6 de julio de 2006

Recuerdos y tristezas de la UES

No tengo recuerdos de la primera vez que entré en la Universidad de El Salvador, porque no sé si hubo una primera vez. Siempre estuvo allí; no recuerdo un momento de mi infancia en que no fuera parte de mi vida.
En mi primer recuerdo estructurado de la UES, en algún momento de 1963, muy al principio del año (mi hermana Ana nació el 14 de marzo y mi madre estaba aún embarazada), me llevaron con el sastre para que me hiciera un traje. No entendía por qué, y se pasaron un buen rato explicándome que iba a ir con mi padre a recibir su diploma. La frase es importante: se diga lo que se diga, los niños no tienen mucha imaginación, y son más textuales de lo que uno se atreve a creer.
Llegamos a no-sé-dónde (creo que el adificio que queda frente al tantas veces heroico Hospital Rosales), nos sentamos en un auditorio, en primera fila, y nos pusimos a oír a seis personas que estaban en un escenario y que hablaban y hablaban frente a un micrófono: tres recibirían su diploma de doctorado en economía y tres eran autoridades universitarias. De los primeros conocía a mi papá; de las segundas, a don Napoleón Rodríguez Ruiz, entonces rector de la UES. (Un par de años antes, bajo el gobierno de José María Lemus, el ejército había ocupado la universidad. Cuando don Napoleón salió a ver qué pasaba, un soldado le deshizo la cara de un culatazo. Imagino que ésos son los "valores tradicionales" de los que tanto hablan algunos cuando hacen añoranzas.) En una de ésas, dijeron el nombre de mi padre (que curiosamente es el mío) y me levanté para recibir el diploma junto con él: para eso me habían comprado el traje.
Don Napoleón, muy solemne, me lo entregó. Yo se lo di a mi padre. Aún debe haber algunas fotos en las que estoy recibiendo el diploma (las tenía la abuela Carmen; quizá las conserve la tía Corina). Sé que de algún modo me convencieron de que me regresara a mi asiento y luego mi padre se tomó las fotos dándoles la mano a las autoridades universitarias, que por aquí tengo como legado de la abuela Mina. (Para las malas lenguas: sí, ése es el único modo que he tenido en la vida de recibir algún diploma universitario, y además se trataba de un diploma ajeno. Pero tenía tres años y medio de edad, y eso cuenta. Y he sido el único niño de esa edad que le ha entregado un diploma a un doctor en economía sin siquiera ser rector en funciones. No sé en otros países; en El Salvador, seguro.)
Desde los cinco o seis años de edad, mi padre me llevaba a algunas de sus conferencias, primero en el edificio de Economía, en el centro, y luego en el que se construyó durante su decanato en el actual campus de la UES; quedó inservible en el terremoto de 1986. Mi trabajo era pasar diapositivas con gráficos y esas cosas que les gustan a los economistas. La primera vez nos pasamos toda la tarde ensayando cómo pasarlas y qué señal me haría en el momento adecuado. Aprendí rápido. No recuerdo nada de nada, excepto que estaba concentrado esperando la señal, y en algún momento descubrí que mi padre era bien distraído y que, por su bien, tenía que pasar la diapositiva antes de lo que me decía; la tarde de la conferencia me pasaba revisándolas para ver qué decían y adivinaba según el tema del momento. A mis diez años ya era un experto en la materia, pero entonces se acabaron las conferencias: mi padre se lanzó a buscar la rectoría y estaba más ocupado en otras cosas. Después yo era adolescente, y ya se sabe cómo son los adolescentes con sus papás, y viceversa.
En todos esos años, mi padre me llevaba a la universidad y yo me ponía a caminar aquí y allá y a conocer todo lo conocible, a veces solo, a veces con algunos de mis primos. (Vivíamos a unas cuadras y la cancha de básquet era de lo más apetecible.) Tomaba los cursos de verano que organizaban Mario Moreira (vive en Costa Rica desde su exilio, en 1972) y Héctor Oquelí Colindres (asesinado en Guatemala en 1990) para los hijos de los empleados de la UES.
Cuando mi padre tomó posesión de la rectoría, a finales de 1970, hizo dos cosas que lo llenaban de orgullo y alegría. La primera, un homenaje a Claudia Lars y Salarrué, con la publicación de obras escogidas (para la primera) y narrativa completa (para el segundo). El encargado de armar el paquete fue Ítalo López Vallecillos, quien al poco tiempo se fue para Costa Rica a fundar la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA). Salarrué dijo que sí, que muchas gracias, y al final no llegó al homenaje (así era él), así que todo el homenaje fue para doña Carmen ("¡No me digan Claudia! ¡No mencionen ese nombre!", decía cuando llegaba a casa, no sé por qué.)
