27 de octubre de 2008

Fotos de aniversario

El sábado 25, en fin, se realizó el almuerzo de La Casa del Escritor, bien sencillo pero agradable. Aprovechamos para inaugurar una pequeña sala de exposiciones donde estaba la cochera, y quedó muy bien. También hubo actividades del Museo de la Palabra y la Imagen, como la presentación de un juego de mesa y de los videos basados en Cuentos de cipotes que produjo el MUPI el año pasado. Y comida auténticamente salvadoreña, como mole poblano, tinga, chau fan y verduras en salsa de soya, entre otras.

Llegaron tres de las cinco fundadoras de La Casa (es decir de Las Innombrables, el Consejo de Ancianas --detestan que les llamen así--, las Primigenias, etcétera): Teresa Andrade, Nancy Gutiérrez (¡narradora entre poetas!) y Krisma Mancía.

Los del taller de video conversan con... o sea... un poeta, que es Santiago Vásquez, de blanco y con lentes. Además de Santiago, de izquierda a derecha, Carlos Guardado, Salvador Canjura, Nelson Ochoa y Osmín Magaña.

Más poetas: Emmanuel Arias Pocasangre, Loida Pineda, Herberth Cea, Érika Salinas y Mario Zetino.

Una de Krisma.

Santiago (a.k.a. Carlos Henríquez Consalvi) hace los honores después del almuerzo. En nombre de La Casa habló Johanna Marroquín, a quien se puede ver de negro. Abajo de ella está la Vale con una muñeca que le mandó su hermana Eunice, y Camilo, el hijo de Santiago.

Mario, Emmanuel y Beatriz Valdés, compañera nueva que escribe narrativa. ¡Y novela, además! ¡Y bien!


Loida en la nueva sala de exposiciones, viendo los cuadros de un compañero de la Casa Taller Encuentros, de Panchimalco.


Y aquí hace una graciosa salida de la susodicha sala.

Los dos Santiagos.

Quién sabe de dónde rayos salió este perro, pero se la pasó excelente durante todo el rato. Comió, departió con la gente y luego se echó una siesta. Se fue antes que el resto de los invitados.

Una de Valeria.

Con el pastel en la mano, Víctor Hugo Barrientos, de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural de Concultura, junto con su novia. Él fue el responsable de las obras que se han realizado últimamente en La Casa, como la sala de exposiciones, una pila de agua y una plataforma de cemento en la parte trasera de la construcción. Su mamá, Judith Barrientos, es otra de las fundadoras de La Casa, pero no pudo llegar.

Y lo celebrativo no quita lo dictador: aprovechamos el rato para trabajar la novela de Beatriz, y le seguimos el domingo por la tarde.

Durante la celebración, los jóvenes de varias escuelas de la zona de Los Planes jugaron al juego Los Izalcos, realizado por el MUPI. Hubo regalos y premios para ellos y comida.
Y más, pero de lo anterior quedó constancia en las fotos.

23 de octubre de 2008

Quinto aniversario de La Casa

Este sábado 25 se celebrará el quinto aniversario de la fundación de La Casa del Escritor en Los Planes de Renderos, en la antigua casa de Salarrué.
A las 12 del día será el tradicional almuerzo con los compañeros de La Casa y amigos, y será de estricto traje, como siempre. Los que lean este mensaje, por favor, avísenles a los compañeros que no tengan acceso a internet o que no circulen por los blogs.
A las 2 de la tarde comenzarán las actividades para todo el público, como la inauguración de la sala de exposiciones "Zélie Lardé", que apenas terminó de habilitarse en esta semana. Quedó bonita. Habrá una exposición de obra de jóvenes de la Casa Taller Encuentros, de Panchimalco. Estará el grupo de danza de La Casa con algunos números y cosas preparadas por los compañeros del Museo de la Palabra y la Imagen, que son quienes nos proporcionan la exposición permanente. Se han realizado algunos trabajos nuevos para mejorar el local y, por desgracia, no alcanzamos a pintar; eso se hará a partir de la próxima semana.
Al rato iré a comprar las cosas para el mole, y a petición de algunos compañeros quizá haya tinga poblana. (Sabe más rica de lo que suena.) Quien pueda llevar comida, por favor que la lleve. Pan, chucherías, postres, ensaladas y todo eso son siempre bien recibidos.
Nos vemos pasado mañana, pues.
(Para que conste: celebramos el quinto aniversario de la fundación formal de La Casa en Villa Montserrat. El proyecto comenzó a funcionar, en diferentes locales, en mayo de 2002, o sea que ya llevamos seis años y medio de trabajo. El taller literario comenzó el 22 de septiembre de 2002; seis años ya, válgame.)

22 de octubre de 2008

Menjívares, hermanos, nietas, patos de guayaba y otros tacos de chuleta

Margarita, Eunice, Eduardo y yo. Todos Menjívar, por supuesto. Estamos en una cena a la que me invitó (con hijos incluidos) la gente de la Feria del Libro del Zócalo. Eunice estudió arquitectura del paisaje durante un año --ahora estudia ópera--, y se había pasado horas y horas y horas hablándome del edificio 222 de Reforma, construido con concreto translúcido, entre otras rarezas. La cena fue en un restaurante de ese edificio, y de verdad que está impresionante por donde se lo vea.

Aisha Menjívar, de un año con tres meses, hija de Margarita. Y yo en el papel de abuelo, claro. Le gustó el león gordo que le compré, pero creo que le pareció más interesante el celular que me prestó Eunice durante los días en que estuve en el Distrito Federal.

Eunice y Eduardo en el Café La Habana, el lugar tradicional de reunión de los periodistas desde hace... no sé... ochenta años. Allí cerca están el Excélsior, El Universal, estaba el Novedades (que ya no existe), El Día (que tampoco, o casi), La Jornada (que se pasó para otra parte), la mítica revista diaria Cine Mundial --donde trabajó durante varios años Álvaro Menen Desleal-- y dos o tres más. Aún llegan por las tardes algunos periodistas viejos, y otros no tan viejos, como mi hermano Hugo Martínez Téllez y, en este caso, yo.

