23 de enero de 2007

De cualquier forma, la primera frase


La primera frase de Cualquier forma de morir (--"Pero la luna no grita --dijo el Ciego") siempre me resultó incómoda. No tenía nada que ver con nada y era demasiado desquiciada incluso para un tipo aparentemente loco, incestuoso patológico, que está metido en la cárcel. Pero funcionaba, y por eso adapté la historia del Ciego con su hermana (como se puede leer aquí, en el primer capítulo) para que la frase tuviera algún sentido. Según yo se trataba de una frase provisional, y ya en el proceso de corrección aparecería la verdadera. El Ciego iba a ser un personaje secundario que sólo aparecería en el primer capítulo, daría algo de ambiente y a otra cosa. Me pasó algo parecido que con Guadalupe Frejas, el personaje al que maté en el primer párrafo del segundo capítulo de Los años marchitos: se negó a morirse de inmediato, y no se iba a morir sólo porque a mí se me diera la gana. No sólo permaneció vivo (bastante maltrecho, pero vivo), sino que hubo que hacer muchos ajustes para que la última frase cerrara con el asunto de la luna gritando.
La imagen que aparece arriba es un trozo del texto --ya manoseado-- que escribí en 1998, con el cual no suoe qué hacer durante algún tiempo. Uno de los motivos fue esa primera frase. Otro motivo fue que no lograba ver quién era el protagonista principal, si el narrador o el Cura. Si leen la novela se van a dar cuenta de que llegué a un compromiso un tanto perverso. (La ilustración de abajo es la entrada del primer borrador.)


El asunto es de dónde salió la frase de la luna, que traté de cambiar varias veces por otra menos tosca y más "coherente". Y la frase --que en realidad dio pie al resto de la novela-- salió de un soneto de Oswaldo Escobar Velado, "Y apagará mi corazón", que dice en sus cuartetos:

Y apagará mi corazón su queja,
mi lampara de auroras esa llama,
y un fuego fatuo con verdor de grama
dirá que estoy creciendo en La Bermeja.

Este largo vivir nunca se aleja.
Estoy en un recinto que reclama
una rosa, una espada y una dama.
El sol se ve cuadrado tras la reja.

La primera vez que escuché el soneto fue en forma de canción, cantado por Gerardo Guzmán, un loco genial que desapareció del mapa hace muchísimos años. (Lo útimo que supe de él, por allí de 1979, fue que se había ido a Estados Unidos.) La he cantado muchas veces, cambiando el último verso al modo en que lo hacía Gerardo, y que Escobar Velado no hubiera permitido, por simple cuestión de técnica: "El sol se ve cuadrado tras las rejas." La frase, así, evoca directamente una ventanita asfixiante en una cárcel. "La reja" puede ser varias cosas más, pero con "las rejas" no quedan dudas.
Un día pensé en el soneto y en "el sol se ve cuadrado tras las rejas", y después de ver --como siempre-- un sol inmenso y violento, cuadriculado, gritando, pensé: "Pero la luna no grita." Y pensé que cómo pudo ver Escobar Velado al sol "cuadrado" tras la(s) reja(s) sin quedarse ciego.
Pensamiento automático 1: "A lo mejor se quedó ciego y sólo podía ver la luna."
Pensamiento automático 2: "El sol se ve cuadrado tras las rejas, pero la luna no grita, dijo el Ciego."
Pensamiento automático 3: "¿Dónde está mi cuaderno?"
Lo demás fueron sólo seis años de trabajar en la novela.
Todavía en el último borrador, como se puede ver en la ilustración de abajo, traté de cambiar la frase por una un tanto más... no sé qué. Traté de cambiarla. Lo que seguía era la versión definitiva, y no iba a publicar una novela que empezara así. Pero sí, la publiqué, y quizá sea la única frase que nunca cambió en toda la novela.


Viene la parte comercial: Cualquier forma de morir se presenta mañana, miércoles, en la librería Sophos, en Avenida Reforma 13-89, zona 10, en la ciudad de Guatemala. El presentador será Javier Payeras, y por allí andaré junto con Raúl Figueroa, el editor de F&G. La invitación puede verse aquí.

1 comentario:

Aniuxa dijo...

Que cosas... en la última página, dice "Maneras de morir" se terminó de imprimir...

O sea que le quedó el antiguo nombre :O

Mirá qué cosas...