La segunda cosa fue que contrató a Camilo Minero, Carlos Cañas y César Sermeño para que dieran talleres de pintura en unos galerones que se construyeron cerca de la antigua biblioteca. Fui desde su inicio hasta el 19 de julio de 1972, tiempo suficiente para enterarme de que, si tenía algún talento para algo, no iba por ese lado. (Los años lo han confirmado.)
Con toda la política de popularización que se armó en el corto tiempo en que mi padre fue rector, y que se había iniciado desde la rectoría de Fabio Castillo Figueroa (el sucesor de don Napoleón, el señor que me dio el diploma), se armó una reacción bien violenta de alguna gente de la UES. La Facultad de Medicina, hasta poco antes el bastión de la gente con dinero, pidió su destitución a finales de 1971 y convocó a la Asamblea General Universitaria para que lo corriera. Con su especial sentido del humor, y con 36 años de edad, mi padre podía darse el lujo de ser irreverente, y lo fue, y no sólo desarmó las acusaciones, sino que también forzó la salida de las autoridades de Medicina mediante el voto de la misma Asamblea que debía correrlo. A la salida de la reunión, mientras conversaba con unos amigos, ya de mañana, un tipo le lanzó una cuchillada a la espalda. La herida, justo en el omóplato, no fue grave; estaba furioso porque le habían arruinado una camisa nueva que sólo se había puesto esa vez. O eso dijo para no preocuparnos.
En esos días comenzó a hablar de que el ejército estaba preparando la ocupación de la UES. Su obsesión a partir de entonces fue publicar el tomo II de la narrativa de Salarrué, las obras escogidas de Francisco Gavidia y de Alberto Masferrer y terminar un documento con la planificación para los siguientes cinco años. (En las fotos de los periódicos de la época en que se hablaba de que se había encontrado propaganda subversiva mostraban esos libros, todos los anteriores. El de Gavidia, el de Masferrer y el tomo II de Salarrué no llegaron a circular, y quemaron el de planeación.)
El día anterior a la ocupación de la UES me dijo que lo esperara por la noche, no recuerdo para qué. Me acosté en una hamaca que colgaba en una terracita en la casa y me puse a leer. Me quedé dormido y de repente, por allí de las diez de la noche, me despertó y me puso un libro en el pecho. "Ahora sí ya pueden hacer lo que quieran. Ya terminamos esto", me dijo, y allí estaba el libro sobre planeación. Me fui a acostar y juro que me pasé meses tratando de entender por qué ese libro era tan importante para él.
Al siguiente día, tras regresar del colegio y de almorzar en casa de la abuela, oí ruidos en la calle y salí a ver junto. Varias tanquetas y camiones llenos de soldados iban pasando por el Bolerama Jardín y subían por la calle que lleva a la calle San Antonio Abad, donde ahora está el Ministerio de Hacienda y entonces sólo había un montón de magníficos terrenos baldíos donde me iba a caminar con mi perro. (Como buen nerd, no tenía muchos amigos, la verdad.) Apenas habían pasado los vehículos, uno de los trabajadores de la rectoría llegó chirriando llantas en un pick-up de la UES y me gritó que se estaban tomando la universidad y que habían capturado a mi padre junto con el secretario general, Miguel Sáenz Varela, y el fiscal, Luis Arévalo. (Los fundamentos "legales" de la Asamblea Legislativa los pueden encontrar aquí. Terribles y vergonzosos. En 2000 tuve oportunidad de hacer un bonito desplante en la Asamblea, como he contado en este blog. Puede encontrarse aquí.)
No lo sabía entonces, pero uno de los motivos para la ocupación militar fue que estaba apareciendo la guerrilla. Desde un par de años antes operaban las Fuerzas Populares de Liberación, el año anterior un grupo conocido como "El Grupo" había secuestrado y asesinado al empresario Ernesto Regalado Dueñas (por cierto amigo de infancia de mi padre; ya hablaré de eso alguna vez, y algo se cuenta en Tiempos de locura) y ese año se fundó el Ejército Revolucionario del Pueblo. Un año antes habían sido las manifestaciones de maestros de 1971, que el ejército vio a posteriori como parte de una conjura, y los estudiantes se estaban poniendo indóciles, como era su papel. (Unos meses antes, estudiantes de izquierda radical ocuparon la rectoría, que estaba en el sótano de Medicina. Tenían una ametralladora y armas cortas. Exigían que mi padre entrara a "dialogar" con ellos, solo. Se negó, por supuesto; el de rehén no le parecía un buen oficio, y menos después de la cuchillada que le habían dado. El problema se resolvió de manera divertida: algunos estudiantes colocaron sobre la rectoría aparatos que acababan de llegar a la facultad, que emitían unas vibraciones e infrasonidos terribles, y los dejaron encendidos durante toda una noche. A la mañana siguiente los estudiantes tiraron las armas por las ventanas y salieron bastante calmados. O atontados.)
