3 de diciembre de 2004

Soneto

Harto de no correr y de cantar a gatas.

Harto de mi paciencia. Harto de no estar vivo

Sino en el ojo tuerto y en las vacías lápidas

Que dejan las palabras cuando callan los gritos.

Harto de malas sábanas. Harto de los milímetros

Que van del ojo al sol, desde el cielo hasta el alma,

Del pan a los lamentos, de la cama al cilicio.

Harto de esta pasión de vegetal en brama.


No se redime a Dios si se llora en silencio.

No se redime a Dios. Nadie llega de noche

Para pedir perdón y algo de linimento

Y así curar su sombra mientras la voz esconde.


Harto de oler el tiempo cuando el tiempo no pasa.

Harto de correr sólo cuando la quietud mata.