18 de abril de 2007

El currículum

Cuando me pidieron por primera vez que hiciera un currículum vitae, por allí de los 25 años, para un trabajo de periodista, no supe qué poner. O más bien tenía un montón de cosas que poner, pero muy pocas calzaban entre sí, y me parecía que no sería muy bien visto y más bien indicaría desorden.
Estaba, por ejemplo, lo del teatro; cerca de un año y medio metido en eso. Y lo de la música para teatro, las tocadas de todo tipo, en todo tipo de lugares, para todo tipo de cosas; los estudios de guitarra clásica, flauta, percusión, los cursos de canto, los arreglos instrumentales y vocales para quien pagara lo suficiente... Sin contar con el par de años de pintura hasta que tenía como 12 años y no sé qué más. Lo que querían era un periodista, punto. Cuando eso pasó, ni siquiera se había publicado mi primer libro, Historia del traidor de Nunca Jamás, había ganado un par de premios pequeños, y tres o cuatro textos andaban en revistas literarias.
Así que a poner estrictamente lo periodístico.
Recordé el montón de currículums que había visto desde niño, los que llevaba mi padre a casa de gente que buscaba trabajo. Eran impresionantes. Había unos de cuarenta o cincuenta o más páginas a renglón corrido, que no necesariamente eran los mejores. Si habían publicado veinte artículos en un periódico, venía el título de cada uno, con constancia del medio, la fecha, etcétera. Toda una ficha técnica para cada nota, así hubiera tenido media cuartilla. Para ese entonces, además de un par de cientos de editoriales, yo había escrito por allí de 300 artículos, la mayor parte en el periódico El día, algunos en revistas y ninguno en internet, porque no había internet para la gente de a pie. Luego, cada congreso, reunión, seminario, curso, lo que fuera, tenía también un espacio largo, y cada premio o medalla o reconocimiento o diploma de ésos que dan por asistir a lo que sea. Desde entonces ya me daba un poco de vergüenza ajena eso de ver cómo la gente se pasa recopilando datos mínimos para tener un currículum lo más gordo que se pueda y demostrar... no sé qué... Basta con una hojeada para saber que aquello es aire. Así que el currículum que presenté decía más o menos así:

1978. Redactor de la Sección Internacional del periódico El día.
1979-1980. Redactor y articulista de la Sección Internacional del periódico El día. Colaborador de El gallo ilustrado y otras revistas.
1980-1983. Subjefe, editorialista y articulista de la Sección Internacional del periódico El día. Colaborador de... (Aquí venía un par de revistas.)
1983-1984. Jefe, articulista, etcétera, de la Sección Internacional, etcétera.

Media página con buen margen, si tomamos en cuenta los datos personales (nombre, dirección y lo demás).
Me la dieron de subjefe de internacionales del diario El nacional el mismo día en que llevé el currículum, porque ya conocían mi trabajo y en efecto les hacía falta un subjefe. Me dijeron que me presentara a trabajar a la semana siguiente, pero un día antes llamé para dar las gracias y decir que no, que lo lamentaba mucho, que había salido algo más. Entonces apareció otra línea en el currículum:

Instructor de literatura del Programa de Actualización y Capacitación de Maestros de la Secretaría de Educación Pública.

Luego, lo de guionista de historieta. Luego, lo del premio y la publicación del Traidor. Luego comencé con las traducciones (las hacía desde los 19 años, pero no sabía que de eso se podía uno ganar la vida, y bien). Y luego el currículum comenzó a ponerse incontrolable.
La meta siempre fue que no pasara de dos páginas, y casi lo he logrado: no pasa de tres si uso cierto formato y si cada vez voy borrando lo menos importante. Nada de congresos y festivales y encuentros, nada de publicaciones en revistas, nada de mi carera musical, nada de premios pequeños, nada del trabajo que otras personas hacen con lo mío (tesis, artículos, etcétera), con la notable excepción de las traducciones y quienes las realizan; nada de lo que aparezca en páginas web. Y menos aún aquello de "comenzó a escribir a los nueve años y desde muy temprano mostró..."
A la fecha mi currículum literario tiene una página, y el periodístico poco más de una y media. Todavía se les puede cortar más. Si se fusionan, llega a las tres. Si pongo lo que he estudiado, quizá llegue a las cuatro, pero nada de cursos, nada de seminarios, etcétera.
Hace mucho que no me piden un currículum (excepto para algo bien informal, hace como tres semanas). El que tengo en la compu no lo he actualizado desde 2001, cuando me lo pidieron para trabajar en Concultura. Creo que lo voy a actualizar; ya sobran cosas.
Pero eso sí: no se me olvida lo que he hecho, lo que he aprendido y lo que soy. Y lo practico todos los días. (Ya me veo haciéndole caso a un simple papel...)

