11 de octubre de 2007

Spider Man y el tren imposible

10 de octubre


De todas maneras el asunto era vergonzoso, y las opciones eran sólo dos: la camarita de El Hombre Araña o la camarita con el tema de Harry Potter. Eran exactamente iguales, pero la de Harry Potter costaba 10 euros más. No fue por eso que escogí la de El Hombre Araña, sino porque uno tiene límites y principios, y al menos al Araña lo conozco desde mi infancia; ya los demás verán cómo se las arreglan con Harry Potter cuando cumplan 48.
Después de desayunar, Ingrid Elías pasó por mí al hotel de Lille. Dudo que pueda olvidar esa cama. O más bien dudo que pueda recordarla: era tan cómoda que dormí sin sentirla. El cansancio ayudó, pero juro que era como estar en un submarino acolchonado. El colchón era tan mullido que casi hacía falta salir a la superficie cada cierto tiempo para respirar.
Nos fuimos a un mall cerca de la estación de trenes y a buscar una cámara barata para sustituir la Cybershot, que sirve cuando quiere, y cuando no, tampoco. Había que probarla tomando fotos de Ingrid, y de unas cuatro o cinco sólo salió una; las otras, en serio, estaban bastante peores.


Sólo es cuestión de acostumbrarse al downsizing, pensé, y en efecto. El lente no es de lo mejor que pueda haber, pero también sirve como webcam, y tiene una calidad lo suficientemente mala como para demostrarlo. La foto que sigue la tomé en el tren de Lille a Lyon.


Y también algunas del paisaje, que ya mejoraron bastante.


En Lyon me espetaba Januario Espinosa, el director del festival Belles Latinas. Me hizo notar, y me impresionó, que de Lille a Lyon hay cerca de 700 kilómetros, y que el tren hizo sólo tres horas. No sé qué haríamos con algo así en El Salvador; el tren para San Miguel tendría que detenerse en Managua y luego irse de reversa para no frenar tan bruscamente.
Sólo voy a estar unas horas en Lyon, con Thierry, y mañana temprano salimos a Marsella, y de allí a Arles, al Colegio de Traductores.
Ahora, a darme un baño y a esperar que pasen por mí para la presentación.

Más tarde
La presentación, divertidisima, en una universidad que tiene un programa llamado Amerinsa, para que estudiantes de América Latina puedan estudiar por acá, a través de un programa de becas. El auditorio estaba lleno, y casi todos eran latinoamericanos. Predominaban los mexicanos, la mayor parte enviados por el Instituto Politécnico Nacional, pero había tres salvadoreños, dos hondureñas, varios argentinos... Lo interesante es que todos son estudiantes de ingeniería, pero el maestro de español los puso a investigar acerca de mí y mis cosas y me hicieron preguntas bastante precisas acerca de mi
La cena, excelente, en un restaurante de tapas. Estaba muy cansado, y varias veces decidí irme a dormir. En el momento en que me paraba, el mesonero llegaba con un bocado nuevo. Así hasta el postre de pera con chocolate.

11 de octubre
Al rato hablaré del 11 de octubre, con fotos y todo. En este momento estoy con Thierry en el Colegio de Traductores Literarios de Arles, a unos kilómetros de Marsella, y pronto tendremos una plática a dos voces con los miembros del dicho colegio.
Como adelanto al siguiente post, diré que en Arles vivió Vincent van Gogh, y que tengo una foto harto reveladora acerca de sus actividades en la localidad.

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