7 de julio de 2005

Redrum! Redrum!

Si algo impresiona de The Shining, la película de Stanley Kubrick, es el duelo de actuaciones entre Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd, este último un niño de --a la postre-- sólo seis años.
Lloyd hizo uno de los papeles más brillantes que haya representado un niño de su edad, a niveles de Drew Barrymore en E.T. o Shirley Temple en casi cualquiera de las suyas. (Las escenas de baile de la Temple junto al magnífico Bojangles Robinson son cosa aparte.) Y de repente, hace un par de días, se me ocurrió que no sabía en qué había parado su carrera, que trazando una perspectiva de los últimos veinticinco años debía estar entre los grandes, que quizá se hubiera cambiado el nombre.
Y resulta que no. Me fui a la Internet Movie Data Base (www.imdb.com; si la película o el actor o director o productor que busca no está allí, quizá no existan), y veo que Danny Lloyd no apareció más que en otra película, en un papel secundario, en Will: The Autobiography of G. Gordon Liddy, de la que no tenía noticia. La corta biografía de Lloyd que aparece en IMDB es injusta:

Danny Lloyd was selected for the role of Danny Torrance in Stanley Kubrick's The Shining (1980) due to his ability to retain his concentration for extended periods of time. Because of his age (6) and the genre of The Shining (1980) Danny was closely guarded by Kubrick during filming and didn't know it was a horror film until several years later. Despite his notoriety and his famous line "Redrum! Redrum!", Danny made only one more film and has stated that he isn't interested in an acting career.
Su talento, según es obvio en la película, va más allá de mantener la concentración; es capaz de sacar escalofríos. Que no supiera que era un filme de terror es dudoso, sobre todo cuando tuvo a Nicholson persiguiéndolo con un hacha (algo habrán tenido que decirle para que corriera despavorido, gritara como gritó e hiciera cosas raras en un cuarto lleno de sangre), y aunque la frase "Redrum! Redrum!" es una de las más parodiadas del cine, el contexto en que la dijo daba francamente el miedo que sólo un buen actor puede dar, así tenga seis años y así lo dirija Kubrick.
El asunto es que, después de hacer una genialidad y una película de la que no tengo idea, Danny Lloyd es ahora profesor de ciencias en Pekin, Illinois, y de seguro es más feliz de lo que sería actuando o haciendo cualquier otra cosa. Y pienso en otros niños prodigio y en lo que han terminado, o en lo que andan.
Dean Stockwell hizo un papel excepcional en El niño del cabello verde, todo un alegato contra el racismo que no debió gustarles a muchos en plena paranoia de posguerra. Luego siguió en una rutina de películas "para niños" y desapareció en filmes no muy interesantes. Reapareció con fuerza en la serie Quantum Leap, una de mis favoritas, en el papel de Al Calavicci. Se mantiene haciendo papeles secundarios bastante dignos.
Drew Barrymore comenzó a actuar desde bebé, y su papel más impresionante lo logró con E.T., a los siete años. Después vino lo del alcohol y las drogas, y una serie de papeles en los que se explota su cara infantil y su aparente vocación de aparente rubia boba. Quizá fue hasta Confesiones de una mente peligrosa, el estreno de George Clooney como director, cuando logró recuperar el nivel de su infancia... aunque siguió Los ángeles de Charlie, es decir pan con lo mismo. Eso no quita que no lleve una impresionante carrera a sus (apenas) treinta años de edad.
Jackie Cougan, nacido en 1914, comenzó su carrera a los cinco años en A Day's Pleasure, de Chaplin, y de allí pasó a la fama con The Kid, que coprotagonizó con el propio Chaplin en 1921. En 1922 hizo Oliver Twist, en 1930 Tom Sawyer y su carrera comenzó a disolverse, hasta que reapareció, irreconocible, como el tío Lucas (Uncle Fester) en la serie The Addams Family, que lo relanzó a la fama.
Shirley Temple comenzó haciendo cortos en 1932 y terminó siendo el eje de toda una industria, hasta su retiro a los 19 años. Después se dedicó al servicio exterior. Y quizá una cita suya explique un poco por qué muchos niños dejan el cine cuando llegan a ser dueños de su propia vida:

I stopped believing in Santa Claus when I was six. Mother took me to see him in a department store and he asked for my autograph.
Y quizá Danny Lloyd supo cuándo retirarse, es decir antes de cumplir los diez años de edad. No sólo porque sea mejor creer en Santa Claus que ser famoso, sino porque hay niños que nacieron para ser niños prodigio, no adultos prodigio. Por ejemplo, ¿qué pasó con McCaulay Culkin o con Fred Savage (que hace películas malísimas después de Los años maravillosos)? Espero con desesperación lo que sigue de Haley Joel Osment, quien después de Sexto sentido e Inteligencia artificial (¡y Forrest Gump!) ha hecho cosas en las que se repite, o en las que es un adolescente que ha perdido algo, como lo pierden todos los adolescentes.
Quizá pienso como el espectador que admira a gente que en un momento fue grande, y que después se dedicó a ser gente (siguiera o no en el cine), que es lo que todos quisiéramos en el fondo, y por eso les transferimos nuestros deseos a nuestros héroes, y por eso deseamos que no den menos de lo que dieron alguna vez, una sola vez quizá. Pero ¿quién es uno para transferirle sus sueños a los demás, en especial a niños tan pequeños?

1 comentario:

Dulce Gomez dijo...

Es cierto, creo que quizá no todos los actores infantiles deberían seguir siéndolo después, con Danny y su escena con Dick y lo de REDRUM me parece muy buena, creo que tiene mucho talento, la película es genial, impresionante, y creo que fue una muy buena para hacerse famoso jiji