19 de julio de 2008

Otra vez 19 de julio

Hoy se cumplen 36 años de la ocupación de la Universidad de El Salvador por parte del ejército y, como había avisado hace unos días, las Fuerzas Estudiantiles Rafael Menjívar [Larín, ejem] - 19 de Julio organizaron un acto conmemorativo que a la vez fue un homenaje a mi padre, el Rafael Menjívar [Larín, ejem] que da nombre a su organización. (Somos demasiados Rafael Menjívar para un país tan pequeño. Hace cinco años había 74 inscritos en el padrón electoral; 14 se llamaban Rafael Antonio Menjívar López.) Y desde luego que tenía que ir, y fui.
Siempre me han llamado la atención las pintas, carteles y murales que se encuentran en cualquier universidad que se respete. A veces son maravillosos; a veces son.... uh... un tanto fuera de registro con respecto al mensaje que quieren transmitir.

Por ejemplo, esta pinta dice todo lo contrario de lo que quiere decir. Se lee "Ávila y Saca, represores del pueblo", y hasta allí uno supone que acusan al ex jefe de la policía y actual candidato de ARENA y al presidente de la República de ejercer la represión, y que eso es malo. A renglón seguido, "Viva el 1 de mayo". Es decir: que viva la ocasión en que fueron masacrados los anarcosindicalistas el 1 de mayo de de 1886 en la ciudad de Chicago, en homenaje a quienes se instauró el Día de los Trabajadores o Día Internacional del Trabajo. Ergo, que Ávila y Saca sean represores del pueblo es algo positivo, ergo vivan Ávila y Saca. No, no sólo se trata de un asunto de semántica; creo que deberían pensar muy bien en lo que escriben, para no homenajear a la gente a la que no quieren homenajear, etc.
En el volante de arriba, cuya foto es lo suficientemente conocida para no decir de quién es, se puede leer: "Roque Dalton. Vida y obra. Del 17 de abril al 5 de junio. Local: Editorial Universitaria [...] Martes y Jueves, 16:00 - 18:00 horas. Impartido por el doctor David Hernández", etc. Y siguen los errores: si el curso o lo que fuera se impartió del 17 de abril al 5 de junio, equivale más o menos a dos semanas; en realidad sólo fueron --si en efecto apareció David Hernández, que luego no llega a las cosas a las que se compromete-- cinco días: 17, 22, 24 y 25 de abril y 5 de junio. El orden de los factores sí altera el producto en esos casos, y habría que tener especial cuidado si el que imparte el curso --o lo que sea-- se considera escritor.
David Hernández estaba apuntado para el encuentro de escritores en la Feria del Libro de Guatemala, dentro de una semana. De repente, zaz, su nombre desapareció, como se puede ver en la lista respectiva. Una nueva ocasión en la que no podremos platicar acerca del premio que dice que se ganó y que en realidad me gané yo, entre otras mentiras, y tampoco podré darle su diploma de doctor honoris causa en poesía. Ya llegará el momento; hoy averigüé dónde está su oficina, y quizá pase a verlo un día de éstos.

Otro volante, el de la derecha, de la Coordinadora Anarkista. ¡Sí! ¡Con k! ¡Eso es ser anarquista, empezando por el lenguaje! Faltaría la h al principio y algún otro detalle, y es una lástima que arruinen la emoción pidiendo que los que los apoyen lleven camisa negra; un anarquista se viste como se le pega su regalada gana. Los colores tradicionales del anarquismo, además, son el rojo y el negro. Y, claro, a la izquierda un desplegado en apoyo a ALBA Petróleos, que no valía la pena que apareciera en la foto.

En el Cine Teatro Universitario había una pequeña exposición de fotos de diferentes periodos de la historia salvadoreña reciente. Había un tablero con fotos de mi padre, algunos artículos escritos después de que murió, algunas portadas de sus libros... Bien bonito y muy a propósito.

