30 de octubre de 2007

Vale por una pupusa

Venir precisamente de Los Planes de Renderos --capital mundial de las pupusas, y hay que aclarar que de las de maíz-- para caer en una pupusería... Y además con unas pupusas impresionantes. Grandes, bien hechas, buenos materiales, o eso me dijeron; hace mucho que prefiero no comerlas, por piedad a mi sistema digestivo.

El dueño de la pupusería es Carlos E. Rodríguez (a la derecha, con un pan con gallina pasando entre sus fauces), economista por la UCA, como todos habrán intuido. Anoche nos invitó a cenar y tomé un buen trío de vasos de refresco de ensalada, además de mi respectivo pan con gallina; las pupusas fueron para Gustavo Herodier, presidente de la Fundación María Escalón de Núñez, quien aparece a la izquierda.
La plática trató de todo un poco. Por ejemplo, de cómo la mara 18 es la que controla el territorio donde está su pupusería, pero que se trata de un estilo diferente a las maras en El Salvador, más "a la mexicana", como su dijéramos: la pandilla del barrio que cuida su territorio, no parasita en él. Carlos tiene unos vales de pupusas que obsequia a los mareros y allí los tiene comiendo --y pagando las que no son estrictamente de cortesía-- y disfrutando de pupusas y guanaquerías diversas. Y no le llenan de grafittis la pared del restaurante, que ya es ganancia.

Nótese en el vale de obsequio que, además de los sabores tradicionales de pupusas, hay de camarón, zanahoria, calabaza y espinaca. No frunza la cara, por favor: así se crea la culinaria.

En la foto, Gustavo, Carlos, yo y Mauricio Ruano, ex cónsul en Los Ángeles y actualmente funcionario de la US AID, que es a quien le tocó organizar en lo de la feria del libro. Ojo: la feria se organiza, aunque haya esfuerzos personales de los que hablaré, como parte de un programa de fomento a las exportaciones de la AID. Ahora andamos en lo de la promoción de libros.


Y la compañera que nos tomó la foto, tratando de no salir en esta otra. Es de San Vicente. Parte de la plática de la noche tuvo a ratos temas tan profundos como la especulación respecto de la veracidad de aquella leyenda que dice que, si un camión atraviesa cierto río vicentino, llega al otro lado convertido en camioneta. Carlos, desde luego, también es de San Vicente.

5 comentarios:

madreselvas dijo...

Yo ya extraño las pupusas.
¿Esta feria del libro salvadoreño está dentro de otra feria de libros o es independiente?
Saluda de mi parte a Gustavo.

alassleves dijo...

repetir esa historia homofobica creada por los curas para destruir la cultura nacional...los salvadorenos tan recientemente como el siglo xviii andabamos desnudos y el sexo se practicaba libremente EN LAS ORILLAS DE LOS RIOS, entre hombre y mujer, hombre-hombre o como cayera.(esto lo dice el horrorizado saenz lacalle del siglo xviii: pedro cortez Y larraz...) los chucos espanoles rapidamente se adaptaban y aprendian a banarse y otras cosas, asi que esas vergonzosas historias inhumanas y anti-patrioticas les urgia difundirlas a los sotanudos, pero una persona conciente no deberia repetirlas como si fueran inocente folklore.

Aldebarán dijo...

Había olvidado esa "leyenda urbana" de San Vicente.

Suerte en la feria del libro y en LA.

Thierry dijo...

Cómo los envidio... Llevo ya tres años y medio sin comer la más mínima pupusa y tengo que conformarme con ver a otros comiéndolas, o volver a leer una y otra vez, obesivamente, la misma página de "El asco" para medio aliviar la nostalgia del estómago...

Lya dijo...

Siempre me entretienen y divierten las narraciones de tus andanzas.
Estas, me parece, tienen un tono jocoso.
Saludos