27 de mayo de 2008

Música disco e historia

Hace unos días, Aquél Cuyo Nombre Sólo Puede Pensarse (Y Sólo Fugazmante) En El Fondo De Las Cavernas Más Profundas (Aldebarán, pues) me regaló un DVD titulado Get Down Tonight. The Disco Explosion.
Se lo agradecí bastante, pero no entendí muy bien por qué me lo regalaba; él sabe (Porque Lo Sabe Todo, Etc.) que la música disco no es precisamente lo que escucho todos los días. Es más: cuando apareció Saturday Night Fever, y desde antes, dejé de escuchar mis estaciones de radio favoritas, y casi radio, porque la música disco entró como plaga, y me dediqué a escuchar jazz, clásico y, desde luego, rock viejo, mientras más Led Zeppelin, mejor. Cuando en 1977 La Banda decretó que el rock estaba muerto, estuve de acuerdo, así no me gustara La Banda, y compré el álbum triple donde viene de todo --¡hasta Neil Diamond, vamos!--, en especial Muddy Waters con una versión perrísima de "Mannish Boy".
Anoche me puse a ver el DVD, con un poco de desconfianza, y me llevé varias sorpresas. Para empezar, ver a los músicos disco de la época treinta años más viejos, que siempre pega. El DVD abre con K.C. and the Sunshine Band, previsiblemente con "That's the Way", y allí vino la segunda sorpresa: descubrí que K.C. es blanco. En el tercer track descubrí que Norma Jean Wright y Lucy Martin ("Le Freak") son negras. De Ivonne Elliman ya sabía que es hawaiana, por Jescucristo superestrella, y no entendía muy bien qué rayos hacía metida en la música disco con esa voz y esa presencia. (Ahora sé que estaba haciendo lo suyo: cantar y ganarse la vida cantando.)
Allí vino la primera lección: mi rechazo a la música disco fue visceral: el pum-pum-pum-pum, en estrictos cuatro cuartos, me producía ganas de irme a otra parte y poner a Johnny Winter, que en sus estrictos cuatro cuartos hace maravillas. Vaya: la primera vez que traté --y no logré-- ver Saturday Night Fever fue hace un par de años. ¡Qué cosa tan espantosa! Hablo de las actuaciones, el guión, el vestuario, etc., y la música la oí en automático, o sea sabiendo que "eso" no me gustaba. Mi rechazo de hace dos años fue estético, digamos; el de hace treinta fue irracional, y ni siquiera me tomé la molestia de ver quiénes eran los que tocaban, qué tocaban, para quiénes, por qué, etcétera. Y está bien porque tenía 17 años, pero un nerd debería al menos informarse...
La segunda sorpresa fue que, mientras veía el video, me encontré siguiendo el ritmo con los pies, y luego medio bailando en la silla. ¡Bailando con música de K.C.! Ahora mismo tengo puesto el DVD mientras escribo y estoy moviendo los pies al ritmo de pum-pum-pum-pum en estrictos --y hasta demasiado esquemáticos-- cuatro cuartos. ¿Me terminó gustando la música disco? No creo; antes de eso lo último que oí fue a Thelonius Monk, y también moví los pies, y antes de Average White Band --"Cut the Cake" es sensacional--, y lo mismo; y hace unas semanas me agarró por oír todo lo de Deep Purple, y también me dio por el revival de izquierda con Willie Colón y Rubén Blades. (A Rubén Blades sólo lo soporto, y hasta me gusta lo que hace, cuando trae detrás a Willie Colón. Igual a Héctor Lavoe. Igual a Willie Colón, je.)
Cuando iba por Leo Sayer cantando "You Make Me Feel like Dancing" ya estaba en el ambiente de la música disco, y contento. Como se trata de un concierto, hay un montón de gente abajo del escenario, bailando con los pasos "de entonces", que sigo sin entender; pero fue hasta agradable ver a gente que, en el mejor de los casos, anda en los 45 años, y más bien rebasando los cincuenta, divirtiéndose en su rollo. (Por cierto, siempre creí que Leo Sayer era mujer. Ni siquiera sabía el nombre del que cantaba la canción, y si hubiera sabido que era "Leo", hubiera pensado en "Leonora" más que en "Leonard".)
Luego un par que me gustaron y que me gustaban desde siempre, como "Rock the Boat", con The Hues Corporation, de la época en que me la pasaba en las discotecas. (Sí, cristianamente los sábados, de los 14 a los 16 años. Lo que sonaba era el funky, con el que tengo especial afinidad. Los domingos me iba a patinar al Salón Music, que todavía existe, en San Pedro, en Costa Rica. No, no me iba a Costa Rica todos los domingos: vivía allá.) Luego una rola con Frankie Valli ("Oh, What a Night"), que siempre me cayó bien. Llegué a tener buena parte de su discografía, desde la de los años cincuenta hasta cualquier cosa que se le ocurriera sacar; el tipo es un musicazo. Aún tengo cosas suyas, como las de Grease y "Who Loves You", con the Four Seasons.
