14 de octubre de 2005

Prepotencia de trabajo

"El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un cross a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen".
El porvenir es triunfalmente nuestro.
Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes..."
(Tomado de La jornada semanal, de México.)

* * *

A Roberto Arlt lo conocí gracias a Nicolás Doljanin, gran amigo argentino y más salvadoreño que muchos de nosotros, quien decía que estaba bien mi obsesión por Borges, pero que también estaban los de Boedo. (Me dice Salvador Canjura, quien estuvo en Buenos Aires hace unas semanas, que Nico vive a unos pasos de la calle de Boedo, muy cerca de donde Arlt y compañía se reunían para hablar de literatura, para hacerla y para bronquearse con los de Florida.) Lo primero que leí de él fue El jorobadito, que a mis veintiún años era lo más conmocionante que me hubiera pasado por las manos, Sade incluido; después de todo Sade es, en el fondo, un humorista, y es imposible no terminar con un ataque de risa después de algunas escenas de Los 120 días de Sodoma o Juliette. (Justine me cae mal. Es tonta, la pobrecita. Su incapacidad de quedarse callada podrá estar bien para el santoral, pero no para quince minutos en las calles de cualquier ciudad mediana. Y ya no digamos su poquísima capacidad de adaptación al medio ambiente. Me gusta que la haya partido literalmente un rayo.) Después siguieron Los lanzallamas, Los siete locos y más.
Quizá lo más importante de los personajes de Arlt sea que, así de grotescos y abiertos (impúdicamente abiertos) como son, tienen todo lo que cualquiera de nosotros teme ser, pero es. Son personajes que no están limitados por prejuicios, convenciones ni etiquetas, y actúan como hablan y hablan lo que actúan. Quizá sean lo más cercano a los personajes siempre dolorosos de Dostoyevski, pero sin la nieve y sin la grandeza. Refraseo: los personajes de Arlt son tan pequeños y tan abyectos que allí está su grandeza; los de Dostoyevski son grandes a secas, aunque su vida sea intrascendente.
Y Arlt es el ejemplo del tipo que escribe mal, muy mal, pero que no puede dejar de leerse. A veces sus frases son dolorosamente básicas o imprecisas, dolorosamente feas. Y, no, no es parte de su encanto: a pesar de ello, Arlt es magnífico.
Dice Piglia en algún lugar que Arlt se crió con las malas traducciones del francés de las ediciones de principios del siglo XX, y que creyó que "eso" era el lenguaje literario, y lo ejerció a conciencia. (O a inconciencia.) Puede ser. Sé que la prudente perfección de Borges me llena más, pero sin Arlt --su némesis, acaso-- la vida estaría incompleta y no sería lo que debe ser.
"El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo." Me gusta. Así debería funcionar el mundo.

* * *

Gracias a Nico, por cierto, conocí a Marechal, a Macedonio Fernández (un loco espléndido) y a Girondo. Y a otros: San Agustín, Nietszche (que me parece abominable), a Spinoza y a una serie de teólogos y filósofos de lo más dispares, que en la cabeza de Nico tenían una continuidad pasmosa. Con él aprendí mucho del azaroso oficio de pensar, y no ha pasado un día de los últimos 25 años en que no se lo agradezca. (Bueno, sí, a lo mejor han pasado algunos días en que no se lo he agradecido, pero la actitud general es de reconocimienro y respeto.)

1 comentario:

Fernando Bonatto dijo...

Hola
Buscando puntualmente esa frase que me pego fuerte, hace ya muchos años,esa que habla de la prepotencia digna del trabajo, llegue a su blog.
La hago corta , me gusto.
Puede que sea por aquello que pese a los siglos y los desencuentros,a los medios de comunicacion que descomunican ,nosotros,los que sobrevivimos a la peste ,podemos hablar en una misma sintonia.
Saludos Cordiales
desde el
http://poesiayramosgenerales.blogspot.com/