28 de abril de 2008

Historia de un crimen polémico

Así tituló El mundo la nota en tres partes, de dos páginas cada una, que escribí para que aparecieran publicadas hoy, mañana y pasado mañana. La nota viene en la edición impresa bajo el rubro "Grandes series", pero no la encontré en la edición electrónica, así que la transcribo por acá. Tiene algunas ilustraciones del periódico Barricada de abril de 1983, que ya he publicado en este blog. Y, sí, trata acerca del suicidio de Salvador Cayetano Carpio y del aesinato de Mélida Anaya Montes.
Es un resumen bastante corto de un libro sobre el tema que escribí en 2002, con actualizaciones en años posteriores, y que se encuentra aún inédito. Quizá se publique este año; hay ofertas desde que lo terminé, pero siempre he esperado el momento adecuado, y nunca llega. El carácter del libro es bien diferente al de la nota; lo que resumo es alguna de la información, nada más. Aquí traté de darle carácter casi de crónica policial, para evitar ideologizaciones, subjetividades y todo eso. Una parte de la información proviene de fuentes que prefieren el anonimato, pero hay mucha que es de carácter público; todo es cosa de buscarle.
Va, pues, la nota:


El 12 de abril de 1983, a eso de las 9:45 de la noche, una fuerte detonación resonó en la urbanización Las Colinas de Managua, lugar de residencia, entre otros, de altos militares nicaragüenses y comandantes guerrilleros salvadoreños. Un grupo de soldados sandinistas bien armados entró de golpe en una de las tantas casas del lugar y en la cocina, dentro de una alacena, encontró el cadáver de un hombre pequeño, de sesenta y cinco años de edad, de cuyo pecho aún salían golpes regulares de sangre.
–¡Lo mataron! ¡Lo mataron! ¿Por qué lo mataron? –gritó una mujer que apareció desde una de las habitaciones, y nadie supo qué contestar, porque ninguno de los presentes sabía lo que había ocurrido.
De alguna manera lograron contener a la mujer, y pronto la casa se llenó de gente y más gente, en especial de militares nicaragüenses, agentes de la Seguridad del Estado y jefes políticos y militares de la guerrilla salvadoreña. No hizo falta mucho tiempo para saber lo que había ocurrido: Salvador Cayetano Carpio, comandante “Marcial”, primer responsable de las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL) –la más poderosa de las organizaciones guerrilleras del FMLN– se había suicidado de un disparo en el corazón. Era su cuerpo el que sangraba dentro de la alacena, ocupada por una silla y una mesa, donde acostumbraba trabajar.
Unos minutos antes le había pedido a su esposa, Tula Alvarenga, que fuera a revisar si su nieta se había puesto el pijama. Cuando ella lo hizo, fue a la alacena y se disparó. Para su suicidio utilizó una pistola extraña, un revólver sin tambor, de cuatro bocas, calibre .357, que le fue regalado por el “hombre fuerte” de Panamá, Manuel Antonio Noriega, a instancias de José de Jesús Martínez, filósofo, matemático y jefe de escoltas del desaparecido Omar Torrijos, a quien Noriega había sustituido en el poder menos de dos años atrás.
Pasaría una semana antes de que se diera a conocer al público el suicidio de “Marcial”, y varios meses antes de que se supiera que, en el momento de su muerte, el líder histórico de la revolución salvadoreña, con cuarenta años de luchas a la espalda, se encontraba ese día bajo arresto domiciliario, en medio de una investigación de asesinato en la cual, a la larga, se le acusaría como autor intelectual.
Un año después de su muerte, Carpio fue explícitamente exonerado de los cargos por un juez, pero esa información jamás se dio a conocer; era demasiado lo que había de por medio para la izquierda salvadoreña y, hasta la fecha, la imagen del dirigente sindical, que sufrió persecuciones, cárceles y torturas, que logró articular uno de los movimientos de masas más importantes que ha habido en América Latina (el Bloque Popular Revolucionario) y una de las guerrillas más poderosas, fue trastocada por la de un asesino megalómano y cruel, y su nombre se convirtió en sinónimo de todo lo malo que pudiera imaginar cualquier militante de la izquierda radical.