Y aquí estamos precisamente Hugo Martínez y yo, en el Café La Habana, cada vez más canosos, pero qué jijos. ¡Nos conocemos desde hace 25 años...! Un buen rato.

Aquí, a la izquierda, Ranllús Sleman, una Menjívar honoraria, y mucho más. Cómo llegó a eso es una historia que quizá le corresponda a ella contar; mi papel es quererla como a una hija que también me hubiera gustado tener.

Aquí, con Salvador de la Mora, otro de mis hermanos carnales, con quien hemos pasado dos o tres cosas desde 1992, cuando nos conocimos. Él me regaló los primeros libros de José Saramago que leí, porque me resistía a comprarlos. y es él quien nos da el hosting y el dominio de La Casa del Escritor.

Aquí, al día siguiente, con el escritor Bernardo Ruiz, también gran amigo. Él fue quien publicó Terceras personas cuando era director de Promoción y Difusion de la Universidad Autónoma Metropolitana. Ahora tiene su propia editorial, y me dijo que le gustaría hacer otra edición. Bernardo y Terceras personas se llevaron muy bien desde que se conocieron, y se lo agradezco a ambos. En esta foto estamos en la Hostería de Santo Domingo, en la maravillosa Plaza de Santo Domingo, a unas cuadras del Zócalo. La foto la tomó Aniuxa, quien se encuentra por allá estudiando una mestría en FLACSO.

Y aquí, de derecha a izquierda, están Ana, Selva Prieto Salazar (Madreselvas) y Tamara de Anda (o sea Plaqueta, ¡y ya!), nieta y bisnieta del rockstar de la literatura salvadoreña Salvador Salazar Arrué. (Lo de "rockstar" es invento de Tamara, no mío, pero es bastante citable.)

En la tienda de un restaurante Vips, Eduardo toca una pieza victoriana en una guitarra de juguete. Un poco con el sonido Mario Bros., pero le salió muy bien, que por algo se dedica a eso. (A la guitarra. A Mario Bros. no se dedica desde hace varios años; también era bueno para los videojuegos, y hasta fue parte del equipo de exhibición de Nintendo en México.)

Yo mero, chateando con Krisma en la Hewlett Packard de Ana Escoto. Había dejado la Vaio (que supongo alguna vez mencioné que es verde) en el hotel, y estaba con Eduardo en el departamento de Aniuxa en Universidad y Copilco. Lindo depto. (Quizá un día deje que Ana se acerque a menos de un metro de la Vaio, en compensación. Sí, sí, es verde. La Vaio; Ana es más bien... uh... muy poco morena.)

Y la multicitada Aniuxa demostrando que en un mes ha aprendido las más sofisticadas técnicas para comer tacos de chuleta con queso sin morir en el intento. Eso sí, con la ayuda de un pato de guayaba, o sea un refresco Pascual Boing. (En la botella ya no aparece el pato, y ya no se llama Pascual, sino Boing a secas, pero uno no olvida.)

21 de octubre de 2008

Instrucciones para vivir sin piel en México


La semana pasada fui a la Ciudad de México para participar en la VIII Feria del Libro del Zócalo, invitado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Distrito Federal. Me tocó participar en dos actividades: la presentación de mi libro Instrucciones para vivir sin piel, el lunes 13 de octubre, y el miércoles 15 en una mesa con un tema ambiguo y polémico del que hablaré después, en compañía del escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa y del nicaragüense Omar Cabezas, ex comandante guerrillero, autor de un libro que en los ochenta fue bastante importante (La montaña es algo más que una inmensa estepa verde) y actualmente procurador de derechos humanos de su país.
Instrucciones para vivir sin piel fue publicado por la editorial La Orquídea Errante, de mi hermano (salvadoreño, por cierto) Humberto Acevedo, con quien corrimos más de una aventura y tenemos más de tres anécdotas. Lo conocí en 1983, poco después de la muerte de Salvador Cayetano Carpio, y a ambos nos provocó más o menos lo mismo. Trabajó como titiritero, artesano, promotor cultural y actualmente, además de dar talleres de literatura, se ha lanzado a armar su propia editorial, en la que ya casi lleva una decena de títulos.
Por contar algo, el día del terremoto del 19 de septiembre de 1985, Beto y su entonces compañera, Angélica, estaban de gira en el sureste mexicano, dando funciones de títeres para el ISSSTE (el seguro social de los trabajadores del estado), y yo me había quedado en su casa para cuidar a su hija Catía. Para entonces yo hacía guiones de historieta y daba talleres para la Secretaría de Educación Pública, y era igual dónde escribiera los guiones, y los talleres los daba en el interior del país, eran bien pagados y con cuatro o cinco --de una semana de duración-- podía vivir hasta seis meses. Así que, si sus giras no chocaban con mis cursos, me iba a su casa y me hacía cargo de Catía. Cuando podía llevaba a mi hijo Eduardo. Una vez hasta compré un perrito para que jugaran. No duró mucho, debido a un parvovirus mal diagnosticado por el veterinario.
En casa de Beto me pescó el terremoto. Mi departamento --que estaba en la colonia Centro-- quedó en muy mal estado, con una cuarteadura horizontal que le daba la vuelta completa. Los vecinos creyeron que se había caído el techo, y se metieron a la fuerza, porque oyeron un ruido estrepitoso y no me vieron salir corriendo. Lo que pasó fue que tenía un inmenso librero Dexion, de ésos metálicos y armables, con cerca de 1,500 libros, en filas dobles, colocado en medio del estudio, y se cayó. De eso me enteré cuatro o cinco días después, cuando logré llegar a casa, después de un extraño tour por campamentos de refugiados y casas de amigos para saber si estaban bien.
Para terminar de presentar a Beto: estudió en el Bachillerato en Artes, fue uno de los capturados en 1979, cuando agarraron a Facundo Guardado, secretario general del Bloque Popular Revolucionario, y liberado junto con él y otros dirigentes, después de torturas bastante salvajes en la Policía Nacional. Durante la ofensiva final de 1981, y en vista de que el triunfo era seguro e inminente, las FPL lo mandaron a insurreccionar a la población a Mejicanos, a su barrio, a su calle... y terminó asilado en la embajada de México, porque evidentemente lo denunciaron, comenzaron a buscarlo y casi lo encuentran. Estuvo varios meses en la embajada, hasta que el gobierno salvadoreño, gracias a las gestiones de Gustavo Iruegas, entonces encargado de negocios mexicano, le dio el salvoconducto, y no ha regresado. Veintisiete años fuera. El mismo tiempo que me tocó en suerte, pero él no parece que vaya a venir muy pronto, ni siquiera de visita. Cosas de él.