No me acerqué a la UES desde la ocupación; debieron pasar 27 años, hasta el día siguiente de mi regreso a El Salvador, es decir el 23 de agosto de 1999. Lo único que pude sentir fue tristeza.
En 1972, como siempre, el presupuesto de la UES no alcanzaba, pero mi padre dedicaba buena parte de él a mantener el campus bonito: contrató no sé cuántos jardineros y compró no sé qué cantidad espantosa de plantas, en especial rosales, y buen pasto. Su idea era que los estudiantes debían estar en un lugar agradable si querían aprender bien. Además había gente que vivía allí (los becarios del interior del país), y era justo que vivieran en un medio sano y lo menos cercano a la pobreza de la que provenían. (Él también venía del mismo lugar.) Lo que faltaba se solucionaba con donaciones de los propios académicos y autoridades y trabajo voluntario. (También estuve en las jornadas de trabajo voluntario, y eran divertidísimas.)
Y encontré todo sucio, destruido, quizá con excepción de la zona de la concha acústica, donde todo crecía como se le daba la gana.
En los meses siguientes me di cuenta de cosas peores: muchos estudiantes que querían realmente aprender para hacer algo con sus vidas y pocos maestros y autoridades a los que les importara, o que siquiera estuvieran preparados para lo que enseñaban. Las clases nocturnas prácticamente suspendidas, porque algunos maestros (que habían llegado a serlo gracias a que estudiaron por la noche, después del trabajo; también fue el caso de mi padre) decidieron que eso afectaba sus derechos o algo así. En algún momento se me ocurrió preguntar a algunos académicos y autoridades por qué no recurrían al trabajo voluntario, y se rieron como uno se ríe de un chiste estúpido, pero bien contado. En vista de que un par de libros míos se usaban en el programa del Departamento de Letras, y a petición de algunos estudiantes, ofrecí dar un taller, sin cobrar un centavo, que complementara los estudios. Tenía de entrada unos 40 alumnos. Los académicos (incluidos dos o tres amigos) se opusieron: alguien sin un título (ya quedamos en que el de mi papá no vale) no estaba preparado para dar clases en la UES.
Al menos una vez por semana iba a darme una vuelta por allí, para tratar de entender, a platicar con gente y a tratar de pensar en algo, lo que fuera, que pudiera sacar a alguien de ese ambiente de... uh... no sé de qué. Tontamente, porque yo no era nadie para eso, y porque lo único que tenía eran recuerdos. De infancia y de las escenas que veía en la televisión desde México: el ejército ocupando la UES, la guerrilla ocupando la UES, las clases suspendidas en la UES durante meses y años, las balaceras... Un poco de lo que hace la tristeza, pues.
Cuando llegó la doctora María Isabel Rodríguez a la rectoría tuve algo de esperanza. Seguí de cerca la campaña, estuve en el recuento de votos, aprovechando que trabajaba como periodista, en su proclamación y en su toma de posesión. Algo empezaría a cambiar.
Y sí. Una de sus grandes apuestas fueron los nosecuántos juegos centroamericanos, que dejarían a la UES con nueva infraestructura, que no había sido renovada desde hacía 30 años. Con todo y las grillas baratas de algunos académicos, comenzó la reactivación de algunas cosas que se habían olvidado (dar clases como debe ser, por ejemplo, y recopilar y hacer investigaciones, una práctica aún poco usual entre gente que debería hacer eso). Y los problemas, como el reciente rechazo de un préstamo del BID bajo el "temor" de que fuera a servir para privatizar la universidad. Una estupidez, pero así las cosas.
Y estaba la famosa Brigada Revolucionaria de Estudiantes Salbadoreños (BRES), que luego adoptó el nombre de Roque Dalton, al igual que una pinacoteca, un teatro y cuanta cosa quiera llevar un sello de izquierda sin demasiada imaginación. Para no hablar mucho de ellos, aquí hay una entrevista con su máximo dirigente, un joven universitario, representativo de la mayoría, de 40 años de edad.
El 19 de julio pasado se organizó en la UES un acto para recordar la ocupación de la UES y, de paso, hacerle un homenaje a mi padre. Se tuvo que suspender porque a esa hora los de la BRES, armados con fusiles de poliuretano, se pusieron a hacer movimientos militares y a gritar consignas en la entrada del campus, bien encapuchados. Para finalizar, rompieron los fusiles en plan burlón y "desaparecieron".
Hoy, al parecer, cambiaron los rifles de poliuretano por M-16 de verdad, según se vio en la televisión. La noticia viene aquí y aquí. Ah, la tristeza...

