6 de abril de 2010

De jóvenes radicales a viejos reaccionarios

Buena parte de los comentarios a la antología de poetas jóvenes Una madrugada del siglo XXI, de Vladimir Amaya, han caído en una (molesta) condescendencia, el rechazo (explícito o no) y una especie de análisis casi histórico, casi sociológico, que muestra que los comentaristas no están entendiendo muy bien lo que está pasando con la poesía en El Salvador.
La observación más importante que se ha hecho, explícita o subyacente, es que los poetas antologados no se inscriben dentro de la tradición poética salvadoreña, o que desconocen lo que han publicado antes otros autores nacionales. Cierto o no, me parece que el error de base es suponer que existe algo parecido a una tradición poética en El Salvador que pueda seguirse, como la existe en otros países, es decir: un continuo de poetas o generaciones --vanguardias incluidas-- que van montándose en los anteriores y, con suerte, evolucionando hacia cosas más depuradas e interesantes. (Puede ocurrir, también, que en algún momento una antigua tradición se estanque por exceso --en algún momento los poetas contemporáneos pueden sentirse aplastados o rebasados por quienes los precedieron--; en casos como el nuestro, si no se mira más allá de las fronteras de todo tipo, talvez los escritores se queden embebidos en un par de figuras influyentes y se conviertan en sus apéndices. En El Salvador ocurrió --y sigue ocurriendo-- con Roque Dalton y Salarrué; en Nicaragua aún es difícil ver a Darío como una influencia depurada, y los talleres de poesía oficiales de los años ochenta masificaron el estilo Cardenal, y no para beneficio de la poesía.
El que no haya una tradición poética en El Salvador no significa que no haya cantidad suficiente de escritores a los cuales leer y estudiar; significa que su calibre no es suficiente --y los que lo tienen son muy pocos-- para poder formar una tradición de calidad.
De entre la larga fila de nombres que pasaron por las páginas debidas a la actual Dirección de Publicaciones e Impresos y la Editorial Universitaria --la antigua, claro--, pocos están a la altura de cualquier buen poeta de cualquier parte: Hugo Lindo, Pedro Geoffroy, lo mejor de Dalton... Y eso no es privativo de El Salvador; el error es creer que basta con la producción nacional para alimentarse lo suficiente para generar literatura de talla mayor. Un error muy similar es suponer que basta con leer a los que se considera mejores autores contemporáneos de cualquier parte del mundo: en ellos habrá recursos y pistas importantes, pero hay milenios de poesía a la cual recurrir en la que no está todo, pero sí mucho de lo que falta y que se va diluyendo con el paso del tiempo y de la escritura.
¿Es importante para un poeta joven salvadoreño conocer a Lars, a Guerra Trigueros, a Quijada Urías, a Huezo Mixco? Sí, sin duda; muestra un camino y puede ubicar el lugar donde nos encontramos. Pero esperar que de allí surja toda una poética es un tanto excesivo. No hay suficiente alimento, y el que hay no siempre será digno de digestión.
Un punto importante es que durante años --desde mucho antes de la guerra hasta mucho después de su término-- se perdió lo que en efecto existió hasta principios de los setenta: la cadena de transmisión del conocimiento literario: los "mayores" mostraban caminos a los más jóvenes, y éstos tenían algunas pistas que seguir para ampliar las miras de su trabajo, si ésa era su intención. Oswaldo Escobar Velado y Pedro Geoffroy son reconocidos como ávidos impulsores de los más jóvenes, como antes de ellos Claudia Lars y después Ítalo López Vallecillos.
Esa tradición se fue perdiendo con el incremento de la represión política tras la ocupación de la UES, en 1972, y después vino la guerra con sus urgencias y compromisos, que dejaron buena parte de la poesía en textos en su mayoría sin valor ni perspectivas desde el punto de vista estético.
El resultado, después de la guerra, fue un montón de gente que escribía mal, que hablaba de política cada vez que se le preguntaba de poética, grupos e individuos desarticulados y confrontados y jóvenes que buscaban que "los mayores" les dieran algunas pistas, algún consejo, algo.
Y los mayores no les dieron mucho, aparte de romperles poemas porque "eso no sirve", decirles que "un día de éstos hablamos" o, lo peor, la condescendencia: "Tu poema está bien. Sigue así." Hubo algunos talleres --aún los hay--, de ésos que no duran mucho porque se trata de ejercicios de autogratificación del poeta encargado: se espera que todos escriban de cierto modo, bajo ciertos parámetros, de preferencia muy parecidos a los del conductor.
Lo que muestra la antología de Amaya es algo muy parecido a una rebelión, y la reacción de "los mayores" es negarla, y quizá en algún momento caerán en la tentación de combatirla abiertamente. Pero no es tan fácil: la poesía se combate con poesía y, francamente, en la antología hay gente con calidad poética superior a la de muchos "mayores". Si debo decirlo como parte involucrada, un montón de chamacos nos están pasando por encima, y no hay manera de evitarlo: no nos están pidiendo permiso, y no lo necesitan. No digo que todos los antologados me parezcan buenos --como dije en el post anterior, Amaya quizá sacrificó en algunos casos la calidad en aras de las propuestas--; digo que por lo menos la mitad de los antologados, de treinta años para abajo, tienen una calidad que "los mayores" quizá no alcancemos, con propuestas originales, buena ejecución y madurez personal y literaria. No sólo hay talento: hay productos tangibles y, si hubiese la posibilidad de publicar libros de muchos de ellos, sería más patente. Lo sé: me he pasado ocho años siguiendo muy de cerca el proceso.
Y será difícil --y de allí buena parte del rechazo a la antología-- inscribir a muchos de esos poetas jóvenes en la tradición salvadoreña, con todo y que seguramente, en unos años, eso será parte de nuestra tradición. Lo importante es que hay una fuerte tendencia a nutrirse de una tradición muchísimo más amplia, y no hacer "literatura nacional" sino, simplemente, literatura. Eso, más que una negación de "lo nuestro", me parece que muestra una amplitud de miras que no ha sido la constante en nuestra poesía.
¿Qué va a pasar entonces? ¿Aceptar que se viene un recambio generacional bastante marcado o pelear contra lo inevitable? ¿Decir que no hay nada nuevo después de nosotros o tratar al menos de entender que algo serio está pasando y que la poesía salvadoreña está abandonando sus cómodos cauces habituales?
Es obvio que "lo que viene" no lo detiene nadie. ¿Nos va a tocar el papel de jóvenes radicales que se convirtieron en viejos reaccionarios? Todo indica que ésa también es la tendencia. ¿Es esto último un proceso natural? No lo creo, o más bien no lo quiero. Pero es lo que parece que tenemos. Conozco casos de poetas "de los mayores" que lo ven desde otra perspectiva y, a su manera, estimulan a los escritores más jóvenes; son los que no han olvidado.
Miguel Huezo Mixco dice que la antología de Amaya es "un campanazo", y tiene razón. Ahora es importante leerla para saber lo que anuncia.