El presentador fue José Eduardo Serrato Córdova, catedrático de la UNAM (a la izquierda en la foto), autor del libro Los sueños de la razón. Poética y profética de Luis Cardoza y Aragón, publicado precisamente por la UNAM, que me regaló y prometo leer.
Después de una presentación general de Beto (a la derecha en la foto, por supuesto), a Serrato le tocaba hacerme algunas preguntas acerca del libro, y después intervendría el público. Cuando Beto terminó, entró un hombre con serios síntomas de borrachera y de algo más fuerte, y comenzó a hablar a voz en grito. Nadie le hizo mucho caso, pero él agarró a un amigo de Beto que estaba en primera fila y empezó a hablarle no me enteré muy bien de qué. En un par de minutos llegaron unos policías y se lo llevaron de la mejor manera posible. Y de verdad que fue de la mejor manera posible.
Y vino la primera pregunta de Serrato, que me desconcertó bastante. Me preguntó qué se sentía presentar un libro ante un público tan mediocre, al que le “valía madre la literatura” (textual) y que sólo estaba allí casi casi por inercia, para tener algo que hacer, y que seguramente no compraría ni leería mi libro; que qué pensaba de gente que llegaba drogada a ese tipo de cosas, y que si no me sentía frustrado.
Cuando yo comenzaba a responder (le dije que no compartía su punto de vista, que agradecía a los presentes, etcétera), un señor del público se puso de pie y le dijo que no tenía derecho de hablar así del público, que había habido un incidente aislado y que no tenía por qué ofender al público, ni siquiera al borrachito que, después de todo, estaba en lo suyo. Serrato comenzó a sacar palabras gruesas, y el señor siguió reclamándole en términos que, la verdad, me parecieron razonables. Beto y yo no sabíamos qué hacer. Aproveché una pausa para decir: “¿Puedo seguir contestando?” Un par de insultos más y seguí como si no hubiera pasado nada. Serrato me hizo alguna pregunta más, menos agresiva, contesté y dijo que por su parte era todo. Incomodísimo para el público en general, y para mí en particular por ciertos invitados, como Selva Prieto Salazar (Madreselvas), Tamara de Anda (Plaqueta), nieta y bisnieta de Salarrué, respectivamente; mi hija Eunice y mi otro hermano, Salvador de la Mora, a quien no veía desde hacía diez años. Él nos proporciona el hosting y el dominio de la página de La Casa del Escritor. (No, no lo paga Concultura. Es una donación de Salvador.)
Al final Beto y yo terminamos conversando entre nosotros y recordando cosas viejas, planeando algunas buenas y queriéndonos mucho, como siempre. Se vendió una buena cantidad de libros, me tocó firmar la mayoría de ellos y listo, nos fuimos después a tomar algo a la terraza del hotel.
En los días siguientes pasó algo bien interesante, y que no me esperaba. Instrucciones para vivir sin piel se publicó primero en Francia, en traducción de Thierry Davo, desde luego, por la editorial Cénomane, del buen Alain Mala. Tuvo buena acogida entre académicos, y tuve la oportunidad de hablar con ellos hace un año, cuando viajé para allá. En México, la mayor parte de los que compraron el libro –y me tocó firmar un buen par de docenas– fueron jóvenes de secundaria y bachillerato.
Más aún: al menos la mitad de los compradores fueron lo que llaman darketos. Alguno de ellos compró uno, según me dijo Beto; corrió la voz y llegaban directamente sobre el libro. Y no en plan acrítico: leían las primeras páginas, algunas otras al azar, y se lo llevaban. El precio ayudaba: treinta pesos, o sea menos de tres dólares. Hubo unas muchachas de secundaria que no tenían el dinero suficiente y me pidieron que les firmara un separador, de los que regalaron por decenas.
Cuando Krisma vio la portada, me dijo: “Esto está pensado para que lo compren los chavos.” En lo personal, cuando Beto me la envió, me pareció terriblemente fuerte, y me pareció que a los chavos sería a los que menos les interesaría, pero creo que ahora los hacen menos impresionables que en mis años mozos.
La que aparece primero, aquí al lado, es la versión en negativo de la foto original, que no he preguntado de dónde salió; me temo que la respuesta me provoque anguatia. Corresponde a la camisa del libro. Sí, porque la edición será todo lo sencilla que quieran, pero tiene su camisa y todo. Lo interesante es que los chavos que querían comprarlo no pedían la versión en negativo, sino en positivo, que es mucho más fuerte, como se podrá apreciar, y además no trae el nombre del autor, que eventualmente soy yo.
Había que explicarles lo de la camisa, que sólo era cuestión de quitársela para que quedara la portada que querían. Aun así, hubo quienes se llevaron ejemplares sin camisa y sin crédito; querían esa portada y no otra, así pudieran deshacerse de ella con facilidad, y en esas cosas el cliente tiene la razón, amén.
Buena venta, en todo caso, y eso que el stand de La Orquídea Errante era apenas un pequeño mostrador de libros, colocado en medio de decenas de editoriales independientes. (Siempre me he cuestionado eso de "independientes" para referirse a las editoriales pequeñas. Digo: más "independiente", en todo sentido, que Alfaguara o Tusquets difícilmente se encontrará... No dependen de absolutamente nadie.)