Y llegó la otra lección.
Al día siguiente de que Aquél Cuyo Etcétera me pasó el disco, estaba platicando con un compañero de La Casa (omito su nombre para que no lo jodan, porque ya ven cómo es "la gente") acerca del caso de Marcial y Ana María (nomás me dé chance el editor voy a poner las pruebas de portadas; hay unas ideas muy buenas) y dijo algo muy sensato, porque tener 21 años no siempre es señal de insensatez: que algo que no se ha entendido es que el asunto de Cayetano Carpio y Mélida Anaya Montes va mucho más allá de las ideologías o de las coyunturas. Me decía que en su universidad habían comentado que era "raro" (sospechoso, pues) que mis artículos se hubieran publicado en El mundo, que es de derecha, y que quizá por eso yo estaba en una campaña contra el FMLN --¿de veras, Hunnapuh, te crees eso que escribiste?--; lo de siempre. Y la respuesta del compañero fue ésa: es historia y va más allá de ideologías. Y cómo no: el país, con "los sucesos de abril", cambió radicalmente. El país es lo que es, y en parte todos somos los que somos, por lo que pasó allí; y lo menos que uno puede querer saber es dónde están sus orígenes. El que no quiera saber, pues que no lea.
Anoche platicaba con Carlos Ábrego acerca del tema también --el compañero de La Casa me consiguió materiales invaluables sobre el asunto, y se los estaba contando--, y me dijo lo mismo: que ya es un asunto de historia, que ni siquiera tiene que ver con campañas electorales o no. Le dije de algo interesantte que ocurre. He comentado que el libro que se publicará en junio es un libro "personal", quizá el más personal que he escrito. La "lectura" que algunos han hecho es que se trata de un libro revanchista, o que allí quiero dejar mal a Sánchez Cerén y dañar el FMLN por mis resentimientos. Lo bonito es darse cuenta de lo que para los que comentan eso significa que algo sea "personal". Carlos conoce la versión anterior del libro, y me decía que esperaba ataques contra Schafik y Sánchez Cerén, incluso contra Ana María, y no los hay.
Y no tiene por qué haberlos: para mí, "personal" significa que es "familiar". Estoy hablando de mi familia. Desde hace años he dicho por acá que me tocó la extraña suerte de criarme en medio de todos ellos, a quienes les tocó hacer una historia de la que fui testigo, y participante muy marginal. Lo de Marcial y Ana María es personal porque eran parte de esa familia, al igual que Schafik y otros más. (Leonel no; uno tiene límites. Y antes de que lean en esa frase algo así como que estoy tomando una posición de animadversión contra él y que por eso me pagan la CIA y la NBA, aclaro que se trata de una broma. Una broma seria, pero broma al fin.) Y de verdad que no es agradable ver cómo la familia se trata de ciertos modos, y a veces la vida familiar de uno tiene que ver incidentalmente con hechos que son eslabones perdidos de la historia.
En los artículos que aparecieron en El mundo viene la información muy grosso modo, digamos algunos de los datos destacables. En el libro, alrededor, está todo lo que tuve que investigar, averiguar, leer, lo que sea, para tratar de entender qué había pasado en la sala de mi casa. Y lo que pasó fue espantoso, a veces ridículo, a veces noble, a veces patético; de todo hay en las familias.
En fin, que Aquél me dio una lección interesante con el DVD que me regaló, y la complementaron dos buenos amigos de edades totalmente diferentes, con formaciones e ideas totalmente diferentes, aunque ambos son santanecos, hay que anotarlo.
En resumen, no es que me guste la música disco mucho más que en 1977; es que ahora puedo verla a la distancia y tiene sus cosas agradables. No se trata de "rock vs. disco", como lo fue --dogmáticamente-- en 1977, sino de expresiones diferentes que, a estas alturas, pueden convivir sin rechazarse. Sigo sin soportar a Gloria Gaynor, sigo prefiriendo Led Zeppelin a casi cualquier cosa del rock, Johnny Winter sigue siendo mi héroe y... bueno... el hip hop y el trance pueden vivir sin mí; quizá dentro de treinta años --si es que entonces quedó alguna piedra-- alguien me regale un DVD o su equivalente que me haga decir: "Mira, tenían su encanto..."
Es historia, pues. Y me he divertido bastante viendo y oyendo cosas que no entendía ni entiendo, pero al menos conozco un poco más. Gracias, Aldebarán.

