15 de agosto de 2008

Publicar o no publicar

Leo una nota en el blog de Javier Alas, titulada Literatura (y reflector), y me encuentro con una frase que digo a menudo: "Escribo el libro que me gustaría leer." Después, veo un cuestionamiento que no se me había ocurrido hacerme: "¿Escribes el libro que te gustaría leer? ¿por qué entonces lo publicas?" Y la pregunta parece trivial, porque la respuesta es obvia (está en la naturaleza de los libros ser publicados en forma de... uh... libros) y el silogismo falso, pero no lo es y, con decena y media de libros publicados (sin contar reediciones), me obliga a pensar, en serio, ¿por qué publico?
En otra ocasión, o si la pregunta viniera de otra persona, contestaría que para obtener fama, fortuna y sexo fácil (ya lo hice en Biarritz el año pasado; la pregunta que habían hecho realmente lo merecía), o por la fama, la gloria vana y el oropel vacuo (lo hice en Lyon en homenaje a Les Luthiers, como consta en algún lugar de este blog). No es el caso.
De lo que me doy cuenta es de que siempre encuentro más motivos para no publicar un libro que para publicarlo, y siempre ha sido así. Hace algunos posts comenté que deseché mis primeras tres novelas, con todo y que me ofrecieron publicar desde la primera, escrita entre los 17 y los 18 años; también como tres libros de cuentos y un par de poemarios. Para mí eran libros malísimos, pero ya no hay manera de saberlo; lo único que sé ahora es que no eran libros que me hubiera gustado leer. Luego, he hablado de mi primera novela publicada, Historia del traidor de Nunca Jamás, y de la segunda, Los años marchitos, que mi padre --la segunda en complicidad con mi ex esposa-- metió a concursos, y que para mi suerte o desgracia ganaron. La primera ya la había desechado, como las tres anteriores; la segunda estaba aún en un proceso de revisión de plazo indefinido, que en mi caso generalmente es de varios años.
En el ínterin apareció un poemario, Algunas de las muertes, que me arrepiento de haber publicado. ¿Por qué lo publiqué? Bueno, porque me lo pidieron para --precisamente-- publicarlo, y me lo pidió una amiga muy querida, y cómo decirle que no. Mi cuarto libro publicado fue Terceras personas, el que más me gusta de los que he escrito, y lo mismo: un amigo escritor me pidió algo mío para saber cómo escribía, le mandé TP, me invitó a comer y me dijo que pronto estaría en un lugar donde podría publicarlo, y que le gustaría --ejem-- publicarlo. Y la comida estaba tan rica que le dije que sí, y unos meses después lo nombraron director de Promoción Cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana y, zaz, allí está Terceras personas, publicada en 1996. Antes de eso, Thierry Davo me dijo que había una editorial en Le Mans (tuve que ver el mapa; perdón, Thierry) en la que se podía publicar su versión de la Historia del traidor, y le dije que estaba bueno, y apareció en 1988.
Y así los demás. Siempre ha habido alguien que me ha pedido un libro para publicar, y siempre ha habido algunos a los que les he dicho que sí, a otros que no, a otros que a lo mejor. De la gente a la que le he dicho que sí, un par se han echado para atrás, y yo me eché para atrás en varias ocasiones también; ya he contado algunas. No es que me la pase con manuscritos de un lado para otro, buscando quién los publique; no me alcanzaría el tiempo para escribir, y mi trabajo es ése: escribir. Y, en lo personal, escribir libros que me gustaría leer, y que nadie más escribiría si no lo hiciera yo. Esto parecerá un acto de narcisismo, y no sé si lo sea; tampoco me quita el sueño (ni me produce más sueño, si de eso se trata). Los libros se publican porque está en su naturaleza publicarse, pues, y la publicación es parte natural del proceso de escritura... si uno lo hace bien. Porque estoy hablando de publicación, no de autopublicación; para eso, que se queden los libros en el disco duro, y al diablo. Si a uno le ponen reflectores, pues a sufrirlos, porque no dejan ver claramente lo que tiene uno enfrente; pero ponérselos uno mismo me parece así como medio masoquista, o terriblemente soberbio. (Además manchan el cutis.)
Hay un motivo más: cuando hablo de "el libro que me gustaría leer", hablo del objeto libro, no del texto. Ése me lo sé de memoria. Cuando uno agarra un libro de uno mismo, empastado, con una tipografía y una composición particulares, con el sello de una editorial ajena, todo el show, puede verlo como lector, ya no como escritor. Y es allí donde uno disfruta precisamente eso de "leer el libro que me gustaría leer", y por lo que se ha pasado años y años y años de trabajo, algunos insomnios, muchas dudas, un par de matrimonios rotos, metido en su casa en momentos en que otros se divierten de otros modos. Todo por esa hora y media o dos horas --mis libros son en general cortos-- de placer, de haber hecho algo que valía la pena y que nadie más hará.
En todo caso, está la respuesta malcriada: publico porque puedo, y porque se me pega la gana. Pero no la usaría ante una pregunta tan interesante como la de Javier.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Lamento que no me haya respondido los correos que alguna vez le envié. La expresión "escribo los libros que me gustaría leer" se la escuché muchas veces a Ramirez Heredia. Siento que eran amigos.