Beto preparó buenos materiales de apoyo. Además de los separadores, unas tarjetas postales con la portada del libro. En lo personal no mandaría algo así a mi abuelita, si viviera, pero la idea es buena. También hizo unas micropostales con el mismo diseño y qué sé yo. Fue agradable ver cómo se vendían los libros, y tantos, y cómo los compraba gente tan joven. (Sólo vi comprarlo a dos o tres adultos. La mayoría desertaba desde la portada, sin siquiera leer las primeras líneas.)
Hace un tiempo publiqué en mi otro blog un fragmento de Instrucciones para vivir sin piel. El fragmento puede encontrarse en este link.

20 de octubre de 2008

El Distrito Federal desde mi ventana

Lunes 13 de octubre de 2008, a eso de las siete y media de la mañana (hora del DF). La ventana está en el tercer piso del hotel Majestic, a unos pasos de Zócalo.







14 de octubre de 2008

Locura a domicilio

Me escribe Carlos Clará para decirme que ya está Tiempos de locura en la mayoría de las sucursales de la farmacia Las Américas (transcribo la lista a continuación, algunas con teléfono y todo), y que además tienen un call center al cual se puede pedir, sin cargo extra. El número del call center es 2250-7979.
Las sucursales donde puede encontrarse el libro son:

# Sierra Nevada - 2260-1411
# Unicentro Metrópolis - 2232-1362
# Colonia Médica - 2226-0929
# Metrocentro (2) ambas en la octava etapa
# Óptima Metrocentro - 2260-0718
# Metrosur - 2260-9915
# Escalón - 2298-2847
# Lomas Verdes - 2263-4211
# Salvador del Mundo - 2224-2603, 2224-2604
# Unicentro Altavista - 2299-7016
# Aeropuerto - 2339-9563
# Plaza Mundo - 2277-5502
# Unicentro Soyapango - 2291-9637
# Santa Elena
# Multiplaza - 2243-0420
# Hospital de Ojos
# Candray
# Las Palmas

A mediados de la semana estará en las tiendas On the Run. O sea en un par de días.

11 de octubre de 2008

Locura en farmacias y On the Run

Carlos Clará se ha lanzado no sólo a la aventura de hacer una editorial (Indole) y a publicar tútulos "de riesgo", sino también a un plan de comercialización bastante interesante, como la alianza con F&G Editores de Guatemala para la distribución fuera de El Salvador, etcétera. Pero hay más: a partir de la próxima semana. Tiempos de locura. El Salvador 1979-1981 se venderá en las sucursales de la farmacia Las Américas y en las tiendas de conveniencia On the Run, además de las librerías. (Sé que ya está en las librerías La Ceiba, y me imagino que en La Casita, además de FLACSO.) Así que ya saben: compren su Sertal y Tiempos de locura, que les costará más o menos lo mismo. O unos chicles, pagan la gasolina y Tiempos de locura.
Para los indecisos, el próximo lunes comenzarán a publicarse, en El Mundo, fragmentos de Tiempos de locura referentes a los hechos más importantes del periodo 1979-1981. (On the Run también vende buenos hot-dogs, y los sándwiches no están mal...)
Y la siempre querida Lilian Fernández Hall me avisa que escribió una reseña acerca de Trece, que puede encontrarse aquí. Gracias de todo corazón, Lilian.

8 de octubre de 2008

De locuras, héroes y Burt Lancaster

Ayer fue la presentación ante la prensa de la tercera edición de Tiempos de locura. El Salvador 1979-1981. Fue en el Mesón de Goya, en el ITCA, y al final hubo sanguchitos de jamón y queso. No, no de ésos a los que sólo les ponen un poco de margarina y luego unas lasquitas de jamón y de queso amarillo, sino Sándwiches de Jamón y Queso, con mayúsculas. Coca-Cola, té helado o café. En mi caso, té helado.
Cuando llegué al Mesón, a eso de las 9:45, decidí fumarme antes un cigarro. Lo acababa de encender y aparecieron de la nada un montón de personas con cámaras de televisión, grabadoras, celulares y libretas, y a ponerme a contestar preguntas, sin siquiera poder darle una fumada al cigarro, que se consumió solo, el pobrecito. Me hicieron la de siempre: --"¿Por qué Tiempos de locura?"--, pero ampliada: ¿no me parecía que lo que estaba en juego no podía calificarse de locura, que era la lucha de un pueblo, que había toda una ideología estructurada y un proyecto de país, etcétera? Como todavía no me había fumado el cigarro, me agarré de una idea de Knut Walter, quien hizo la introducción de la tercera edición. Lo cito, porque lo dice más bonito que yo:

A primera vista, el título del libro parece un poco impertinente: para los protagonistas --y para los observadores-- fueron tiempos de extrema gravedad, una crisis mayúscula donde cada uno de los bandos (y fueron más de dos) terminó jugándose el todo por el todo. La "locura" tiene que ver más con los niveles de exaltación que caracterizaron las posiciones de los diversos actores que con alguna condición mental, aunque no hay duda de que la irrealidad también jugó un papel importante. No resultaba nada fácil desarrollar planteamientos de análisis y acción, medianamente racionales y objetivos, en un entorno donde los acontecimientos se sucedían uno al otro en medio de violencia extrema, en un constante medir de fuerzas políticas y militares.
Algunos estaban seguros de la certeza de sus posiciones y de la inevitable victoria de su causa, mientras que otros se preocupaban por comprender las voluntades y los recursos del adversario, todavía no convencidos de que era el momento de alcanzar un desenlace definitivo. Y hubo otros que se dedicaron a buscar mecanismos y caminos de resolución política mientras el país se acercaba a un enfrentamiento armado en gran escala. Pero todos, sin excepción, estaban caminando sobre terreno desconocido. Quizás por eso creían que los "tiempos de locura" habrían de pasar rápido, sobre todo cuando se tenía frente a sí la muy reciente experiencia del triunfo sandinista en Nicaragua, el modelo obvio tanto para los que intentaban llevar adelante la revolución y la lección obvia para los que se esforzaban por detenerla.

