2 de julio de 2007

Sólo la columna

Varios amigos me dijeron que mis posts de los lunes se estaban poniendo muy complicados: notas de aquí y allá, varios temas desconectados, y que a veces por eso no ponían comentarios, porque no sabían por dónde empezar o terminar. Me sugirieron que los pusiera en varios posts a la semana, y en general es buena idea. Quizá los últimos han sido así porque los escribo el domingo en la madrugada o el lunes por la mañana, y aprovecho que es mi descanso para poner lo que no he podido poner por falta de tiempo o de energías o de lo que sea. Igual me queda el martes... No sé.
Por de pronto, en Centroamérica 21 pasó algo interesante: envié mi columna el miércoles, como todas las semanas, y Geovani Galeas me llamó para decirme que habíamos coincidido en el tema: las acusaciones en contra de IDHUCA por su trabajo en el ILEA y la descalificación de Benjamín Cuéllar, que desde hace ya muchos años, junto con un equipo bastante serio, ha realizado trabajos en favor de los derechos humanos que otras organizaciones análogas no han realizado, por los motivos que sea (pero de los que algún modo se habla en la columna de esta semana).
Hay una entrevista, aquí, con Benjamín. Me parece que es muy clara, aunque me hubiera gustado que diera algunos datos más. Es seguro que, diga lo que diga, le van a seguir pegando, pero hasta ahora no le habían dado mucha oportunidad de hablar. Aquí hay un artículo de Geovani Galeas acerca del tema, que me parece interesante y --quizá-- le sigue dando demasiada importancia a comentarios que no la tienen; pero es su estilo y su espacio y su rollo. Menciona algo cierto: el de las "víctimas profesionales" o los que viven de la victimización de otros a los que nadie está victimizando, o no de ese modo. Vividores de la desgracia, pues, una especie de lo más patética y nociva. Quizá hable un poco de eso en la columna siguiente.
Una sola disgresión antes de la columna, que se encuentra aquí: en La mancha en la pared he puesto otro... uh... cuento o lo que sea, que se llama "Los motivos", publicado en Hablemos en 1999. Se puede encontrar en este link. Listo.