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Nota bene 1: Insisto en que siempre he estado en desacuerdo con las autopublicaciones. En este caso no veo alternativa; nadie va a publicar una antología no sancionda por "los mayores" y, como se ve, la de Amaya ni siquiera se hubiera fraguado.
Nota bene 2: En mi mundo ideal, los mejores poetas salvadoreños son Eliot y Vallejo. Algunos preferirán a Neruda o García Lorca o vaya a saber. Hasta ahora ha resultado ser un punto de vista muy poco popular: en esos niveles, ¿dónde quedaría uno, pobrecito?
Nota bene 3: Sería interesante saber qué antología de poesía de jóvenes harían algunos "mayores". Me da la impresion de que sería harto diferente y mucho menos llena de propuestas originales.

12 comentarios:

Carlos Abrego dijo...

Rafa: Pues no puedo afirmar que estoy de acuerdo con lo que decís, pues me faltan los textos publicados. No obstante, aunque tal vez sea necesario ponerle amortiguadores a tus sentencias, me resultan importantes e interesantes. En todo caso, nunca será pecado poético salirse de ninguna tradición.

Hoy, 6 de abril, aquí en mi destierro —medio obligado, medio voluntario— he encontrado, buscando otras cosas, dos versos, uno de Berceo, el primer poeta de lengua castellana. Cito a Jorge Guillén: "Allí se cuenta que Berceo aprendió latín en el monasterio de San Millán, donde aquellos monjes le enseñaron "buena doctrina",

Mucho más provechosa que caldo de gallina. (Este es un verso de Berceo).

A mí me parece secillo y moderno. Escrito en el siglo XIII.

Y luego encontré este otro verso:

"Tu cabello es arina de otro costal"

Este último es de R. Dalton García.

De aquel a este no hay continuidad de tradiciones, pienso. No obstante es constante, en la poesía en castellano, que lo cotidiano suba a lo poético.

Anónimo dijo...

Señor Menjivar, debiera ser directo y decir quienes son los adversarios de estos jovenes. Lo que he le'ido delos comentarios en su blog y en el de Miguel no me indica nada que haya 'viejos radicales' oponiéndose a los jovenes. O le han escrito ellos a usted por aparte?

Un saludo
ADV

Vilma dijo...

El "compromiso con la palabra" nos dice que "los grandes" son quienes entienden el espíritu que da vida al poema, a la poesia. Limpieza
en el texto: trabajo, cual minero que extrae la plata. He leido poemas perfectos (limpios) pero sin amor, sin sabor, sin fulgor, sin furia. Poemas imperfectos que estallan con suavidad y dejan un sabor delicioso. Ejemplo:
Señora Carmen González versus
Señor Heriberto Montano. Me quedo mil veces con la poesia de
Sr. Montano pese a que el producto de la señora está muy correcto.
Busquemos lo mejor, leamos lo mejor, aprendamos a corregir, no dejemos de escribir porque ya saldrá lo que necesitamos leer.
De paso, no dudo en invitar a leer a la señora Irma Lanzas, lo mejor que podemos encontrar en poesia en
El Salvador.

Vilma dijo...