Con afecto
Cynthia de los Santos

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Hola. Lamento no haber respondido antes; me ha tocado una etapa complicada últimamente, como te lo digo en un correo privado.
También te digo que no conocí a Ramírez Heredia, y la frase no la saqué de él, ni recuerdo de dónde. Creo que es una idea que anda por allí, flotando, y que nos agarra a algunos. Me parece que implica una cuestión de disciplina: si uno es riguroso como lector, no puede serlo menos como escritor. Ahora, como recomendaba Borges, leo poco nuevo y releo mucho, y es como leer libros nuevos cada vez, si es que valen la pena. Me gusta mucho leer las cosas nuevas que está haciendo mucha gente joven, de La Casa y de fuera; me parece que hay un intento de crear de nuevo la literatura, después de una década o más de euforia por las ventas de literatura light y de cánones que se han demostrado deficientes.
Y, en fin, uno hace lo que puede, que en suma es lo que le toca. A mí me gusta escribir libros que me gustaría leer; a otros les gustarán otras cosas.

Wingston González dijo...

órale. ¡libros que me gustaría leer!...y que quiero que alguien más lea (por el texto, que no conoce y conozco y por el objeto que es de los dos). siempre que toca viene el nerviosismo porque del texto se dice uno, sí, ahora ya no es sólo mío (como schiller o algo así) y después el sexo, drogas y rock and roll. miles de libros publicados que jamás leeremos está ahí esperando por el vacío. y otros que casi, casi, no nos llegan a las manos (¡qué grande es emily dickinson!, de las mejores recomendaciones que he recibido en estos días ;-) ) y que llegaron por otros lados. en fin, como la pregunta ¿para qué sirve la literatura? te hace dar vueltas y nunca sabes cuando terminará. mejor un abrazote hasta aquí cerquita en nuestro el salvador.

Tzaviere dijo...

Rafael: lo siguiente que permanezca registrado para conjurar malentendidos.
La frase en cuestión la he reencontrado en no pocas entrevistas aparecidas en "Qué leer", ya sabes: esa revista española que pretende ser una guía para el lector, quien al final leerá lo que le plazca. La afirmación es hija legítima de la vanidad de esos autores entrevistados, qué remedio, y recuerdo haberla leído por vez primera hace unos seis años. Mi crítica es hacia ellos de manera directa, y veo -con desagrado, pero también qué remedio- que también para ti de manera indirecta. Desde luego el que la repitas tú ahora, en el medio que sea, no resta brillo a una prosa que me parece de la mejor de la... Comarca; igual la justiprecian también en Guatemala, Francia y Costa Rica, si la lista no es incompleta.
Como bien sabes el autor podrá decir lo que le apetezca, pero es su obra la que al final hablará por él. Mal por esos fenómenos de marketing.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Javier: No hay malentendidos. La frase me encanta y, además, la vengo aplicando a lo que escribo desde hace unos treinta años, mucho antes de las entrevistas que mencionas.
La verdad no sé qué tan bien escriba, si lo mío sea sólo apto para la Comarca o también para los lugares que mencionas (te faltaron un par, y no importa), o quizá para menos. No escribo para eso, y tampoco publico para medirme con nada ni con nadie, sino para poder leer el libro que me gustaría leer.
Sé que me divierto escribiendo, y después leyendo lo que escribí años atrás. Acerca de eso hablo en un post reciente, que puedes encontrar aquí.
Lo que no sé --y me confunde un poco-- es qué entiendas por "escritor profesional", pero ése es otro tema. Ha habido varios de ésos por acá, en esto que llamas "Comarca". (Es clara la alusión a los hobbits y sus pequeñas cosas.) Creo que Menen Desleal planteó los principios de la escritura profesional en la... uh... Comarca, pero se practicó desde Gavidia, Claudia Lars, Salarrué y algunos más.
Y los cuates de los que hablas que digan lo que quieran. Mientras el asunto funcione, bien. ¿A ti no te funciona? Si lo intentas, a lo mejor veas las cosas de otro modo, y quizá no te importe mucho que en la Comarca comamos el pollo con las manos, por placer y no siempre porque no sepamos usar los cubiertos. Es, digamos, nuestro muy pequeño lado vikingo.
Lo que he aprendido es que, si quiero quedar bien con los demás, voy a quedar igual de mal que ahora, así que mejor me dedico a lo mío y listo. (Y en serio que los reflectores arruinan el cutis, más aún si te pones maquillaje.)

