13 de julio de 2008

Cuento y mesita

Y, sí, había tela de donde cortar: el cuento basado en una escena de Trece salió rápido para mis estándares, en algunos días, y creo que tengo ya un buen borrador. Lo comencé el 28 de junio y terminé el primer borrador en la madrugada del 8 al 9 de julio, lo cual hace algo así como once días y un pedazo. Mi récord de rapidez fue Manuscrito encontrado, que se llevó tres horas y casi no cambió en su versión final, lo que no deja de ser una excepción; mi récord de lentitud han sido ocho años, y todavía no he terminado de corregirlo.
Desde luego estaba ya en la recta final --más bien en la última curva; faltaban varias cuartillas-- cuando, zaz, la desgracia: se fue la luz en medio de una tormenta de lo más regular. (Un par de días antes, otra tormenta había fundido el DSL y el router, que los de Amnet vinieron y cambiaron con toda diligencia. El router es excelente en su parte inalámbrica. La señal llega a lugares de la casa a los que el anterior no llegaba, y con buena calidad. Mi Vaio es más feliz desde ese día, sin contar con que sigue siendo verde.)
Así que agarré la portátil y me puse a escribir directamente sobre el Word lo que me faltaba, porque lo de escribir a mano a la luz de las velas se lo dejo a Dostoyevski o a Dickens, a quienes les salía muy bien. Es extraña la sensación de escribir en bruto sobre la compu; hacía años que no lo hacía, excepto cuando aparece algo nuevo en medio de un texto que ya estoy pasando en limpio o corrigiendo. Me senté en el piso de la sala, puse la Vaio (verde, ejem) sobre un sillón y listo, me alcanzaron tres horas y pico de la batería para poner punto final, y todavía me sobraron treinta y siete minutos de carga.
A pesar de que lo saqué de un pasaje de Trece, el cuento tiene poco que ver con Trece, excepto algunos datos básicos: hay un muerto en el comedor --el joven que se mata en la novela jugando a la ruleta rusa--, el piso es verde y algún otro detalle. Y es un cuento-cuento, o eso quisiera creer. Y quisiera creerlo porque salió como de veinticinco cuartillas, larguísimo para mis estándares. A la mañana siguiente se lo mostré a Krisma, me hizo algunos comentarios y me dijo:
--¿No te enojas?
--Eh... No.
--Podría servir como primer capítulo para una novela.
Es casi cierto; habría que cambiar un par de cosas para abrir un poco la estructura y dar pie a una novela. Pero en lo que sí pensé --y de algún modo se nota-- mientras lo terminaba fue en armar una serie de relatos interconectados, con el mismo personaje central, que al final den la impresión de una novela, aunque se trate de cuentos independientes.
Lo otro es que está escrito en tercera persona, algo nuevo para mí. He escrito en primera persona del singular, en primera del plural, en segunda del singular --"usted": muy respetuoso el asunto-- y plural, en tercera del plural, en impersonal, pero muy rara vez en tercera del singular, y a veces sólo para lograr ciertos efectos en las novelas o para textos muy cortos. La novela que estoy escribiendo desde octubre pasado está en tercera singular también, y en algunas partes me he perdido un poco; el personaje narrador, así sea omnímodo, empieza a meter comentarios que no quiero que estén allí, o llega a contradecirse, algo que rara vez me ocurre cuando uso otras personas gramaticales. Por eso en parte empecé a escribir otro relato largo que tengo en marcha, para "fijar" un personaje narrador, pero, como a veces me pasa, me puse a experimentar un poco con la estructura y ésta se volvió compleja, con lo que lo del personaje narrador pasó a segundo plano. En este cuento --o lo que sea; ya me entró la duda-- traté de ser lo más lineal posible, empezar por el principio y terminar por el final, y sostener al personaje narrador. Ya lo logré con un texto; ahora voy con una serie; después seguiré con el experimental --que ya tengo claro en cuanto a historia-- y luego de regreso con la novela.
Es muy cómodo andar de un lado para otro con la portátil, pero a veces termino en el suelo o en un sofá con la compu bastante torcida. Y no está mal si es la intención, o si estoy viendo tele y me pongo a internetear o a corregir algún texto, pero a veces me paso tres o cuatro o cinco horas en ésas y empiezan a dolerme lugares de la anatomía que no sabía que tuviera o usara. Desde hacía meses estaba en el plan de "voy a comprar una mesita para la portátil, que también pueda llevar de un lado a otro", pero era más una idea que una nece(si)dad. Después de tres horas de estar sentado en el piso frente al sillón, y en vista de que la compu de Krisma regresó a su lugar habitual --aún no le he bajado el sistema operativo a Windows Me, pero funciona--, la decisión estaba tomada, ejem. Así que el jueves, después del taller --tengo uno el jueves por la mañana--, me fui a Metrocentro a comprar la dichosa mesita.

Y es perfecta para lo que la quiero. En la foto aparece ocupando el lugar de la mesa de centro de la sala, que es la que aparece a la izquierda --el viernes por la noche estuvimos haciendo pruebas con un míxer de audio con Salvador Canjura y Osmín Magaña para unas grabaciones, de allí el desmadre, aunque no sé que haga allí el tomo 1 de las obras completas de Eunice Odio--, desde luego que el estuche está en el piso, y los sillones... Pues, no, allí no hay sillones; ésos se encuentran, y son muy cómodos, en la otra sala, que es donde está la tele. O sea que sólo se trata de hacer sillas y mesa de centro a un lado y, listo, cabe mi mesita. Igual puedo pasarla a la sala de la tele o donde se me pegue la gana. Y para guardarla sólo la pongo entre dos libreros, y ya. Caben la Vaio, el cuaderno con el que esté trabajando y el disco duro de 320 gigas que me compré hace unos meses. No he usado teclado externo, y el compartimiento respectivo puede servirme para poner cuadernos, cigarros o lo que sea. Hay también un pequeño librero que se coloca encima de la mesita, pero no me interesa. Quería una superficie a buena altura para la Vaio (¿comenté que es verde?) y la tengo.

Y hasta puedo escoger la vista del momento. En esta foto se ve la puerta de entada, con el montón de vegetación afuera; la otra ventana, con más de lo mismo, y Krisma recién despertada; no sé si me perdone la publicación de esta foto.
Le mandé a Thierry una versión bastante limpia del cuento y me hizo algunos comentarios importantes. Con eso ya tengo más o menos una idea de cómo seguir con los cuentos. Sé cómo funcionan en la teoría, pero he escrito muy pocos cuentos-cuentos, y es una lógica radicalmente doferente a la de la novela. Quizá por fin vaya a aprender...

2 comentarios:

Palbo dijo...

Torácica,
mi caja es tu caja.

Luis Hernández dijo...

Quisiera escribir un cuento. No, mejor quisiera una mesita. No, mejor no, mejor una Vaio (De prefencia verde)