19 de enero de 2007

Sol del Río 32 y yo el obediente



Durante muchos años no firmé mis notas ni artículos con mi nombre. Al principio fue en parte por timidez y en parte porque mi padre andaba en ondas diplomáticas del FMLN y, siendo yo periodista politico, podía decir algo que afectara lo que hacía. Así que durante años fui Julio Castel, Beatriz Castel Renart, Diego Alvarado, Alfonso Castro u no sé cuántos más. Cada uno tenía sus temáticas favoritas y su modo especial de escribir. Alfonso Castro, por ejemplo, era panfetarísimo y medio básico en sus razonamientos. El analista "de fondo" era Julio Castel. Su hermana, Beatriz Castel Renart, era de un fresa subido y escribía sobre puras frivolidades literarias, por ejemplo los ruiseñores en la literatura, cuántas veces aparecía una palabra en no sé qué texto, y yo firmaba como coautor de algunas de sus notas. La pura disociación. Después me quedé con la costumbre de escribir con pseudónimo; tuve una columna en La jornada, entre 1990 y 1992, con el pseudónimo de M. de Vil. En 1992 el maestro Víctor Roura, jefe de Cultura de El financiero, se negó a publicarme con pseudónimo, así que empecé a usar mi nombre, y sólo en algunas ocasiones usé pseudónimo, por ejemplo en Vértice, cuando ya había una nota con mi nombre. Es feo que en una revista una sola persona publique varias cosas.
Como reportero "a secas" era Eduardo Salom, al menos cuando hacía notas culturales. Y como Eduardo Salom apareció una nota que hice... no sé... entre 1982 y 1984 acerca de Sol del Río 32, de El Salvador, en una presentación que Criaturas que hicieron en la librería del periódico, que era todo un rollo. (Pasó cada cosa en esa pinche librería...)
La presentación estuvo a cargo de Leo Argüello (el de camisa de rayas) y de José Luis Umaña, y fue divertidísma. Era uno de los caballos de batalla de Sol del Río 32 desde sus épocas iniciales, en El Salvador, a principios de los setenta.
Generalmente Leo trabajaba con Fidel Cortez, y hacían un dueto impresionante. Con ellos vi, además de Criaturas, una excelente adaptación de La segura mano de Dios, de Roque Dalton, en la que Leo hacía el papel de Maximiliano Hernández Martínez en el trance de ser asesinado y Fidel de su asesino. Recuerdo ciertas caras de Leo en esa obra y se me salen las carcajadas; recuerdo cuando Fidel lo estaba matando y me espeluzno.
En fin, Leo me mandó hoy escaneado el recorte del periódico (creo que les dieron un buen tercio de media plana, en un diario de ocho columnas, o sea doble tabloide), y no me resistí a ponerlo por acá. Hace tanto tiempo de eso...
Hoy mismo, más tarde, Leo me mandó una nota:

Ah, noo, todito te lo consiento menos... la nueva foto tuya en el blog!
No hay derecho, está de un siniestro subido.
La anterior estaba muy chida envuelta en los vapores de un cigarrillo, fuente, como ya se sabe bien, inagotable de inspiración, o al menos de apoyo para todo escritor. Mínimo era poética.
Hasta la Victoria siempre, esquina con Revillagigedo.

Y como es mi hermano mayor, y como yo soy bien obediente, vuelvo a poner la foto que estaba casi desde el principio del blog. La de las flores estaba bien, pero me pareció demasiado amistosa, y no quiero dar malas impresiones. La otra no creo que estuviera siniestra, nomás muy oscura.
La Victoria a la que se refiere es una calle del centro de la Ciudad de México, cerca de la Alameda Central. No sé si haga esquina con la calle de Revillagigedo; igual sí. Creo que hay una delegación de la Policía Judicial entre Victoria y López, pero no podría jurarlo.

9 comentarios:

madreselvas dijo...

Estoy impresionada por lo prolijo que eres como escritor.
Estoy de acuerdo con Leo, la foto del humo es mucho mas interesante.

Aniuxa dijo...

A mi me gusta más esa foto del profile, too.

Luego, de los seudónimos, siempre me gustó Teresa, porque era el nombre de mi otra identidad cuando era pequeña... Sí, era medio esquizoide.

