28 de agosto de 2007

Depresión y tiempo

Cuando uno anda en medio de una depresión clínica, el tiempo se trastoca, se convierte en otra cosa, adquiere una lógica diferente.
Un día es miércoles a las cinco de la tarde, y unos minutos después uno despierta en viernes y son las diez de la mañana. Quién sabe dónde se vaya el tiempo; quizá se quede en la contemplación de uno mismo --en la tristeza, en el simple pensar de intrascendencias, en la angustia, que puede llegarse a convertir en una adicción-- o en la rutina; las horas de trabajo son cortísimas, pero el devenir de las horas es interminable. Y ya es jueves y son las diez de la noche, y han pasado meses desde que uno se dio cuenta de que era otro jueves a las diez de la noche, pero es como si hubiera sido ayer mismo. El tiempo se va como agua, se traslapa, se vuelve de humo.
Uno empieza a curarse y el tiempo es nuevamente secuencial, y una hora es una hora, y pasa minuto a minuto. Puede verse en el reloj. Puede sentirse en el cuerpo. Está el riesgo de desesperarse por haber entrado de nuevo en el cauce normal del tiempo --es decir: en una percepción más adecuada--, o aburrirse, o sentir que la noche no llegará nunca, o el día después de mañana. Hay que acostumbrarse de nuevo a vivir en las horas habituales, y más aún: a que el tiempo alcance para todo.
En la depresión apenas alcanza para estar deprimido, y nunca es suficiente. Fuera de ella, hay tantas cosas que hacer y tantos motivos para ser feliz...

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Claro, es horrible pero...

Son momentos intensos de enfrentamientos con uno mismo, de introspección, reflexiónes...doloroso y todo, pero necesario a un momento de la vida.

Es la conciencia que te dice que anda algo mal, muy mal, que debes escucharla, que te recuerda las cosas que has hecho y que no debiste hacerlas. Que te dice que la vida que llevas no es la mejor, que te dice que las prioridades son otras.

No hay que tenerle miedo a la depresion, porque cuando no te haces un autoexamen de conciencia, es ella -la conciencia- quien te manda a llamar y te cuestiona.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

No lo había visto desde ese ángulo, que no deja de ser muy interesante.
Mi idea es que hay momentos límite en los que uno cae a fondo, y hay de dos: o rebotas o te aplastas. Uno decide, nadie más.
En el par de procesos depresivos que he tenido (el más grave hará unos 17 años) lo que logró sacarme fue la necesidad de entender lo que me pasaba. La razón está totalmente nublada por la ansiedad, pero hay algo por allí que me daba curiosidad: quería saber en qué terminaba la película. Eso de salirse a media función no es para mí.
Y volver a empezar, pues. Siempre es importante detenerse un rato y volver a empezar.
Ahora bien, lo del tiempo es apasionante, en especial si no estás en medio de esa vorágine de minutos que se pierden quién sabe dónde ni en qué.
Ahora quiero ver cómo traduzco esa sensación en términos literarios. No me parece fácil, con todo y que el manejo del tiempo ha sido una de mis obsesiones. (Una obsesión técnica, pero obsesión al fin.)
Gracias por escribir.

Carlos dijo...

Por ahí me topé con una descripción de la depresión que me dejó pasmado. Dice que es como un árbol frondoso al cual se le comienza a trepar una pequeña hiedra. El árbol sigue con su razón de ser: va cresciendo, surgiendo hacia el sol, echando ramas, añadiendo anillos, floresciendo y dando frutos. La hiedra también sigue cresciendo y paulatinamente va reptando por el tronco hasta llegar a las ramas. El árbol siente algún aprieto, pero vaya, sigue cresciendo. La hiedra, a su vez, sigue escalando hasta el ramaje y comienza a restarle sol a las hojas del árbol. La fotosíntesis del árbol se va comprometiendo y poco a poco el árbol frondoso se va debilitando hasta que va perdiendo fuerzas y se va secando. Poco a poco… Poco a… Poco… Poc… Po… P… … .. .

Conozco la depre. Si no le tenés cuidado te mata. Hay que buscar buenos bosques, buenos jardineros, y sobretodo cortar las hiedras de raíz.

Me gusta mucho este post.

Abrazos.

Anónimo dijo...

