1. (¡Ah, cómo me gustaba el WP 5.1! Creo que no se ha hecho un procesador de palabras mejor. Más bonito e impresionante, talvez, pero no con tantas posibilidades. Y en puro DOS.)
Viene la catarsis del día de la firma de los Acuerdos de Paz, y ya sabrán disculpar --o no; es igual-- los aludidos:

Dentro de unas horas se firmarán los primeros acuerdos de paz en El Salvador. Los noticieros, los periódicos, la radio no hablan de otra cosa. Se acaba la guerra. Por supuesto, las presiones de siempre (Cristiani no da todas las garantías, el ejército miente en las cifras de soldados, la guerrilla protesta y denuncia las maniobras, como si pudiera esperarse otra cosa); las negociaciones-de-última-hora, los preparativos, el fasto, la mentira de siempre. Ah, cómo me encabrona la pinche mentira; como si no la conociera por haberla proclamado en nombre de la verdad durante tantos años. Me avergüenza a veces el tipo de periodista que fui.
Me siento mal. Asqueado, en realidad. Trato de dormir y siento angustia. Me pongo a ver una película que no me hace reír y a fumarme cigarro tras cigarro hasta que la garganta me arde. Quisiera ser realista y decir: bueno pues, es lo mejor. Si para llegar a esto tuvo que morir tanta gente, valió la pena. Sí, muchacho: la burguesía necesitaba de toda esta guerra para soltar migajas, así es la política. No, no podíamos decir la verdad a los idiotas de siempre, nuestros hermanos: no hubiera resultado nada, ni siquiera la negociación a ultranza. A lo Stanislavski, pues, la puritita escuela de las vivencias. Si el actor no cree en lo que hace (y qué mejor que lo crea realmente), no se logran los resultados buscados. Lo ideal y lo factible, la realidad y la ficción (esto es la ficción, I guess), la muerte y la vida (esto es la vida, y de eso no cabe ninguna duda).
Desde 1983 (desde aquella fecha) los representantes del pueblo se han dedicado a hacer el indigno papel de mendigar pláticas; los gringos y el par de gobiernos salvadoreños desde entonces se han dedicado a dar largas y a permitir que los otros hablen en foros, se desgasten, pierdan credibilidad con todo y su corbata, y que los jodidos sigan muriendo de hambre. ¡Ah, Schafik Handal, si hubiera estado -si yo hubiera estado para hablarlo en voz alta- en las montañas, en medio de las masacres, huyendo del miedo, matando por lo menos! Si buscaban la paz, ¿para qué carajos se metieron y metieron a todos en la guerra? No Schafik, el comandante; ése sólo buscó la forma más rápida de conseguir su dosis miserable de poder, al menos la remota posibilidad de estar cerca de donde se piensa por los demás. Él fue de los que asesinaron la revolución, esa estúpida revolución, sacerdotal, burocrática, sectaria, absurda, pero elaborada con el material de los sueños, como el halcón maltés, como la vida, como los hijos y las cosas que se quieren. A cambio de la revolución que ya no va a ser, disculpen las molestias que estas obras ocasionan: la promesa durante nueve años de negociar. Sigan muriendo de hambre, sigan jodiéndose a gusto, sigan perdiendo hijos y agachen otro poco la cabeza, o ténganla alzada que es peor: dentro de nueve años negociaremos.
Schafik se dejó la barba desde entonces (los revolucionarios usan barba; ¿se dieron cuenta de que Marcial era lampiño?), pero la panza sigue del mismo tamaño.
(Leído no recuerdo dónde: alguien sueña que el líder se acerca a un niño, lo alza en brazos con una sonrisa y después se lo come.)
Hace nueve años alguien asesinó a Ana María. Quiero creer que fue sólo Marcelo; otra cosa resultaría aterradora. Después los sandinistas obligaron a Marcial a suicidarse. Todo por negociar. Los sandinistas perdieron el poder después de un gobierno de corrupción tan pequeña como eran grandes los ideales que despertaron; la corrupción pequeña se convirtió en casi grande -y necia y denigrante- cuando perdieron el poder: algo teníamos que llevarnos después de diez años, ¿no? Palabras casi textuales de Ortega. Igual con los salvadoreños: algo teníamos que llevarnos, ¿no? La posibilidad de mendigar poder, vaya. Aparecer en los diarios y que nos tomen en cuenta, por fin en serio.
(Escena: el nuevo rico se llena de oro, se pone ampuloso, compra ropa cara para ir a su tercera o cuarta o milésima fiesta de sociedad. Usa un diente de oro. Frunce el ceño, habla de caballos y trata de ser snob. A sus espaldas todos sonríen con burla.)
¿Y a los que les prometieron el paraíso y el mundo mejor y el hombre nuevo? Para la próxima, muchachos, nosotros les avisamos. Por ahora confórmense con que a lo mejor hay elecciones democráticas algún día. Ah: la democracia burguesa después de todo no es tan mala, al menos si estamos en ella. Pero recuerden: voten en el cuadrito donde vean nuestra cara; es su deber histórico. Patria o muerte, ¿eh?
Me encantaría escuchar a Schafik en privado, sabihondo, con las manos sobre el estómago, tono de maestro de prepa; él siempre tiene una respuesta para todo, a veces dan ganas de creerle. No será una respuesta necesariamente coherente con lo que habló un minuto antes, pero seguro la tiene. Los comunistas siempre tuvieron la inteligencia (supongo que es inteligencia) de demostrar que lo que acaban de inventarse siempre lo habían sabido, y que además estar en contra es ser un enemigo de los pueblos o algo peor.
De acuerdo: los salvadoreños por fin tendrán paz. La merecen después de tantos años de muerte, muerte y muerte. He releído informes de derechos humanos y aterran. Pero entonces quizá hubiera bastado con las huelgas de 1979. ¿Por qué mintieron? ¿Por qué se mató Marcial? (Por suerte: este mundo ya no sería el suyo. Estaría anciano, quizá senil; la revolución era su fin, no su modo de llegar a nada. Pobre viejo.) De acuerdo: la perestroika, el mundo cambia, el muro de Berlín cae, las concepciones se liberalizan, el posmodernismo, el fin de la historia. Hay que poner los pies sobre la tierra; miren el ridículo que hace Cuba, Fidel chochea. Pero entonces ¿por qué nos mintieron?
En 1983, a principios de 1984, el FMLN tuvo la oportunidad de tomar el poder. Militarmente era posible; políticamente, aún. Pero tuvo miedo de la invasión gringa. ¡Carajo! ¿No que la furia del pueblo respondería a la agresión extranjera? ¿No que se regionalizaría el conflicto y Estados Unidos sufriría una derrota más vergonzosa que la del sudeste asiático? Uno, dos, tres Vietnam. ¡Ah, Salvador Samayoa! ¿Tenías miedo de que se te ensuciara la corbata, los zapatos, a ti el representante impecable de un pueblo miserable, sucio, que muerde sin dientes y humillado?
(Escena: un falso ciego grita: "De lo perdido, lo que aparezca". Sus hijos y sus nietos están muertos, y sus hermanos y todo el mundo. Él pasa junto a sus cadáveres, ignorándolos.)
Me siento un imbécil. Ojalá haya muchos que se sientan imbéciles. Todo la tragedia sólo para que se lucieran los sacerdotes. Como siempre: a Cristo, a Judas, a los apóstoles se los llevó la chingada en la cruz, la horca y cadalsos diversos; como condición lógica no faltó quien --y hasta sobró-- usufructuara la muerte ajena y sedujera a beatas repletas de hastío.
¿Dónde están Roberto Franco, Hugo, Benjamín Valiente, noventa mil más? No murieron para negociar, sino para que alguien, algún día, dijera: Bueno, pues, valió la pena.
Espero conservar la vergüenza hasta que llegue a viejo.

