23 de abril de 2006

Nuestro conde de Montecristo

La ventaja de Edmundo Dantés es que es un personaje de ficción, y podía irle en la vida tan bien como qusiera, o como se lo permitiera Alexandre Dumas. Y Dumas obviamente lo quería, y estaba arrepentido por hacerlo sufrir de manera despiadada durante --al menos-- catorce años, y le dio a cambio una cantidad de conocimientos y de sangre fría y de efectividad y de dinero que ya quisiera cualquier dictador bananero, y hasta más de algún presidente electo democráticamente.
La desventaja de los condes de Montecristo de la vida real es que les va como les va, y que no tienen autores que los cuiden o les pongan abates en la celda de al lado. Aunque también tienen sus recompensas, que en general se remiten a una: cierta inmortalidad, es decir el recuerdo y la admiración por parte de cierta gente, la mayoría pobre y anónima.
Jesús Arriaga, "Chucho el Roto", bien pudo ser un modelo magnífico para que Dumas armara a Dantés, según se lee en su biografía, aunque estoy seguro de que no conoció su caso: murió cuando Chucho el Roto era un preadolescente. Ya vendrá alguien con eso de que "la realidad copia a la ficción", que no me parece acertado, aunque El conde de Montecristo sea cincuenta y tantos años anterior al nacimiento de Arriaga. Lo que pasa es que la vida se repite en muchos de sus aspectos, y la literatura también es vida, nomás que de otro modo. Y no creo que los que metieron a la cárcel a Arriaga leyeran El conde de Montecristo; no les hubiera salido tan bien, y esa gente no pierde el tiempo en literatura.
Recuerdo que durante toda mi infancia oí una radionovela sobre Chucho el Roto, que pasaba a las siete de la noche. Cuando iba a una finca que tenía el tío Juan entre Aguilares y Suchitoto, por el río Chalchigüe, a esa hora todo el mundo, hombres, mujeres y niños, estaban alrededor de la radio, escuchando por enésima vez las gracias y desgracias del tlaxcalteca, su encarcelamiento en San Juan de Ulúa, su venganza, todo. Lo mismo cuando pasaba alguna noche en la playa, con alguna tía en el campo, lo que fuera. Y no había quien no la comentara, como si la escucharan por primera vez. (Había otra que pasaba también y que también era inmortal: "Porfirio Cadena, El Ojo de Vidrio; pero éste era un personaje de ficción, y no me parecía tan interesante.)
Al llegar a México, en 1976, me di cuenta de que allá también pasaban, todas las noches y desde hacía treinta años, la radionovela de Chucho el Roto (y al *Ojo de Vidrio le han hecho secuelas larguísimas que transmiten hasta la fecha). La novela no durará ni siquiera un año, pero ponían el primer capítulo al día siguiente del último. (Ahora casi no oigo radio, así que no tengo idea si la pasan, si no y desde hace cuánto.)
De Chucho el Roto han hecho una cantidad seria de películas, tantas como de El Conde de Montecristo: IMDB reporta unas mudas en 1919 y 1921; otra en 1934, ni más ni menos que con don Fernando Soler en el papel principal, con Polo Ortín (papá del cómico que conocemos, de seguro; no sabía que era de origen peruano), Julián Soler y Domingo Soler. La familia Soler casi en pleno. (Falta don Andrés, que se parecía mucho al abuelo Alfonso.) Otra en 1945, La sombra de Chucho el Roto. Otra 1954. con Luis Aguilar y Elda Peralta (escritora y, si no recuerdo mal, esposa del también escritor Luis Spota) y Clavillazo. Una en 1960 con varios actores interesantes: el gran Carlos Ancira (durante 30 años representó el Diario de un loco, de Gógol), el Chicote, Óscar Pulido, Emma Roldán... Secuelas en 1961 (La caputura de Chucho el Roto) y 1962 (La entrega de Chucho el Roto). En 1969 hubo una telenovela con Manuel López Ochoa, Blanca Sánches, Susana Alexander y con el productor mexicano de todo lo que se filmara en la época, Valentín Pimstein. Recuerdo haber ido al cine Apolo a ver la película con la abuela Mina, reviso y, en efecto, hay dos películas reportadas con López Ochoa: en 1970 (Vida de Chucho el Roto o Yo soy Chucho el Roto y Los amores de Chucho el Roto) y en 1971 (El inolvidable Chucho el Roto).
Encuentro otra de intenciones sospechosas, El tesoro de Chucho el Roto, de 1960, con Ana Berta Lepe y Joaquín Cordero, que más que buenos actores eran gente que daba el taquillazo (la Lepe estaba de verdad lépera), y la maravilla: Chucho el Remendado, de 1952, con Germán Valdés, "Tin Tan", y actores buenísimos, como Andrés Soler y Queta Lavat. (Recuerdo los papeles de Lavat con Pedro Infante y Mauricio Garcés; aquí se ve de lejitos en una de Tin Tan; aquí se ve con poca ropa para la época, y apareció en Dos tipos de cuidado; todavía sigue actuando).
En fin, Jesús Arriaga, un joven que hace ciento y pico de años fue encarcelado injustamente y se convirtió en bandido, sigue por allí, como un Edmundo Dantés de los que no leen novelas clásicas. Y es el producto de la extraña y quizá comprensible admiración de los mexicanos (y otros pueblos) por los bandidos, si no que expliquen la admiración por Pancho Villa el cuatrero, Jesús Malverde el narcotraficante milagroso que el Vaticano jamás canonizará (se puede leer de él aquí, aquí, aquí y aquí) , aunque ya haya peticiones formales; Joaquín Murrieta y hasta Rafael Caro Quintero, cultivador de marihuana que daba trabajo y mantenía en buena vida a varios miles de campesinos. (Aquí se dice que hasta participó en el escándalo Irán-contras y que manejaba un campo de entrenamiento de los antisandinistas en Veracruz; lo que hay que hacer para quedar bien con el gobierno gringo. Si no mata a Camarena, allí seguiría.) Benicio del Toro hizo una película en la que protagonizó a Caro Quintero.
Ya me dio hambre y sueño. En unos minutos voy a averiguar cuál es más fuerte, es decir: si puedo dormirme sin comer.
Na. Voy a comer primero.

