25 de febrero de 2011

Los años y los hijos

Hace unos días tuve una sensación extrañísima. Después de conversar con mi hijo Eduardo, quien se encuentra en El Salvador, mi hija Valeria pidió su turno, y pues a darle con la platicada con ella.
Lo exrañísimo es que Eduardo tiene 33 años, y Valeria 6, y ni siquiera eso, ni los temas o la madurez o las cosas obvias en una conversación entre dos adultos o entre un adulto y una niña, sino la sensación de estar hablando con dos hijos, y que las pláticas y --Eduardo o Valeria me perdonen-- tuvieran el mismo valor. ¿Cómo clasificar las cosas del cariño, si una plática lo es?
También me di cuenta de que la edad de mi otra hija, Eunice (23 años) es muy cercana a la diferencia de edades entre Vale y Eduardo, y que la diferencia entre cada uno puede ser inmensa, si uno se pone dramático.
Lo que sé es que mis hijos, en especial los mayores, me han devuelto mucho de lo que les enseñé cuando eran niños, y he tenido la fortuna de que fuera lo mejor. En las últimas semanas, ni más ni menos, Eduardo me ha ayudado a recuperar trozos de memoria que perdí en los peores momentos que me ha tocado pasar. Con Eunice siempre estamos cerca, y Valeria me ha dado fuerzas para seguir vivo (los otros también, pero quiero que ella me recuerde, y que me recerde bien).
¡Ah, los años...!

13 comentarios:

Thierry dijo...

Los años... pequeños días... como decía Fabián Dobles... Un abrazo.

Denise Phé-Funchal dijo...

Abrazos Master, la otra semana estoy por ahí :)

Yigael dijo...

Sólo puedo imaginarme ese pasar del tiempo, mi único hijo apenas tiene casi 4 años, y me estremezco al pensar en platicar con el dentro de 3 decadas, es maravilloso y un poco aterrador. En cuanto al cariño idéntico, esa es la magia de ser padre, amar a esa criatura que diste el ser, simplemente porque existe, y lo mismo debe sentirse con cada uno de los hijos que uno llegue a tener.
Saludes... de un amigo de Ricardo Hernández, un día lo visite en su hogar de los Planes y admiro su agudeza histórica en su trabajo de El Salvador Años de Locura... la "edición definitiva"

Roger Guzmán. dijo...

Tener un hijo y una sobrina, a quienes amo y me aman, es lo que me ha empujado a mantenerme con vida. Pero el tiempo, en efecto, pasa tan rápido y uno quisiera darles tanto y uno los ama tanto tanto.

Anónimo dijo...

Y para cuàndo te mueres?

Aldebarán dijo...

Siempre los hijos, el tema del primer post tuyo que comenté. Un abrazo Rafa aunque no podamos platicar tan seguido como quisiera.

Ingrid dijo...

Rafael, mi amigo, vos me haces llorar con tus cosas.

Anónimo dijo...

Hasta luego Rafa, fue un gusto haber leido tu ventana a mi pais, asi nunca tuve el gusto de conocerte, te doy las gracias por haber compartido tus escritos.

Snipe dijo...

Qué hermosa dedicación. Un saludo y hasta siempre, buen señor.

Anónimo dijo...

Te leí desde hace bastante tiempo. Algunas veces te escribí con seudónimo y otras con mi nombre. Ahora lo hago desde el anonimato. Nunca compartí tus puntos de vista políticos, pero había algo en tus palabras que mostraban una sensatez y calidez humana que otros adversarios políticos no tienen. Eso me hizo respetarte. Lamento tu muerte. Lo digo con sinceridad. Como buen ateo y comunista, sólo puedo decir que no se te olvidará mientras haya quién te recuerde. Eso es la inmortalidad para nosotros. Hasta siempre...

El-Visitador dijo...

Sit terra tibi levis, Rafael.

Marya J. dijo...

¡Hola!
Me ha gustado tu blog, la verdad, y querría que me conocieras.
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Carlos R Canas dijo...

The Times They are a Changin' dice la cancion de Dylan y al escucharla nos damos cuenta de que su mensaje sigue vigente. O sera que es cierto el dicho frances de qne entre mas cambian las cosas, mas estas permancen lo mismo. De repente nos damos cuenta de que la generacion de nuestros padres nos esta diciendo adios, y que ya conocemos a los que reemplazaran a nuestros hijos. En nuestra soberbia nos creemos inmortales cuando en realidad nuestra vida es un instante. "Veinte anos no es nada" canto Gardel....