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Hoy murió Gizmo, nuestra gata, de quién ya había hablado aquí. No sabemos los detalles, y no creo que queramos saberlos. La encontramos tirada en la puerta de casa, con sangre en la boca y cosas rotas. Krisma lo acarició en los últimos segundos. Valeria no entendió nada; estaba contenta de verla tan cerca y tan al nivel del suelo. Krisma la llevó a dormir lo más tranquilamente que se pudo.
En fin, la gata está ahora enterrada en una jardinera, junto a la puerta del jardín. Vivió cuatro años y medio, es decir cuatro años y medio más de lo que le correspondía. Y se lo agradecemos.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Lamento mucho lo que pasa en el país, solo Dios sabe que va a pasar... dejame felicitarte por tu blog, puedo decir que desde que lo encontre he sido un visitante constante te invito al mio www.labodegablog.com

Anónimo dijo...

Púchica Rafael, éste post me ha dejado pensando. Mis papás fueron alumos de la universidad y se beneficiaron de las becas que daba en ese entonces la U, también sufrieron los vejámenes de las intervenciones militares y de los personajes de pueblo, que veían en un estudiante universitario, un subversivo.
Yo desdeñé estudiar en la nacional porque algo me decía que no me convenía; cosas como las de ayer me dan, tristemente, la razon.
Es triste ver como gente como mis papás o usted mismo, que de algún modo quisieron ayudar en la U en su momento, ya como profesionales, se encontraron con arcaísmos del orden de no tener preparación didáctica, etc.
Cuando pienso en eso, no sé quien hunde más a la U; si los que la quieren para terminarla porque es foco de "terroristas" o los que se la acaban desde dentro, enquistados como garrapatas de sus puestos y visiones académico - ideológicas de antaño.

Anónimo dijo...

NO ME ACORDABA QUE ESTUDIAMOS EN EL MISMO COLEGIO... CLARO, CON MUUUUUCHOS ANOS DE DIFERENCIA (JAJAJAJA).
HOY QUE VEIA LAS NOTICIAS LE DECIA A MI MARIDO QUE EL VER ESO ME ASUSTABA MUCHISIMO PORQUE ERA COMO EN LA GUERRA; ENTONCES, PUDE VER COMO TE AFECTA ALGO QUE VIVISTE DESDE MUY NINO. COMENTANDO CON EL PORTERO DE MI TRABAJO, EL ME DECIA QUE PARA LA GUERRA LE TOCO SALIR SOLO CON SU MUJER Y SUS HIJOS A BUSCAR QUE HACER Y SIN NADA. DE UNA U OTRA MANERA NOS TOCO VIVIR LA GUERRA Y NO ES NADA DIVERTIDO RECORDARLO. YO SE QUE ES SALIR DE TU CASA Y DORMIR TODOS LOS DIAS EN LUGARES DIFERENTES, AL LOS SIETE NO ENTENDE MUCHO LO QUE PASA, PERO EL MIEDO QUE SENTIAMOS LAS TRES (EN ESE TIEMPO ERAMOS TRES NINAS, AUNQUE MI HERMANITA ERA UNA BEBE NO CREO QUE ENTENDIERA, ASI QUE NO LA INCLUYO)CADA VEZ QUE LO RECUERDO ME DIGO: ESE SI ERA MIEDO, NO EL DE VER UN FANTASMA O ALGO ASI.
BUENO, NO QUIERO AVERIGUAR SI LO QUE VI EN LAS NOTICIAS ES O NO VERDAD, PERO ... NO QUIERO PASAR POR ESO OTRA VEZ.

Anónimo dijo...

Ayer estuve cerca de la UES, no me dejaban pasar para el trabajo (que por ahi cerquita esta) y luego al oir tanto escandalo, subimos al techo para ver lo que estaba pasando y es realmente lamentable que se repita todo de nuevo. Que acaso la historia no nos ha ensenado nada...
Siento muchisiiisimo lo de Gizmo, nunca la tuve cerca, solo la vi de lejitos cuando el bobo de Boris trataba de atraparla, pero ni modo ya esta tranquila sin perros impertinentes.

