11 de septiembre de 2006

La venganza y los que vivimos

Cuando pasó lo de las torres gemelas de Nueva York, hace cinco años, lo primero que pensé fue: "Qué pena que esa gente haya sufrido un poco de lo que nos ha tocado aguantar de su gobierno durante tanto tiempo." No lo dije irónicamente ni en mal plan; es imposible después de ver una y otra y otra y otra vez los aviones estrellándose contra las torres y las torres cayendo en un mar de miedo y polvo, y la gente saltando desde ochenta o noventa pisos de altura, y todo. Más de uno se sintió molesto
a) Porque estaba justificando una tragedia o
b) Porque no decía que qué bueno que a los gringos por fin les dieran un poco de su propia sopa.
Lo que me parece más terrible aún es cómo, en nombre de tres mil o más muertos que no debieron ser, una muy buena porción de la población de Estados Unidos se puso a justificar todo lo que ha pasado desde entonces, y que está basado no sólo en los clásicos intereses imperialistas, sino también en una locura, un odio, una estupidez y un desprecio a todo lo que ha significado la palabra "civilización", en aras de la venganza. (No vamos a hablar de los negocios de la gente que está en los puestos más altos del gobierno, o de la privatización de los servicios de lo que hacen algunas de las matanzas en Irak, digamos; no es un tema agradable en una efemérides tan triste. Ni de las cárceles clandestinas ni el "racismo funcional" ni de esas cosas que, si uno se pone a recorda, puede convertirse en sospechoso de terrorismo, en especial con esta pinta de árabe que a veces le sale a uno.)
En un balance de los últimos cinco años, La Jornada de México publica aquí una nota en la que se dice que han muerto hasta 90 personas en el mundo por cada una que falleció en el atentado del 11 de septiembre de 2001 (o que fue asesinada, usted escoja) y a consecuencia de los avionazos. Eso es más que una tragedia. Y falta, por lo que parece. Y uno recuerda cómo cayó el senador Joseph McCarthy en los años cincuenta, tras la paranoia anticomunista, después de que el abogado Fred Fisher, en una audiencia en la que se esperaba que denunciara a sus compañeros, le dijo:
You've done enough. Have you no sense of decency, sir?
Y, bueno, eran otros tiempos. Más de uno se lo habrá dicho a Bush, y no parece que la palabra "decencia" sea una de las más fuertes en el diccionario político del Washington actual.
Igual ya empezaron las manifestaciones en contra de la ocupación de Irak, como se dice aquí, y ya se llega a acusar al actual gobierno de Estados Unidos de haber "orquestado" los atentados del 11 de septiembre. En respuesta, el gobierno anunció que Al Qaeda está "herida de muerte". Y uno recuerda también a Don Juan Tenorio: "Los muertos que vos hacéis gozan de cabal salud." Claro que los de las tropas norteamericanas están bien muertos, y se supone que, como se dijo al principio de la venganza, Al Qaeda era un pequeño grupo que sería destruido en unos días o semanas. Y habría que preguntar lo mismo que le preguntaron a Johnson en la época de la guerra de Vietnam: Si había tantos vietcongs, y hemos matado a muchos más que ésos, ¿contra quién estamos peleando?
La respuesta me parece obvia: Contra nosotros. Contra los que vivimos.

6 comentarios:

Thierry dijo...

Silencio, y después de un buen rato, aplausos. Aplausos discretos pero aplausos.

Arbolario dijo...

Un final lapidario. Me adhiero por completo a él.

Hugo Martínez dijo...