Y, bueno, aquí en este blog sabemos que lo que Knut dijo es cierto, pero que el título fue un hallazgo de Carlos Briones, el director de Flacso-El Salvador: un título que pegara, de impacto, etc. Puro instinto de editor. A mí no me gustó en un principio (no recuerdo cuál había propuesto), pero siempre estuve de acuerdo en que es muy bueno. Ahora, gracias a Knut, ya sabemos por qué, je.
Después los periodistas se fueron adentro, encendí otro cigarro, me lo fumé a gusto y pude empezar a pensar para la presentación formal.
Fue muy agradable y fluido. Estuvimos Carlos Briones, director de Flacso-El Salvador; Knut Walter, historiador salvadoreño-guatemalteco, como su nombre lo indica; el embajador Ernesto Arrieta Peralta, quien en 1979 tomó parte en las negociaciones para la designación de Mario Andino como representante del sector privado en la Junta Revolucionaria de Gobierno; Juan Ramón Medrano, el comandante Balta del ERP; Carlos Clará, director de Indole Editores, que hizo la coedición junto con Flacso, y yo, que nada más soy yo.
En fin, el libro ya está a la venta y el precio sugerido es de $8.50, al menos en el país. (En el post anterior se dice cómo conseguirlo si no lo halla en librerías o no vive en El Salvador.) Nada mal para un animal de más de 400 páginas (y como 650 cuartillas de 250 palabras por cuartilla). La edición está muy bien hecha y me encantó el acabado mate de la portada. Carlos Clará ha hecho malabares para que el precio se mantenga bajo; la idea es que se lea.

* * *

Mientras escribía lo anterior el embajador Arrieta y Carlos Clará me enviaron unos videos de Canal 33 y Canal 12 en los cuales se habló de la presentación. (También estuvo Canal 10 y otro que no identifiqué.) Le dedicaron como dos minutos y medio cada uno; nada mal. Hay una nota en La prensa gráfica, que puede hallarse en este link.
Van los videos. (Nótese que tengo una gripe de los mil diablos, pero intento ocultarla.)


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* * *

Y como casi no salgo de Los Planes de Renderos, aproveché para pasar por la Dirección de Publicaciones e Impresos por los ejemplares que me corresponden por la reedición de Los héroes tienen sueño. La novela aún no está en librerías ni se ha presentado, pero se puede conseguir en el local de la DPI. Cuesta $2.75. Igual hicieron todo lo posible para mantener bajo el precio; en la edición anterior, costaba $2.29.
La portada, como se puede ver, cambió mucho con respecto a la de 1998, que está aquí a la izquierda. La anterior estaba basada en un cuadro de David Méndez, fotógrafo y pintor salvadoreño que ahora vive en Nueva Orleans. David tomó muchas de las más importantes fotos de los inicios de la guerra, antes de tener que asilarse en México por motivos de salud. (A su esposa, Nelly, la conozco desde que nació, literalmente. Es de la edad de mi hermana Ana, y fueron muy amigas desde bebés.) Una de las costumbres de David, a.k.a. "El Papo", era que siempre quedaba en medio de los balazos del ejército o la guardia y la guerrilla o la seguridad de los grupos de masas. Es un tipo pausado, incluso en esas circunstancias, y no creo que en su vida se le haya ocurrido caminar rápido siquiera. Entonces tomaba fotos de gente disparando exactamente a donde él se encontraba, pero jamás tuvo siquiera un raspón en las rodillas. En México trabajó como camarógrafo para empresas de publicidad, y luego se fue a Nueva Orleans, donde se hizo socio de su hermano en una taquería. Se dedicó, pues, a levantar la taquería, y hace poco la vendió para dedicarse a lo suyo, que es la fotografía y la pintura. Ya ha hecho exposiciones aquí en El Salvador desde hace más de diez años.
En fin, la nueva portada, con ilustración de Antonio Romero, me parece bien de acuerdo con lo que se estila en el género negro, en las publicaciones pulp (que, con todo lo que dice Wikipedia, no sólo se aplicaba a las revistas, sino también a los libros). Me refiero al diseño; los materiales son de buena calidad.
Y, claro, me puse a leer la novela; no lo hacía desde hacía unos siete u ocho años. Me está gustando. (Uno escribe los libros que quiere leer, etc. No, no me inventé yo la frase, pero el concepto me funciona muy bien.) Había algunos errores en la primera edición que se corrigieron para ésta. Y había uno en especial que pongo a continuación:


La película en cuestión se llama The Swimmer. La vi por primera vez quizá en 1969 o 70, y no entendí mucho; tenía como 10 años, y a mis primos mayores, que me llevaron, les pareció genial. Luego la he visto unas cuatro o cinco más, pero después de haber escrito Los héroes tienen sueño. El error es que la película es con Burt Lancaster, no con Charlton Heston, y eso me lo dijo mi tío Eduardo Ochoa (hermano de mi mamá, que por supuesto es nueve años menor que yo) hace ya varios años. Lo corregí en el texto original, etcétera.
A la hora de plantearse la reedición, pensé en cambiar el nombre, y ya estábamos en ésas cuando pensé: ¿y para qué cambiarlo? El personaje es un policía medio estudiado, pero bastante basto en ciertas cosas, como el cine, y para él es igual Burt Lancaster, Charlton Heston o Hedi Lamarr. Así que les dije que quedara Charlton Heston.
Si leyeron la primera edición, sí, fue un error grave, y fue mi error; si leen la segunda, el error es del personaje narrador, y ya no es tan grave. (La onda de Pierre Menard, pues: el mismo texto tiene valores diferentes si se escribe en diferentes contextos.) Así que mejor lean la segunda edición; allí todo está bien.