7 comentarios:

MARTINEZ TELLEZ dijo...

Maestrísimo:
Todo es cuestión de perspectiva.
La música disco se deja escuchar ahora porque "eso" que se toca en los antros de hoy es infinitamente peor.
Y no. No estoy siendo dogmático. Estoy siendo objetivo. :)
Yo

Anónimo dijo...

Y te pagan un salario para escribir tanta mierda?

Tzaviere dijo...

A la sombra del spam, Atilio Doreste dixit, hoy toca premio, como podrás ver en mi web log. Enhorabuena.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

¿A Hugo? Bueno, él trabaja en Excélsior de México, y recibe un salario; es un excelente editor. Su blog y los comentarios en el mío creo que los hace gratis.

MARTINEZ TELLEZ dijo...

Si era conmigo, bueno... supongo que algún dj se pudo sentir ofendido.
Y no me pagan por escribir blogs ni comentarios.
Si era con Menjívar, bue... ya se sabe quién es.
La pregunta es: ¿y te pagan un salario para escribir sin firma o lames coyundas por gusto?

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Fíjate, carnal, que hay algo grueso en la música actual de las disco. Antes hasta KC sabía tocar el piano, cantaba, bailaba, qué sé yo; al menos le hacía a la música y sus alrededores. Ahora es la época de los djs, que a lo mucho sabrán usar máquinas donde hay música ajena (samples incluidos), acetatos que tratan como no debería tratarse un acetato y gente que rara vez oye lo que se toca; andan muy ocupados en otras sensaciones e intereses.
Igual en otras ramas: los gerentes han sustituido a los editores y los curadores a los museógrafos, museólogos y artistas. A veces es más importante quién hace la curaduría que el artista, y el curador no es más que una especie de dj, pero sin música.
Y yo soy el que soy. Lo que no me gusta es que te vilipendien así nomás por tus gustos musicales :)

LaLola dijo...

Mi estimado Rafael,
Y que me dice de Lady Marmalade pre-Moulin Rouge? Que me dice del disco revival en Moulin Rouge? Le gusto? No? No sabe no responde? Las mujeres la teniamos bastante mas pesada: en las clases de aerobicos habia que incrementar el ritmo cardiaco al son de la disco music, de modo que acababa no gustando,pero metiendose en alguna parte del cuerpo. Por ejemplo, Flashdance era para el calentamiento de piernas y brazos. Cuando descubri que correr 5 km era el mejor cardio diario, deje la histeria de los aerobicos y con ella la disco music. Pero siempre que escucho Man Hunt mentalmente cuento hasta ocho y luego "ocho mas!" como decia la coach...