Maestro Menjívar:
De acuerdo. De acuerdísimo. Pero, ¿desde cuándo los gringos han necesitado pretextos para tomar lo que quieren y que no es suyo? México perdió medio país nomás porque ese medio país se les antojó a los gabachos. ¿Recuerdas por qué invadieron la República Dominicana en el 65?
Un amigo mío tiene un blog (la dirección es http://panchobaez.blogspot.com/) y ahí publicó esta entrada, que también me parece muy certera:

“Spectacular, spectacular
El despiadado ataque terrorista contra Estados Unidos dio la vuelta al mundo, a través de los medios electrónicos, en pocos minutos. Por radio, televisión e internet, los ciudadanos de la aldea global vieron, en vivo y desde el lugar de los hechos, cómo un segundo avión secuestrado chocaba contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, mientras de la primera brotaba una densa nube de humo y cómo, minutos después, cada uno de estos gigantes, con miles de desesperadas personas adentro, se colapsaba y se convertía en polvo.
La tele estuvo ahí. La tele nos lo contó. Y el medio, fiel a su lenguaje, nos presentó los hechos a su manera. Fue el imperio de las imágenes.
Ví la transmisión de CBS durante una hora, la tarde de aquel día terrible. Uno de los más serios conductores de EU, Dan Rather, presentaba las escenas en las que caía un tercer edificio del World Trade Center, tocado por el derrumbe de los colosos. Espectacular. Véalo usted de nuevo.
Lo que ví durante esa hora fue pietaje exclusivo en el que, desde un ángulo magnífico se vio la irrupción del segundo avión sobre la torre. El conductor, apenadísimo, solicitaba disculpas por el lenguaje que usaban los aterrorizados videoaficionados. Repetición de la escena. Wow. Pasamos a otra versión del mismo suceso, el tercer ángulo. Nuevas disculpas de Rather porque también a estos videoaficionados se les salieron groserías y blasfemias. Véalo usted de nuevo. Ah, ya llegaron nuevas escenas de la caída del tercer edificio: una nube de humo avanza velozmente por las calles estrechas, la gente corre. Impresionante. ¿Qué hay aquí? Otra toma del desplome de la torre. Reiteradas disculpas por el lenguaje. Qué bueno que los editores son tan veloces. Veamos ahora la secuencia de cómo, desde distintos ángulos, los aviones se estrellan, los edificios se colapsan, la gente huye. No hay una palabra de análisis. Spectacular, spectacular.
Dice Camille Paglia en su monumental libro Sexual Personae que la historia de la humanidad ha sido la lucha de Apolo contra Dionisio. Apolo representa la simetría, el orden, el racionalismo, la cabeza, la represión. Dionisio, el caos de la naturaleza, las emociones, el cuerpo, la cachondería. Apolo mira hacia el cielo y pone allá a su Dios. Dionisio, hacia la tierra, habitada por decenas de dioses. Apolo está detrás de la civilización, los rascacielos, la policía, las leyes y también de la tiranía. Dionisio, de la rebelión, las catacumbas, las orgías, la libertad y también de la anarquía.
Interpretando a Paglia: si había un templo de Apolo, eran las Torres Gemelas, mismas que no volarían en llamas hacia el cielo -como señalaría más tarde, un poco sorprendido, el propio Dan Rather-, sino que bajarían a la tierra para fundirse con ella.
La pensadora estadounidense tiene una figura literaria para explicar la cultura apolínea: “El ojo occidental”. Fue precisamente ese Ojo el que dominó las transmisiones, tanto en EU como en el resto del mundo. Fue a través de ese filtro cultural, de la Imagen, que aprehendimos los trágicos sucesos del 11 de septiembre. Spectacular, spectacular.
El énfasis de Paglia en el papel del ojo dentro de la cultura estadounidense, hace pensar en cómo hubiera sido la cobertura si esa tragedia hubiera ocurrido en México. Eso es también pensar en diferencias de fondo entre México y EU. En México también hubiera habido acento en las imágenes, pero muchas de ellas se hubieran dirigido a los sobrevivientes de los edificios derrumbados. Hubiéramos escuchado los testimonios entrecortados y tal vez histéricos de las personas cubiertas de polvo. Llanto, mucho llanto. Una perspectiva más cercana a lo humano. A lo emocional. Muy probablemente, a lo sentimentaloide.
De hecho, esa búsqueda de personas físicas, de carne y hueso, llevó a la televisión mexicana a algunos extremos que rozan con la lógica. Entrevistas con el boxeador Ricardo “El Finito” López, quien se encontraba en Manhattan y con el pelotero Vinicio Castilla, desde Houston -que era casi como entrevistar a alguien en Ciudad Juárez.
Desde otra perspectiva, las televisoras estadounidenses han sido blanco de críticas por las imprecisiones y exageraciones en que cayeron en los primeros días del ataque, que es cuando los resortes tradicionales se ponen a funcionar.
El problema principal, como siempre, fue que la lucha por un mayor rating las llevó a dar una información menos veraz o de plano manipuladora. Lo paradójico es que, en esos momentos, el rating era estrictamente eso, y no el vehículo de ventas que suele ser, ya que se suspendieron los anuncios comerciales. En otras palabras, aun cuando hace servicio social a la comunidad, la televisión comercial responde a sus reflejos.
Así, por ejemplo, la cadena Fox reportó equivocadamente que un quinto avión suicida se dirigía al Capitolio. Y ABC citó a una cadena canadiense que afirmaba que había otros cuatro aviones perdidos en territorio aéreo de EU -fue un error de interpretación: en Estados Unidos se dice que una nave “se pierde” cuando se estrella-. NBC no se quedó atrás y dio gran relevacia a la posibilidad del uso de 747 presidencial, “El avión del Día del Juicio Final”. Al parecer, les encantó el sobrenombre.
La segunda joya habla muchísimo acerca de lo que se ha convertido la televisión en todo el mundo. Una reportera se acerca a un agotado miembro de los equipos de rescate que buscaban sobrevivientes en los escombros de las torres gemelas y le pregunta: “¿Encontró usted pedazos de cuerpo?” (“body parts”). Ahí está pintado el rostro de la tv de principios de siglo: el deseo de una inútil descripción gore. Cuando un rescatista responda: “Mire, pues me encontré un par de brazos, creo que de mujer, un torso quemado, cuatro dedos y la cabeza de una niña”, la tele y nuestros valores humanos habrán tocado fondo. Cuando una microcámara se pueda introducir para tomar esas piezas -y quizá la agonía de un sepultado- será el triunfo final del Ojo Occidental.
Y mientras la tele marcaba las primeras imágenes de la masacre. Los canales de shopping seguían impertérritos. Señora, ¿quiere usted adelgazar?”
Hasta aquí, la entrada del blog.