Aquí, los que hablamos durante el acto. En el podio está Rosario Luna, ex bibliotecaria de la Facultad de Economía y luchadora social de larga data, ahora retirada. Después, Santiago Ruiz, economista, maestro de la UES y gran amigo de la familia. Mi padre fue su padrino de matrimonio, en Chile, en 1969; Santiago y su esposa Blanqui (murió hace casi ocho años, poco después de mi padre) fueron padrinos de bautizo de mi hermano Mauricio. Luego sigo yo, y Evaristo Hernández, sociólogo, quien estudió en la primera generación de la Maestría en Sociología que fundaron mi padre y otros académicos centroamericanos en Costa Rica, en 1974.
Rosario habló de mi padre como intelectual revolucionario; Santiago hizo un recorrido por su pensamiento político y económico, y soltó algunos datos que yo no tenía; Hernández habló acerca de la necesaria ética que debe privar en la UES, y yo...
Bueno, fue difícil. Como les dije, para ellos se trata del doctor Menjívar, del economista y politólogo, del ex rector, etcétera, y para mí se trata de mi papá. Dije algunas cosas, creo que muy pocas, y hubo un momento en que me ganó la emoción y no pude continuar. Rara vez me ocurre, pero siempre me he puesto mal en los días cercanos al 19 de julio, al aniversario de la muerte de mi padre --que ya se acerca-- y mi madre murió hace una semana. Los recuerdos no eran el tema más adecuado, me temo.

Santiago tuvo que irse a una reunión antes de que terminara el acto, pero Hernández, Rosario y yo nos tomamos la reglamentaria foto con los compañeros del FERM-19. Hasta me regalaron una camiseta... La tendré junto a la que me dieron el pasado 12 de abril en el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Salvador Cayetano Carpio. Está en un cajón que debo abrir todos los días, y podré ver ambas con una sonrisa.

Y, claro, había que tomar una foto a los que toman las fotos; ya tengo una pequeña colección de ésas. En este caso se trata de Herberth Cea y de un compañero de las FERM-19. A la izquierda, de blanco, mi hermana del alma María Teresa Escalona, a quien conocí en México en 1980 y con quien pasamos algunas cosas interesantes e intensas, dignas de contarse alguna vez. No pronto, pero sí alguna vez.

Y algunos de los compañeros de las FERM-19 de espaldas. No sé qué habría dicho mi padre de ver su foto en medio de un logotipo. Me imagino algo así como: "Ay, hijos, ¿por qué se hacen eso? Busquen a alguien que sea más fotogénico."

A la salida, por el lado del estacionamiento de Derecho, Herberth me hizo notar que había un retrato de Salvador Cayetano Carpio, muy bien realizado, aunque ya mordido por el tiempo. Me emocionó verlo. Todo lo de ayer me emocionó hasta grados que no sospeché. Tenía un par de años de no entrar a la UES, pero me pasé allí buena parte de mi infancia, y cada cosa que está y que ya no está, que está y que no estaba, me trae un montón de recuerdos en un momento en que, precisamente, trato de reordenar y reentender mi vida, que eso pasa cuando se le mueren a uno las gentes más cercanas.

Y, claro, debía venir la contradicción: al lado de Carpio aparecen el Che Guevara, Carlos Fonseca Amador y Salvador Allende (el del 9/11 original, vaya), que representan proyectos e ideas de vida harto diferentes. La política universitaria hace extraños compañeros de barda...

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Hoy también se cumplen 29 años del triunfo de la Revolución Popular Sandinista. No sé qué vaya a hacer Daniel Ortega para conmemorarlo, pero ojalá le dé un poco de vergüenza. Sólo un poco; a estas alturas no se le puede pedir demasiado, según se ha visto.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Perdón Rafael, pero ya que estamos encarrerados en eso de las observaciones, hay una parte ne la que dices "algunos artículos escritos después que murió..", que parece dar a entender que fue tu padre (admirado y respetado) el que los ecribió. Al menos eso fue lo que entyendí en una primera lectura"
Un saludo.
Pedro González Olvera,
Instituto de México en Costa Rica

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Hola, Pedro. Un gusto saludarte.
Mi padre tenía muchos recursos, pero no tantos, je. Error de redacción mío; son artículos escritos por otras personas acerca de él, que no conocía.
Gracias por la observación y un abrazo. Debo ir a Costa Rica a arreglar asuntos en un par de semanas; te buscaré y te daré --o te dejaré, si no te hallo-- un par de libros.

Mayra Alfaro dijo...

Gracias a ti he removido mi pasado mas revolucionario, soy la autora de esos retratos o murales, con la ayuda de el movimiento estudiantil BRES siento que te parezca contradictorio el que estén uno al lado del otro, pero eran referente de los estudiantes que estábamos en esa época, todo cambia si. Sin el espíritu o memoria de estos personajes no estaría donde estoy.
Aprendí de sus historias y sus sueños que huelen a utopía pero no por eso dejan de ser grandes ejemplos de vidas, con sus aciertos y sus defectos.