7 de octubre de 2008

Tiempos de locura, tercera vuelta

¡Sí! ¡El afiche de Tiempos de locura! Me gustó. (Pueden cliquearle para verlo más grande.) Es el que se va a poner en las librerías a partir de hoy, martes. (Sí, hoy es la conferencia de prensa para anunciar su reedición.)
Para quien quiera adquirirlo, ya deberá estar en librerías, pero también pueden comunicarse con:

Indole editores: 2517-5907 y 7928-3799.
Dirección electrónica: indoleditores@gmail.com

FLACSO: 2245-1510.
http://www.flacso.org.sv

Fuera de El Salvador lo va a distribuir F&G Editores, de Guatemala. Los datos los encuentran en www.fygeditores.com, o pueden escribir a:
informacion@fygeditores.com
o a
pedidos@fygeditores.com

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Luego contaré de cómo estuvo la presentación y todo lo demás. Este post lo estoy poniendo el domingo 5 de octubre, o sea que aún no sé qué onda. Promete estar interesante.

6 de octubre de 2008

Festival Internacional de Poesía

Hoy se inaugura en VII Festival Internacional de Poesía de El Salvador, a las 6:30 de la tarde (18:30h, pues) en el auditorio del Museo Nacional de Antropología "David J. Guzmán". Está dedicado a César Vallejo, e incluye una plática acerca de su obra, el martes por la tarde, y un taller de escritura creativa para el miércoles y jueves, también por la tarde, además de los recitales acostumbrados.
Me gusta que en la invitación hayan puesto uno de mis poemas favoritos de Vallejo, de España, aparta de mí este cáliz, el que dice "pero el cadáver, ¡ay!, siguió muriendo". ¡Qué manera magnífica de hacer poesía "política"! (Poesía a secas, en su caso.)


5 de octubre de 2008

Del Almanaque Bristol y los matavacas

Rara vez reproduzco por aquí cosas que tengan menos de veinte años de edad, pero hoy haré una excepción, a reserva de que la gente de La prensa gráfica me pide que la quite. (Por favor no, Roberto Valencia.) Se trata de la columna de Cristian Villalta aparecida en el número de hoy de la revista Séptimo sentido. Es el modo en que veo las cosas últimamente, aunque Cristian lo ha escrito mejor. La nota puede encontrarse en este link.

Disiento
Cristian Villalta

Si por más que lo intenta, no logra sacudirse la sonrisa burlona al acordarse del nailon de Norman Quijano, es usted un apátrida.
Si se le ocurre publicitar su convicción sobre el cambio como única salida viable para el país, es usted un irresponsable, inconsciente y chavista, pariente de Evo Suéter, matavacas, botapostes, charranganeador de guitarritas.
Si tiene serias reservas sobre la megalomanía de Mauricio Funes, es usted mínimo un burgués, si no es que un pobre tonto proletario con ínfulas de señorito, títere de las 14, mandilón de los bancos y de seguro hasta se deja pegar por su mujer (no te preocupés, jamás te denunciaría, miamorcito).
Y cuidado, ni se le ocurra revelar a los demás, en un ataque de sinceridad virulento, que considera soso a Rodrigo Ávila o decir que los chistes de sus discursos parecen sacados del Almanaque Bristol porque de fijo usted tiene algo que ver con las FARC.
Las figuras anteriores acaso luzcan superlativas, exageradas, pero así va la cosa por estos días, y con visos de ir empeorando. No es solo que socialmente se le cierre el espacio al comentario irónico, a ese sarcasmo tan saludable porque nos permite burlarnos de nosotros mismos; no es solo que los burdos prejuicios de los circulitos políticos sean tristemente más ruidosos que las opiniones de la gente inteligente; es que ya no se reconoce el inalienable derecho a no estar de acuerdo.
Revise usted en su propio registro ideológico y lo verá: esta televisora es de este color, y aquella, del otro; este periódico aquí, aquel periódico, allá; Fulanito vota rojo y Menganito vota azul. A continuación viene una automática asociación, tan gratuita como perezosa: del centro para acá piensan así y asá del aborto, de la bandera, de la amnistía, del ejército, de la delincuencia, del petróleo, de la dolarización, y cargan con estos crímenes; del centro para allá, aborto, bandera, amnistía, largo etcétera y estos crímenes.
No hay heterogeneidad en ninguno de esos grupos, o en todo caso esas gentes prefieren que entendamos la realidad sin reconocer esos matices. Todos los azules son de un modo, todos los rojos son de otro, tipo indios y vaqueros.
Es el estilo de ver las cosas que nos proponen. ¿Cuántas veces no hemos escuchado que el señor X es amigo (o enemigo) de los valores patrios, de la democracia, de las libertades, de los empresarios, de la justicia, de la verdad, de la selección, de Estados Unidos, de los agricultores...? Bueno, hasta de Dios.
Para infortunio de esos vendedores de locura (solo los locos y los tontos pueden entender el mundo en claroscuro), la democracia, aunque germinal, ya fructifica en las cabezas de muchos de nosotros. ¿Y qué es la democracia, sino la saludable independencia de no creer todo lo que nos dicen, de no actuar contra nuestra voluntad, de no tenerle miedo a lo que no nos da miedo, de tenérselo a lo que sí, y de hacer públicas nuestras burlonas sonrisas sin que nos descalifiquen?

* * *

Esto que sigue ya no es de Cristian, sino mío.
Alguna vez me contaron por qué a los guerrilleros les dicen "matavacas", pero lo he olvidado. Lo que sí recuerdo es lo que me contó un amigo que estaba en el frente de Chalatenango, pero que ya no está; murió en la toma de San José Las Flores en 1983.
Resulta que en su zona se habían quedado sin comida, y tenían a varios cientos de combatientes y civiles con hambre, así que decidieron ir a la ciudad de Chalatenango a "recuperar" algunas vacas para llevárselas al monte y, bueno, comérselas.
Todo muy bien: vestidos de oscuro, camuflados, todo el paquete, llegaron hasta un corral, lo abrieron con cuidado, empezaron a sacar vacas y, ¡bum!, se le fue un disparo a uno de los combatientes. El problema no fue huir de allí, sino la estampida que se armó. Y peor: los del puesto de la Guardia Nacional oyeron el balazo, oyeron la estampida y creyeron que se les venía encima el FMLN en pleno, y empezaron a disparar contra lo que se moviera. Y lo que se movía era un montón de vacas.
Resultado: varios guerrilleros asustados --y después con ataque de risa-- en medio del monte, tratando de llegar a su campamento, y las calles de Chalatenango llenas de vacas muertas y guardias nacionales igualmente asustados. Así que cuando oigo lo de "matavacas" no me acuerdo precisamente de los guerrilleros, sino de aquellos guardias nacionales disparándole a un montón de ganado más asustado que ellos. Quizá por eso no recuerdo el motivo por el cual es a los guerrilleros a los que les decían matavacas.
Se aceptan aclaraciones y versiones.