El hombre no vive en el presente, no existe pues se va a cada instante, y tampoco puede vivir en el futuro pues es incierto; entonces se vive del pasado. Las pulsaciones de la vida y de la muerte aseguran el surgimiento de la melancolía. El adjetivo significa la dolencia anímica triste, un humor sombrío. La gana inmensa de no hacer nada, de no ir a ningún lado, de no ver a nadie, de llorar por algo que ni siquiera tiene nombre.

El sufrimiento melancólico tiene un carácter de interioridad; una profundidad especial, algo de desamparado que queda al descubierto. Se hace difícil decir sencillamente lo que se piensa, lo que sucede en uno, difícil llamar simplemente a las cosas interiores por su nombre. Se presentan de tal modo que a uno le cuesta admitir que otro pueda comprenderlos.

Compartiendo, y por ende, comprendiendo tu estado anímico, Claudia

Aldebarán dijo...

El primer habitante del entorno Espacio-Tiempo, Einstein, dijo que el tiempo es relativo, pero no creo que se refiriera a todo lo que has descrito en tu nota.

Da mucho en qué pensar.

Miguel Angel Servellón dijo...

Interesante pagina, lo felicito y siga adelante con esa fuerza que usted tiene al escribir.
Saludos

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Aquél Cuyo Nombre: En 1993, cuando me agarró Doña Depre con todo lo que tenía (ella; a mí me quedó muy poco), o más bien cuando me di cuenta de que la tenía, el modo de más o menos curarme fue "fijar" el tiempo al estilo AA: un día a la vez. Sólo vivir y trabajar, etcétera, para el día que me estaba tocando. Tardé meses en poder hacer planes para dos días después, o tres. No sé qué dirá Einstein al respecto; "un año luz a la vez", supongo.
Después, en 2002, tras la muerte de mi padre, descubrí los antidepresivos, después de pasar por ansiolíticos diversos. Son animales divertidos.
Ahora estoy haciendo recuento de daños para un libro que estoy escribiendo, y me doy cuenta de que una de las cosas más importantes que uno tiene es la percepción del tiempo, que tiene que ver con la percepción de uno mismo, y viceversa. Todavía no sé cómo explicarlo, pero en ésas ando.

trilce dijo...

La depresión es una enfermedad muy debilitante y peligrosa, y si es clinica, como parece ser su caso, puede ser fatal.

A veces se enmascara en un estado álgido de creación y energía, ¡pura ilusión!, húyale antes que lo sedusca.

Es exactamente asi como lo describe Carlos. Si lo atrapa, y no busca mejores bosques, lo ahogarán.

Creo que es obvio que no tengo que decírselo. Creo que usted ya lo sabe. Busque ayuda, por favor.

Sería doblemente trágico perder una pluma de su calibre cuando existen medios para controlar a tan seductor y aplastante demonio.

Se lo digo con mucho respeto.

PD: En mi caso unicamente ayuda cierta clase de medicamentos.

rené dijo...

me llega el estilo literario de est depre-post.... mis respetos para los que han sufrido depre como vos, carlos, mi madre, entre muchos otros, lo viví de cerca y cuando llegan una crisis nerviosa es terrible.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Agradezco mucho la preocupación, pero sólo estoy escribiendo algo acerca de un tema que me parece interesante, y de lo que no hablan los psicólogos, psiquiatras, etcétera. Creo que la mayor parte de la gente que escribe acerca de la depresión desde el punto de vista médico no ha pasado por ninguna, o no termina de entender lo que pasa.
En mi caso, en 2002 pasó algo interesante: mi cabeza estaba bien, pero mi química andaba mal. Tres o cuatro meses de Luvox y quedé como nuevo hasta la próxima; no sé qué rollos de la serotonina y eso.
Eso indica, creo, una propensión genética hacia la depresión, o sea que cada cierto tiempo hará falta un poco de mantenimiento químico y listo.
De sumirme en la depresión, sólo una vez, entre 1990 y 1993, y no sabía que la tenía. Por diversos motivos debí salir solo y a la brava. Ahora sé que no es muy complicado enfrentarla y, si llega a repetirse, conozco los síntomas, etcétera. Y hace falta voluntad y, como dicen Las Hormigas, el primer paso es aceptarlo.
Pero ¿a poco no es interesante lo que pasa con el tiempo? Cuando murió mi padre escribí un artículo donde se toca el tema; puede hallarse aquí.