11 de abril de 2006

Lo inentendible

Una señora (o señorita, o algo) Ana Mónica Rodríguez escribe en La Jornada de México un artículo acerca de tres autores magníficos y empieza su nota así:
El apacible Doctor Jekyll se transforma en el colérico Mr. Hyde. Un ilusionado Edmundo Dantés se convierte en el vengativo Conde de Montecristo. Y el joven Raskolnikov asesina a una usurera, cobijado en un ambiguo e inentendible perfil sicológico.
"Ambiguo e inenetendible"... Válgame. Si hay algo que no tienen los personajes de Dostoyevski es ambigüedad; si acaso serán contradictorios, como cualquier gente, nomás que con una lupa de muchos aumentos. Y el perfil psicológico de Raskolnikov será inentendible sólo si lo más lejos que uno está dispuesto a llegar en materia de personajes es Almodóvar, lo más plano que conozco y que estoy dispuesto a conocer.
Más interesante Corín Tellado: el bien y el mal, el amor que triunfa, todo así en crudo, tienen un toque que siempre conmueve, es decir: que funciona. Y la mención a Corín Tellado no es casual: si hay un precursor de la novela de amor, del radioteatro de las siete, de la telenovela, es Dostoyevski: publicó sus libros por entregas, en revistas "para señoras"... como Corín Tellado. A sus personajes se mueven en niveles tan básicos que llegan a unas profundidades abismales.
Esto sonará tan ambiguo como dice la señora Rodríguez que es Raskolnikov (por cierto hay una magnífica versión cinematográfica con Peter Lorre), y no lo es. Horacio Quiroga le pegó al clavo: los tres temas de toda literatura que valga la pena leer son locura, amor y muerte, y sus probables combinaciones. Lo demás será decorado. Si se quita el decorado, quedan los personajes de Dostoyevski... y los de Corín Tellado y los de doña Yolanda Vargas Dulché. Humillados y ofendidos es quizá la primera gran telenovela de la historia, y que le falte el audio y el video es de verdad incidental. Y lo digo con profundo respeto para Dostoyevski; si alguien supo crear gente de ficción fue él (y Shakespeare, para ser justos), y aquí estamos los demás tratando de hacer que la nuestra sea todo lo creíble que se pueda.
Jeckyll y Hyde son un poco de lo mismo: "el otro" que está dentro de nosotros, acechando. En Dostoyevski uno siempre es "otros"; Stevenson se lanzó a un camino menos tortuoso y se puso a tratar con el bien absoluto y el mal absoluto, rodeado de un mundo que se mueve paralelo a ellos en una escala de grises bastante interesante. Y Dantés es mucho más de lo que dice la nota. Lo interesante del personaje de Dumas es que se ve paso a paso, minuciosamente, cómo Dantés llega a convertirse en Montecristo, y cómo en el fondo esa ánima vengativa no deja de ser aquel marino ilusionado de amor, pero ahora ya no tiene nada que perder. Todo lo perdió mientras estaba en el castillo de If, y no hay nada que ganar.
La nota se llama "Stevenson, Dumas y Dostoievski inmortalizaron la crueldad". Me parece que el asunto no va por allí, ni siquiera si se ve desde un punto de vista académico, es decir extraliterario. Debió ser un título de redactor. La crueldad la inmortalizan los humanos; lo demás es sólo literatura, y hubo gigantes en materia de crueldad literaria, personajes, belleza y etcétera antes de que Dostoyevski naciera, como Shakespeare o Cervantes o Rabelais o vaya a saber.
Quizá lo que merecería un estudio minucioso sería la gente involucrada en la campaña de Felipe Calderón, del partido de gobierno mexicano. No sólo porque hayan sacado una línea de ropa con su nombre (¡sí, es cierto!, aquí está la nota) dirigida a "los jóvenes", entre otras tonterías, sino porque, si hay crueldad (para la inteligencia, para el buen gusto, para las buenas maneras, para el autorrespeto) en alguna parte, está en las declaraciones de este señor. No porque ataque a quien ataque, que tienen uñas y dientes para defenderse, sino por... híjole... No sé por qué. Va más allá de lo que puedo entender cuando acabo de despertarme y no he tomado un solo trago de Coca Light. (Aquí hay un poco más de lo mismo.)
¿Raskolnikov inentendible? Ajá.

2 comentarios:

Arbolario dijo...

No imagino al Conde de Montecristo como un personaje cruel. Como decís, es tan contradictorio como el 103% de la humanidad.

Igual me pasa con Mr. Hyde. Bien lo veamos como un símbolo de nuestras pasiones ocultas o como la imagen de la locura. En todo caso, forma parte de ese lado oculto que no nos gusta sacar al sol.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Bien amargadote y bien sin piedad. Lo que pasa es que uno justifica sus acciones por lo que le hicieron pasar, pero sus venganzas son bastante perras.
Jeckyll y Hyde son sensacionales. Me gustan hasta en la Liga de los caballeros extraordinarios. Allí quien se lleva las palmas es Nina Harker. Guau.