UN TERRIBLE ASESINATO
El camino hacia el suicidio había comenzado seis días antes, la madrugada del 6 de abril de 1983. Un grupo de hombres armados había entrado en la casa de Mélida Anaya Montes, “Ana María”, la segunda responsable de las FPL, con la ayuda de sus propias escoltas y de la empleada doméstica, y la había asesinado. Tres fueron los comandos que entraron en la casa, ubicada en el kilómetro 15.5 de la Carretera Sur de Managua. El responsable de la operación se encontraba a unos pasos del lugar, dentro de un vehículo encendido, esperando.
El crimen fue digno de una película de gángsters de bajo presupuesto. Los asesinos la tomaron de las extremidades y le infirieron ochenta y dos golpes con un picahielo. “Ana María” era una mujer fuerte y se negó a morir. Entonces uno de los asesinos la degolló. El diario “Barricada” publicaría la foto al día siguiente, en primera plana. Tanto las autoridades sandinistas como las FPL y el FMLN acusaron del asesinato a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos: ¿quién más podía haber hecho algo tan monstruoso?
La CIA, en contra de su costumbre de no negar o confirmar las acusaciones en su contra, lanzó un comunicado casi de inmediato para desmentir cualquier participación en el hecho. Nadie tomó el comunicado muy en serio; no se iba a hacer caso de los desmentidos del enemigo. En todo caso, si no era la CIA, el responsable sería el gobierno salvadoreño; la diferencia no era demasiada.
Horas después del asesinato, Salvador Cayetano Carpio aterrizaba en Trípoli, la capital de Libia, en compañía de uno de sus más importantes asesores, Rafael Menjívar Larín, para entrevistarse con el presidente Muammar Khadafi. Poco antes habían hecho escala en Líbano, y quizá se reunieran con Yasser Arafat, el máximo dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina. Antes, probablemente, estuvieran en Yugoslavia. Era obvio que andaban en una campaña internacional para “algo” que se preparaba desde casi un año antes, de lo que muy pocos tenían conocimiento.
En la escalerilla del avión, un enviado de Khadafi interceptó a Carpio y Menjívar y les dio la noticia: “Ana María” había sido asesinada. Había un avión esperándolos para trasladarlos a París, donde mientras tanto se buscaría el modo de que llegaran lo más pronto posible a Managua.
Es seguro que el viaje a París lo dedicaran a hablar acerca de lo que había ocurrido, de sus consecuencias y de lo que debía hacerse. En Francia, mientras esperaban el vuelo que los llevaría a México, sostuvieron una intensa reunión con representantes de las FPL, y las discusiones siguieron durante las nueve o diez horas de viaje al aeropuerto Benito Juárez del Distrito Federal.
Allí los esperaba ya una militante de su organización, que los llevó a una casa donde ya había otro grupo de militantes de las FPL. Una nueva reunión, más discusiones que duraron toda la noche y parte de la mañana, hasta que fue la hora de abordar el avión que los conduciría a Managua.
En el aeropuerto Augusto C. Sandino ya los esperaban agentes de la Seguridad del Estado para trasladarlos a la plaza que está frente al mercado Huembes, donde se celebraría la ceremonia luctuosa. El cuerpo de Mélida Anaya Montes sería enterrado al frente de una escuela primaria –un homenaje a su oficio de maestra–, que se rebautizaría con su nombre. La ceremonia ya estaba lista, y sólo esperaban a “Marcial” para dar inicio. Era el 11 de abril de 1983. Habían comenzado su viaje de regreso el día 7, y no habían dormido un minuto en todo ese tiempo.
Durante el servicio fúnebre, “Marcial” hizo un discurso laudatorio de “Ana María” y condenó su asesinato. “Se equivoca el imperialismo si cree que va a debilitar nuestra unidad. Vamos a fortalecerla hasta alcanzar la victoria final y por eso este día, al despedir a nuestra compañera, garantizamos intensificar la lucha contra el enemigo común, el imperialismo norteamericano, y estén seguros que lucharemos hasta el final por la libertad de los pueblos centroamericanos, que ya merecen su propio destino”, dijo, según reportó “Barricada” en su primera plana.
El final de la lucha, para Carpio, llegaría al día siguiente.

