28 de mayo de 2009

Más sobre el odio

El odio es autoindulgente y, lo peor, autocompasivo. Muy en la superficie del que odia hay alguien que se ve a sí mismo con ternura, o lo que entiende por ternura, que en realidad es lástima.
* Un odio puro sería insoportable. Hace falta modularlo.
* ¿Qué ve en el espejo alguien que odia, qué ve de sí mismo? ¿Qué gestos compone? ¿Cómo premedita sus expresiones? ¿Qué quiere ver realmente?
* "Pobre de mí, que me veo obligado a odiar." "Pobre de mí, que odio."
* El miedo de ser descubierto en el miedo, o sea en la debilidad, o sea en el odio.
* Los que odian son las mejores personas del mundo: tienen una causa que defender, y la ofensa tiene sentido en razón de esa causa. No hay ofensa: hay justicia. El que odia es siempre un justiciero.
* ¿Se da cuenta de su ridiculez? ¿Sabe que su histrionismo da risa o pereza? Obviamente no detecta la imagen que genera: sólo ve adeptos incondicionales o enemigos totales.
* Interesante: los que son sus enemigos un día son sus adeptos al siguiente (¿podría hablarse de aliados?). El odio es de memoria muy corta.
* Peligroso quien odia en frío y sabe que el odio es su derrota, no el modo de obtener pequeñas y muy estúpidas victorias seguidas de fracasos estrepitosos y frustraciones incurables. Peligroso quien tiene la noción de ser un pobre diablo, y lo acepta, y lo disfruta. Peligroso el que encuentra en el odio una vocación, y no un descargo.
* ¿El odio como masoquismo? (Los dos lados de la medalla.)
* "No me importa si me odias. Me importa que sufras."
* En el momento de ejercer el odio sólo se puede ser, en los actos, estúpido; minutos o años después, el acto resultante sólo puede verse como una estupidez.