4 de octubre de 2008

Cumpleaños y aeropuerto

Pues hoy es el cumpleaños 73 de mi madre. Aquí aparece con la abuela Mina y tendría, quizá, 13 o 14 años, por allí de 1948 o 1949.


Aquí, desde luego, en su traje de 15 años, o sea en 1950. No sé por qué las hacían fotografiarse así, sentadas en el piso. Supongo que para que parecieran flores.

Aquí, aprovechando el viaje, La abuela Mina y el tío Leo (su hermano) en el Aeropuerto Internacional de Ilopango, quizá a principios de los cincuenta.

3 de octubre de 2008

Dos de octubre y cuatro libros al hilo

Lo primero es lo primero: ayer se cumplieron cuarenta años --¡cuarenta!-- de la matanza de Tlatelolco. Es poco lo que pueda decir que valga la pena. Lo mejor es visitar el blog de mi hermano carnal Hugo Martínez Téllez, Pueblo bloguero, y seguir día a día la minuciosa cronología que ha armado en los últimos meses. Hay que irse muy atrás en el archivo histórico, pero vale la pena. O suscribirse a su blog en el Reader para tenerlos todos en orden. Impresionante trabajo de recopilación.

* * *

Y lo segundo es lo segundo.
Me avisa Thierry Davo que ya está a la venta en Francia Un mundo en el que el cielo cae y cae, bajo el título de Un monde où le ciel ne cesse de tomber, en traducción suya y en edición de Cénomane, del siempre heroico y entrañable Alain Mala. ¡Es mi primer libro de cuentos! En los próximos días deberá estar a la venta en amazon.fr.
Y se ha juntado con tres más. El próximo martes se dará una conferencia de prensa para anunciar la tercera edición ("edición definitiva", dice) de Tiempos de locura. El Salvador 1979-1981, publicado por Flacso-El Salvador e Indole Editores. En la conferencia estarán el coronel Adolfo Arnoldo Majano (vía internet), el embajador Ernesto Arrieta, el ex comandante guerrillero Juan Ramón Medrano (Balta), el historiador Knut Walter, el director de Flacso El Salvador, Carlos Briones, y Carlos Clará, editor de Indole. Supongo que para ese día o el siguiente ya estará a la venta, me imagino que en las librerías de siempre y en Flacso.
El lunes de la semana próxima, por otra parte, se presentará en la Feria del Libro del Zócalo, en la Ciudad de México, la novela Instrucciones para vivir sin piel, publicada por la editorial independiente La orquídea errante, del salvadoreño Humberto Acevedo. El libro se publicó hace unos años en Francia, y me daba no sé qué no poder leerlo. Ahora ya podré, pues.
Y en estos días deben estar terminando de pegar los ejemplares de la reedición de Los héroes tienen sueño, publicado por la DPI en 1998 y agotado desde 2000 o 2001. Han cambiado la portada y corregí un par de errores. Piensan hacer una presentación, en vista de que lleva tanto tiempo fuera del aire y de que se le dará una nueva imagen a la colección Ficciones. Ya avisaré.
Cuatro libros en un par de semanas... Nada mal. Más Trece, que se publicó apenas en agosto...
Que hablen de ego y de lo que quieran. Me llevó muchos años escribirlos, y estoy contento. Y quizá haya un sexto y hasta un séptimo antes de fin de año, pero no me lo han confirmado. Ya veremos.
Uta que he trabajado...

2 de octubre de 2008

La línea del cosmonauta

La línea del cosmonauta es una revista publicada en Hermosillo (Sonora) a iniciativa de gente joven, muy joven (no pasarán de los 25 años), y con el apoyo de diferentes instituciones culturales, desde nacionales hasta municipales. Su director es Josué Barrera, y su editor, Manuel Parra Aguilar, se comunicó con Krisma hace varios meses, para pedirle alguna colaboración. Ella le dijo que sí, pero que también podía recomendarle a buenos poetas jóvenes salvadoreños (y no sólo de La Casa del Escritor; eso de la exclusión no se nos da bien). Parra entró en contacto con un par de docenas de poetas de El Salvador y, tras una selección del consejo editorial de la revista, fueron publicados diez: Eleazar Rivera, Susana Reyes, Krisma Mancía, Mario Zetino, Carlos Clará, Paola Lorenzana, Herberth Cea, Ana Escoto, Nathaly Castillo Menjívar (que no es mi pariente, pues, pero me daría orgullo si lo fuera) y Tania Pleitez Vela. Junto a ellos fueron publicados, desde luego, varios autores jóvenes mexicanos, trece para ser exactos. Y, de paso, apareció un cuento mío, "Una luz que nunca se apaga". No en el mismo cuaderno, pero sí en la misma revista. ¿Cómo es eso?

Pues lo bonito de La línea del cosmonauta es que no se trata de una revista que venga en un solo ejemplar, que es lo que se acostumbra, sino en varios. En este caso, en el número 8/9, fueron cuatro: uno compra una revista y se lleva cuatro de un jalón, con diferentes ideas y materiales de diferente tipo. La primera "revista", por ejemplo, está dedicada a trabajos acerca de literatura, entrevistas, ensayos, apuntes, etcétera, enfocados desde un punto de vista más bien académico.

La segunda está dedicada a narrativa. Allí fue donde se publicó mi cuento. También trae trabajos de escritores acerca de literatura y de otros escritores.

