1 de febrero de 2007

Efemérides

La noticia de hace 75 años en La prensa gráfica (el link cambiará mañana; lástima):

Luego de un Consejo de Guerra fueron fusilados esta mañana los comunistas Farabundo Martí, Mario Zapata y Alfonso Luna. Martí expresó que todavía hay muchas bombas de dinamita ocultas en San Salvador.

También en LPG aparece una nota que dice:

Indígenas quieren que 1932 deje de ser estigma
El Consejo Coordinador Nacional Indígena Salvadoreño (CCNIS) se pronunció el martes ante el 75.º aniversario de la masacre de indígenas en la zona occidental del país el 22 de enero de 1932.
La asociación pidió al Estado la “reparación de los daños” como “expropiación, discriminación, exclusión, manipulación y folclorización causados a los pueblos originarios a través de la historia”, además de su reconocimiento en la constitución, la ratificación del convenio 169 de la OIT y la no expropiación de tierras.
La ratificación del convenio de la OIT, adoptado en 1989, se está solicitando desde 1998, declaró el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Cultura Autóctona de El Salvador, Guillermo Tesorero. Para la petición, se reunieron pueblos nahuas y lencas.
La secretaria del CCNIS, Betty Pérez, declaró que están en un proceso de acercamiento con el Gobierno para que atienda sus peticiones, pero “no hay voluntad política, y el Estado tiene que rendir cuentas en 2008”.
Pérez se refiere a la petición que hizo Naciones Unidas en enero de 2006 al Gobierno salvadoreño para reconocer a las comunidades indígenas.

Exhumaciones
En Sonsonate, Nahuizalco e Izalco, se han localizado fosas comunes de 1932. La Asociación Salvadoreña para el Desarrollo Indígena Integral (ADEIS) y la Fundación Ama han planteado el interés de exhumar en esas fosas.
Pérez aclaró, empero, que es un esfuerzo que se está coordinando, pero no hay proyectos ni fechas para ejecutarlo. Las exhumaciones serían un instrumento de recuperación de la memoria histórica y de reconocimiento del hecho.
“La memoria no debe desaparecer”, indicó Tesorero.

Lo curioso de esta nota es que aparece en la sección de Cultura. No entiendo muy bien por qué. Lo importante que se haya publicado. Aún no "sabemos" qué pasó realmente en 1932, ni en la guerra de los ochenta; la ideología, los intereses de las partes, lo que sea, evita que sepamos por qué "todo nacimos medio muertos" desde 1932, y qué se nos murió --y debemos revivir-- hace veinte y algo de años. Por algún lado habría que empezar.
Hasta ahora hay libros importantes: el de Anderson, el de Browning, el de Eric Ching, el de Jorge Arias Gómez sobre Farabundo Martí y, como complemento, algunos como el de Patricia Parkman acerca del derrocamiento de Hernández Martínez. Pero falta, y lo que falta no sólo son libros o información.
Hace poco vi de nuevo la película Rojo amanecer, y he seguido el proceso que se ha llevado contra el ex presidente Luis Echeverría y los que se ha intentado llevar contra los implicados que continúan vivos de la matanza de 1968 en Tlatelolco y de 1971 en San Cosme. El proceso es interesante, porque, de saber, todo el mundo sabe lo que pasó; lo que hace falta es que lo digan quienes fueron responsables. No que confiesen o pidan perdón o que los manden de por vida a la cárcel, sino que lo digan, que lo oigamos, que sepamos de primera mano por qué fuimos lo que somos, y viceversa.
Es como cuando ha muerto alguien cercano y uno no lo ve siquiera en el ataúd y no visita su tumba. Uno sabe que está muerto, pero mientras no lo vea o sepa dónde está se vive en un limbo terrible. Es el drama de los parientes de los desaparecidos, políticos o no.
(Y, de preferencia, que nos digan por qué, aunque también ya lo sepamos. No es un asunto político, sino humano.)

6 comentarios:

Ixquic* dijo...

Bueno, ayer intenté... que bueno que se arregló.


Comparto las dudas en los hechos. Cuanto más pasa el tiempo y salen nuevas cosas, se caen las certezas.

Hace años, tuve que re leer muchos capítulos de la historia porque cuando me los enseñaron me dieron paja y afortunamente me dió curiosidad por conocer.

Otros hechos los aprendí de manera ideologizada, como la guerra, entonces sólo miraba buenos y malos. (y así siguen muchos)

A mi también me gusta leer las "efemérides".

Vanessa dijo...