LA ÚLTIMA REUNIÓN
Después del sepelio continuaron las reuniones, y ya no sólo con la gente de las FPL, sino también con funcionarios del gobierno sandinista, de la Seguridad del Estado, con representantes del FMLN y del Frente Democrático Revolucionario, con representantes del gobierno cubano... Día y noche, sin descanso. No era el momento más propicio para dormir.
Hubo algo que “Marcial” de momento no supo: después del sepelio de “Ana María”, la policía sandinista hizo varios arrestos. El más importante fue el de Rogelio Bazzaglia, comandante “Marcelo”, responsable de inteligencia de las FPL. También se arrestó a gente cercana a él, al personal de seguridad de “Ana María”, a su empleada doméstica –que en realidad, cabe decirlo, era militante de las FPL–, y se puso a “Marcial” bajo vigilancia especial, con agentes de la Seguridad del Estado y del Ejército Popular Sandinista, además de sus escoltas habituales.
Al día siguiente, al mediodía, tras haber pasado la noche en blanco, Salvador Cayetano Carpio tuvo la última reunión formal de su vida. Lo convocaron el jefe de las Fuerzas Armadas, Humberto Ortega Saavedra, y el ministro del Interior, Tomás Borge, su amigo y compañero de ideas; dentro del gobierno sandinista, era el más cercano ideológicamente a él, y a quien reconocía como su interlocutor más confiable.
La reunión duró algunas horas. Se le comunicó a “Marcial” que el comandante “Marcelo” estaba bajo arresto, y que era el responsable directo del asesinato de “Ana María”, junto con varios militantes de las FPL. Había pruebas suficientes, que le mostraron. La empleada de “Ana María” había confesado, y los demás estaban a punto de hacerlo. “Marcial” debía cooperar en la investigación.
De la reunión –de la que se hablará con mayor detalle en la siguiente entrega–, Salvador Cayetano Carpio salió en calidad de arrestado. Se le despojó de su escolta personal y se le envió a casa bajo arresto domiciliario.
Dedicó la tarde a escribir varias cartas; algunos dicen que dos, otros que tres, entre ellas su nota de suicidio. No trabajó en la alacena, como acostumbraba, sino en la mesa del comedor, acompañado de Tula Alvarenga, su esposa y compañera de luchas desde cuarenta años atrás. Cuando terminó de escribir ya había entrado la noche. Le pidió a su esposa que viera si su nieta se había puesto la pijama.
Después se mató.

8 comentarios:

Soy Salvadoreño dijo...

Aqui esta la segunda parte.
La primera parte no la encontre tampoco.

Moroco dijo...

Igual, que los del mundo no pusieron la primera parte....pero gracias por colocarla en el blog....y bueno espero la salida del libro porque creo que este es un importante capítulo de la historia salvadoreña que no puede abordarse enteramente en una publicación de 6 páginas.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

No se puede. El asunto es complejísimo. Vaya: en las notas estás sólo lo "forense", digamos. Ni siquiera dio chance de poner las fuentes...
Creo que es un peso que todos tenemos que quitarnos de encima. A la larga, no importa la inocencia o culpabilidad de Marcial, sino saber un poco lo que pasó.
¡Y ya van 25 años...!

Lector testigo dijo...

Espero la publicaciòn de tu libro, de seguro será una contribuciòn grande al conocimiento de nuestra historia. El relato con las características (policiacas) genera dudas pero tus fuentes son valiosas y muy pròximas a los acontecimientos. Unas preguntas, Leonel, afirma en el libro lo del suicidio y parece ser cierto, pero por eso de las dudas, algunos datos sueltos son:
1. Examen mèdico-forence de Marcial
2.Estado de salud de Marcial en 1982 y 1983.
3. Documentos de seguridad de cubanos y nicas sobre la invasiòn de los gringos.
4. Documentos del caso en los tribunales en donde el caso de tartó.
5. Versiones de los actores materiales a la fecha.

DESEGURO TE PIDO MUCHO, PERO DADO LA PROFUNDIDAD EN LO QUE ESCRIBIS MOTIVA A SEGUIR LEYENDO EL TEMA.
HE RECOLECTADO AL MENOS 10 VERSIONES DEL CASO, Y UNA DE LAS FUENTES POCO CITADAS ES LO DE LA COMPAÑERA LUZ (LETY SOLANO)-QUE POR CIERTO TE VI EN LA UTEC EN LA PRESENTACIÒN DEL LIBRO- SERÌA BUENO CRUZAR LOS DAROS DE ELLA CON ALGUNAS DE LAS FUENTES CITADAS. ES PERO EN POCO TIEMPO AGREGAR ALGO A ESTE PUZZLE.

