12 de abril de 2007

Estilo, voz y recursos

Por supuesto que vemos American Idol. A veces se nos pasa, porque los jueves hay capítulos de estreno en dos series: House M.D. y CSI, pero en esta temporada estamos seguros de que, si la vida es justa, la ganadora debería ser Melinda Doolittle o Lakisha Jones, con un buen y discreto tercer lugar para Chris Sligh, o menos discreto para Jordin Sparks, un prodigio de diecisiete años.
Estoy dividido en lo del primer lugar. Lakisha Jones tiene un soul magnífico, y no le falta demasiado para ser una buena Gladys Knight, digamos, o para acercársele a Aretha Franklin... cuando era joven. (Aretha es Aretha, y hay que mencionarla con respeto y cautela.) Pero Melinda Doolittle tiene mucho más que eso. Desde que la oí cantar My funny Valentine, una de las baladas de jazz más bellas y endiabladamente difíciles de interpretar, y hacerlo como una profesional, mi corazón se fue por allí, y ya quiero comprar su primer disco. Incluso si no gana, hay una excelente cantante para mucho rato.
Ya dije lo que tenía que decir este año acerca de American Idol, y el pasado, que no dije nada, ni los cuatro anteriores. En realidad no era mi intención dedicarle dos párrafos (y este tercero) al programa, sino a una frase que le dijo anoche Simon Cowell a una de las participantes: que su interpretación había sido "más estilo que calidad".
Me pregunto si algo así es posible: que alguien con un estilo bien marcado --en música, en literatura, en lo demás-- sea capaz de lograr algo de poca calidad, o de menos calidad que estilo. Y allí entraría qué se entiende por estilo (ya hablaremos otro día de etimologías y aplicaciones): la técnica o la originalidad.
La técnica, hasta cierto punto, es algo externo a la "creación en sí". Ese "cierto punto" es, precisamente, cuando el artista logra alcanzar su propia voz --o su equivalente en artes plásticas, actuación, etcétera. Cowell --que me parece un tipo sensato-- hablaba entonces de lo que hablaba: una concursante que aún no se profesionaliza, que aún no logra manejar estándares de calidad, que tiene talento desarrollado hasta cierto punto y que maneja una técnica básica muy buena, pero aún no logra encontrar su propia voz, su propio estilo, y en ésas anda. Y no otra es la función de American Idol: encontrar gente con mucho talento y con técnicas más o menos básicas y que pueda profesionalizarse a través de un proceso acelerado, pero estricto, creo.
La frase de Cowell me llevó inmediatamente a pensar en Neruda: pocos poetas han alcanzado, como él, una voz tan propia, y una técnica tan depurada. Sin embargo, con el debido respeto, me parece un poeta bastante fácil para decir lo que tenga que decir, y no entra en mi Top 100.
Con Jorge Galán, Mario Zetino, Luis Hernández y Santiago Vásquez en especial hemos hablado de ciertos poetas que no son de lo más trascendente en materia poética, pero que tienen una inmensa cantidad de recursos, y Neruda encabeza la lista con harta ventaja. Es un catálogo de recursos poético. Es el gran maestro, digamos, de los alejandrinos en el español. No Rubén Darío, sino Neruda.
En Darío encontramos todavía un manejo un tanto torpe del alejandrino: marca tanto la cesura que a veces da lo mismo que escriba alejandrinos o heptasílabos (recordemos que el alejandrino está formado por dos periodos heptasílabos cesurados), cuando las intenciones de ambos metros son bien diferentes. Tomemos por ejemplo la Sonatina, que me parece una sensacional lección de ritmo:

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro;
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor...

Si lo cambiamos a heptasílabos, no se modifica demasiado el ritmo ni la intención:

La princesa está triste...
¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan
de su boca de fresa,
que ha perdido la risa,
que ha perdido el color.

