6 de septiembre de 2009

Breve recuento y el espillage

Thiery Davo me manda el afiche que el dramaturgo Claude Esnault ha hecho para la representación de Breve recuento de todas las cosas en Le Mans. Me pone una nota pertinente: "La palabra "espillage" no aparece en ningún diccionario, significa "quitar la piel". Busca la palabra en google como tuve que hacerlo y verás una foto bien interesante. Je je. Pinche Claude."
Tenía un recorte que no había puesto acá, que es de cuando Claude estaba trabajando --creo-- Instrucciones para vivir sin piel, el año pasado. Y todavía tengo sin publicar unas fotos de cuando estuve en Le Mans, en una representación de Trece que me dejó helado. Es como si me hubieran dicho: "¿Tú escribiste eso? Ahora te lo comes." Y me lo comí con gusto. Un gusto un tanto sórdido, pero gusto al fin.

2 de septiembre de 2009

2 de octubre de 2002


I.
¿Quién caminó en tu sangre?
¿Quién nace de tus ojos hacia fuera?
¿Quién me dice en el fondo de tu carne?

(Hay voces que son nuevas.
Hay versos que aún no se han cantado.)

¿Qué nombre se ha enganchado en tu vestido?
¿Qué emoción en tus labios?

(El ritual de esperar: siempre hay alguien que llega.
Siempre hay alguien que suda. Siempre hay alguien.)

II.
No hay fuego sin remedio.
No hay calor sin entrañas.
No hay vaso sin vacío.
No hay nieto que no llore.
No hay huracán sin árbol.

(¿Quién me sueña en mis ojos cuando duermo?)

No hay silencio sin labios.



III.
¿Cuál es tu nombre, en fin, sin tu apellido,
tu fango y tu mordaza?
¿Cuál es tu lado azul y qué lo alumbra?
¿Quién viaja de tu entraña hasta mi casa?
¿Dónde has vuelto sin culpa? ¿Quién te ama
que no cuente los dientes de tu boca,
los ojos de tu cara?
¿Por qué tu brazo izquierdo se disculpa
si tu brazo derecho va y te abraza?

(No es noche de dormir. No es noche
más que de espera larga.)

¿Quién te sigue y te alcanza?

28 de agosto de 2009

Recital de poesía en Santa Tecla

27 de agosto de 2009

I love to singa

Hace un rato me puse a dar una vuelta por archive.org, esa maravilla llena de películas y comerciales y propaganda y música que por algún motivo ya ha pasado al dominio público. Buscaba la versión de Rhapsodie in Blue tocada al piano por el propio George Gershwin, que debo tener por allí en alguno de los cientos de CDs que uno jura que va a recordar dónde está y a la hora de las horas...
Tengo una buena docena de versiones de la pieza, y mi favorita es una versión "libre" de Leonard Bernstein, pero siempre es bueno regresar a los orígenes. Me gusta la versión de Gershwin porque uno se entera qué era lo que realmente quería con la pieza, ese ruido de ciudad, los metales exageradamente tocados, los cambios de velocidad, las cadencias del piano... Las versiones posteriores evidentemente trataron de aportar algo nuevo, y lo hicieron a veces a grados de sofisticación que caen en lo excesivo (como la de Bernstein, ejem; nadie dice que a uno no le puede gustar lo excesivo), pero no creo que haya una sola que haya mejorado la original; a lo sumo habrá mejorado la calidad del sonido de 1927 a la fecha. Si no cree, oiga a Gershwin y ya me dirá.
Como siempre, me puse a vagar aquí y allá y encontré cosas como la Coca Cola All String Orchestra, que no está nada mal; una tonelada de canciones del extraordinario Paul Robeson; otra tonelada de Shirley Temple --que estoy oyendo en este momento--, y otra más de la imperdible Lil Armstrong, por no citar uno que otro giga de cosas que ya están en el disco duro. Algunas piezas suenan bien como fondo para futuros videos --se me ocurren un par para uno que está en edición--, otras nomás me gustaron, como el cuarteto vocal de Phillip Morris, lo que es fumar Marlboro.
Entre el montón de pizas sueltas que bajé había una pieza en particular que me llevó volando cuarenta y cinco años atrás: el rip de la pista de un corto animado llamado "I Love to Singa" debido a la genialidad de Tex Avery, dios de los dibujos animados si alguna vez lo hubo. (Estamos hablando del creador de Bugs Bunny, Daffy Duck y Silvestre, para que nos vayamos entendiendo. Y, sí, hay otro dios: Mel Blanc, el que les dio la voz a Bugs Bunny, Daffy Duck, Silvestre, Sam el Pirata y a varias decenas más... a todos al mismo tiempo, también para que nos vayamos entendiendo.)
Así que me fui corriendo --y más bien arrastrando, porque estaba bajando muchísimos archivos de música-- a YouTube a buscar el video de "I Love to Singa", ¡y lo encontré!
En aquellos años sesenta en que pasaban caricaturas de los treinta, sin doblaje y menos aún subtítulos (excepto Popeye: los subtítulos eran minúsculos, pensados para el cine, y daba lo mismo si uno tenía una tele de 14 pulgadas, que era mi caso), uno se aprendía foneticamente las letras, o sea que no aprendía nada, pero la música era inolvidable. Así que, después de esta larga introducción, pongo aquí uno de los videos más importantes de mi infancia, quizá uno de mis primeros acercamientos al jazz, que después me llegaría a tomar más en serio. (No hay que quitarle créditos, en materia de difusión del jazz entre niños, a Walt Disney, y mucho menos a los temas de otras caricaturas, como Los Picapiedra, Don Gato, Magila Gorila y qué sé yo. Nomás que "I Love to Singa" es mucho más que un tema: es una declaración de principios. Ya dije.)