5 comentarios:

Hugo Martínez dijo...

Que la gente siente idolatría por algunos ladrones, que ni qué. Veamos cuántas obras (no sólo películas) ha inspirado Robin Hood.
Seguramente se trata de la identificación natural que subyace en la psique colectiva (si se me permite el término): rico es igual a ladrón con permiso de las autoridades; rico es igual al cabrón que me jode todo el tiempo.
Así que, si alguien roba al rico, no sólo tiene cien años de gracia, sino que es mi cuate.
También hay ladrones que distan mucho de ser queridos por el pópolo: López Portillo, Salinas de Gortari (Hood Robin, le decíamos), George Bush... y la lista sigue.
Un abrazo, maestro.

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

¡Ese...! Qué lugar para encontrarnos (y me da gusto, aunque sea así, tan en público y sin coca cola de dieta).
La bronca es que los ricos nos son ladrones con permiso de las autoridades: generalmente ellos ponen a las autoridades, a las cuales pertenecen los de la lista que citas y que sólo sirve como pequeño ejemplo.
Es que ladrón no es lo mismo que "bandido". Pancho Villa era bandido, o sea: es la calificación moral que le adjudicó el poder. Y el pueblo hace suya y positiva esa calificación.
En El Salvador hubo un par de organizaciones de izquierda que buscaron, durante toda la guerra, que hubiera una insurrección al día siguiente. (¿Al día siguiente de qué? Allí estaba el problema.) Creo que Villa es un ejemplo de que ese tipo de cosas sólo se dan si tienen sentido práctico, inmediato y la iniciativa de gente que se percibe como confiable, que no se va a rajar a la primera. De los jefes gerrilleros generalmente decían: "Cuando lleguen arriba, se les va a olvidar y van a ser lo mismo." Y generalmente no se equivocaron...
A los bandidos por aquí generalmente los fusilaban, unos u otros, no sé si para bien o para mal.
Ha habido un par de bandidos por acá. Ahora se me ocurre Ernesto Interiano, en los años cuarenta, en Santa Ana (tierra de mis Menjívares), quien se dedicaba a matar a guardias nacionales y/o policías. Paraba el carro, disparaba, se iba. Tenía que ver con una venganza. No sé cuántos alcanzó a matar antes de que su novia lo entregara; murió, dicen, acribillado en un árbol, cuando trataba de escapar. Era un verdadero héroe popular, a pesar de lo siniestro de su trabajo: hacía lo que todos querían hacer (los guardias nacionales eran abusivos en serio) y nadie se atrevía. Quizá por allí vaya el asunto.
A vuelo de pájaro, encontré una referencia aquí.
No te pierdas, carnal.

Thierry dijo...

Hugo Martínez, tienes toda la razón, al leer el blog de Rafael justamente inmediatamente pensé en Robin Hood, también podemos hablar de Rasputín. Por supuesto existe toda una tipografía del que desafía la autoridad: la que la dersafía para beneneficio propio, para beneficio ajeno, sin beneficio, la que la desafía siendo la misma autoridad etc...

Arbolario dijo...

Cuando te oí comentar sobre Chucho el roto supe que no era un personaje de ficción. Yo siempre había pensado que se trataba de un personaje nacido de un libreto, como Pepe el Toro.

Anónimo dijo...

Enrealida alexandre duma se baso originalmente en una historia real a el conde de montecristo , es el de u n zapatero que cuando hiba a casarse con su amaba , mujer herm osa de buena renta , 4 amigos los traicinaron com o un espia del estado y lo mandaron pro 9 año a carcel ,c audno en eso conocio a un predicador y le lego en muerte su botin de todo un rey en milan , y el cual uso posteriormentre para
vengarze de sus antiguos amigo