26 de septiembre de 2007

Tribulaciones de una escala

Todo empezó en diciembre del año pasado, en una presentación de Treize en la Maison de l'Amérique Latine, según el reporte de Thierry Davo, con constancia fotográfica de Carlos Ábrego. Allí surgió la posibilidad --real-- de que me invitaran al Festival de Biarritz y al Belles Latinas para 2007. Se suponía que debía ir el año pasado, y hubo invitación formal, pero algo se desconchinfló.
Para febrero o marzo de este año me llegaron las invitaciones informales por correo electrónico y, Thierry y Alain Mala (el editor de Cénomane) de por medio, se dieron las negociaciones de fechas, horarios, ciudades a visitar y lo demás. Eso sí, tenía que estar en El Salvador para preparar el cuarto aniversario de La Casa y recibir a Selva Prieto Salazar y Tamara de Anda, nieta y bisnieta de Salarrué, quienes nos visitarán para montar un par de exposiciones de su obra y la de Maya Prieto Salazar, y para tener charlas acerca de su familia. Y, claro, para que Tamara conociera y Selva reconociera después de más de cuarenta años de ausencia. Se suponía que debía quedarme en Francia después de esa fecha, pero no había modo, y accedieron de buen grado.
En mayo me llegó la invitación oficial para participar en los festivales. Ya me había llegado una similar el año pasado, y hasta se había anunciado públicamente, así que no me emocioné y esperé que no volvieran a cancelarme para hacer los debidos trámites en Concultura para que me dieran el permiso y todo lo que se acostumbra. La otra es que, si lo hacía público antes, comenzaría la consabida jodedera de los trolls, más cercana a la envidia que al espíritu ciudadano que dicen representar. Así que todo en su momento, y en su momento tramité el permiso, etcétera.
Luego, lo del dinero, porque allá tengo casa y comida, pero, contrario a lo que dicen algunos imbéciles, Concultura no me paga nada, y menos aún ARENA, la OIE o el Ministerio de Gobernación. La solución vino sola: Alain me daría algún dinero en concepto de regalías por mis libros, que me debe desde hace ya varios meses. Listo.
Donde sí me vi lento fue en lo de conseguir la visa de paso por México hacia París. Lo fui dejando para la semana siguiente, y de pronto era el viernes pasado, me iba el miércoles y la visa me la darían al siguiente día hábil, es decir el lunes. Si algo fallaba, sólo me quedaba un día para maniobrar, una situación incómoda que ya me ha tocado enfrentar más veces de las que quisiera reconocer, hasta ahora con suerte.
Llegué el viernes a la embajada mexicana, con la documentación que decía en internet y alguna más, a eso de las 10 de la mañana. Hubo que llenar una solicitud, esperar muy poco --había a lo sumo unas siete personas esperando--, pasé a la ventanilla y...
Resultó claro que la empleada iba a hacer todo lo posible por negarme la visa, y que no habría negociación posible. Había algo que faltaba según ella y según el rótulo en la pared, pero no según la Secretaría de Relaciones Exteriores, y me dijo que debía regresar el lunes para intentarlo de nuevo. Como amenaza, me dijo que, si no me daba la visa, en el aeropuerto Benito Juárez me pondrían en custodia policial, me meterían en un cuartito y debería pasar allí las horas (seis) que faltaran hasta la conexión con Air France. (El viaje al Distrito Federal sería en Mexicana.)
Y más que amenazarme me estaba dando esperanzas: después de algunas que me ha tocado pasar, seis horas en un cuartito con la policía de Migración no me pareció mal, aunque sí paradójico: tras tantos años en México, con pasaporte, credencial de elector y todo, estar detenido por no tener visa mostraba su lado siniestro o estúpido, según se vea.
Así que con alivio me fui de regreso a Los Planes, con pizza para Krisma y Valeria, y esperé que el lunes pudiera sacar la visa, porque me gusta hacer las cosas como deben ser. Si no, al diablo y al cuartito.
El lunes, pues, a hacer algunas cosas por la mañana, sacar fotocopias de documentos, pasajes de avión, invitación, un estado de la cuenta de ahorros, lo que fuera. Recé --es un decir-- para que me tocara otra ventanilla y otra empleada, y así fue. "Le voy a contar algo", le dije después de darle los buenos días, porque uno a un mexicano debe decirle buenos días a menos que quiera tener problemas, excepto que sean las tres de la tarde o las once de la noche. Le dije que soy un escritor que trabaja para Concultura (le pasé la copia de mi recibo de pago), que me habián invitado a Biarritz (copia de la carta), que tenía los boletos listos (copia de los boletos), que me iría por la Ciudad de México pero regresaría por Miami y que, en fin, allí había más papeles y, si quería cotejarlos, podía mostrarle los originales de todo. Eran más de las 10:30, y la petición de visas cierra a las 11:00, así que no me quedaba el menor margen; de nada podía servirme que me dieran la visa el miércoles entre 3 y 4 de la tarde, porque el avión salía a las 2.
