12 de enero de 2008

Las señoras de

Me encontré este artículo en algún lugar del disco duro que no revisaba desde hacía tiempos. Se habrá publicado a finales de 1999 o principios de 2000 en Vértice, y provocó una pequeña andanada de cartas de protesta, llamadas telefónicas y compañeras de trabajo y amigas que, en fin, reivindicaban su derecho de llamarse como se les pegara la gana.

Quizá sea un prejuicio, pero cuando veo en el periódico columnas o declaraciones de alguien que se presenta como Señora de Tal, paso de largo sin averiguar qué escribió o dijo; me da la impresión de que voy a leer las opiniones de su esposo. Lástima. Los “señores de” no escriben ni dan declaraciones, o no usan sus nombres de casados. (¿Cómo saber si lo están? ¿Importa saberlo?)
Supongo que las señoras en cuestión tendrán un apellido tan propio como sus opiniones, y que el hecho de entregar una parte de su identidad personal (un nombre es mucho más que un dato) me hace creer que han entregado otras cosas, que sin el “de” (un aval, después de todo) no podrían expresarse como lo hacen.
Bajo la firma de “señoras de” he leído titulares interesantes, por ejemplo defensas de los derechos de la mujer, alegatos en contra de la promiscuidad sexual (léase: del derecho de los jóvenes de tener una vida sexual normal) y –lo admito– algunos relativos a problemas sociales que ha sido difícil pasar por alto.
La tradición es respetable, claro, y es ella la que indica que la esposa debe usar el apellido del esposo. Y más: en El Salvador, hasta hace pocos años, era obligatorio que las mujeres utilizaran el apellido de su esposo. Pero también estaba la fórmula “Socialmente conocida como...”, que pudo utilizarse en bien de la identidad propia. Pero resultaba que la “Señora Fulana de Tal” era socialmente conocida como “Señora Fulanita de Tal”, y lo que se ganaba era el dudoso beneficio de un diminutivo.
Hay países (Suiza, Italia) en los que los maridos pueden adoptar el apellido de sus esposas; los hijos, pues, continuarán la estirpe materna, y las hijas tendrán hijos con el apellido que decidan con sus parejas. En Colombia se permiten ya los matrimonios entre homosexuales y entre lesbianas, y se está en el proceso de permitirles la adopción de hijos, que no podrían llevar apellidos maternos o paternos sino de manera simbólica. El “Señor de” y el “Señora de” no tendrían que ver con su sexo, sino con... Bueno, la ley ya lo habrá previsto.
En mi mundo ideal, cada quién podría llevar su propio apellido, entre parejas del sexo que fuera, y todos felices. Y quizá no me perdería de interesantes artículos y declaraciones, que es en realidad lo que más me molesta. Lo que son los prejuicios.
(Me adelanto a eventuales preguntas: No, no he estado casado con nadie que quisiera llamarse “Señora de Menjívar”. Tampoco lo haría. No, no soy homosexual ni lesbiana. No, no me molesta que éstos se casen y adopten hijos. No, no me enoja que haya ”Señoras de”; cada quién hace con su nombre lo que mejor le convenga. No, no propongo el libertinaje ni la disolución de valores. En realidad no propongo nada: sólo expreso una opinión personal.)

5 comentarios:

Aldebarán dijo...

Es curioso como una simple preposición genera tanto problema en nuestra cultura salvadoreña.

La ley del nombre que le permitió a las mujeres optar por dejar de usar el famoso "de" me parece que es de 1990 ó 1991. Es decir que antes de esa fecha, todas las mujeres que se contrajeron matrimonio estaban obligadas a modificar su nombre usando la famosa partícula.

¿Cómo lleva cada una de ellas esa "carga"? Me imagino que unas con orgullo, muchas no lo percibirán como algo pesado, otras como una cadena y algunas lo harán por costumbre, para no defraudar a sus padres o abuelos.

Entiendo porqué tu artículo causó tanto revuelo, ¡a veces somos un pueblo tan reaccionario!

Soy Salvadoreño dijo...

Yo queria que mi esposa llevara el "de"... Y ella estubo de acuerdo en llevarlo, sin discusiones ni nada. No suele complicarse mucho con algunas boberías mias.

Lastima que si escribe algun dia un articulo en el diario o una revista y decide usar el "de", ya sabremos que usted no la leerá. Algunas boberías cuestan caro.

Lo que si es de mirarse son los prejuicios. Algunos aunque parezcan bobos no lo son y suelen ser mas costosos, tanto para el que los tiene como para el que es objeto de.

Arbolario dijo...

Y también está el caso de las señoras conocidas socialmente como Fulanita viuda de Tal. Es decir, la muerte del marido no es obstáculo para que sigan exhibiendo su dignidad.

Erika Bruzonic dijo...

Hace unos dias conversaba con Maria, la hija de Adolfo Cardenas, a quien faltan 9 semanas para dar a luz, como llamariamos a la criatura y como la apellidariamos. La de debates que causo el asunto en un "almueryuno" este domingo! Como Maria se llama Maria Libertad Cardenas y no lleva el "de" porque no le da la gana, la cosa tuvo su onda expansiva, porque va hasta los hijos, no solamente a la sra. "de". Fuimos mas alla del Codigo Civil Boliviano y comenzamos a barajar la posibilidad de que los hijos puedan llevar el apellido de la madre primero y luego el del padre. Es que nomas nos gusto la armonia de "Emma Cardenas" o "Nicolas Cardenas" en lugar del apellido del papa,pobre, quien no podia defenderse porque se habia quedado trabajando en domingo, es medio trabajolico...

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Aquél: Estaba recién llegado de México y me llamó la atención que muchas mujeres a las que saludaba se presentaban como "de". Muchas lo usaban incluso como un escudo o como una lanza, según la circunstancia y la señora. En Mx se usa el "de", pero la mayoría, al menos donde me movía, prefería su apellido propio.
Yo no sé si esté bien o esté mal; cada quién hace de su apellido lo que puede. Nada más me llamó la atención, y de seguro ese día andaba en un afán especialmente provocador.

SoySal: Insisto: cada quién que haga lo que le parezca, y no tengo nada contra eso. Sólo me resultó curioso que ministras llevaran el apellido de esposos que no lo son. Vaya: si Krisma fuera "de" Menjívar, le exigiría revisar antes cada uno de sus poemas, porque se van a publicar con MI nombre, no con el de ella. Igual sé que escribe bien y que yo saldría ganando, pero el que llevara mi apellido me podría dar el chance de ponerme prepo. "Cambia ese verso o no se publica el libro." (Ajá.) Lo mismo si estuviera casado con una ministra: "Voy a revisar tu proyecto y, si no me gusta, me lo repites. No va a aparecer algo así con MI nombre. Y termina de lavar los trastos o me puedo poner desagradable."

Arbolario: La abuela Mina siempre firmó como "Mina Molina", así a secas, casada y después de divorciada. Pero en los últimos años se presentaba como "viuda de Ochoa", con todo y que se divirció en 1959. Y no lo hizo antes porque no se le pegó la gana; el abuelo Miguel quería volver a casarse y ella no lo dejaba. O sea que fue "viuda de" a pesar de haber renunciado al derecho.

Erika: Mis tres hijos tienen apellidos maternos diferentes: Menjívar Mérida, Menjívar Hernández y Menjívar Mancía. Si tuvieran mi apellido en segundo lugar, sería más difícil identificarlos como hermanos. (Lo que tiene que inventar uno para justificar sus cosas...)