9 de agosto de 2007

Papayas, bananos y otras pizzas

No sé si Thierry las busca o le caen --creo que lo último--, pero suele mandarme fotos y datos chistosos que se encuentra aquí y allá, en general sacados más de la vida real que de internet.
Por ejemplo, hace unos años se publicó en Alemania una antología del cuento en América Central (donde me toca acompañar a los compatriotas Salvador Canjura, Jacinta Escudos, Claudia Hernández y Mauricio Orellana) llamada Papayas und Bananen, me imagino que para resaltar lo exótico del erotismo y el tanathos que es nuestra principal característica. La antología es buena, pero si me hubieran dicho antes de publicarla cómo se iba a llamar, seguro me niego a que me incluyan. Fue un título de editor; en español el libro, publicado en Nicaragua, se llamó Cicatrices.
El asunto es que a finales del año pasado o principios de éste Thierry me envió una copia de un calendario que le regalaron en su farmacia, que se reproduce a continuación:

No sé qué tendrán los europeos con las papayas y los bananos, o que idea tengan de nosotros los que hacen antologías y calendarios. En lo personal tengo seis o siete años de no comer un trozo de papaya (y el último fue de papaya china) y cerca de uno de no comerme un banano. (Hay que descontar los plátanos fritos de las ferias, que son otra cosa.)
En estos días Thierry ha andado en España, visitando a su hermano, y no iba a desperdiciar la oportunidad de mandarme la siguiente foto desde Bilbao:


Lo cual me recuerda que hace dos años, en Toluca (Estado de México) encontré un cafetín de lo más mono donde vendían baguettes, hamburguesas y tortillas españolas que se llama "El Trece", sin nada que lo justificara: no era el número 13 de la calle, ni el kilómetro 13 ni nada evidente para mí. Me dio risa, porque una de mis novelas más sórdidas es Trece, y en eso de la sordidez tengo algún camino recorrido. Jamás se me ocurriría --como no se me ocurrió-- comerme una pasta italiana en un lugar llamado así.

Como diría Cortázar, los mexicanos serán lo que uno quiera, pero ante todo son mexicanos; ellos se entienden bien, y uno apenas trata de intuirlos. Y es divertidísimo, cómo no.

1 comentario:

Sergio Quemé dijo...

Lo que a ti te ha pasado en México, a mí me pasó en una visita a Madrid hace un par de años. Ambas con ese detalle medio cómico, y en mi caso, un poco nostálgico.
Me gusta mucho acercarme a tu blog y, desde Guatemala, ya estoy tras la pista de tus publicaciones.
Un gran abrazo,