19 de marzo de 2009

De países y sándwiches de jamón

Seguí revisando mis archivos encriptados en WordPerfect 5.1 --intentos de diario-- y encontré algo que no termino de entender, pero allí está. Fue escrito en diciembre de 1991, seguramente de madrugada. Desde hacía más de un año había entrado peligrosamente en una depresión clínica, que sólo logré empezar a controlar en 1993; creo que algo se notará de eso.
El hombre del cáncer del que hablo por allí era José Belisario Peña, uno de los suboficiales que se levantaron contra Hernández Martínez. De todos sus hijos sólo quedó viva Lorena Peña, que creo anda como diputada en el Parlacen. Era papá también de Felipe Peña, uno de los primeros militantes de las FPL. Él mismo fue militante de las FPL, y estuvo preso en plena guerra en Santa Ana, creo, y después en Santa Tecla. No sé cómo logró que lo dejaran vivo.
Va el trozo de diario:

Uno siempre recuerda con tristeza; el recuerdo es profunda y esencialmente triste. Aun los falsos recuerdos (todo recuerdo es falso), los que se acomodan a la imagen y semejanza que cada quien tiene de sí mismo, son tristes, y más tristes mientras más cierta es su falacia.
Siempre negué que el pasado fuera determinante. Freud al diablo. La memoria colectiva al diablo. Las guerras antiguas, la guerra de ayer mismo. Al diablo. Es claro: un trauma tiene que ver con el pasado, pero no con cualquier pasado, sino con hechos tan específicos que se pierden en la maraña de lo general, de eso que hace las conciencias, la individual y la otra. Cada quien acomoda sus hechos y experiencias según le conviene a su siempre prescindible ego y adquiere el trauma que más le guste, como en barata. Vaya, hay maneras tortuosas de ser feliz.
Comienzo mal, pero tampoco tiene importancia.

