9 de junio de 2005

Un negro que no es negro

Cuando estaba en el Defe, fui a Planeta a recoger los ejemplares que me correspondían de Los mejores cuentos mexicanos 2004, en el cual los compiladores tuvieron a bien incluirme. Al salir me fui a un centro comercial que no recuerdo cómo se llama, ya cerca de San Angel, para comer una BigMac después de días y días repletos de delicias mexicanas. Por supuesto se imponía una vuelta por el centro comercial, y llegué a un rincón del tercer piso llamado El palacio de la pluma.
La dependienta, muy joven y muy conocedora, me mostró varios modelos, aun bajo mi advertencia de que no iba a comprar nada. Pero ella sabe más que yo del negocio y de sus clientes, e hizo aparecer una Parker 45, el mismo modelo que usaba cuando estaba en la primaria. (Sí, me enseñaron a escribir con pluma fuente. Hasta los 14 o 15 años casi no usé otra cosa.)
Vista desde esta modernidad, la Parker 45 no tiene demasiados atractivos, pero la añoranza pudo más que la conveniencia. Compré la de capuchón de baquelita (¡sí, está hecha de baqueñita!), con un color azul de lo más retro, y tinta negra. Y me he dedicado a ser feliz escribiendo con ella. Ya terminé la novela negra que estaba trabajando y casi cada cosa que escribo la hago con ella.
Un par de días después de escribir con ella me di cuenta de algo: la tinta se oxida. Del negro más o menos intenso, lo escrito pasa a un color café oscuro. La harta humedad salvadoreña debe contribuir a la oxidación. Y me pregunto: ¿este color es lo que quiero? Y me río: antes ese café oscuro era el equivalente al negro. Uno entendía que ése era el negro del mismo modo en que uno concede que las naves espaciales de las películas clase B de los años cincuenta son naves espaciales.
Hubo una época, entre los 16 y los 30 años, en que usé plumas con tinta china, y allí sí no había que fingir nada: lo negro es negro y así se queda. Luego comencé a comprar plumas de gel, porque el negro era aún más negro que el de la tinta china, aunque tuviera la desventaja de que cualquier gota de agua puede armar un buen relajo en un cuaderno. Usé una Mont Blanc Mozart bastante linda, y la tinta seguía siendo lo que era cuando escribía, por supuesto con tinta Mont Blanc. Y ahora con la tinta Parker regreso a ese café que en algún momento fue negro, como el azul retro de la carcaza era un azul de lo más audaz.
Soy adicto a los cuadernos bonitos también. Y me encanta escribir con mi Parker 45 en esos cuadernos, y ver cómo la tinta se destiñe al cabo de unos días. Puedo comprar otra tinta más estable, y quizá lo haga cuando se me acabe la reserva. Pero entonces no tendría sentido tener una pluma que, ante lapiceros desechables mucho más baratos, parece un artefacto desteñido sin el menor atractivo. Y no quiero.
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Si quieren ver la Parker 45, apachurren aquí. Claro que allí viene el modelo con capuchón de metal, que nunca me gustó; se raya con facilidad, y cuando uno escribe no quiere herramientas delicadas. Si una pluma de ésas me duró como cinco años escolares, ésta bien me aguantará un buen par de novelas.

9 comentarios:

Aldebarán dijo...

Veo que para los que les gusta leer y escribir, el papel y el instrumento de escritura (pluma, bolígrafo, lápiz) se vuelven sumamente importantes. Conozco una persona que su afición es coleccionar sobres y papeles para carta, al igual que cuadernos para diarios (pero no esos rosa que venden para jóvenes adolescentes a un dólar).
Personalmente me gusta la pluma, pero mi lateralidad me ha impedido usarla permanentemente. Hubo incluso un tiempo (entre los 12 y 15 años) que llevaba papel secante conmigo, pues la tinta toma tiempo para secarse. He cedido ante la opción del bolígrafo, que desliza menos pero no se corre tan fácilmente. Pero para las cosas importantes, los "marcadores" finos siguen siendo los preferidos.
Con respecto al papel, no soy tan obsesivo, pero me gustaría tener una moleskine como compañera, pero me he conformado con un libreta pequeña donde anoto las ideas para mi bitácora u otras cosas que me llaman la atención.
Por último (que esto ya se me hizo largo), eso del cambio de color puede ser por el papel. El papel "nacional" tiende a oxidarse con facilidad. Sería interesante probar en otro tipo de superficie. Te dejo la inquietud.
Saludos,

Karina Luna dijo...

Querido Rafa:

"Y no quiero".

No hay nada que discutir, querido. Bajo esa perspectiva, no hay otra más que seguir leyendo y disfrutando. Lindos los cuadernos... lindas las plumas.

