31 de diciembre de 2006

Escritor ¿de dónde?

En agosto pasado, durante la feria del libro en Guatemala, participé en una discusión acerca del estado de la literatura centroamericana o, para el caso, salvadoreña, hondureña, costarricense, etcétera. Mi posición --no demasiado popular entre los ponentes-- fue que habría que preguntarse si, más allá del ámbito descriptivo, existía literatura de cualquier parte, es decir: si lo que define una obra o a un autor es que sea nicaragüense, o que haya un buen texto y un buen escritor. Me explico: Cien años de soledad será todo lo colombiana que uno quiera, y si uno le busca hasta puede encontrar que es la síntesis de "lo latinoamericano", de una estética "nuestra", lo que sea. Pero eso no lo hace un buen libro, sino que está muy bien escrito y que García Márquez, allí, es un contador de historias como se han visto pocos hasta la fecha. El tema de la novela es incidental y, ya entrado en gastos, hasta es materia de gustos; "lo latinoamericano" es tan importante como "lo sureño" en Faulkner, "lo japonés" en Kawabata y, perdón, muy poco hay de peruano en Vallejo, y eso no le resta méritos.
El asunto de la salvadoreñidad o mexicanidad me parece, en suma, extraliterario, y a veces cumple el mismo papel que los "apellidos" de ciertas literaturas: poesía feminista, narrativa gay, teatro comprometido. Cuando uno se acerca a una obra "con apellido", siempre llega con una cierta condescendencia y a veces hasta con un dejo de lástima: suficientes problemas tiene la pobre muchacha siendo feminista, gay, salvadoreña y de izquierda como para exigirle que además haga buena poesía. Comprendámosla y digamos que es buena.
Habrá editoriales que se dediquen a publicar esas cosas, pero nunca son suficientes, no duran mucho o no publican más de un libro por autor, a menos que el autor sea el dueño: hay un montón de marginados que lo necesitan, y una vez que se empieza sólo la bancarrota detendrá la bolita. Y ya se sabe que las editoriales "grandes" y "elitistas" no siempre comulgan con causas justas (a menos que sean negocio), y prefieren apostarle a la literatura, no a lo que se mueve a su alrededor. Y peor aún: tienen filtros de calidad (consejos editoriales, editores exigentes, lectores con buen gusto) que marginan aún más a los que ya viven en la marginación sexista, política, ecológica... Usted póngale nombre, que de todo hay. (Hace unos meses se anunció con cierto bombo un taller de "poesía ecológica". Válgame...)
Lo que hay al final de cuentas es un montón de escritores a medio formar con un montón de libros en un cajón, que mandan a concursos locales (y a veces los ganan, muchos por falta de quórum), que autopublican y que nadie lee, ni siquiera los amigos que los regalan a cambio otros libros autopublicados, y que ellos tampoco leerán. Y mientras hay editoriales que prestan su sello (en el mejor de los casos) e imprentas que perpetran unas ediciones espantosas para que alguien pueda decir con la barbilla bien alzada: "Soy escritor."
De lo que ese escritor está seguro --ya se ha hablado de eso por acá-- es de que el libro que se autopublicó es la obra que todos los salvadoreños estábamos esperando, y hago énfasis en "todos los salvadoreños": sus miras en general son de carácter municipal. Le interesa "reconocimiento" aquí y ahora, y está seguro de que escribe mucho mejor, y mucho más, que cualquiera de sus contemporáneos también autopublicados, y hay altas probabilidades de que sea cierto. Y allí viene el triple salto conceptual y sin red de contención: si ya publicó su primer libro (o su tercero o su octavo), si es mejor que los de sus amigos, si lo invitan a recitales en Santa Ana y Nicaragua y hasta apareció una buena reseña en algún periódico, ¿por qué no lo publican en una editorial de verdad?
La respuesta es sencilla y obvia: porque escribe mal, o no lo suficientemente bien. Y escribe mal porque no se ha preparado para ser un buen escritor, sino para (auto)publicar(se), porque sus parámetros son otros como él (o ella, seamos justos) y, si acaso, lo peor de Roque Dalton, nada de Hugo Lindo, lo menos posible de Geoffroy, de Vallejo, Pessoa y Neruda algunas citas convenientes y toneladas de autores centroamericanos a su vez autoeditados, es decir: que también son jueces, testigos, abogados y ejecutores de sus propias ohras. (Se notará que no hay parte acusadora.)
Los motivos que se esgrimen para la autoedición son dolorosamente obvios: no hay editoriales, los salvadoreños no leen, "el gobierno" no apoya ni estimula a los creadores. De que no hay editoriales es casi cierto; la Dirección de Publicaciones e Impresos cuenta con una producción limitada, y las demás son inconstantes o se dedican a otras cosas. Pero hay algo importante: no es la existencia de una o varias editoriales lo que va a hacer una buena literatura, sino una buena literatura la que obligará a la creación de editoriales y, digamos, a que la DPI deba publicar más: para eso está. Lo que falta es el volumen necesario de buena literatura, y los motivos ya se dijeron en parte: una visión municipal del oficio ("eran mares los cañales / que yo contemplaba un día" en lugar de "quiero minar la tierra hasta encontrarte / y besarte la noble calavera / y desamordazarte y regresarte"), la utilización de la literatura para causas extraliterarias, la búsqueda de status y no de literatura y el exceso de genios incomprendidos y llenos de lugares comunes.
Para no alargar más las diatribas, que ya subieron bastante de tono, regresemos al inicio del post: ¿De dónde es un escritor? ¿De un país --o de una causa-- o de la literatura? La respuesta parece más que obvia, pero hace unos años no lo era tanto en nuestro pequeño ámbito.
Vamos: en El Salvador casi no hay quien publique. Pero está el resto del mundo, lleno de editoriales que buscan cosas novedosas, interesantes o simplemente buenas, sin importar la nacionalidad del autor. Y no es difícil; todo es cuestión de paciencia y trabajo a la hora de la escritura, y de un poco de suerte. Sigo creyendo que un buen libro se publica solo, sin necesidad del montón de contactos, contubernios y oscuros movimientos que intuyen los que sólo saben de autopublicación (y que a veces ejercen ellos mismos si los ponen en el lugar adecuado).
Todo eso viene por la nota de William Alfaro acerca de los libros del año 2006, que había comentado de paso dos posts atrás. Como bien lo señala William, la autoedición fue lo predominante, como lo ha sido en los últimos treinta años, pero cada vez hay más salvadoreños que publican en el exterior, como cualquier español o argentino, y lo hacen con la única arma que tienen: su calidad. Y, claro, hubo libros también publicados en el país, por editoriales establecidas o proyectos nuevos que ojalá se sostengan.
¿Que es importante publicar en El Salvador porque uno es salvadoreño? Pues sí. Pero no creo que a García Márquez le molestara que la primera edición de Cien años de soledad apareciera en Argentina. ¿Quieren editoriales salvadoreñas? Pues háganlas, o hagan que las ya existentes se fortalezcan con buena literatura. En serio que en el país hay lectores de calidad, como en cualquier parte, y no son pocos. Y "el gobierno", señores, no va a crear artistas. Su papel el gobernar. Ahora que si hablamos del estado, ya podemos empezar a platicar en serio...