¡PAREN PRENSAS!

Allí dice que la inserción del video está desactivada por solicitud de... uh... Eso no lo dice.
Nos queda el URL: http://www.youtube.com/watch?v=28hk97-vZdQ
Ah: noten que el jazzista --como buen búho-- se llama Owl Jolson, en claro homenaje a Al Jolson, protagonista de la primera película sonora, The Jazz Singer.

22 de agosto de 2009

Diez años

Hoy hace diez años llegué a El Salvador. Venía por un mes, después de cinco meses en Estados Unidos, e iba de camino a Costa Rica. El plan --más o menos indefinido-- era quedarme un mes, arreglando asuntos familiares. Si conseguía trabajo antes, quizá estuviera unos meses más, en plan más de curiosidad que... bueno... de quedarme.
Después de unos días de caminar y caminar por los viejos lugares, con un calor y una humedad de los mil diablos --venía del desierto, de entre 1,500 y 2,500 metros de altura--, comencé a hacer llamadas para ver si entraba a trabajar en un periódico. No hubo respuestas. Sería un mes entonces. A las dos semanas fui a El diario hoy con un amiga, a dejar unos cuentos para el suplemento Hablemos, y de paso me pidieron mi currículum; necesitaban a alguien para Vértice y le llegó la noticia a Lafitte Fernández de que un cuate que andaba por allí era periodista, escritor, que venía de México y qué sé yo. Lo llevé al día siguiente, conversé un rato con Lafitte y me dijo que comenzaba a trabajar una semana después.
Era extraño que en otros lados no me hubieran hecho caso y sí en EDH: lo último que recordaba de ese diario era que había lanzado una campaña muy fuerte en contra de mi padre cuando era rector, entre 1970 y 1972, y que se había congratulado no sólo de la toma militar de la UES, sino también del exilio de "Menjívar y sus 14 muchachos" (así los bautizó un reportero que después sería asesinado durante la guerra). Los antecedentes no eran de lo mejor, pero siempre me quedaba la posibilidad de renunciar a la primera señal de censura, represión o lo que ocurriera. Por de pronto lo que había visto era que el país estaba extrañísimo: uno podía hablar de lo que quisiera, donde quisiera y casi con quien quisiera; no había soldados en la calle, excepto acompañados por policías civiles; los guardias nacionales habían desaparecido con su porte de perros malos, y la gente, en fin, era gente. Nada que ver con la imagen que tenía desde fuera del país: un lugar donde la represión estaba siempre latente, si no oculta bajo otros mecanismos, y donde la izquierda tenía limitados los espacios de expresión y manifestación. (Después descubriría matices, por ejemplo que la izquierda se había institucionalizado a grados serios de burocracia, y en esa época la derecha no tenía muy claro qué hacer con el país, excepto explotarlo lo mejor que se pudiera, usando, eso sí, los cauces institucionales, ejem).
Seis meses, un año, y sigo mi camino, pensé. Quizá regresara a México. Mi padre estaba enfermo de cáncer y viajé a Costa Rica en los meses siguientes. No más de un año.
Fui aprendiendo mucho en Vértice, entre otras cosas a sortear las posibles censuras. Quizá lo logré, porque nunca me censuraron una nota. Eso sí, casi cada semana pensaba: "Después de ésta sí me corren." Nada. Nunca tuve tanta libertad de escribir como en Vértice. Dos años.
Y me pareció que dos años eran más que suficientes para estar en El Salvador, y comencé a lanzar líneas para volver a México. Para ese entonces mi padre había muerto y era el momento de volver a lo de antes, o a algo nuevo, pero en mis lugares habituales.
Una de mis frustraciones era lo poco que pasaba en materia cultural. Había una reunión mensual sobre algún tema literario en la Fundación María Escalón de Núñez, dos mil poetas que se autopublicaban y se autocongratulaban de lo buenos que eran, muy pocas publicaciones de verdad, algunos recitales malísimos y listo, eso era la literatura. No esperaba que el estado hiciera mucho por los artistas, pero veía una gran pasividad e inercia por parte de Concultura. Unas semanas antes de renunciar a EDH y regresar a México, escribí una nota bajo el título ¿Para qué sirve Concultura?, en la cual trataba de hacer un panorama de la situación cultural --en especial artística-- en el país. Era mi despedida.
Luego de un acercamiento de un director nacional, me mandó a llamar Gustavo Herodier, a la postre presidente de Concultura, y me preguntó: "¿Sos capaz de hacer lo que decís que tenemos que hacer?" No me quedó más que contestar que sí, más por orgullo que por convicción. "Entonces hacelo y dejá de hablar." Me nombró coordinador de letras, algo así como director de literatura, y me dio apoyo para lo que hubiera que hacer.
Organizamos buenas reuniones de escritores, incluida una en el Palacio Nacional, en el Salón Amarillo, donde el último presidente que despachó fue Hernández Martínez. Dimos talleres de técnica literaria, de edición, de periodismo, de lectura. Todo estaba encaminado a un fin: la creación de una Casa del Escritor. Fue el plan desde el principio, e incluía la formación de escritores jóvenes desde un punto de vista menos... uh... espontáneo de lo que había. Y, después de casi ocho años de trabajo, creo que mucho se ha logrado. (Sería tema de una discusión que no entra en este post.)
La idea no era que todo el mundo cayera en La Casa --que trabajó un año y medio sin sede, hasta que nos dieron la casa de Salarrué en Los Planes--, y que todos se sumaran. También esperábamos que hubiera gente que hiciera proyectos alternos, como ha ocurrido; que realizara proyectos que fueran claramente contrarios, como también ha ocurrido; que atacara a La Casa y a su vez planteara alternativas, e igual. Por imitación, por irritación, por lo que fuera, La Casa en sí misma no servía de nada; hacía falta gente con talentos especiales y, entre éstos, con una actitud especial hacia la literatura. Es en lo que hemos trabajado, y los resultados comienzan a estar a la vista. (Más los que faltan.) Sin contar con las otras ramas en las que nos hemos metido: video, danza (Johanna Marroquín tiene un buen grupo de baile folklórico), periodismo, historieta, animación...
A lo largo de los años he ido descubriendo qué me mantiene aquí, y es la gente con la que trabajo. Persistente, fuerte, amable, buena.
Diez años... Son un montón de tiempo para hablar de eso en un post. Pero no se sienten tanto cuando ya pasaron, y no angustia si uno piensa en los que vienen en camino.