Los derechos humanos y la izquierda
Rafael Menjívar Ochoa

Con frecuencia se confunde el papel de los organismos protectores de los derechos humanos con el de organizaciones político–ideológicas (partidos, digamos), pero se trata de conceptos y funciones radicalmente diferentes.
La confusión –en el caso de El Salvador– tiene una base empírica: durante la guerra hubo organismos influidos por militantes políticos, con una agenda más allá de los objetivos de cualquier organización humanitaria; después de la firma de los Acuerdos de Paz surgieron otros, a veces con temas específicos, que se alinearon con el FMLN, y allí están.
Un partido tiene como objetivo la ocupación del aparato de poder para desarrollar, continuar o modificar un estado de cosas, es decir: instrumentar un proyecto de país. El papel de un organismo de derechos humanos es monitorear el modo en que se instrumenta y, en su caso, denunciar las fallas y presionar para que se corrijan. Es la conciencia crítica del gobierno en turno, sea cual sea su signo. Adscribirse a una ideología desvirtuaría el carácter de una institución humanitaria.
El derecho fundamental que se defiende es el derecho a la vida, y de él se derivan otros más amplios: una vida digna, educación, salud, poseer un nombre y una nacionalidad, un trabajo justamente remunerado, etcétera. Los postulados son elementales, pero la historia ha demostrado que exigir mejores salarios o expresar ideas ha sido ofensivo para el poder. De la violación al derecho de asociación y el derecho de obtener un proceso judicial justo, se ha caído en torturas, cárcel y asesinatos. Para un gobierno, el derecho a la vida de los disidentes puede ser secundario ante ciertos “valores” ideológicos.
Fray Bartolomé de las Casas es un interesante precursor: no sólo defendió en abstracto los derechos de los indígenas, sino que se pasó la vida tratando de demostrar que éstos eran humanos, tan humanos como los conquistadores y los integrantes de la jerarquía católica romana, que los colocaban en una escala de valores zoológica.
Allí está el eje central de los organismos humanitarios, y donde pueden diferir de los idearios de partidos y movimientos. Muchos de éstos se basan en la necesidad de excluir, someter o destruir a “los otros”, los que no son iguales o piensan diferente. Bastan los genocidios en Ruanda y la antigua Yugoslavia para ejemplificar la tendencia a considerar a los adversarios como “no–humanos”. Los grupos de exterminio demostraron lo mismo en El Salvador de la guerra.
También es parte de la confusión el que haya coincidencias entre las exigencias de partidos en la oposición y de los organismos de derechos humanos. En 1979, en nuestro país, toda la oposición política, las universidades y agrupaciones sindicales coincidieron en pedir lo mismo que exigía la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en un informe que presentaría ese año, y que motivaría el golpe de estado de octubre: cese a los secuestros, salarios justos, el regreso de los exiliados, elecciones libres, libertad de expresión... No era la OEA quien defendería a grupos de masas insurreccionados y organizaciones armadas: eran las organizaciones opositoras las que hacían suyas cuestiones básicas de derechos humanos.
Por esa confusión es impensable, para muchos, que bajo gobiernos de izquierda existan organismos que los fiscalicen y denuncien. Para el caso de Cuba, la izquierda niega que se violen derechos humanos, y se escudan en que en otras partes la represión es peor, o que se hace en beneficio de las mayorías. Para una agrupación humanitaria es irrelevante: importa el hecho y el respeto irrestricto a la “humanidad” del perseguido o castigado.
El problema de los organismos de derechos humanos es que casi siempre trabajan sobre hechos consumados: las personas a las que avalan ya sufrieron la injusticia, están sufriéndola o están muertas, y se enfrentan a sistemas legales viciados, abúlicos o que violan las leyes sin voluntad de cambio. Toda reversión será, en el mejor de los casos, parcial; en el peor, de carácter moral, o inexistente.
Cualquier gobierno, adscrito a la ideología que sea, estará basado en organismos profesionales –policía, ejército, inteligencia civil y militar– que responderán de manera similar a problemas similares. El poder tiene una lógica propia, y ejercerlo implica siempre mecanismos de represión sobre “los otros”. Allí es donde los organismos de derechos humanos tienen su lugar, y lo tendrán siempre.

2 comentarios:

Nelsons dijo...

realmente me gusta y estoy muy de acuerdo con tu post. Es dificil en una sociedad "polarizada" ser miembro de una comision de los derechos humanos. Es dificil cuando "las partes" juzgadas o investigadas y denunciadas, acusan a este "comisionado" de ser: Opuesto en todo y por alli le agragan que es traidor, comunista, vendido, etc.

El problema basico que veo es que en "el pasado", muchos miembros se han situado en un sector de la balanza del derecho y eso permite que los "violadores reales" utilicen esta situacion para confundir, denigrar, entorpecer y ensuciar estas organizaciones de derechos humanos.

Todos tenemos los mismos derechos y lamentablemente muchos sectores de la sociedad se creen con mas derechos que otros y hasta han asesinado en el pasado.

La educacion en las escuelas sobre este tema de derechos humanos es LA BASE MAS IMPORTANTE PARA QUE CAMBIEMOS, sin educacion es mas dificil entender que tus derechos deben de ser respetados como tu tienes que respetar los mios.

saludes

Pedro Nonualco dijo...

Hola, Rafael. Estoy muy de acuerdo con lo que expresa en su columna. El equipo del IDHUCA ha demostrado la seriedad de su compromiso con los derechos humanos en El Salvador en más de una ocasión. En el asunto de la ILEA, creo que algunos están primando prejuicios que tienen su origen en nuestra historia reciente como dice el mismo Benjamín Cuéllar en la entrevista que le hicieron.

Hay grupos de DD. HH. que mantienen una posición verdaderamente ecuánime tanto aquí, como en el mundo. La organización internacional Human Rights Watch por ejemplo, ha denunciado la situación de DD. HH. de Cuba, pero también se movilizó, en su momento, para lograr el procesamiento de Pinochet por los crímenes de su régimen.

Saludos