¿Quién hace la historia? El que la hace, ¿para qué?
Más allá del slogan, ¿quién recuerda realmente a --digamos-- el héroe (¿Che Guevara?) como no sea como un par de consignas que no lo explican, o al compañero del pupitre de al lado que apareció asesinado bajo un puente un veintisiete de julio como no sea como lo que uno imagina que fue, como lo que desearía ser?
Ejercicio: Ubique la cara del mejor amigo que se le haya muerto. Recuerde su voz. Si logra recordar su voz, nombre sus gestos más característicos. Si lo logra, recuerde la forma de sus uñas. Si lo logra, recuerde una frase textual de por lo menos quince palabras que él o ella le haya dicho alguna vez. Si lo logra, el país lo necesita para ser grande y mejor y libre. Mientras, usted será la persona más triste, porque vivirá recordando a un amigo y el recuerdo de los muertos que se quieren no deja dormir en paz.
Si no pasó la prueba, felicidades. No conviene tener la mente llena de cosas que no vienen al caso. Olvidar, sistemáticamente.

¿Qué tan cansado puede estarse de morir?
Vaya a su casa, mírese en el espejo e imagínese muerto. Divida el tiempo que tarde en llorar entre la cantidad de lágrimas que logre derramar en treinta y cuatro segundos y obtendrá una respuesta cuantitativa que se aproximará al tamaño de su cansancio.
Si permanece indiferente, continúe en lo suyo; aún soporta. Si estalla a carcajadas, siga intentando, al menos una vez diaria, hasta que logre llorar.
Si ha llorado antes, pregúntese si valió la pena.

Me niego a creer que la envidia, el ansia de poder, el abuso de poder, la necesidad de la traición, sean inherentes al ser humano e inevitables sin duda. Pero entonces ¿cómo definir a un ser humano? No al Ser Humano de las mayúsculas, sino a usted o a mí.
Pero ¿no son los personajes de Dostoytevski los más patéticamente adorables? ¿No es Ricardo III asquerosamente bello?
Y pensar que hay quienes aún creen...
Por ejemplo:
Conocí a un hombre que murió de cáncer. Su último acto trascendente --tuvo muchos-- fue ofrecerse como conejillo de indias para que probaran en él nuevos medicamentos. Quizá logró vivir seis meses o un año de más, quizá sólo prolongó innecesariamente una agonía de por sí innecesaria. Pero pensaba en el Ser Humano de las mayúsculas. Antes de eso, con orgullo, perdió tres de sus hijos en una guerra de guerrillas que al final no sirvió para nada, y no maldijo: el Ser Humano. Antes de eso, hace años, mantuvo ocupadas las oficinas de telégrafo durante un golpe de estado, fusil en mano, incluso después de que todos los implicados se hubieran rendido o asilado o ido al demonio. En el exilio siguió siendo amigo de ellos y asistían juntos, dos veces por semana, a las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Y mucho antes de eso ayudó a derrocar un gobierno, siendo subteniente.
Convivió, y con humildad, con el responsable político de muchos que pasaban hambre, pero que usaba camisas del que costaban lo mismo que recibía una familia de militantes para sobrevivir todo un mes.
¿Qué es un ser humano, después de todo?

Trato de ser inmune a la nostalgia y a veces lo logro. Muchos amigos se pasaron cinco, siete, quince años pensando en el momento del regreso y siempre el recuerdo: la calle, la cara, la anécdota.
Regresaron y tratan de ser felices; otros se alejaron más: Canadá, Australia. Uno o dos se quedaron aquí y tratan de convencerse de que no necesitan volver, que el país es donde está la familia, el corazón, las librerías de viejo, la seguridad, el trabajo que allá nunca encontrarán.
Tengo otro acento, a veces una mezcla de acentos, pero aquél está listo para atraparme al menor descuido. Se me salen palabras que aquí no tienen sentido, que para mí ya no tienen sentido pero que están allí, agazapadas y esperando con dientes. Oigo de lugares nuevos, olvido los lugares viejos, vienen a verme familiares en los que no me reconozco; mi forma de ser -si algo así existe- cada vez tiene menos que ver con ellos.
Siempre hay un sin embargo para amargar las madrugadas.

Me siento autoconmiserativo y falsamente patético haciendo confesiones. Peor para mí.

¿Qué esperaría ver de El Salvador?
Pienso y pienso y no encuentro en la memoria un lugar que pudiera decirme cosas. Hace tanto tiempo...
Recuerdo un perro que fue mi único amigo durante un tiempo y que murió envenenado. Recuerdo parientes a los que visité eventualmente y que nunca me prestaron demasiada atención. Tengo abuelos, tíos, primos, toda la cohorte de gentes que mal o bien lo acompañan a uno por la vida, incluso tan ausentes.
Pero ningún lugar.
Hay una excepción: la tumba familiar donde está enterrada una hermana a la que no conocí. Cierto primero de noviembre comimos sándwiches de jamón sentados sobre la tumba, después de limpiar y poner algunas flores. Siempre me gustaron los sándwiches de jamón.