16 de agosto de 2009

50

Para mi cumpleaños número 50 ("medio paquete", dicen, aunque uno sabe que llegar a los 100 va contra las estadísticas) hubo una sorpresa grata: mis hermanos Mauricio (izquierda, claro) y mi hermana Ana (derecha) se la vinieron a pasar conmigo desde Costa Rica. Mi hermana Lorena sólo tuvo que viajar desde Mejicanos para armar una pequeña reunión familiar. En la foto nos acompañan mi sobrino Diego (hijo de Ana) y Valeria.

Los niños jugando en la computadora. Me impresiona lo parecidos que son.

Fiesta sorpresa, claro, de la que ya sabía desde hacía varios días. No, no me dijeron; nomás son muy malos para fingir los compañeros y amigos de La Casa.

Dos pasteles, uno por cada veinticinco años. Por suerte no se dedicaron a poner velitas por todas partes; además de lo embarazoso, los pasteles hubieran quedado agujereados. Al de frutas le tocó tratamiento de harakiri a la hora de partirlo.

El de moka con almendras era más delicado, ejem. Quizá por eso fue el que se acabó más rápido.

Los cuatro hermanos, poco antes de que Ana y Mauricio regresaran al aeropuerto, a media fiesta.

Foto con hijos y todo: además de los ya mencionados, los hijos de Lorena: Javier (escondido junto a Valeria), Andrea y Silvana, además de Boni, mi cuñado.

Y algunos de los buenos amigos y compañeros de siempre: Carlos Guardado, Herberth Cea, Mario Zetino, Ana Escoto, Salvador Canjura, René Figueroa (el nuestro), Santiago Vásquez, Carlos Candel, yo, Krisma, Loida Pineda, Ingrid Umaña, Érika Chiquillo, Valeria, Tere Andrade, Sandra Aguilar y Osmín Magaña.
Muy conmovedor todo. Gracias.
Y me queda todo el lunes para seguir cumpliendo años; nací el día 17. Veremos qué tiene de bueno y de nuevo.

12 de agosto de 2009

Un fantasma


Cada cierto tiempo Valeria viene y dice que ha visto al fantasma que está en su cuarto. A veces coincide con que no quiere quedarse dormida, o con que no quiere cambiarse de ropa. A veces simplemente dice que el fantasma está allí, a secas, como un hecho que no requiere de discusión.
Si le preguntamos cómo es, responde: "Grande." Nada más. No es que le tenga miedo; nada más es un fantasma, y a veces quiere compartir el cuarto con él, a veces no. No sabemos si le habla, o si él hace las cosas particulares que hacen los fantasmas, sean las que sean. Sólo sabemos que es un fantasma.
Hace unos días lo dibujó y me lo trajo. "Es un fantasma", me dijo. Y añadió: "De colores." O sea que cabe la posibilidad de que el original sea en blanco y negro o de algún otro color. Habrá que esperar un nuevo dibujo o que quiera hablar un poco más sobre el tema. Por ahora sabemos que no siempre anda por allí y que es "grande". ¿Qué será "grande" para una niña de cinco años?