En medio de la revista viene una pequeña separata dedicada a poesía, en este caso el cuaderno número 7.

Y, como una publicación especial, una plaquette con poemas de escritores jóvenes mexicanos y salvadoreños, que es donde aparecieron los que ya comenté.
Es interesante cómo ven por allá la poesía joven de El Salvador, al menos la de los autores que publicaron (y de los que no, que también les sirvieron de referente). Dice la nota explicatoria escrita por Carla Xel-Ha López Méndez:

Introducción al vacío
¿Cómo hacer una introduucción a esta poesía que parece flotar?
La poesía de pronto se vuelve el disfraz ideal (la substancia) del escritor, quien deja caer prenda por prenda hasta dejar por fin desnuda a la idea. Aquí el autor se detiene y la poesía se concentra en el poema, se vuelve el personaje que nos habla con su lenguaje propio: la palabra.
Diez poetas salvadoreños con estilos particulares y algunas temáticas en común nos muestran la levedad que habita en cada uno. La sencillez con la que el poema se vuelve tan lijero aun llevando sobre sí significados profundos y con fuerza como lo son el paisaje interior de la infancia, el discurso del pasado real o imaginado, la ciudad en mutación constante, los lugares vistos casi gastados de tan vistos y sin embargo nuevos al poeta, el tema de la muerte con voz de soledad, etc.
La levedad comienza con una poesía lejana, casi intocable, que persigue lo abstracto conde el tiempo parece detenerse: Cada vez que el nimbo te besa --inicia Nathaly Castillo Menjívar, para continuar con la caída sutil huyendo de la descripción comcreta.
Opuesto a este juego de lo efímero, Paola Lorenzana en "Cueva alegre y trono-letrina-rupestre" comienza llenándonos de objetos que reconocemos al momento, que podemos detallar en nuestra mente al ser nombrados: Carretera de vaquitas / Caballos sin cola / y conejitos sin orejas; lo cuenta con una musicalidad agradable, alegre, casi infantil: el trono-letrina de cucarachas que saludan y no dan miedo.
Tania Pleitez Vela amarra también con aparente simpleza el significado exacto y puro de la poesía, en una brevedad por demás sorprendente; como una flecha certera dice: Tengo todo, hasta el vacío.
Pero dentro del vacío también flota la sombra. Cómo no notar ese lenguaje agresivamente sonoro en "La desmemoria" de Eleazar Rivera: las montañas rugen // El viento golpea un pasado sin rostro.
Mario Zetino confunde las palabras con relámpagos negros / que germinan y escapan y no dicen y queman, que surgen como huracanes de los dedos.
Herbert[h] Cea muestra la imagen de la sangre ya no como parte vital de nuestro cuerpo, sino como el fluir doloroso del alma: Si es mi sangre / un viento seco y pardo, / un grito, / un final, poema que exige un Dios presenciando el dolor: quemaré mis manos, señor, / para que de esta sombra no nazca otra sombra.
Unido a este grito, lamento poético, se encuentra Ana Escoto: Los amuletos ya no retienen la suerte [...] y hoy ruedan gritando las cabezas, de nuevo la desesperanza, pues encontrarnos ya no es cosa de este mundo, donde la muerte alcanza a sentarse en el poema.
Dejando a un lado ese tono oscuro un tanto pesimista, son embargo descrito en un lenguaje sin obstáculos ni rupturas semánticas, está la otra parte también real, también imaginaria: la ciudad. Atreverse a hablar como Paola de esta Venezuela [América Latina] en un rostro estirado con tristeza anoréxica y globalizada es retar a la modernidad y el supuesto progreso.
Este lenguaje citadino presente también en los versos de Susana Reyes: Desde la ventana / la ciudad ha entrado a esta habitación, se impone la escala de grises. Reyes nos atrae con la cotidianeidad de su fotografía poética-urbana: Un perro negro cruza la calle / La ciudad y sus sonidos / se cuelan bajo mi pecho, en su poema esconde un lugar trágico entre palabras conocidas e identificables.
Partícipe de este movimiento donde la profundidad toma dimensiones arriesgadas, se encuentran las palabras de Krisma Mancía; su texto comienza con una amargura más allá de la tristeza: Muero, pero sólo a veces, / cuando mis pies tocan la tierra del Sur [...] en un espacio vaporoso donde la luz no calienta los rostros. Poco a poco nos conduce a lo fantástico, al circo de las calles llenas de perros con sombrillas y abrigos de domingo, agarrados de la mano de sus amos, / como una ilusión óptica de un amor bestial [...] atrapando todo lo verde del jardín, hasta que de repente todo se sumerge.
Retornando al poeta Eleazar que en "Argonauta" mimetiza su mundo con el agua, utilizando un coherente "mar semántico" (puesto que deja de ser campo para volverse acuático) crea una ciudad y escribe: Son diez mil las sirenas de mi cuarto, fantasía que termina como la realidad, a la expectativa de lo peor, ser devorado por el propio mundo Víspera de mi infierno.
Antes de dejarse guiar por esta metáfora caníbal, donde el rededor nos consume y viceversa, aparece Carlos Clará con su "Quinta revelación del no retorno" que hace del sitio habitado un territorio encendido con personajes como la tarde, Charly Parker y Alejandra, quien más bien es una pequeña Alicia enamorada, la historia con jazz de fondo, ciudad donde se es extranjera en las noches donde eras viajera / y tu cama se partía en dos como las sagradas escrituras huyendo con la mujer venida del mar.
La ciudad con sus ciclos cerrados, el retorno a lo que llamamos origen, casa, me hacen recordar a Paola Lorenzana: Tengo viaje y avión / con sensación de un país cercano / de un regresar a casa / y no saber cómo regresar.
En este recorrido interno por los versos de cada uno de estos poetas del vacío, le deseo, lector, un buen viaje.

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Y, claro, yo contento y orgulloso de que haya varios compañeros de La Casa, o que han trabajado en algún momento con La Casa. Ya Krisma lo dijo ayer en un post: si no es en El Salvador, será en otra parte, pero esto nadie lo para.