30 de abril de 2009

De la traición y otros odios

De aquí salieron ideas para Trece (lo comencé a escribir en 1989) y para Cualquier forma de morir (lo comencé en 1990). Algunas frases las he usado, adaptadas, en cuentos y novelas. Me encanta el modo crudo de escribir de Chandler, como se notará.

12/III/89
-¿En qué lugar de la miseria comienza la corrupción? ¿En qué lugar de la mediocridad o del genio?
Mendigos que miran a través de la vidriera de un restaurante.
-Un doble: haz tú lo que yo no puedo hacer. "Yo soy el mal; puedes tener la conciencia tranquila, aunque no seas bueno.

* * *

Un periodista busca la huella de un antiguo criminal (¿error judicial?, quizá se comete un crimen con su estilo, pero que por su edad no pudo ejecutar). Encuentra a una hermana en un asilo, la enfermera lo envía a la planta baja, con un antiguo cómplice.

* * *

"Todas las historias se repiten. Quizá estemos viviendo la misma historia."

* * *

--¿Te remueerde la conciencia el que yo exista?
--"El hombre es según su capacidad de odio."
--"¿Cuál es tu capacidad de traición? Mientras más amas, más cerca estás de la traición."
--Un anuncio de cerveza flota en un caño.
--"Apenas sabes vivir. Es algo que se aprende. Mira esos niños: son inmortales. La miseria hace aprender. Tú sólo eres un turista."
--El sentido del ridículo: un borracho que baila con su vaso.
--"No, no me reformé. Fue el miedo, la costumbre de ser un imbécil. Ser un imbécil es fácil; lo difícil es serlo siempre. Yo lo logré.

14/III/89
Chandler, Raymond.
Playback, Edit. Bruguera,
Barcelona, 1986, 4ª edición.
--El sentido común siempre habla con retraso. El sentido común es el fulano que te dice que tendrías que haber revisado los frenos la semana anterior, antes de que abolles el parachoques delantero esta misma semana. El sentido común es el defensa del lunes por la mañana que habría podido ganar el partido si hubiese formado parte del equipo. Pero no juega nunca. Está en las graderías con una botella en el bolsillo. El sentido común es el hombrecillo de traje gris que nunca se equivoca al sumar. Pero casualmente siempre hace cuentas con el dinero de los demás. (108-109)

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Nota 1: Y bien, ya estamos en camino de tener nuestra propia ley fascista elevada a rango constitucional: se aprobó la reforma que prohíbe los matrimonios entre homosexuales de ambos sexos. (O sea: cada uno tiene un solo sexo, pero no se permite que se casen hombres con hombres y mujeres con mujeres. ¿Por qué el lenguaje es tan impreciso cuando uno se mete en estos temas?) Una ley que mutila de sus derechos ciudadanos a un grupo social específico en aras de la ideología, no de la razón o el propio derecho. Habrá que esperar que se cambie el texto del artículo donde declara que todos somos iguales, porque según la propia Constitución ya no lo somos. El FMLN se quedó a medio camino entre ese espíritu fascista y quién sabe qué: según LPG (ver la nota en este link), la reforma no implica que no se reconozcan los derechos de una unión entre homosexuales, lo cual deberá o debería ser regulado en el código civil, en la parte relativa a la familia: ¿de verdad no se dieron cuenta de la tontería que hacían? Mover un pequeño elemento de la Constitución significa ajustar un montón de cosas por todas partes. En todo caso, se sobreentiebde que lo "único" que no se permitirá a homosexuales y lesbianas contituidos en parejas será casarse, si es que la próxima legislatura comete la idiotez de ratificar las reformas. Ni adoptar hijos, lo cual es estúpido: un hombre puede adoptar si se declara soltero, bajo ciertas circunstancias, y una lesbiana puede concebir; la preferencia sexual no tiene que ver con la anatomía. Habrá que agregar un inciso que impida por lo menos a las lesbianas a tener hijos y a los hombres solos a adoptar, y quizá compartir la educación del niñó con alguien más. Y ya veremos qué hacen para ajustar las leyes secundarias al texto constitucional. Ah: ligado a lo anterior por razones más bien oscuras, tendremos también escuchas telefónicas legales. Bravo. Me pregunto qué harán con las ilegales que, desde luego, nunca han existido; lo que pasó en mis teléfonos, en diversas épocas, debió ser una ilusión acústica, o lo digo por pura mala fe.
Nota 2: Compré un teclado flexible, de hule, que se puede doblar casi a placer, no pesa nada y se puede limpiar con un trapito húmedo para que no acumule polvo, cenizas de cigarro y migajas de pan. Estoy escribiendo en él y se siente rarísimo, como si estuviera tipeando encima de la propia mesa. No dejo de sentirme medio bobo ante la falta de sonido mecánico, de piezas móviles, de cosas más concretas. Pero tampoco deja de gustarme. Y es pequeño, justo como prefiero los teclados. Si fuera blanco, estaría perfecto; la vista me falla un poco por la noche y a ratos, por mi particular modo de escribir, con los dedos donde no son, necesito ver el teclado, y lo que veo son casi manchas blancas sobre negro. Ventaja: uno puede teclear lo fuerte que quiera. Otra: uno puede teclear casi tan suavemente como quiera. Ya veremos si me acostumbro. Ahora estoy aprendiendo a no oír clics, clacs, algunos rechinidos, etcétera. El otro teclado, que está relativamente nuevo y bastante sano, quedará en la reserva, donde hay ya un par, entre ellos uno portátil, bastante simpático.

Nota 3: Estoy oyendo a Bela Fleck y los Flecktones. Son divertidos. Y buenísimos, pue.