PD: ¿recibiste mis correos electrónicos?

Ixquic* dijo...

Rafael,
gracias por la reflexión.

Vanessa dijo...

Y bueno, el 11 de septiembre se ha convertido en una fecha especial. En otro de esos "grandes acontecimientos de la historia del siglo", que lo son, porque le ocurrieron a AMERICA... es decir, Estados Unidos, que es una parte de NUESTRA América. Pero ¿ya quién los hace cambiar de idea a estas alturas? El caso es que tenés razón. Creo que habría que estar medio mal para alegrarse por lo que les pasó. Que si hubo causas o no, es otra historia. Dio miedo. Lo recuerdo. Parecía una mala película tipo Independence day o Armagedon, pero de bajo presupuesto. Pero no, era real. Y era tan sólo el inicio de lo que vendría: terribles películas de mal gusto, donde morían niños y mujeres, hombres inocentes eran acusados para poder llenar cárceles y justificar una guerra demente, donde se hace explotar un misil contra una casa, por si acaso ahí está escondido un guerrillero.
Tenés razón. El 11 de septiembre fue algo horrible de presenciar. Pero duró una mañana, unas horas si acaso. Lo que ahora estamos viendo, está durando, sencillamente, demasiado. Saludos.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Hugo: Sí, recibí los archivos y me los traje a Costa Rica para echarles un ojo entre cosa y cosa. Chido el artículo.

Vanessa: Eres lúcida, tú...