Espero que, cuando citan a Dalton:

"Tu cabello es arina de otro costal", sea una falta ortográfica
adrede. Casi estoy segura y cruzo dedos.
El anónimo dice: "debiera".
Supongo que quiso decir: debería,
porque es la forma condicional.
"debería" es utilizado para el futuro simple.
A menos que se ampare en el hecho de que "debiera” es más una sugerencia. Disculpas por la confusión.

Si me equivoco acepto ayuda, si da igual, caso omiso, gracias.
Respecto a la petición de ADV,
no es necesario especificar Rafita,
"El tiempo engaña y desengaña y el que mucho aclara todo oscurece".
Acertado y concreto lo que nos transmite en el blog.

Como dice Sandra: solamente.

Aniuxa dijo...

Uh! Ya la quiero ver. No sabía que Vladimir había prologado y hecho semblanzas. Ya me dio curiosidad. Un gran saludo y por qué no varios abrazos desde esta tu casa en México.

Carlos Abrego dijo...

Fe de erratas:

Ingenuamente me dejé llevar por una edición "pirata", una recopilación peruana de poemas de Dalton. Ahí viene 'arina' y pensé adrede la borrada hache. Fui a otra compilación —pues la promesa de mandarme las obras completas publicadas por Concultura quedó en eso, en mera promesa— editada en Argentina, con nombre de la casa: Editorial Nueva América y con el nombre del compilador Vicente Muleiro. La hache omitida viene bien puesta, entonces hay que leer:

"Tu cabello es harina de otro costal".

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Querido Carlos: Excepto en lo de la "arina", estamos de acuerdo. Anoche leíamos con Krisma unos ensayos de Huidobro y el prólogo de Altazor y decíamos: ¿Qué se puede escribir después de esto? Pero mucho se ha escrito, por gente que conoce o no a Huidobro. La evolución es inevitable, sea lenta o rapidísima o aunque parezca que las cosas se han estancado. De eso hablo un poco, y de la dificultad de ver que después de "nosotros" no vino el diluvio, sino un aertoplano con la rama de olivo. Un abrazo.

ADV: Curioso que pida nombres alguien que no da el suyo propio.

Vilma: De acuerdo también. Y sin duda Irna Lanzas tiene una poesía bastante digna de leerse. (Para los demás: Vilma estuvo en el taller de La Casa del Escritor y allí escribió un poemario que es un verdadero ejemplo de delicadeza, contundencia, precisión y emotividad. Ya lo conoceremos un día de éstos.)

Aniuxa: Un abrazo para ti.

Nancy dijo...

Leo el post y recuerdo tus palabras cuando iniciabas con el proyecto de la Casa y trabajabas con los chicos que escribian poesìa; dijiste: "En unos años ustedes van a dar mucho de que hablar" Y me alegra que eso este pasando.
¿Sabes donde puedo encontrar la antologìa?

Un abrazo y saluditos a Krisma y a Vale.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Nancy: Y todavía falta.
La antología la compré en Los Tacos de Paco, por $10. (No hemos visto a Vladimir para que le dé su ejemplar a Krisma.) Vale la pena echarle un buen ojo.

Tzaviere dijo...

La única tradición histórica en nuestras letras es la indiferencia. Existe demasiada mezquindad o pereza para reconocer el talento del otro. Temo de manera razonable que lo mismo sucederá con la mayoría de los poetas de esta antología. "Buena parte de los comentarios a la antología de poetas jóvenes Una madrugada del siglo XXI", escribes, y sonrío pues sobre la misma sólo has escrito tú, Miguel Huezo Mixco y este comentarista (a menos que exista un alud de notas que no he sabido encontrar en la red y tú sí). Más comentarios que justipreciaran el volumen antecitado estaría bien, eso implicaría que empezamos, al menos, a no ignorarnos.

Herberth Cea dijo...

Nancy: También está a la venta en los puestos móviles de libros usados y nuevos de la UES, hoy los ví por ahí, esta semana andaban por sicología.

Guarnieri dijo...

Este texto y el de Miguel Mixco se me antoja abreviarlos recurriendo a dos frases hechas.

La primera es de Bertolt Brecht y reza, más o menos, así: 'Le creo a la poesía. Tengo recelos de la sabiduría'.

La segunda es de G. Chesterton: 'Será la juventud lo que quiera. Poquísimas veces es original'.

Lo que me desagrada de las antologías es su velada y estúpida pretensión consagratoria, y: 'Una madrugada del siglo XXI', no es la excepción. No obstante, la madera con que se labraron algunos de los poemas antologados por V. Amaya, es caobana, cidria, ebenácea.

El problema con las metáforas es que no significan 'cualquier cosa'. Dicho ésto, debo recalcar que el tañido de una campana puede sonar diafano, continuo y liviano (católico en última instancia), u opaco, pausado y grávido (como las campanas budistas o las que antaño anunciaban el recreo).

En general y para mí pesar, al repicar ésta 'Madrugada' el campanazo que se desgaja me salpica de zumo, furiosa y aburridamente, católico. Los poetas mientras más se empeñan en alejarse de 'algo', más se le acercan. A la madrugada le sigue el amanecer...¡Vamos a ver si llega! Igual seguiré aquí y allá, esperándolo.