5 de junio de 2005

Captain Fantastic

En 1975, cuando tenía unos 15 años y vivía en Costa Rica, comencé a trabajar en lo que saliera, porque mi madre andaba en su etapa tacaña (dura hasta la fecha), y lo que salió fue irme a cortar café. Del oficio sabía más o menos lo mismo que de casi todos los oficios, o sea no mucho, y lo que pagaban por canasta era más bien una miseria. Pero quería invitar a mi novia a lugares que no fueran el Parque Central y el Morazán, y de ser posible comprarle un helado.
No sé qué pasó con la novia (o qué no pasó) y me quedé con los ahorros de mis fines de semana como cortador. Ese diciembre (ya tenía 16 años) salimos de Costa Rica hacia México, y en el camino pasé por El Salvador con pocos billetes, pero definitivamente míos. Me los gasté en dos discos: el que ahora se conoce como Dark side of the moon, de Pink Floyd, que en ese momento era "el del prisma" o "el negrito", y Captain Fantastic and the Little Dirt Cowboy, de Elton John. El primero lo he tenido desde entonces, sin falta, en diferentes formatos (acetato, cassette, CD); el segundo lo perdí unos años después en condiciones que otro día contaré, por allá por 1980, y no había vuelto a escucharlo.
Apenas ayer, después de 25 años, conseguí de nuevo el disco completo y, desde luego, lo oí de inmediato. Me sabía todas las canciones, recordaba cada detalle de los arreglos y, sobre todo, me produjo la misma euforia. Delicioso.
Más de uno tendría la tentación de decir "Volví a tener 15 años otra vez" y trabar los ojos y ver hacia el techo en un simulacro de ensoñación, pero la verdad es que sólo fui un fulano de 45 años contento de oír un disco muy querido en cierta época de su vida. O quizá podría decir "Quién tuviera 15 años", pero incluiría momentos miserables que no me encantaría vivir otra vez, y los buenos fueron francamente pocos. Y la verdad, como ya dije, es que acababa de cumplir los 16. A esa edad, después de varios años estudiando música, comencé a trabajar cantando en bares y peñas en la Ciudad de México, y no me iba mal.
Mi padre tenía una beca para sacar su tercer dcctorado y, como toda beca, no era para pasársela con lujos. Mi madre llegó a enojarse seriamente porque en algún momento ganaba más de lo que recibía mi padre, y eso no era justo: ¿cómo con un oficio tan poco serio se podía obtener más dinero que con dos doctorados? Me cortó el magro subsidio semanal, más como castigo que por justicia. Mi padre se enojó y le dijo: "El mundo necesita más músicos que economistas. Dale el dinero" No sé si la premisa fuera cierta, pero se la agradecí. Y no recuerdo si volví a recibir mi cuota semanal. Creo recordar que sí, pero alcanzaba para la mitad de los autobuses que tomaba para ir a la escuela.
Seguí cantando hasta los 18 como única ocupación. A esa edad, en junio de 1978, comencé a trabajar en el periódico El día, tras una temporada moviendo una rueda de la fortuna en un centro comercial, y empecé a ganar sueldos normales, o sea muy malos, en aras de la seguridad material que se necesita cuando uno tiene un hijo recién nacido que come y se viste. Los complementaba cantando un par de noches por semana, y para esas fechas ya escribía compulsivamente, y estudiaba música, y me aventé un par de años haciendo música para teatro y hasta sustituyendo a los actores que faltaban. No tenía demasiado tiempo de oír música. Cuando en Captain Fantastic desapareció, en circunstancias divertidas, no lo noté demasiado. Hasta ayer que lo escuché de nuevo.

4 comentarios:

Aldebarán dijo...

Esa faceta de músico no la habías mencionado antes. Sabía que te gustaba la música, pero no que la interpretabas.
"Sorpresas te da la vida..."

Histéresis dijo...

Dark Side of the Moon, me recuerda al comentario del taller: ¿Alguien sabe cómo suena Pink Floyd? Uh!!

El otro disco, lo tengo en acetato, comprado porai por puro... no sé, el sentimiento no lo sé decifrar, allí está y no lo puedo escuchar por que no encuentro un repuesto para la bendita aguja de acetatos.

Salú.

Por cierto, Renato ya tiene su Blog, por si querés darte una vuelta.

http://renatobuezo.blogspot.com/

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Aldebarán:
Pues sí, estudié música durante unos 6 años y medio, entre los 11 y loa 21 años. Guitarra clásica para empezar, luego flauta transversal y percusión y unos cursos de canto. No terminé nada. Me dediqué a cantar durante seis años, y hacía arreglos musicales y corales, asesoraba grupos nuevos, cosas así. Un día tuve que decidir entre la música y la literatura, y me pregunté: "¿Qué cosa es la que puedo dejar de hacer sin que me muera?" Y fue la música. Si dejo de escribir me muero, punto.
Por allí de 1999 hacía trabajo literario y académico de día y de noche me iba a cantar a bares, en Arizona. Una doble vida bien bonita. Cantaba blues, reggae y rocanrol con unos chavos de la Universidad del Norte de Arizona, un baterista y un bajista. Lo que les resultaba curioso era que alguien cantara su música en español.
Mi mito personal es que traía más para músico que para escritor, pero el talento y la vocación no siempre van de la mano...

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Enrique:
Ya fui al blog de Renato y ya puse un link por acá. Apenas el sábado pasado descubrí cómo más o menos usar la sidebar.
Y Pink Floyd es Pink Floyd. El lado ocuro de la luna me cambió la vida.
And after all, we're only ordinary men, qué carajos.
Rafael.