LaLola dijo...

Ay, Rafael, qué cosas dice...
Por favor, continúe diciéndolas durante toda la próxima semana, porque resultan muy provocadoras y eso es lo que a algunos de por aquí nos gusta mucho. Entiendo, además, que no es provocar por provocar. El argumento está, de modo que así sí se vale.

Anónimo dijo...

Será que lo están acusando veladamente de plagio por la dichosa frase? A estas alturas del campeonato nada debe de sorprendernos en estos lares.
saludos

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

No sé si me estén acusando de eso; pregúntales a los que lo hacen. A mí me parece una buena frase, pero sobre todo una buena idea, y me ha servido durante treinta años. Quizá la vi en alguna entrevista de The Paris Review; quizá no.
Agradecería la referencia bibliográfica o de autor; hasta ahora me han dicho que la usaba Rafael Ramírez Heredia, a quien no conocí y de quien seguro no la leí.
¿Tú qué escribes, a todo esto, aparte de amónimos?

CarlosP dijo...

Hey, ¿qué ondas, dude? Por aquí, siempre siguiendo tus andanzas y buenas malandanzas... Entiendo muy bien el concepto de escribir lo que a uno le gustaría leer; pero para que otros lo lean hay que publicarlo. En otras palabras, apoyo también el concepto de publicar porque a otros les gusta leer, lo cual no excluye el acto de escribir lo que a uno le gustaría leer. Ya me estoy hacieno bolas, pero hay más lectores que escritores y por ahí alguien dijo que es más natural leer que escribir, así que nosotros los lectores (la demanda) necesitamos la oferta.

Ah, y para celebrar, aquí te mando esta onda, basado en una de tus provocaciones radiales:

Mantra

Leo,
escribo,
reviso,
luego soy.

Si dios escribe,
y el diablo revisa,
los pecadores leen.

¡Feliz domingo!

Anónimo dijo...

Hola le saluda afectuosamente el anónimo de las 06:14 P.M., del día 16 de los corrientes para responder a su pregunta: No escribo nada más que escritos propios de mi profesión de abogado.
Luego respondo a su afirmación: Tampoco escribo anónimos, y si no antecede algún nombre y apellido a mi comentario es porque soy algo así como una vaca tirada sobre su lomo respecto de esto del internet y de los códigos para escribir comentarios. Le juro solemnemente que cuando el Google/Bogger (lo que sea eso) me pidió que me identificara con mi correo de gmail y mi nombre yo lo escribí ahí donde dice nombre de usuario, justo cómo lo hago en este momento... pero a saber
nuevamente saludos y que continué con esa originalidad que siempre le ha caracterizado

Juan Murillo dijo...

Yo sospecho que todo escritor pretende escribir el libro que le gustaría leer, pero termina escribiendo el libro que puede escribir.

Lo cierto es que cuando uno lee un libro muy muy bueno se siente conminado por la envidia a acercarse a la hoja en blanco y tratar de superarlo. En el fondo, quisiera uno que ese buen libro fuera suyo. Pero ¿porque? si el libro ya esa escrito y ya uno lo ha leido y disfrutado.

Con el tiempo he llegado ha hacer las paces con el hecho de que ser autor no tiene poco de vanidad intelectual y ahora comprendo que mis hermanos tenían razón cuando me criticaban por sabiondo (que no es lo mismo que sabio).