Anónimo dijo...

AHHHHH, SIENTO MUCHO LO DE TU GATA. PERO AHORITA A DE ESTAR EN EL CIELO DE LOS GATOS. ESO PASA CON LOS ANIMALES, MENOS MIS PERROS, ELLOS NO SE VAN A MORIR NUNCA!!!!

Anónimo dijo...

Ucha... terrible lo de Gizmo, al menos pensaremos que murió peleando. Salve!

Anónimo dijo...

A la Universidad se va a aprender, no a proteger los "derechos" de los profesores, ni de los serenos, ni de las secretarias, ni de la asociación de estudiantes.

Las instituciones que han codificado su actuar de acuerdo a los "derechos" de quienes las conforman se vuelven escleróticas y apáticas. Pensá Unión Soviética en 1988 y pensá UES en 1999, el año en que volviste. La única diferencia es que la URSS quebró mientras que la UES seguirá, así, postrada, con intravenosa y respiración artificial, indefinidamente, porque el GOES le seguirá pasando sus 50 millones/año.

Estática.


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Pésames por Gizmo. Tenemos gatos, o nos tienen ellos a nosotros. Algún día, dejarán de estar, pero entre tanto, nos alegran la vida, y luego nos traerán una sonrisa del recuerdo.

Anónimo dijo...

Nada me cuesta imaginarte de 3 años y trajeado. La Valeria con traje, seguramente. Le comentaba a Gerardo sobre este post. Le gustan tus historias. Y es que desde que, gracias a vos, descubrió que si Bruce Willis no hubiera hecho "Duro de Matar", no lo hace nadie más, insiste e insiste en invitarte. Muy buen post. Un abrazo.

pd: Lamento mucho lo de Gizmo. Debió ser muy triste.

Anónimo dijo...

esto que ha escrito es un documento historico, indudablemente.gracias.
pero de estos hechos de los ultimos dias que nos tienen consternados y horrorizados, yo creo que todos tenemos parte de complicidad por permitir que actividades tan importantes como la dirigencia estudiantil de la ues sea desempeñada por VIEJOS IRRESPONSABLES, que prolongan su adolescencia agitando y reprimiendo a los verdaderos estudiantes.
las manifestaciones que se han dado no son expresiones populares espontaneas, son artificialmente creadas por estos dirigentes empleando los mismos metodos de las maras.
pasaba ya alla en los lejanos 70s cuando se preparaba la guerra, cuando los estudiantes tenian que salir obligados o engañados a enfrentar la represion militar de la epoca, no quedaba opcion: morir o morir.
el unico deber y responsabilidad de un estudiante ante su pueblo es ser el mejor estudiante posible.
somos complices, dije, porque, a pesar de las decadas que han pasado y la experiencia que hemos aprendido como sociedad, consentimos que nuestros jovenes sean manipulados por estas mentes criminales.
como puede ser que alguien de 40 años, como el tipo que usted entrevisto, funja tranquilamente como dirigente estudiantil a esa edad??? y el compinche en la entrevista tiene 27!!!...edad tambien avanzada pues deberia estar ya produciendo para esta sociedad necesitada.
es muestra de nuestra alcahueteria el que tony saca se refiera al asesino que ejecuto a los policias como "un muchacho" !!!??? "muchacho" a los 30 años??? con mujer e hijos???
dios me guarde de nuestra tonteria!

Anónimo dijo...

rafael, buenas tardes. encontre hace unos dias en elmundo.es un articulo sobre el lugar que ocupan los blogs en castellano entre los otros idiomas a la delantera en el ciber-mundo, hasta se ilustra con grafico. tal vez le interesa leerlo. ademas hay entrada a los diez blogs mas visitados en españa.
el articulo ya va de salida, asi despacio, que va de prisa.

Anónimo dijo...

perdon, aqui van las direcciones:
click:elmundo.es
click:tecnologia
click:masnoticias

Unknown dijo...

Bueno, yo apenas llevo dos años en la UES, pero no me cabe duda que es la mejor Universidad de El Salvador, y por mucho.
Es al estilo UES, al estilo valiente, como de verdad se construye una persona, la UES nos enseña, nos instruye y nos abre los ojos.
La UES cuna de valientes, el lugar donde la ignorancia muere, poco a poco esta institucion se abre un espacio enorme en el corazon de cada Universitario UES. Es y tiene que ser asi, las notas no se regalan, se ganan...