8 comentarios:

Carlos dijo...

Aquí en EU, en general y con algunas excepciones, la regla es un "resumé" de dos páginas. Los curriculum vitaes al estilo de América Latina se usan en pocos lugares como en universidades y en algunos organismos internacionales en donde te piden listas y muestras de publicaciones y otras cosas. Lo que buscan son títulos universitarios o experiencia y personas que te sirvan de referencia. Es interesante que si tenés una licenciatura, es decir cuatro años universitarios, es posible trabajar en áreas en las que no has estudiado pero en las que te has capacitado y en las que has tenido experiencia. No es que las cosas siempre sean así, pero por las exigencias de la economía existe un buen margen de flexibilidad que toma muy en cuenta la experiencia. Como paréntesis, he leído que los resumés largos, aquí en EU, dan mala impresión y miles de excusas para no emplear a alguien. Por otra parte, aquí, como en muchas partes del mundo, valen mucho los contactos. Si alguien te conoce en una compañía o institución es posible que tengás mejor oportunidad de que te den el trabajo. Lo que sí no se ve bien es el nepotismo. De hecho, en muchas organizaciones hay reglas claras al rededor de no darle trabajo a parientes. A pesar de eso, hay corrupción. El caso de Wolfowitz en el Banco Mundial sirve de ejemplo.

Un cordial saludo.

Aniuxa dijo...

Mi CV tiene dos páginas, si quito las referencias y los cursos y esas cosas, bien llega a uno...

El literario, no llega ni a dos líneas jajaja

Rebeca Torres Olivares dijo...

Ahora esta de moda el curriculum de una pagina...a quien le importa realmente donde cursaste la primaria???. Se preocupan en tu preparacion superior, idiomas y conocimientos computacionales. Básicamente los CV de mil páginas ya no se ven bien. Lo sé de muy buena fuente ;) trabajo en la DRH de la CSJ. Jajajaja

REYZOPE dijo...

PUTA, YA VI COMO TE GUSTA BORGES...y NO ME PREGUNTÉS POR QUÉ!

JEJEJEJE!

REYZOPE

REYZOPE dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Reyzope: Pues no, no fui yo el del comentario. Lo que sí es que la puteada que me han puesto tiene su lado... uh... lírico. Y jamás escribiría algo con esa métrica, o sea...
También me divertí, je. Sigan en lo que están.

Anónimo dijo...

Maestro, verifiqueme este soneto:

Soneto al sexo de María

Vertiginosa vulva voluptuosa,
pozo de quimeras donde el buceo
es una fiesta intensa que mareo
y ceguera momentánea rebosa;

tu sexo, María, es mariposa
de fauces de carne cuyo ajetreo
multiplica mi estambre y el goteo
de su néctar obtiene con gloriosa

libación, en constante ósmosis blanca;
es el reino de la lujuria eterna,
lo libidinoso elástico y puro,

la luz despeñándome en su barranca,
el placer que me arrastra con voz tierna
para enterrarme en tu vulvoso muro.

José Lascivo

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Esteee...
El soneto está aquí, publicado desde hace más de un mes.
Si no me equivoco, sólo son endecasílabos los versos 1, 3, 7, 8, 9 (éste un tanto forzado), el 10, el 13 y el 14. Hay otros de 11 sílabas, pero no son endecas: unos con acento en quinta sílaba (algo que nunca se oye bien), o en séptima (igual, a menos que sea gaita gallega, es decir: '--'--'--'-), y el verso 11 tiene acento en quinta y séptima, doble pecado.
La rima, bien: ABBA ABBA CDE CDE.
Eso lo único que puedo decir. Y no soy maestro, y tampoco creo que seas José Lascivo (o María Lasciva); por lo que veo en su blog, está bien seguro/a de lo que hace. Pero servido.