Aunque "era" quizás no sea tan acertado, pues el préterito quizás no me vaya...

Besitos, besitos ciao ciao

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Ambas: La quité por una cuestión básica de honestidad: es una foto de hace tres años y medio y tenía bastante menos peso que ahora. Bueno, bastante menos, no, pero sí menos canas. Y ahora estoy más interesante que guapo, lo cual no sé si vaya a mi favor.

Madreselvas: No creas; se me van errores espantosos, pero es porque no tengo un año para corregir cada post. Si la vida fuera justa, ahora estaría escribiendo la respuesta a um post tuyo de enero de 2008, para hacerlo razonablemente bien. Lo bueno --y lo malo-- de los blogs es que se pueden hacer al vuelo. Con muy pocas excepciones, los escribo en línea, en el editor de Blogspot. Pero se hace lo que se puede.

Aniuxa: Todos somos esquizoides cuando éramos pequeñas, je.

Aldebarán dijo...

¿Todos eramos esquizoides Kemosabe?

ji ji ji

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

No: todos somos esquizoides cuando éramos pequeñas, Kemo Sabay.
(Me encantaba El llanero solitario hasta que descubrí que Toro se llamaba así sólo para el público en español, y que en inglés se llamaba Tonto. Clásico caso imperialista de doble personalidad forzada.)

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Y ahora que saco cuentas me entero de ue me pasé trece años publicando con nombres ajenos, de 1979 a 1992... Qué pérdida de currículum, pordisito santo. En ese tiempo habré hecho, nada más para El día, unos 150 artículos, unas 200 notas firmadas, y para La Jornada unos 30, más varias decenas en revistas.
De no ser por Roura, que me dio una buena regañiza, seguiría publicando con pseudónimos. (Los libros no. Ésos son otro asunto.)
Y luego el vanidoso es uno. Chale.

madreselvas dijo...

Pensé una cosa y escribí otra, pensaba en prolífico (no porque no seas prolijo) y es que me impresiona todo ese montonal de cosas que has escrito.

Hugo Martínez dijo...

En efecto, Revillagigedo y Victoria hacen esquina, allá por el trasero del edificio en el que estuvo La Jornada muchos años.
En López y Victoria había una delegación de policía que después fue estación de bomberos y que tras mucho tiempo de abandono quedó convertida en el Museo de la Secretaría de Seguridad Pública... y no he tenido estómago para ir a asomarme a ese museo.
Y, por cierto, yo soy esquizofrénico... lo raro es que mis dos personalidades (a veces creo que son tres) son exactamente iguales.
Abrazo chilango

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Madreselvas: Son treinta años de oficio, y vieras que cada año duele más la espalda en las madrugadas.
Tu abuelo también era un escritor de los que no paraba. Su narrativa completa son tres tomos bien gruesos, más el tomo de poesía, más toneladas de artículos que publicó en el diario Patria, más las canciones, más la música, más la pintura y la escultura... A su lado soy más bien moderadito, y con mucho respeto, además.
Lo de "prolijo" es curioso, porque según el diccionario quiere decir descuidado, pero los argentinos lo usan en la acepción contraria, que fue la que dejaron en México, es decir: que se hace todo muy limpio y ordenado.

Hugo: Ya decía yo que no andaba lejos de Artículo 123.
En la estación de López y Victoria me dieron un susto unos judas una vez. Iba de la calle de Dolores, de comer comida china, a un estacionamiento que estaba por allí. Entrego el boleto, pago y, en el momento en que voy por mi carro (el heroico CUZ, que recordarás; casi nos matamos en él una vez que se rompió el eje), se me dejan venir encima un montón de monos con subametralladoras y pistolones. Es literal: se me fueron de frente, todos juntos, como seis o siete, todos con lentes oscuros y ropa de tarea. La paranoia es bruta, pero antes de decir "Me rindo" alcancé a apartarme sin que me aplastaran (me hubieran aplastado) y se metieron es un par de camionetas y se fueron quemando llantas. Nada discretos. Un alarde de machismo grueso, y en efecto parecía que iban sobre mí. O sobre quien estuviera. Ése es el chiste de los judas: dan miedo, y procuran dar mucho. Es un modo de vida, como ser sacerdote shaolin o hijo de la chingada profesional.