3 comentarios:

Aniuxa dijo...

Esto me suena a varias platicas... e incluso no "suena" literalmente, porque alguna que otra la tuvimos por el gmail... je je je... Y es como siempre yo escribiré literatura económica de izquierda, además orgánica y sin relaciones de explotación entre los caracteres jajajajaja

Saludos y feliz año :D

Astrolabio dijo...

Cierto es lo que planteas, pues los nacionalismos no garantizan nada, lo cual tampoco quiere decir que solamente si se edita fuera del país natal el material publicado es bueno. La relatividad se impone. Pero, en verdad, suena ridículo eso de lo que tú llamas "los apellidos" (poesía ecológica). ¡Feliz año! y cordial saludo.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Aniuxa: Debes tener cuidado también con incluir algunos versos que hablen de equidad y gobernabilidad.

Astroabio; En efecto, publicar fuera o dentro no garantiza mucho; de lo que hablo es de los parámetros municipales, como les diría el único clásico vivo de El Salvador, Álvaro Menen Desleal. Ahora, Jorge Galán (nacido en el municipio) se ha ganado uno de los más prestigiosos premios de poesía en español, y publicará en España. HCMoya está publicando en Tusquets. Y así.
Creo que en el fondo el asunto es quitarse el complejo de pobrecito yo: como sólo soy salvadoreño, sólo me alcanza el pellejo para hacer esto, y como el tercer mundo y la globalización no me permiten avanzar, es una cuestión de justicia que me reconozcan como grande, porque para el país y las circunstancias lo soy. ¡Al diablo con eso!
Ahora mismo recuerdo a un ex soldado, mutilado de guerra, que se pasó no sé cuánto tiempo preso, pobre como ostra y que se ganaba la vida de copiar cosas ajenas o de lo que le caía. Además, grandes escritores decían que era un viejo inútil y que sus obras apestaban barato. Era "sólo" español y se llamaba algo así como Miguel de Cervantes. Si uno quiere ponerse de "pobrecito yo", mejor pensar en él, en Dostoyevski (que "sólo" era ruso), y debe haber decenas por el estilo.
Uno no es genio como ellos y hace lo que puede, y lo que puede es trabajar para ser lo mejor que pueda. Y si quiere publicar, en un medio con pocas posibilidades para hacerlo, debe ser un poco más que bueno, para que sus libros se publiquen en otras partes. No se trata de que uno sea un iluminado y por eso escribe con cierta calidad: es que no te queda de otra, y además es tu obligación como artista, digo yo.
"Los apellidos" generalmente oculta que no hay obra consistente debajo de ellos. Wilde no es un "escritor gay"; no lo necesita. Jane Austen o Virginia Woolf o Emily Dickinson no son "literatura femenina": no lo necesitan.
"Poesía ecológica..." Hazme el favor. No creo que René Figueroa, en este poema necesite de una etiqueta así para que alguien diga que el poema funciona bien.
Los fines y principios de año me ponen así. Supongo que estoy armando mis (des)propósitos para 2007.