Muy amablemente oyó lo que le decía, vio los papeles que le pasaba, me pidió el pasaporte y me dijo que llegara el martes por la visa. Nada de objeciones, nada más que cordialidad. De allí, a almorzar a Sanborns con una amiga que le mandaba unos encargos a un buen amigo mutuo, y luego a casa.
Hice lo que tenía que haber hecho desde la semana anterior: llamar para confirmar los vuelos. Y eso hice: telefonazo a Mexicana. La empleada me dijo que allí estaban las reservaciones, pero que estaban canceladas, que debía ir a sus oficinas para "reactivarlas". Y pues ya el martes no me quedaba mucho tiempo de nada, y sí bastante trabajo. Y no hubo modo de sacarla de allí: las reservaciones ya no existen, tiene que venir o no viaja. Llamé entonces a Air France, y un empleado me dijo que desde luego que estaba la reservación confirmada, y hasta me dio el número de asiento. Le pregunté por la de Mexicana. "De hecho, el boleto se compró a través de Mexicana. Si tiene problemas en Francia, no debe ir a Air France, sino a Mexicana." Le conté lo que acababan de decirme. "No --me respondió--. Aquí está la reservación y le puedo dar también el número de asiento que le han asignado", y lo hizo. Llamé de nuevo a Mexicana. Me contestó un muchacho, me confirmó la confirmación y me dijo: "Es que usted tiene boletos de papel, y quizá la muchacha que lo atendió no sabe muy bien cómo manejar las reservaciones para boletos de papel." Como crecí y viajé mucho con ésos, mi problema siempre ha sido lidiar con boletos electrónicos: a mí me dan los papelitos o es como si no fuera a moverme de mi casa.
Así que el vuelo ya estaba confirmado, y lo peor que podía pasarme era que no me dieran la visa mexicana y me pasara encerrado en un cuartito en lugar de pasarme encerrado en una cafetería con internet inalámbrico. Nada serio.
Y el martes a las 3 de regreso a la embajada mexicana. Sólo había una ventanilla abierta, y quien la atendía era la muchacha del viernes, la que quería negármela. Estaba hablando con el guardián. Y me cambió la perspectiva. Se veía tan triste... Tan, tan triste...
Le dije que había perdido el papelito amarillo que me dieron, porque Vale se pudo a colorear el cuaderno de pato donde lo tenía metido. "Va de tránsito, ¿verdad?", me preguntó. "Sí." Me dio el pasaporte con la visa, me deseó buen viaje, le di las gracias y me fui.
Antes y después de eso, a trabajar, y luego a preparar lo que debía llevar. Por la noche apareció uno de los editores de Índole con ejemplares de Breve recuento de todas las cosas para llevar a Francia, a modo de presentarlo en los dos idiomas al mismo tiempo. Acababan de salir de la imprenta y todavía olían a tinta y goma. En una rápida revisión resultó que había unos ejemplares defectuosos, los saqué del lote y...
Ahora estoy en el aeropuerto de la Ciudad de México, esperando la conexión de Air France a París. Todo está plagado de internet inalámbrico, pero hay que ser cliente de Prodigy para conectarse. En Comalapa todo fue de sacar la Vaio (que es verde, según he comentado) y listo.
Lo primero que oí fue el acento de la gente. Me fui a comprar cosas --cigarros mexicanos, digamos, y revistas-- en un par de lugares nomás por oír el acento. También platiqué con los de Migración y me sentí, como siempre, en casa.
Mañana quiero tomarme una foto con Thierry y Alain para ponerla aquí. Se suponía que ésa sería la primera que pondría de este viaje, pero lo de Breve recuento me cambió la perspectiva y, qué diablos, cualquier momento es el mejor.
Dentro de unas horas me tocará llegar al aeropuerto Charles de Gaulle, estar con Thierry y Alain unas cuatro horas y de regreso al avión, hacia Biarritz, donde el 28 habrá una mesa acerca de mis libros y la presentación del Brief Inventaire y el Breve recuento. Llevo también unos ejemplares de Cualquier forma de morir, que no están de más.
Nos vemos mañana. Mismo blog. No sé si misma hora.

6 comentarios:

Aldebarán dijo...

Toda una hazaña el viaje. Tenés razón, la mejor forma de concretar el viaje fue dejar que las cosas se movieran solas.

Suerte con el viaje y esperamos fotos.

Nancy dijo...

Que tengas buen viaje.

Unknown dijo...

!!

Que tengas un buen trayecto.

Cuidese mucho.

Anónimo dijo...

Ojala algun dia pueda viajar a Europa y conocer Madrid, Barcelona, Paris y Londres. En ese orden.

Me alegra por la publicacion de su libro y por su viaje, felicitaciones. Que disfrute su viaje, me da gusto ver que un compatriota triunfe en lo suyo. :)

René dijo...

espero con ansias el siguiente post. Saludos a Thierry, aunque no lo conozca.

Anónimo dijo...

Más enhorabuena, que el jet lag te sea leve y que tengas éxitos con la presentación.