2 de septiembre de 2009

2 de octubre de 2002


I.
¿Quién caminó en tu sangre?
¿Quién nace de tus ojos hacia fuera?
¿Quién me dice en el fondo de tu carne?

(Hay voces que son nuevas.
Hay versos que aún no se han cantado.)

¿Qué nombre se ha enganchado en tu vestido?
¿Qué emoción en tus labios?

(El ritual de esperar: siempre hay alguien que llega.
Siempre hay alguien que suda. Siempre hay alguien.)

II.
No hay fuego sin remedio.
No hay calor sin entrañas.
No hay vaso sin vacío.
No hay nieto que no llore.
No hay huracán sin árbol.

(¿Quién me sueña en mis ojos cuando duermo?)

No hay silencio sin labios.



III.
¿Cuál es tu nombre, en fin, sin tu apellido,
tu fango y tu mordaza?
¿Cuál es tu lado azul y qué lo alumbra?
¿Quién viaja de tu entraña hasta mi casa?
¿Dónde has vuelto sin culpa? ¿Quién te ama
que no cuente los dientes de tu boca,
los ojos de tu cara?
¿Por qué tu brazo izquierdo se disculpa
si tu brazo derecho va y te abraza?

(No es noche de dormir. No es noche
más que de espera larga.)

¿Quién te sigue y te alcanza?