Etcétera.
En cambio, el "Poema 20" es una verdadera lección de cómo se maneja el alejandrino:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "la noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero talvez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Hay versos terribles: "En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. / La besé tantas veces bajo el cielo infinito", digamos, son de lo más previsible, y por lo tanto de lo más imitado. O imágenes espantosas: "Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos." Los últimos ocho o diez versos son de un baladí subido... ¡Pero qué manera de hacer alejandrinos! Y, desde luego, no hay una voz como la suya. ¿Exceso de estilo y falta de calidad? (Igual habrá a quien le guste Neruda, pero estamos hablando de otra cosa.)
Tenemos, en otra categoría, a Vicente Huidobro (para tomar una contraparte también chilena), digamos el Canto II de Altazor:

Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma

Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro

¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?

¡Etcétera!
La "voz propia" de Huidobro es poderosísima, pero a la vez sus aportaciones técnicas (el "estilo" externo) son mucho menos tangibles, pero indudables. (Si uno quiere solazarse en el exceso de ambos, basta con leer los Cantos IV y V.) Y quizá es porque "voz propia" y "estilo", para que valgan la pena, deben ser una sola cosa, y sólo se valen para una persona. De Neruda es posible (porque lo ha sido desde hace décadas) imitar el estilo y la voz; de Huidobro uno apenas podrá tomar recursos y tratar de adaptarlos a lo que uno escriba. (En mi caso, ni eso.)
Uno de mis poemas favoritos de todos los tiempos y autores es España, aparta de mí este cáliz, de César Vallejo, que es mucho de lo mismo. Creo que, como el resto del poemario, del mismo nombre (o ése le pusieron: se publicó tras la muerte de Vallejo), trae aparejada una lección: un poema "político" no es necesariamente un panfleto. Un panfleto tiene un objetivo político o ideológico: convencer a alguien de algo. Su alcance es extraliterario. Un poema, en cambio, es un objeto artístico, nada más. Entre lo primero y lo segundo hay más que técnica y voz propia: hay honestidad. Y de eso no se encuentra mucho en la poesía, y nunca se ha encontrado demasiado.
Otro "panfleto que no es panfleto" es El niño yuntero, de Miguel Hernández. Lo demás son ganas de lucirse a costa de "los otros", "ellos", "los objetos" que son tema de mucha y muy mala poesía.

12 comentarios:

Aniuxa dijo...

El canto IV y V son lo mis cantos favoritos sin duda... Y Hernández es mi devoción desde siempre....

Qué bonito post.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Es que Huidobro descaradamene dice: "Miren, así se hace poesía", y te pone al frente todos sus recursos, y algunos que se va inventando en el camino. El hombre andaba en algo.
El último canto ya llega a lo elemental, es decir a lo más profundo. Un día deberías oír cómo lo lee Yuleana Juárez. Es impresionante.

Vanessa dijo...

Ánnnnnnndale que ahí está la clave con Huidobro: se desboca en tanto recurso que a veces resulta imposible para el lector sentir que está teniendo una verdadera comunicación con el poeta. Todo lo contrario ocurre con Neruda. Por eso fijate, quizás ocurra que la gente encuentra simpático al segundo y prepotente al primero. Pero es cosa de técnica. Sin embargo, está claro que al penetrar Altazor el mundo se nos abre como no ocurre con Neruda. Saludos.

Vanessa dijo...

Y agregándole: de ahí también deriva la "preferencia del público" por los Heraldos Negros de Vallejo: quien no ha tenido una pena tan fuerte tan fuerte?

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

¿Como cuando todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada?

¡Yo no sé...!

Carlos Abrego dijo...

Rafa falta una ‘y’ en el poema de Neruda:

“El viento de la noche gira en el cielo y canta.”

Además el acento de ‘ésta’ está demás, en el verso que comentas: “En las noches como esta...”. Lo extraño es que Alianza Editorial también lo pone. Si buscás en los diccionarios académicos, desde el primero de 1732 hasta el último te darás cuenta de que el adjetivo demostrativo nunca llevó acento. Me llama mucho la atención el artículo determinado ‘las’ que precede a noches. Al determinarlas se puede entender que la tuvo entre sus brazos únicamente en noches semejantes a esta..., en las otras pues se iba con otros...u otras.

