4 de octubre de 2007

Oficial: se arruinó la cámara en Nantes

Ya tenía días de estar mal, y a uno no le gusta echarles la culpa a los hijos --en realidad sí, por cómodo--, porque en una de ésas uno se equivoca y además el que dejó las cosas mal puestas para que las trastearan fue uno. El caso es que se fregó la cámara hoy en Nantes, cuando llegó Alain por mí al aeropuerto para ir a Saint-Nazaire, a la Maison des Éscrivains Etrangers et des Traducteurs. Ellos lanzan una revista anual bastante notable, que se llama --por sus siglas y por otras cosas-- MEET. Me tocó publicar allí en 1999, creo, por instancias de Miguel Huezo, junto con Jacinta Escudos, Álvaro Menen Desleal, Alfonso Quijada Urías y otros compañeros. Así que hoy no pude tomar fotos de una hermosa ciudad... pero ayer sí de otra no menos hermosa, con gente, lugares y todo. Empecemos con un sibtítulo:

¡Yo dejé al tren! ¡El tren no me dejó a mí!

Así es. Era mi último día en Toulouse --quizá el lugar que más he disfrutado hasta ahora-- y mi tren salía hacia Montpellier para la siguiente presentación. A las 11:53, decía el boleto, y cuando a uno se le ponen tan taxativos con respecto a las horas, y después de lo que ha oído uno de la severa observancia de los horarios de los trenes europeos, no le queda otra que actuar en consecuencia.
Así que a eso de las 11:15 me di de baja del hotel y pedí que me llamaran un taxi. La estación de trenes está a unas ocho o diez cuadras del hotel, pero he acumulado posesiones con tanta urgencia --y tan poco dinero-- que no pensaba ir cargándolas. Así que el taxi legaría en cinco minutos. Tardó 20.
Y eso no fue lo grave, sino que el taxista se tomó toooodo el tiempo y dio todas las vueltas posibles antes de llegar a la estación. Y a correr en busca del tren.
Llegué cuando el reloj marcaba las 11:51. El tren no estaba. Les pregunté a unos empleados que estaban en el andén y, sí, se había ido, debió irse a su hora, o unos segundos antes, pero no debía preocuparme: en la boletería me cambiarían el pasaje.
Y así fue. Hice una cola decente y, zaz, saldría a la una y pico en el andén cinco, carro seis, asiento 73 en el tren a Nice, que pasaría por Montpellier. Tres euros extra, porque se trataba de un tren de otra categoría; si no, tenía que esperar dos o tres horas más.
Me tomé en serio lo de carro seis, asiento 73, y también el empleado que me hizo recorrer media cuadra o más de tren. De tren vacío. Todo el tren estaba vacío, con no más de cuatro o cinco pasajeros por vagón. Podía haberme sentado en cualquier parte y a nadie le hubiera dolido, y creo que tampoco me hubieran regañado. me tocó un vagón inmenso en el que una mujer leía y un tipo trataba de hablar con ella mientras ella lo ignoraba. El se movía de un extremo a otro del vagón, de tanto en tanto se metía en el baño, volvía de nuevo a recorrerlo, con la mirada bien perdida. No quiero sacar conclusiones, pero me parece que la mujer hizo bien en no responderle, y yo en no ser lo bastante guapo para que quisiera hablar conmigo. No se veía agresivo; nada más ansioso.
Me dormí durante casi un par de horas, y cuando desperté me di cuenta de que era uno de los trenes más o menos rapiditos, digamos que corría a unos 200 kilómetros por hora. Y que cada diez o quince segundos pasaban frente a la ventana pueblos y aldeas espectaculares. Me puse a tratar de tomarles fotos a algunos, y en alguna ocasión lo logré. En general los resultados se parecen a esto:

En segundo plano, sabía lo que estaba pasando, y trataba de no pensar en eso. No había llegado a Montpellier en el tren que debía, la gente que hubiera pasado por mi estaría preocupada, le hablarían a Alain, Alain a Thierry, Thierry a mí, y así en un círculo interminable, porque yo no contestaría. Desde el primer día me dieron el celular de la hija de Alain para que estuviera conectado, y nunca pude hablar ni responder: según yo tenía una clave, según ellos no, pero igual no podía responder. Al final, hace unas horas, resultó que el teclado se bloquea automáticamente y que hay que marcar una simple secuencia de dos teclas para activarlo.
Llegué a la estación, y casi a la salida de la puerta estaban Jean-Pierre Poute, un académico retirado de buen nombre --a quien conocí en Biarritz--, quien haría la presentación del Breve recuento de todas las cosas, y Daniel Lemoigne, dueño de la librería Le Grain des Mots, donde sería el asunto.

