24 de julio de 2008

Ana Escoto y otros salvadoreños

Anoche fue la presentación de la segunda hornada de la tercera época de Nueva Palabra, y fuimos con Krisma y Valeria, en especial para saludar a Ana Escoto, compañera de La Casa del Escritor que fue incluida en esta tanda.
La presentación fue un poco demasiado institucional, si me preguntan; los cinco autores quedaron relegados entre el público. En primera fila, eso sí, pero no fueron ellos los protagonistas, sino gente de Concultura. Con algunos compañeros de trabajo --es decir del propio Concultura-- recordamos que la primera hornada de esta tercera época tuvo una presentación muy bonita, más informal, en La Luna. En aquella ocasión hubo cerca de 200 personas, y la mayoría era gente dedicada al arte, además de familiares, amigos, etcétera. Hubo una pequeña presentación institucional y después se dejó a los autores que hablaran y leyeran sus textos, que para eso va uno.
Fue muy emocionante ver a Ana corriendo de un lado a otro entre sus amigos y compañeros de trabajo, contenta, firmando libros --ya se dio cuenta de por qué es algo que no me gusta mucho hacer; puede ser estreasante y hasta angustiante-- y conocer a su familia. De hecho anoche me enteré de que ya conocía a su mamá, desde por allá de 1981, en México. Según parece trabajó con mi madre y mi hermana Ana. Recuerda que le preparé una limonada "a la mexicana", o sea: se agarran los limones con todo y cáscara, se parten en pedazos de prudente tamaño, se echan en la licuadora con agua y azúcar, se le pone un poco de hielo y se licua. Para servirse, desde luego, hay que colarla. Es deliciosa, con el inconveniente de que hay que tomarla más o menos pronto, porque se pone bastante amarga después de un rato, digamos una hora. Platiqué un rato con su papá también, y me di cuenta de por qué Ana puede ser tan sonriente y bienhumorada.
En fin, felicidades. Compré algunos ejemplares --sí, yo, con mi lana, al terrible precio de $2.15 cada uno; qué bueno que conservaron el precio bajo-- para llevar a la FILGUA; allí habrá varias personas de varias partes a las que de seguro les interesará leerlo y se divertirán como me de divertido yo.

Y ya que mencioné la FILGUA, me llegó la invitación a la presentación de Trece, en la que estaré con Vanessa Núñez Handal, compañera también de La Casa, quien presenta Los locos mueren de viejosa, y Jorge Galán, quien presenta El sueño de Marianaa, una buena novela de ciencia ficción. Tres salvadoreños por el precio de uno. Y hasta con 20 por ciento de descuento en todos los libros de F&G.
Ayer alguien --no recuerdo quién-- me dijo que Raúl Figueroa, el director de F&G, se está arriesgando bastante con la publicación de escritores salvadoreños en Guatemala. Yo no veo riesgos. Creo que está apostándole a cosas novedosas --ya publicó Las flores, de Denise Phé-Funchal, que es salvadoreña honoraria, como compañera que es de La Casa, y otro mío, Cualquier forma de morir--, y ha detectado algo que cada vez es más claro, dicho sea sin prepotencia --y sí con orgullo--: buena parte de lo mejor que se escribe en Centroamérica se está haciendo en El Salvador, en especial en poesía, y hay un bonito surgimiento de la narrativa.
Lo leyeron aquí y en esta fecha: en cinco años o seis vamos a ser un referente obligado en materia literaria en Latinoamérica y más allá. No se trata de un talento especial de los salvadoreños o qué se yo, sino de mucho trabajo y esfuerzo invertido por parte de mucha gente. Y me encanta ser parte de eso.
Por de pronto, nos vemos el próximo martes en la FILGUA para la presentación del libro. (¡Qué bonitas ediciones hace Raúl!)