Por otro lado a mí me gusta Neruda, sobre todo cuando lo recito yo. Este último ‘yo’ es enfático, muy enfático. También me gusta Huidobro.

Un abrazo fuerte y cordial.

Carlos

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

En el verso "En las noches como esta", la palabra esta, según yo, no es adjetivo demostrativo, sino pronombre. Debería ser: "En las noches [que son] como esta noche", o sea que sustituye al sustantivo, o sea que sí lleva acento. Como todo, es asunto de interpretación; hay quienes en efecto lo toman como adjetivo demostrativo.
Lo curioso es que casi hice copy/paste del poema, es decir que la ortografía no es mía, je je.
Corrijo el verso que me dices.

Carlos Abrego dijo...

Rafa : ¡rehola!

Resulta que tampoco lleva tilde el pronombre ‘esta’. Ahora ya no lleva. Hice una encuesta en los diccionarios académicos y al inicio del siglo si se le ponía acento a ese pronombre. Así al ponerle la tilde se respeta la ortografía usada por Neruda. Desde 1863 hasta los años ochenta del pasado siglo.

En la norma actual ya no lleva. Podés consultar en el sitio de la “Academia” el “Diccionario panhispánico de dudas”: http://buscon.rae.es/dpdI/

Pero esto no es lo más importante. Vanessa ha nombrado a otros poetas que citas y que nos destripan el alma.

Carlos

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Y luego me has de decir, voto a tal, que "fué" ya no lleva tilde, y que "muger" se escribe con "j"...
(Ortográficamente vivo en el siglo pasado... Qué feo. Voy a axtualizarme, me cae. Conste que así aprendí, y que he sido consistente con mis inconsistencias.)

soy Salvadoreño dijo...

Despues de leer su post, me preguntaba si la disyuntiva ¿ calidad ó estilo? no es solo una variente más de otra mas antigua: ¿Fondo ó forma?

Yo tambien estoy viendo (por "sugerencia" de mi esposa) American Idol, y me parece que el juez mas consistente y mas "letrado" es Simon Cowell aunque no es el mas simpatico por su manera de decir las cosas. Alli tambien puede hacerse la pregunta ¿fondo ó forma?

Saludos.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

SoySal: Según yo, no hay fondo o forma como alternativas: todo es lo mismo, si se piensa en términos de estructura. A un personaje se corresponde ciertas historias posibles y un lenguaje, a un grupo de personajes en cierto entorno se corresponden ciertas tramas posibles, etcétera. Como ejemplo, García Márques: en sus obras no puedes separar el lenguaje de lo que dice, o la obra no tiene sentido. El otoño del patriarca no puede escribirse con el lenguaje de Crónica de una muerte anunciada, o al revés.
Cuando oyes a dos hablando acerca de "forma" y "contenido", seguro que:
a) No son escritores.
b) No tienen mucha idea de técnica y más bien están tratando de justificar el hecho de que no manejen más que recursos narrativos o poéticos básicos.
c) No tienen en qué más pasar el rato.
En lo de "más estilo que calidad" hay miles de ejemplos, y tienen que ver con un desbalance entre lo que sabes (mucho), lo que eres capaz de hacer y lo que tienes que decir. Alfonso Reyes maneja las formas y las estructuras como nadie, pero el pobre no tiene mucho que decir. (Sus ensayos sin embargo son muy buenos.) Borges es otro pisto: no sabe tanto como Reyes (porque es imposible), sus estructuras son deficientes, pero aprovecha al máximo los recursos que tiene y allí está una obra maravillosa y perdurable.
Tiene que ver también con quién escribe. No me acuerdo quién dijo que "El estilo es el hombre", y desde luego que habría que añadir a la mujer.
La técnica es sólo técnica. No te garantiza nada si no tienes nada que decir. Sin ella, estás frito.

Soy Salvadoreño dijo...

Gracias. Ha sido muy ilustrativo para mi su comentario. He aprendido algo.

Saludos