Otro problema de llegar tarde es que desde hacía días había quedado de verme con Isabel López que, como su nombre lo indica, es totalmente francesa. (Claro que a veces firma "Isabelle" y se le sale el lado español.) Conoce a Thierry, y gracias a él algunas de mis obras. Nos carteamos desde hace seis o siete años, y un día decidió hacer su tesis de maestría acerca de Los años marchitos. Me hizo una serie de preguntas, leyó varios de mis libros para estar en contexto y lo que armó fue una disección minuciosa e impecable de la novela. No creo que le faltara un solo detalle de cada cosa del armado de la novela. No creo que nadie me haya dejado tan encuerado literariamente.
Después hizo una traducción de Los héroes tienen sueño, que allí está esperando. Y lo que está esperando es que se publiquen mis novelas negras en Francia. Hoy estuvimos haciendo un plan de publicaciones con Alain, que no suena nada mal, del que aún no hablaré; hay que ver su factibilidad y consultarlo con Thierry. Lo que hay que ver es cómo se aprovecha una de las características de mi "serie negra mexicana". Son cinco novelas, independentes y autocontenidas, aunque en todas hay referencias a todas. Si se logra leer todas las novelas en orden, aparece una sexta, que no está escrita pero que resulta de la unión de las otras. Todo un rollo. En ésas andamos.
Y volvemos a ayer.

Después de las explicaciones de rigor, resulta que el tren a Montpellier no me dejó, sino que yo lo dejé a él. Llevaba un retraso de veinticinco minutos --el tren-- y a la hora de los conques todos asumimos que se había ido sin mí, y que la culpa era mía. No cambió en nada el resultado, pero la culpa no fue mía, qué diablos.
Me reuní con Isabelle, platicamos después un rato acerca de le presentación y mis libros, y a darle.
La presentación fue la más intensa y quizá la más interesante hasta ese momento. No porque los anteriores presentadores no hicieran bien su trabajo, sino porque decidí cambiar de actitud. Hasta ese momento había contestado en serio, pero siempre terminaba yéndome por la tangente con algo de humor. Ahora, Poute me hizo unas preguntas tan buenas, y se había leído tan a fondo mis libros, que me pareció correcto jugar a su juego, y nada justo jugar sólo al mío.


El resultado fueron más de dos horas, y casi tres, de preguntarme por mi trabajo y por cosas que no sé si estén allí, pero sería interesante que esruvieran, y de la mayor parte no me había dado cuenta. Salí agotado y feliz. Después, quizá cuando regrese a El Salvador, voy a hablar de lo que aprendí de algunos críticos de por estos rumbos, contando el hecho de que leen lo que critica, son académicos de verdad y no están en lo que están como un modo de vengarse de la literatura por no hecrlos hecho creadores, a veces ni siquiera creativos.

El dís terminó en casa de Aline y Daniel, los dueños de la librería, una casa en serio hermosa y grande. A las seis de la mañana me desperdó Daniel y me llevó al aeropuerto. El vuelo salía a las 8:30, más o menos; llegué diez o quince minutos tarde y no hubo ningún problema.
Dicen que Air France jamás saldrá ni llegará a tiempo. Hasta ahora no me ha decepcikonado; el axioma parece ser bueno.
Mañana hablaré de Saint-Nazaire y, antes, de lo ocirrido en Nantes, Hoy me voy a aprovechar de que tengo un sueño como no lo tenía hace meses.

3 comentarios:

Aldebarán dijo...

Lástima lo de la cámara. Te tocará hacer bocetos a lápiz en tus nuevos cuadernos franceses. Si se puede a cuatro colores, mejor ;-)

Sandra dijo...

Nooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!! tragedia total :'( y yo que soñaba con ver toooodas esas fotos, pero bueno, sigue tomando fotos mentales para que nos cuentes, y felices sueños.

Un Abrazo, bye.

rené dijo...

Daniel le da un aire a almodovar, checa este link: http://www.blogdecine.com/images/Almodóvar.jpg