Beijos.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Aldebarán:
Tengo una amiga en Arizona que se avienta noventa kilómetros diarios en carretera para ir de su casa al trabajo y viceversa. Y el paisaje es hermoso. Así que hizo lo mejor: se compró un coche deportivo descapotable.
Creo que si uno se pasa buena parte del tiempo escribiendo (en mi caso a mano, antes de pasar a la compu) es rico tener buenos materiales. Los cuadernos me encantan, pero cada tipo de papel merece una tinta diferente, un punto especial, qué sé yo. Tengo cuadernos para los que no usaría una pluma fuente, y otros que están hechos especialmente para ella. Entonces por aquí tengo plumas de todos los tipos y tamaños y colores y de todo. Divertido.
Tienes razón: el tipo de papel tiene que ver con la oxidación, al menos con la rapidez con la que la tinta se oxida. Probé con bond nacional y en unos minutos estaba café; en el cuaderno que me regaló Karina Luna (que escribió un post después del tuyo), donde escribí la novela que acabo de terminar, el negro es más negro. Aún existe la oxidación, pero es menos evidente.
Saludos.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Karina:
Todavía están limpiecitos dos de los cuadernos que me mandaste: uno cuadrado rojo y uno muy lindo con imágenes de sol y luna en las tapas. Ese lo tengo para algo especial que ya saldrá.
Saludos.

Eowyn Zirbêth dijo...

Caramba, yo no escribo en papel, solo en la computadora. Mi cerebro va mucho más rápido de lo que pueden ir mis dedos empuñando un bolígrafo, lápiz, no digamos ya pluma. Eso por no mencionar la horrible letra deformada que tengo de coger apuntes en la universidad. Pero sí tengo libretas hermosas, bolígrafos, plumas, lápices mil. A veces, los uso. Pero para mí, escribir va irremisiblemente ligado al teclado y la pantalla de mi ordenador.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Eowyn:
Durante varios años no vi nada mío en papel, sólo en la pantalla de la compu. En ese lapso escribí dos novelas completas... y al verlas publicadas me espeluzné por la cantidad de imprecisiones que tenía. (Soy un obsesivo-compulsivo de la corrección.)
Cuando escribía a máquina tenía más control sobre el texto, que la compu no me daba (y no me da). Hay montones de errores que se pasan y uno ni los sospecha, así pase diez veces por encima. Y empecé a escribir a mano, algo que antes no hacía, y empecé a disfrutarlo.
El motivo es el que mencionas: a mano escribo más lentamente de lo que pienso, y eso me permite ir reflexionando en el texto a medida que avanzo, volver atrás, ajustarlo, etc. A máquina escribo tan rápido que todo sale sin que lo piense demasiado, y el texto sale con más rapidez, pero el proceso de corrección es más azaroso. O caigo en un vicio: ir corrigiendo sin parar a medida que escribo, y eso me resta fluidez. No rapidez, sino fluidez. Quizá suene un tanto afectado o remilgoso, pero es cierto.
Y paradójicamente escribo más desde que lo hago a mano. No sé si sea oficio o si realmente sirve de algo el contacto directo con el texto.
Más de uno se ofenderá, pero lo que más o menos me sale bien al escribirlo en la compu son los poemas y los artículos y ensayos. Allí necesito pensar con los dedos; si los paso demasiado por la cabeza, no funcionan.
Manías de uno, supongo.

Aldebarán dijo...

En mi primer comentario no quise opinar sobre el proceso de escribir a mano o a máquina. No soy escritor (ni siquiera aficionado) como para opinar al respecto. Sin embargo, el comentario de Éowyn y tu respuesta me recuerdan lo que dice Francisco Andrés Escobar sobre el tema. Él dice que prefiere escribir la poesía a mano y la prosa a máquina. Sí, manías de cada uno.
A mí me pasa algo similar a Éowyn, las ideas fluyen más rápido en la computadora, y mis habilidades caligráficas se han deteriorado con el tiempo, así que he optado por escribir directamente en la máquina mis post. Igual los corrijo y reviso. Quizá valga la pena probar y retomar la escritura a mano, a ver que sucede. Luego les cuento.

Anónimo dijo...

Saludos Amigos

Mi nombre es Carlos Arias y soy un aficionado a las plumas estilograficas.

Yo radico en México, Alguno de ustedes me puede recomendar alguna marca de libretas o cuadernos, en la que se pueda escribir bien con estilografica.

Se los agradezco mucho!

Feliz Año

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Depende. Hay papeles rugosos, hay papeles satinados. Yo uso unos cuadernos franceses que son satinados, de papel grueso y bastate rico. En México debe haber. Tienen un sitio web:
www.clairefontaine.com