10 de noviembre de 2007

Querido diario (IV)...

Vaya: el problema no es ése, porque uno sabe lo que escribió y sólo es cosa de rascarle un poco a la lógica del texto y a la memoria para saber qué palabra era tal o cual glifo, etcéera, y llamar "glifos" a eso es el festival del eufemismo.
El asunto es que en el borrador se han quedado fuera muchas cosas que estaban en las anotaciones y que pueden ser importantes, por ejemplo lo que dice en la hoja de iziquierda, en la zona de la derecha, en el último punto. Sí, la escena es fuerte, y es necesario ponerla, y para ello hay que precisar el lugar donde ocurrió, que en este caso es el lugar donde no ocurrió, que es lo que de algún modo me inquieta. Habrá que insertarla, pues, en el capítulo... uh... Ya no recuerdo. La primera vez que aparece el psicópata o lo que sea antes de entrar en el barrio.
Allí hay un problema de timing. Tenemos que, si pasa lo de la señora que hace ejercicio compulsivamente, no hay un capítulo donde pueda hablarse de la muchacha coreana de las piernas interminables, flaca, terriblemente atractiva e imperdonablemente joven. No puedo dejar de ponerla, porque... Bueno, no sé muy bien por qué. Creo que es el hecho de que, cuando sale del hotel, a eso de las 10 de la noche, lleva una falda de algodón que deja ver apenas el inicio de los músculos glúteos (éstas son anotaciones serias, así que no diré "nalgas", la palabra más adecuada siempre), una falda mínima y apretada. Cuando regresa, a eso de las tres de la mañana, ya tiene una falda de mezclilla del mismo tamaño y enseña lo mismo, pero no lo remite a uno a cosas inquietantes sino que lo hace decir: "Mira tú, qué muchacha tan guapa, qué bien le queda la faldita."
Hay dos puntos donde pueden entrar las escenas:
1. El segundo capítulo en el que aparece el psicópata --con él abrimos, así que podemos moverlo como mejor querramos-- ocurre en un lugar indefinido. Se puede precisar --se debe precisar; de eso precisamente estoy hablando--, y que ocurrra afuera del barrio lo de la mujer que se la pasa haciendo ejercicio.
2. La escena final de la primera parte es larguísima, y está emocionante, así que se puede cortar en dos, y en medio los otros personajes pueden hablar de los casos anteriores o no sé qué. Las tres escenas de la primera parte están ocurriendo en tiempos simultáneos, pero igual puede haber un flashback o algo. No me gusta el recurso; nada más es posible.
El psicópata debe morir donde muere, antes de entrar en el Barrio, no en otro lugar, eso no es negociable. Y es una pena. porque el lugar adecuado para que la muchacha de la faldita muera es dentro del Barrio. A menos que sobreviva...
Eso es. La muchacha sobrevive y va al Barrio con la queja, porque el fulano la deja muy mal. ¡Ah! ¡Tenía cita con él en el Barrio! Por eso cae en la trampa. Simple y efectivo. Es otro de los motivos para que quiera entrar: el simple miedo no es suficiente, porque de todos es conocido que los pscópatas se creen mucho más listos que los policías, y siempre se creen capaces de burlarlos; y, por otra parte, el ansia perpetua de ser capturados.
Listo. Será la próxima semana, o la que viene, porque antes habrá que pasar en limpio todo el cuaderno rojo --unas 80 cuartillas en bruto--, ir ajustamdo, etcétera. No sé cómo hacer coincidir los tiempos del psicópata y la forense joven, para que ella pueda llegar y dispararle a gusto en el momento en que tiene que hacerlo. Creo que habrá que abrir el lapso: hasta ahora todo ocurre en un par de días. Necesitaré una semana, o cinco días, de tiempo narrativo, y de paso lucimos un poco a la Directora y la Inspectiora Jefe. La primera parte podría ser una novela completa, aunque sin un cierre propio, así la segunda parte no quedaria como injerto. (¡Sí! ¡Ya está listo el cuaderno anaranjado para empezar a borronearlo!)
Ahora bien, hay algo que no he contado en el blog, pero que quizá haga pronto. En el viaje a Francia me tocó trabajar con académicos bien interesantes y muy bien formados, algunos de ellos retirados ya, que me dieron buenas pistas acerca de cómo funcionan algunos de mis libros, los más complejos, no sólo en cuanto a temática, sino también técnicamente. Ante todo, me quedó claro cuáles recursos tengo y cuáles no, y un grupo es tan importante como el otro; saber que uno no maneja ciertas cosas, y cuáles, soluciona muchos problemas futuros.
Es rico trabajar con gente que de verdad ha leído lo que uno escribe, frase por frase, a veces letra por letra, a veces en francés y en español para que la traducción también sea parte de la ecuación. No he hablado de eso porque quizá sean cosas muy íntimas, aunque hayan pasado en lugares muy públicos.