Hay un libro que encontré en una venta de libros usados hace mucho (debió costarme $2 o algo así). Se llama "Recuerdos Salvadoreños" de José Antonio Cevallos, fue publicado por el Ministerio de Educación y es una joyita. Fue escrito en 1945, o sea que ya los recuerdos de entonces son historia de ahora. En el tomo que tengo (porque al parecer son varios) cuenta de Anastasio Aquino y refleja la postura aceptada en aquel entonces: los indígenas que se sublevaron eran viles bándalos, wannabes, que merecían la pena de muerte y más (pero ya no se podía). Es tan limitada la capacidad de análisis del tipo que llega a dar datos muy interesantes. Pero la conclusión mía fue que así pensaba todo el mundo (o los que importaban) por aquella época. Era de gente indecente ir en contra del gobierno, e igual de "mal visto" era juzgar sus actos. Resavio de eso queda en estos días. En las reuniones decentes no se habla de política ni de religión, por lo tanto sólo se habla de cosas irrelevantes, porque es lo correcto. Como dice Ixquic, la cosa es bien fácil: sólo hay buenos y malos, no existen los humanos y sus circunstancias, así nos ahorramos los momentos incómodos.

Vanessa dijo...

vaya, hasta que al fin pude publicar un comentario!!!

El-Visitador dijo...

Me pregunto cómo funcionaría esta "reparación de daños" a la que se refiere Betty Pérez.

Si se trata de que el Estado pida perdón, ¿pediría perdón a todos los salvadoreños que tenemos sangre indígena? Casi que sería como que la mano izquierda le pida perdón a la mano derecha, pero bueno, me imagino que desde el punto de relaciones públicas "se vería bonito" que un gobierno democráticamente electo pida perdón por lo que hicieron gobiernos previos con los que no le une vínculo de continuidad legal. Algo así como lo opuesto de saludar con sombrero ajeno, pero en fín, a algunas personas les gusta la decoración más que el contenido. En éste caso, yo publicaré un bonito agradecimiento al Estado en mi bitácora, capítulo cerrado, y sansiacabó.

Si se trata de que el Estado pague dinero o regale propiedades, con análisis de ADN mitocondrial es perfectamente factible determinar exactamente cuánta sangre aborigen tiene cada salvadoreño. Por ejemplo: 1/1, 1/2, 1/4, 1/8, 1/16, 1/32, 1/64, etc. Si éste fuere el caso, me pregunto: el gasto de las reparaciones, ¿lo pagaríamos todos los contribuyentes por igual por medio del IVA que pagamos cuando compramos una Pepsi?

¿O el impuesto lo cobraríamos revertido, de tal forma que si el gasto promedio por reparación a salvadoreños es, digamos, $1000, entonces alguien que tenga 1/2 sangre indígena pagaría solamente $500 en extra impuestos, pero alguien que tenga 1/8 sangre indígena pagaría $2000 en extra impuestos?

¿Y si para probar cuánto impuesto por reparaciones nos corresponde pagar y cuánto cobrar en beneficios de reparaciones hubiése que portar comprobante?

Tal vez, en reparación, el Estado debería favorecer asignar plazas del Estado a quienes más sangre indígena tengamos.

¿Estaríamos felices el día que nuestro DUI incluya un porcentaje de pureza racial?

A mí, todo este volado de Betty Pérez más me parece una caja de Pandora. Abrámosla a nuestro propio riesgo.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Visitador: Te fuiste lejísimos. Lo único que yo pido es que digan qué pasó, y de ser posible por qué. Todos los bandos.
En mi caso, tengo octavos y dieciseisavos de cuanta cosa se te ocurra: francés, español (vasco y andaluz, por más señas), árabe, indígena, negro y creo que hasta chino, porque mi papá era amarillo. (¡Y lo hubieras visto cuando le dio hepatitis!)
¿Cuánto le dan a uno por ser todo eso? Hasta puedo decir que tengo sangre suiza; dan buenas pensiones.

El-Visitador dijo...

Lamento el malentendido. Mi comentario no buscaba necesariamente comentar sobre tu punto, "lo que hace falta es que lo digan quienes fueron responsables," el cuál sería de difícil alcance, pues sin duda a estas alturas quedan vivos muy pocos responsables. El más joven tiene 93 años (18+75).

Mi comentario es más bien sobre lo que busca Betty Pérez. Y puse una analogía erróneamente revertida, sin querer: el gobierno actual que ofreciese un acto simbólico de "reparación" no estaría haciendo lo opuesto de saludar con sombrero ajeno.

Mejor es decir que estaría confesando un crimen que no cometió. Algo así como ir a pedir disculpas al vecino por los ruidos que hacía el inquilino anterior.