Anónimo dijo...

Que paso Tocayo.
Interesante aporte el que estas haciendo, independientemente de si es o no el tiempo de hablar sobre este tema.
Fijate que mi viejo fue compañero sindicalista de marcial, y a pesar de que el no tiene informacion secreta o interna de lo que paso, el me dice que no cree que Marcial hubiera sido capaz de ese asesinato, y que Marcial tenia sus errores y debilidades, pero que no hubiera llegado a tanto.
La Verdad es extremadamente escurridiza, especialmente en un tema tan polemico como este, pero coincido en la importancia que tiene.
Va pues Rafay, portate bien....

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Lector: Todo indica que fue suicidio en la medida en que él jaló el gatillo. Las implicaciones, si se lo ve a otro, son diferentes. Si me preguntas mi opinión, no fue un asesinato muy diferente al de Ana María. Lo que creo es que no hay que verlo como se acostumbran ver las cosas por aquí: Marcial bueno o Ana María mala. Era una pugna política. En lo personal, hay muchas cosas en las que no estaba de acuerdo con Marcial, pero hay algo que es cierto: era el único que tenía un objetivo bien claro dentro de la izquierda, fuera el que fuera. Mira lo que pasó después...
Ya he pensado en el estado de salud de Marcial, pero no he conseguido nada. El viejo era hermético. Lo que sé es que dormía muy poco, tres o cuatro horas diarias. Eso jode, o puede ser también un síntoma de algo.
Los documentos de seguridad obviamente no puedo conseguirlos. No tengo cómo. En algún momento saldrán a la luz, ojalá que pronto. Lo de las reuniones de diciembre de 1982 deben estar agendadas en algún lugar.
Los documentos de los tribunales por aquí andan.
Y versiones tengo de todas. Lo mayor parte de lo que he averiguado ha sido a base de testimonios.
No conozco a Lety Solano, pero la vot a buscar. Tengo un par de semanas para actualizar el libro. Si puedes mandarme datos, hazlo a esta sección de comentarios y no lo publicaré. Si no, se trata en todo caso de un muy primer acercamiento y es, repito, de índole muy personal. Quizá es el libro más personal que he escrito en mi vida.

Rafael: Por lo que sé, Marcial creía en las FPL y en sus mecanismos y todo. Tengo testimonios de otras cosas, y para mí es obvio que matar a Ana María no entraba dentro de su lógica. Bastaba con conocerlo para darse cuenta, y tu papá en eso tiene razón. Hubo otros asuntos que ameritaban sanciones bien graves, hasta donde sé, y trataba de arreglarlos de modo tranquilo, dar el beneficio de la duda, etcétera. Por eso se lo llevó el diablo varias veces y las FPL tuvieron varios tropezones. En el libro se habla un poco de eso.
La verdad, a mí, y sólo a mí, me parece poco importante si es inocente o culpable, aunque me inclino por lo primero. No cambiarían mis ideas ni mis sentimientos. Lo importante es saber.
Y hay modos, pero no creo que sea yo la persona que lo va a averiguar de cierto.

bpr-elsalvador dijo...

EL BLOQUE POPULAR REVOLUCIONARIO B P R
DE EL SALVADOR
REIVINDICA:
A SALVADOR CAYETANO CARPIO
COMANDANTE " MARCIAL "

INVITAMOS A LEER:

DOCUMENTO HISTORICO

BLOQUE POPULAR REVOLUCIONARIO B P R
LA ALTERNATIVA DE EL PUEBLO SALVADORENO
30 DE JULIO 1975 - 30 DE JULIO 2010

-VER- bpr-elsalvador.blogspot.com

Anónimo dijo...

No importa para ti...... Pero si les muchos jóvenes que quieren saber. Marcial es inocente¡¡¡¡¡¡¡ las fuentes que te dieron ese informe de que había un carro esperando por el comando asesino es completamente errado.