Lo que me impresionó fue el respeto con el que trataban los textos, y el respeto con el que me trataban a mí, algo que uno no tiende a encontrar en la academia de EU --mi otro parámetro-- o en algunos comentarista salvadoreños. Me doy cuenta del porqué: un fulano que ha publicado cinco novelas --o lo que sean a falta de un género preciso-- fuera de su país, algo de respeto merecerá. Y si ha publicado unos quince libros en total, en varias editoriales y países, también algo tendrá. Eso, entre otras cosas, da un poco de aliento para recordar que esto de la escritura es un asunto de:
1. Paciencia.
2. Persistencia.
3. Calzones suficientes.
Comentaba con algunos de esos académicos que en El Salvador generalmente no existo como escritor, y el modo en que los imbéciles de siempre se la pasan jodiendo, al modo del joven --o mediocre, a falta de juventud-- vaquero que quiere medirse con el que tiene fama de disparar mejor y tener mejor puntería, y de verdad no lo creían. Un par citó aquello de "pueblo chico, infierno grande", y les dije que en esto de la literatura todos los pueblos --incluidos los de Francia-- son chicos, y todos los infiernos tienden a ser grandes o magnificados, que por algo son infiernos.
Y, sí, casi siempre que se habla de la novela salvadoreña en los periódicos, y a veces en foros de aguas un poco más profundas --así se esperaría--, se menciona lo menos que se puede a los tres que tenemos una mayor cantidad de obra y, por el modo en que se publican, se esperaría que de calidad: Manlio Argueta, Horacio Castellanos Moya y yo. O se menciona a Manlio, o a Horacio, muy a veces a mí, pero no a los tres al mismo tiempo, y en ocasiones a Jacinta Escudos. Lo demás es la mención exhaustiva y minuciosa de algunos otros cuya prioridad no es la novela, y una pléyade --qué fea palabra, por cursi-- de autopublicados y autopromocionados, en cuyos libros no puedo navegar más de algunas páginas, por malos. Y las displicencias que se toman los imbéciles, claro. "Igualados", diría una Claudia que conozco --conozco a varias Claudias con palabras y frases para todo-- cuando anda en su etapa soberbia, o sea la más interesante. Pero entiendo que de algún modo quieran llamar la atención; el hecho de que les conteste los valida como interlocutores. Y no lo son, porque al final en esto de la literatura hay jerarquías, y hay que ver si lo que hacen es literatura o nada. Más bien tiendo a creer que nada, así me sobren esperanzas. Algo es seguro: mientras menos literatura haya en lo que escriban, más usarán medios extraliterarios para llamar la atención, y esos medios van desde el modo de vestirse hasta la necesidad de armar escándalos periódicos para que no los olviden.
Pero ya están olvidados, y están pensando en el reloj, no en el calendario. Les interesa seguir vivos y presentes para el final del día, no para después del final de su vida. Y los apoyo: para eso se requiere de invertir mucho tiempo, mucho esfuerzo, dejar de lado muchas cosas que a ellos les parecen vitales. Que se dediquen a lo vital mejor; uno sólo tiene sus cuadernitos rojos o anaranjados y un montón de dudas acerca de cómo resolver temas complejos, aunque no tan trascendentes como los de ellos, y más aún en estas etapas preelectorales.
Porque uno sólo es escritor. No piensa en cambiar el mundo, sino en escribir. No quiere pelearse con nadie, porque quita tiempo para escribir. Pero bue... Hay cosas que hacer antes de empezar con el trabajo de La Casa, y antes de eso tengo que terminar un texto periodístico y uno más o menos literario que es difícil de hacer cuajar. Eso de dormir por pedacitos, ante el aún notorio desajuste de horarios del último mes y pico, está resultando bien, y he logrado hacerlo productivo. Claro que daría el par de páginas del cuaderno de arriba --que por algo escaneé-- por un par de noches de sueño de 11 horas, pero entiendo que el desajuste también tiene que ver con el proceso creativo, y que en este oficio es buena señal tener que despertarse a escribir algo urgentemente, so riesgo de que se vaya para siempre.
Ya encontraré el equilibrio, si alguna vez debe haberlo o si alguna vez lo tuve. Ya terminaré lo que tenga que terminar y, aprovechando que me van a correr de Concultura cuando gane el FMLN --me lo han dicho bastante últimamente, no sólo en el blog--, ya tendré tiempo para dedicarle más a la literatura, que me lo exige.
Hasta ahora ha sido un asunto de balance: un salario regularcito a cambio de hacer un buen trabajo. Cuando quede desempleado podré buscar un trabajo menos matado --y cuánto ha valido la pena-- pero con un poco más de lana. Igual vendemos todo, recortamos gastos y nos damos una beca de un año en donde se nos ocurra --y donde nos alcance el dinero. Zambia podría ser un buen país. O Singapur, quede donde quede. Ojalá haya alguien que hable español en Singapur, así sea la dueña de la tiendita de la esquina, y ojalá haya tienditas en algunas esquinas de Singapur.

1 comentario:

Anónimo dijo...

http://amigosguanacos.blogspot.com/2007/11/blag-bleg-blig-blog-blug-iii.html

espero sea de su agrado